martes, 19 de junio de 2012

El Duque de Monmouth (III)


Carlos II fallecía el 6 de febrero de 1685. Su hermano el duque de York le sucedía en el trono como Jacobo II. El nuevo rey tenía suficiente influencia sobre su yerno, el príncipe de Orange, para procurar la expulsión de Holanda del duque de Monmouth, quien se retiró a Bruselas en compañía de su amante Henrietta Wentworth. Durante ese periodo Monmouth parecía resignarse a una vida tranquila. Fue un tiempo que aprovechó para suplir las deficiencias de su educación y aplicarse con interés al estudio. 

Pero sus buenos propósitos no durarían mucho, y antes de que transcurrieran cuatro meses volvía a ser persuadido para meterse de lleno en otra intriga. El plan era invadir Inglaterra. Por sus cartas sabemos que no se decidió a ello sin antes enfrentarse a considerables dudas y vacilaciones: 

“Os ruego que no penséis que es un efecto de la melancolía, pues ese nunca fue mi mayor defecto, si os digo que en estas tres semanas de retiro en este lugar no solo he mirado hacia atrás, sino hacia delante; y cuanto más considero nuestras actuales circunstancias, más desesperadas me parecen, a menos que suceda algún accidente imprevisto que no puedo adivinar ni esperar… Por Dios, pensad en las dificultades que aguardan en nuestro camino; no sea que por luchar con nuestras cadenas las hagamos más fuertes y pesadas… Y para descubriros mis pensamientos sin tapujos, estoy tan encantado con mi vida de retiro que por nada del mundo me gustaría abandonarla.” 

Pero, como de costumbre, al final prevalecieron sus peores inclinaciones, y el 24 de mayo de 1685 zarpaba desde Texel con escasas fuerzas y notable precipitación. Solo le acompañaba una fragata de 32 cañones, tres navíos pequeños y 82 personas, aunque traía armas para unos cinco mil. 


Tras pasar en el mar 19 días entre tormentas y vientos contrarios, llegó a Lyme, en Dorsetshire, el 11 de junio. Lo primero que hizo fue congregar a sus seguidores en torno a sí y, ordenando silencio, se postró de rodillas en la playa y rogó al Cielo que protegiera su empresa. Luego desenvainó la espada y, seguido por sus hombres, los condujo hasta la ciudad, donde plantó su estandarte azul en la plaza del mercado sin ninguna oposición. 

Había confiado en que la popularidad de su nombre llenaría de soldados sus filas, y no se engañó. En cuatro días había reunido dos mil. Uno de sus primeros pasos fue emitir una declaración escrita para inflamar al pueblo. En ella hablaba del rey Jacobo, a quien seguía dando el título de duque de York, como su mortal enemigo, y le acusaba de todos los crímenes imaginables y de todos los planes futuros capaces de causar la miseria de su pueblo. El incendio de Londres, el asesinato del conde de Essex, el envenenamiento del difunto rey y disparates semejantes le eran alegremente atribuidos a Jacobo II sin el menor empacho ni rubor. 

Mientras tanto el rey no permanecía ocioso, y además contaba con el apoyo del Parlamento. Se aprobó condenar a Monmouth por alta traición, y se ofreció una recompensa de 5000 libras por capturarlo vivo o muerto. 

El día 18 llegaba Monmouth a Taunton. Las casas lucían flores y colgaduras para recibirlo, y las calles estaban tan abarrotadas de gente que quería verlo que apenas lograba avanzar. Sus colores habían sido tejidos por las jóvenes de la ciudad, y le fueron presentados solemnemente de manos de las más entusiastas. El regalo iba acompañado de una Biblia. 

—He venido a defender las verdades contenidas en este libro —declaró él—, y, de ser necesario, para sellarlo con mi sangre. 

Jacobo II

Sus seguidores ascendían ahora a seis mil, y hubiera podido seguir creciendo de haber contado con armas suficientes. Embriagado por su triunfo, cometió la locura de asumir el título de rey y llegó al extremo de poner él mismo precio a la cabeza de su tío, Jacobo II

El rey había reunido una fuerza considerable para detener su avance. Monmouth supo, también, que su amigo Argyle había sido derrotado en Escocia. No contaba con suficiente artillería, ni tampoco con fondos suficientes para financiar una campaña capaz de hacer frente a las tropas de Jacobo. Pensó en renunciar y embarcarse en Pool, pero en el último momento no quiso abandonar a sus seguidores a su suerte, de modo que se dirigió a la ciudad de Bridgewater para hacer un último intento desesperado. 

El conde de Feversham, que mandaba las tropas del rey, se había establecido en una posición débil en el cercano pueblo de Sedgmoor. Aprovechando esta circunstancia, se decidió que lo mejor era un ataque nocturno sin dilación contra las tropas comandadas por Feversham y por Churchill, el gran duque de Marlborough. 

El 5 de julio a las 11 de la noche, con el mayor sigilo posible y dirigidos por un guía de toda confianza, Monmouth comenzó el avance. La suerte no le acompañó, y el ruido producido por un mosquete al dispararse accidentalmente puso en guardia al enemigo. Las tropas de Monmouth eran indisciplinadas y se lanzaron furiosamente sin que hubiera forma de contenerlos y ordenarlos. Los realistas los estaban esperando. Monmouth se batió con desesperado valor al frente de su infantería, y a punto estuvo de lograr hacer ceder a las veteranas tropas del rey. Pero la cobardía de Lord Grey decidió la contienda al huir con la caballería, dejando que la del enemigo atacara a Monmouth por la retaguardia. 

John Churchill, Duque de Marlborough

Sin municiones y rodeado por todas partes, sostuvo un combate de tres horas, al cabo de las cuales se vio obligado a rendirse. Habían muerto mil quinientos hombres, y otros tantos fueron hechos prisioneros. El día en que llegaron a Londres las noticias de su derrota, su esposa fue enviada a la Torre con dos de sus hijos. 

Monmouth había logrado escapar con dos de sus seguidores de los que después se separó para tomar el camino de Lymington, donde esperaba encontrar amigos que le facilitaran la huida. Pero apenas había cabalgado veinte millas cuando su caballo se desplomó por la fatiga. Entonces cambió sus ropas por las de un campesino y continuó camino a pie. Dos días después de la batalla un sirviente lo encontró oculto en una zanja tratando de camuflarse bajo unos helechos. Monmouth no opuso resistencia cuando el hombre, asustado, gritó en demanda de ayuda. Pronto acudieron unos soldados, y con ellos su destino quedó sellado. Dicen que temblaba violentamente cuando fue descubierto, y que estalló en llanto. Las únicas provisiones que llevaba encima eran unos guisantes que había recogido en un campo vecino. 

“El alegre y galante Monmouth, que había buscado y ganado fama en el campo de batalla, era incapaz de anticipar sin horror la solemnidad del cadalso.” 

Desde Ringwood escribió al rey el 8 de julio en el más humilde de los tonos y rogándole que le concediera una entrevista. “Tengo que deciros, señor, que espero que tengáis un reinado largo y feliz. Estoy seguro de que cuando me escuchéis os convenceréis del cuidado que me he tomado en vuestra conservación, y qué sinceramente me arrepiento de lo que he hecho… Confío, señor, en que Dios todopoderoso tocará vuestro corazón con un sentimiento de compasión hacia mí, como ha puesto en el mío el aborrecimiento hacia mis propios actos… Espero vivir suficiente para mostraros con cuánto celo estaré a vuestro servicio…” 

Y firmaba como el más humilde y obediente súbdito de Su Majestad. Después dirigió también una carta a la viuda de su padre, con la que siempre había estado en buenos términos. 

Jacobo le concedió esa entrevista, seguramente a instancias de la reina viuda y tal vez pensando en obtener información acerca de los cómplices de su sobrino, así como su propia confesión.


Continuará

22 comentarios:

  1. No le arriendo las ganancias al duque. Le quedan dos telediarios.
    Un saludo.

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    1. No sé si llegará al segundo!

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  2. ¿Quien le iba a creer? Tantas veces pidió perdón prometió lealtad, mostró arrepentimiento y vuelta a las andanzas. Era demasiado ambicioso y soberbio. Quería esa corona más que nada en el mundo.
    Es una de esas personas que nace con estrella y se empeña en estrellarse.
    Feliz tarde madame.
    Bisous

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    1. Eso es, madame. No podría haberlo descrito mejor: nació con estrella y se empeñó en estrellarse. Quiso a toda costa lo único que no podía tener.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. Al que colgaría es a Lord Grey, si el no hubiera sido tan cobarde de abandonar el campo de batalla y dejarlo a Monmouth sin protección, otro hubiera sido el cantar.

    Un saludo.

    mariarosa

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    1. Es posible que el resultado de esa batalla hubiera sido otro, pero, y a la larga? No tenía ninguna legitimidad, y era muy difícil sostenerse en esas circunstancias.
      En el fondo él lo sabía antes de lanzarse a la aventura, pero la ambición lo cegaba y era más fuerte que nada.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  4. bueno, la verdad... es que... ¿quién no ha tenido ganas alguna vez de invadir Inglaterra? no obstante, pretender la invasión con una fuerza original de 80 y tantos hombres y 'ya irán viniendo', me parece tremendo.
    lo de la carta luego diciendo que se ha tomado cuidado en su conservación... pues nada, engordar para el desto.
    que tenga buena tarde, madame!

    bisous!

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    1. jijiji, realmente era impulsivo el duque, y muy optimista. Además la capacidad de improvisación era notable, o eso debía de pensar él.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  5. Mi abuelo diría que las cabras tiran para el monte...El duque no tiene compón...

    Invadir Inglaterra con 80 hombres...Yo la invadí solo ;D

    Un mosquetero ha partido Madame con una carta más precisa.

    Besos

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    1. jijiji, usted fue más osado que Monmouth!
      Y a decir verdad lo recibieron mejor: no se encontró con ningún ejército que se empeñara en dispararle :)

      Feliz tarde

      Bisous

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  6. Esta gente que se perdia por ambicion, decia de todo menos lindo de sus enemigos, mataban a troche y moche, y luego se decia su mas leal servidor. Mas rastrero, imposible.

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    1. Sí, yo creo que su peor rasgo era ese, aún peor que su ambición.

      Feliz tarde, madame. Espero que haya reconsiderado usted volver al blog!

      Bisous

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  7. La grandeza se demuestra en la adversidad y este fue un hombre pequeño y vil. No critico su ambición y su doblez -muchos grandes personajes han exhibido esos defectos, que han usado para engrandecerse- sino su indignidad al verse preso. Creo que va ha tener el fin que se merece. Beso su mano.

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    1. Sí, eso fue lo peor, y lo que más mancha su memoria. No supo estar a la altura de su propia ambición.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  8. Ay, la ambición...
    Increíble la de veces que pidió perdón y lo ciego que estaba su padre.
    En fin, espero con ansias la siguiente parte.
    Bisous!

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    1. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Sabía que no era de fiar, pero quería creer en su arrepentimiento sincero, y siempre le daba una oportunidad más.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  9. Cuando comenta que aquel retiro fue aprovechado para cultivarse creí albergar esperanzas de una "curación moral" por parte del duque, pero veo que su ambición supera con creces a su moderación y su cordura.

    Muy rastrero finalmente doblegarse ante su rey y bajar ante él la cabeza tras haberle puesto él mismo precio a la del monarca.

    Bisous, madame.

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    1. Sí, la ambición del duque lo superaba todo. Ni siquiera estoy segura de que deseara realmente una vida retirada en aquel momento, o si pretendía ser reclamado, que se le hiciese saber lo imprescindible que era y recibir la adulación de los suyos antes de aceptar el plan.
      Pero lo peor, en efecto, fue el modo tan poco digno en que se comportó después.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  10. Uy, me temo que me he perdido las otras dos partes. Me voy a poner al día...
    Besos

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  11. Supongo que tantas veces se le había perdonado que confió en que esta vez sería igual. Pero esta vez me parece que el error fue enorme. Veremos como sigue la entrevista.

    Bisous

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    1. Yo creo que estaba demasiado mal acostumbrado, sí. Una lástima de chico.

      Feliz día, madame

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)