jueves, 21 de junio de 2012

El Duque de Monmouth (IV)

Jacobo Scott, Duque de Monmouth

El 13 de julio llegaba Monmouth a Vauxhall, y desde allí era trasladado por el río a Whitehall. Cuando compareció ante el rey, cayó de rodillas intentando abrazar las de Jacobo II, “y olvidando el personaje de héroe que durante tanto tiempo había pretendido ser, se comportó del modo más abyecto que se pueda imaginar, sin omitir ninguna humillación ni fingimiento de pena y arrepentimiento, para mover al rey a la compasión y el perdón.” 

Como el relato procede de sus enemigos, hay que suponer que contiene algo de exageración. En cualquier caso, es cierto que se arrodilló y suplicó clemencia. Confesó entre lágrimas que merecía la muerte, pero pidió al rey que perdonara una vida que estaría en adelante enteramente dedicada a su servicio. 

—Recordad que soy el hijo de vuestro hermano, y si me quitáis la vida, derramáis vuestra propia sangre. 

La reina, María de Modena, lo insultó “del modo más arrogante y despiadado”, y el rey aprovechó la ocasión para arrancarle una admisión de su ilegitimidad. Pero, eso sí, al menos Monmouth nada reveló acerca de sus amigos. 

Después de la entrevista fue conducido a la Torre. El coronel que le acompañaba en el carruaje hasta la prisión tenía órdenes de apuñalarlo al instante si el pueblo intentaba rescatarlo


Al día siguiente Jacobo despachaba una carta a su yerno, el príncipe de Orange: 

“El duque de Monmouth parece muy preocupado y deseoso de vivir, y no se comportó tan bien como yo esperaba, ni como cabe esperar de cualquiera que pretenda ser rey. He firmado su orden de ejecución para mañana.” 

Mientras tanto su sobrino aún se aferraba a una última esperanza, y, consciente del punto débil de Jacobo, le hizo creer que se convertiría al catolicismo. Desde la Torre escribió una carta al rey solicitándole un día más de vida “para poder abandonar este mundo como debería hacerlo un cristiano”. Se decía que Monmouth depositaba mucha fe en las predicciones de un adivino que le dijo que si lograba sobrevivir al día de San Swithin, sería un gran hombre. Y San Swithin era precisamente el 15 de julio, el día fijado para su ejecución. 

Ciertamente el duque era muy supersticioso, como demuestra el hecho de que cuando fue capturado le encontraron un papel con hechizos y conjuros escritos por su propia mano. El arzobispo Tenison contó que también detrás de la piedra de su anillo había un conjuro que se supone que servía para protegerlo en la batalla o contra algún peligro inminente. 

La noche antes de la ejecución su esposa expresó el deseo de despedirse de él, a pesar de que otra mujer había ocupado su lugar en el corazón de Monmouth, e incluso convivía con él como verdadera esposa. Esa mujer era Henrietta Wentworth, su gran amor y el último nombre que pronunciaron sus labios antes de morir. 

Henrietta Wentworth

La esposa volvió a verlo a la mañana siguiente en compañía de sus hijos, y esta vez fue recibida con menos frialdad. El rey había enviado a la duquesa un mensaje invitándola a desayunar con él esa mañana, y ella aceptó creyendo que la invitación era para anunciarle el perdón de su esposo. No era así, aunque Jacobo tuvo al menos la generosidad de devolverle las propiedades confiscadas al duque. Fue una de las últimas peticiones de Monmouth: que al menos sus hijos no se arruinaran por su causa. 

Cuando el rebelde se convenció de que no podría eludir su destino, recuperó la serenidad y se preparó para el final con la fortaleza que le había caracterizado en otro tiempo. Pero los obispos que trataron de arrancarle el arrepentimiento por su adulterio, nada consiguieron. Él consideraba a Henrietta su verdadera esposa; decía que estaban casados por la ley de la tierra. “A la mañana siguiente les dijo que había rezado para que, si estaba en un error respecto a ese asunto, Dios le convenciera de ello; pero Dios no le había convencido, y por tanto creía que no era ningún error.” Los obispos se negaron entonces a administrarle el sacramento, un castigo que no hizo mella en él: Monmouth se limitó a responder que lo lamentaba. 

Confesó por escrito que el difunto rey, su padre, le había dicho que nunca se había casado con su madre, y luego recibió la visita de Tenison, que lo instó a reconciliarse con su esposa antes de morir. Cuando llegaron al tema de Henrietta, el duque le dijo que había oído que era legal tener una esposa ante los ojos de la ley y otra ante Dios*. Luego extrajo un reloj de oro y le rogó que lo llevase en su nombre a Henrietta, a lo cual Tenison se negó en rotundo. 

A las diez de la mañana fue conducido a Tower Hill, en compañía de una fuerte escolta con instrucciones de dispararle si había algún intento por rescatarlo. Subió al cadalso sin aparentar ningún temor y entre las lágrimas del pueblo, para el que aún era un ídolo. Les dirigió una breve despedida, y después de decir que moría en la fe de la Iglesia de Inglaterra, comenzó a hablarles de su amada Henrietta, a quien describió como una virtuosa y buena mujer. Los obispos le recordaron su pecado de adulterio, lo que él volvió a negar obstinadamente. Luego rezaron por él, y Monmouth se arrodilló y se unió a ellos. Concluyeron con una breve oración por el rey. El duque vaciló, pero finalmente dijo “Amén”. 


Monmouth entregó su anillo y su reloj con instrucciones de que se enviaran a Henrietta. Luego dio seis guineas al verdugo y dispuso que fuera recompensado con otras cuatro si cumplía bien con su trabajo. Le rogó que fuera más clemente con él que con el difunto Lord Russell, que había necesitado varios golpes antes de morir. No iba a ser así. 

Tras negarse a que le vendaran los ojos, se arrodilló y puso la cabeza sobre el tajo. Entonces dio la señal. El verdugo descargó un golpe tan débil que Monmouth, para horror de cuantos contemplaban la escena, levantó la cabeza y lo miró acusador. Siguieron dos nuevos intentos antes de que el hombre se declarara incapaz de acabar con el condenado. Las autoridades lo obligaron a levantar el hacha y continuar. Fueron precisos dos golpes más para separar la cabeza del tronco. La muchedumbre estaba tan furiosa que tuvo que ser contenida para impedir que se abalanzaran sobre el verdugo. 

Finalmente los restos mortales se colocaron en un féretro y fueron transportados hasta la capilla de la Torre. Era el 15 de julio de 1685. El que fuera un día el brillante duque de Monmouth fallecía a los 36 años. 

Henrietta Wentworth, inconsolable, moría pocos meses después, dicen que de pena. 

El pueblo se negaba a creer que Monmouth hubiera muerto. Muchos prefirieron creer en la leyenda de que había cinco personas físicamente idénticas al duque, cada una de las cuales había jurado hacerse pasar por Monmouth y morir por él si era necesario. Decían que era uno de ellos quien había sido ejecutado ese día en Tower Hill. 

La leyenda fue más lejos: se llegó a afirmar que el rey no había querido derramar la sangre de su sobrino, y que el verdadero Monmouth había sido entregado en Francia para que languideciera allí en una prisión. El duque de Monmouth sería, según esta versión, el Hombre de la Máscara de Hierro. 


*Se supone que Dios junta al hombre y la mujer que hace pacto entre sí y con Él para ser esposos, ratifican o hacen público en alguna forma su propósito de casarse y luego cohabitan. Se debe cumplir en cuanto sea posible con la ley y contraer matrimonio tan pronto como las circunstancias lo permitan —en el caso de Monmouth, separado de su mujer, no podría completar los requisitos hasta la extinción de su matrimonio por fallecimiento de la esposa o cualquier otra razón prevista por la ley—; pero los que hacen este voto sagrado no son fornicarios, porque mediante él son juntados por Dios para ser esposos, y tienen verdadera voluntad de serlo.

38 comentarios:

  1. ajá!! qué golpe final!!! mira por donde aparece de nuevo la máscara de hierro!!! pero madame... ¿¿quién nos falta ya por incluir en la trama???
    qué fuerte... la gente le pone una imaginación a las cosas...
    qué difícil es mostrar entereza en la hora fatal. el gesto de mirar al verdugo para ver si le pone ganas o no, parece hasta un poco berlanguiano.

    han sido unos relatos magníficos, madame.
    bisous!

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    1. A que no esperaba encontrarlo por aquí?
      Jiji, pobres, no sabían que el Hombre de la Máscara de Hierro era usted.

      Muchas gracias, monsieur.

      Feliz día

      Bisous

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  2. Luego dicen que la gillotina era cruel. Al menos, de un simple tajo acababa con la vida del condenado y no como en casos como este, donde el verdugo tenía que dar varios hachazos hasta conseguir el objetivo.
    Un final esperado para un traidor a su rey y a su padre.
    En todo caso, una historia apasionante, con ese halo de leyenda que ha dado lugar a su aprovechamiento cinematográfico.
    Un saludo.

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    1. Lo cruel de la guillotina más que el instrumento en sí fue su abuso.Es posible que la intención del doctor Guillotin fuera la de hacer más piadosas todas aquellas muertes, desde luego. Pero lo cierto es que si el invento tuvo tanto éxito no fue por ningún motivo precisamente piadoso, sino porque era un procedimiento más rápido y por tanto permitía matar a más gente. Ya no les daba tiempo por los métodos tradicionales.

      Monmouth tuvo el único final posible, que se buscó a pulso. Y sin embargo en el fondo me da cierta lástima, no sé por qué. Un desperdicio de chico.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  4. Perdon por suprimir el anterior comentario, Tenia error. Muy interesante todo esto, Gracias por compartirlo.

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    1. Muchas gracias a usted por la visita, madame.

      Feliz día

      Bisous

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  5. Menos mal que el tio Jacobo no se dejo convencer como su hermano Carlos. De todas maneras tengo entendido que no le fue muy bien, esta claro que el pueblo no le queria y cualquier oportunista era bueno.Eran muy incoherentes estos reyes y ni que hablar de los obispos . Obviamente un bastardo ( y de una mujer bastante ligera de cascos como esa Lucy) no iba nunca a admitir que el adulterio era un pecado, era negar su propia existencia. Esperamos mas de la mascara, que dilema¡¡¡¡

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    1. Efectivamente, detestaban a Jacobo y acabó perdiendo su trono.
      Pero creo que Monmouth tenía razón con respecto al voto que había hecho. Existe desde antiguo esa especie de voto sagrado, y de hecho aún en la actualidad yo conozco a una pareja que ha recurrido a él hasta poder contraer verdadero matrimonio. El pacto sagrado, debidamente hecho, impide que la relación sea pecaminosa, al parecer.

      jiji, ve por dónde aparece la Máscara? Está por todas partes! Yo ya sospecho hasta de los que entran a comentar!

      Feliz día, madame

      Bisous

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  6. Hola, Madame

    No se muy bien la razón pero de repente tengo un dolor en el cuello terrible y la sangre se me ha helado. Era una muerte tremenda porque el verdugo no solía atinar a la primera. Una muerte violenta y amparada por la ley.

    Monmouth fiel a su amada, a Henrietta, es muy romántico, especialmente en su muerte, donde habló de ella sin miedo delante de todo el mundo que esperaba ver su hachazo final.

    La máscara de hierro tiene muchos inquilinos ;).

    Feliz día, Madame.

    Bisous.

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    1. jiji, madame, hay bofetadas por el puesto. No sé por qué se esconde tanto esa máscara. Yo soy la Dame Masquée y sin embargo aquí estoy!

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. si Madame creo en los votos sagrados entre los amantes, creo en el amor, no en los dogmas, saludos querida amiga mia

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    1. Yo también, madame. Tal vez sea mi lado romántico el que me hace apiadarme de este hombre. Dicen que el amor redime, y, desde luego, él amó.

      Buenas noches

      Bisous

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  8. Madame, cruel destino. Y, a pesar de todo, que hombre tan amado.
    Pobre coronel con órdenes de acuchillarlo si era rescatado.

    Terrible la escena de la ejecucción. Lo veo levantado la cabeza, exigiendo un golpe limpio y certero.
    Otra vez, la historia supera la ficción.
    Buen jueves de calor atosigador.

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    1. Bueno, los coroneles no suelen inmutarse por esos pequeños asuntos sin importancia. Van con el cargo. Cuestión de vocación, supongo.

      Por aquí no atosiga el calor, monsieur. Está muy agradable :)

      Buenas noches

      Bisous

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  9. En 36 años vivió más que uno en 80. Vida intensa donde las haya que me hace plantearme la eterna pregunta: "Con el destino se nace o se hace" No siempre perseguir los sueños da buenos resultados y menos cuando se es desleal.Lo tenia todo y de nada le sirvió.
    Bisous

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    1. Es que hay sueños que son más bien pesadillas, madame. Para alcanzarlos tienes que hacer infeliz a todo un pueblo con una guerra.

      Buenas noches

      Bisous

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  10. Es evidente que era un gran embaucador, tenía al pueblo comiendo de su mano lo que no jugó a su favor cuando el verdugo tuvo tantas vacilaciones a la hora de realizar su trabajo, no quiero pensar en lo tremendo que es ese momento, en todo caso pienso que en los momentos finales se comportó como un hombre digno y fue coherente con su amor. Por cierto, Henrietta era una mujer muy guapa.
    Bisous.

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    1. Sí, en medio de su comportamiento indigno, al menos ese final lo redime un poquito.
      Así parece, madame: debía de ser muy guapa. Y, desde luego, él que había sido tan picaflor, cayó con todo el equipo.

      Buenas noches

      Bisous

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  11. El ajusticiamiento es impresionante.Gracias, madame, por esta historia tan bien relatada.
    saludos

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    1. Gracias a usted, monsieur. No ha sido uno de los capítulos más agradables de escribir.

      Buenas noches

      Bisous

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  12. Un final esperado en este caso Madame, como dice Ud ganado a pulso. Debe haber sido espeluznante ver que después del golpe, levantara la cabeza...

    ;D Cuando leía sobre su posible prisión en Francia...me vino a la mente antes de llegar al párrafo de que también sería candidato a la máscara.

    En todo caso la vida del Duque fue bastante intensa.

    Besos Madame

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    1. Jijiji, sí, sin necesidad de ser la máscara de hierro ya bastante tuvo con lo suyo.

      Yo creo que la Máscara era el barón Yanáyev :)

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  13. Tal y como se desenvuelven las investigaciones sobre el hombre de la máscara de hierro me parece muy poco probable que el duque lo fuera, demasiado tarde 1685 para entrar en la trama. Bueno, al menos sus últimos minutos fueron propios de un duque, hasta dio unas monedas al verdugo, que por cierto se gano tan mal el sueldo aquel día. Aterradora escena.
    Bueno y, de oca a oca...
    Beso su mano.

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    1. Solo aparentemente es demasiado tarde, monsieur: tenga en cuenta que no se habla de una máscara hasta que el prisionero va camino de la isla Sainte-Marguerite, y eso fue en 1687 :)
      Jejejejej

      Yo en su lugar le hubiera quitado las monedas al verdugo. Menudo momento elige para hacer una chapuza!

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  14. Como sabe, Madame, me alejé unos días dejando alimentada la bandeja para los días previstos: ahora tengo en el "Reader" un atasco fabuloso que iré leyendo a toda la velocidad posible.
    Sabed, noble dama, que contáis con mi admiración y que vuestros escritos me deleitan y me descubren vericuetos de la historia fascinantes.
    Bisous.

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    1. Muchas gracias, monsieur. Siento producirles estos atascos, jiji. Hay temporadas de mayor actividad, pero luego suceden otras en que habrá poquita. Los meses de verano apareceré una vez por semana o así.

      Buenas noches

      Bisous

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  15. ¡Menudo carácter! Pretender chantajear al rey diciendo que si lo mandaba ejecutar derramaría su propia sangre... ¡pero a él no le habría importado derramar la sangre de su tío si hubiera tenido la posibilidad!

    Espeluznante me pareció el asunto de la ejecución y el que el propio condenado levantara la cabeza y mirara acusador al verdugo ante su incapacidad. Dicen que también fue dramática la de la prima de Elizabeth I, Madame, y es que parece que pese a las faltas cometidas no podía un@ ni morir dignamente.

    En mi ignorancia me parece plausible la identidad de este hombre como preso de la máscara de hierro.

    Bisous y buen finde, querida.

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    1. Así es, él pretendía derramar su propia sangre, así que no sé por qué esperaba que eso fuera a detener al otro. Hasta contra su propio padre conspiró.

      Bueno, madame, pues ya tenemos un candidato más para ser enmascarado, jijiji. A ver si al final resulta ser el suyo, ya nos contará.

      Feliz día

      Bisous

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  16. ¡Hola!
    Esa historia es fascinante.
    Soy un admirador de la historia antigua, la gente, su cultura, su política, sus reinados, y su cortes.Adoro viajes de leer estas historias.
    Enhorabuena por tu blog, es un excelente espacio para las investigaciones escolar.Amei y ya estoy siguiendo, espero que sepas mi rincón virtual, y si usted tiene interés en seguir lo que me hará muy feliz y agradecido.
    Felicitaciones por su pie.
    http://wwwavivarcel.blogspot.com.br

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    1. Muchas gracias, madame, bienvenida.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  17. ¡Menuda vida la de este hombre!
    Al final, su ambición le hizo perder la cabeza (Jo,jo,jo).

    Buen fin de semana y gracias por compartir estas historias.

    Bisous!

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    1. jijiji, madame posee un buen humor negro. Ciertamente le hizo perder la cabeza! Pero me sorprende que el verdugo precisara de tantos golpes, porque a mí me parece que no tenía mucha a fin de cuentas.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  18. Qué veleidosas son algunas personas, cómo cambian su rumbo, se meten en enredos e intrigas y acaban mal. De toda historia, una de las partes más desagradables es la del verdugo y su impericia. Me ha recordado la historia de Santa Cecilia, que también sufrío los tres golpes que permitía la ley romana sin morir, y estuvo mucho tiempo agonizando.
    Magnifico reportaje, madame. Beso su mano.

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    1. Madre mía, menuda ley. Una se pregunta en qué estarán pensando a veces las autoridades cuando promulgan las leyes.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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  19. Al final y de mala manera perdió la cabeza. Me llama la atención que no traicionara a sus amigos que ya es mucho en este personaje.
    Una gran historia, Madame.

    Bisous

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    1. Sí, madame, realmente fue lo único que le quedó.

      Muchas gracias y feliz comienzo de semana.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)