lunes, 18 de junio de 2012

El Duque de Monmouth (II)


Puesto que Carlos II no tenía descendencia de su matrimonio con Catalina de Braganza, el legítimo heredero de la corona de Inglaterra era su hermano, el duque de York. Pero eso causaba el descontento de buena parte del pueblo, y el Parlamento pretendía excluir al duque de la línea de sucesión por haberse convertido al catolicismo. Los partidarios de la exclusión fueron llamados "Whigs", una palabra tomada del gaélico escocés y que significa “cuatreros”, término que se había aplicado a los rebeldes presbiterianos escoceses. Aquellos que estaban en contra de la exclusión, más conservadores y tradicionales en sus posturas, recibieron el nombre de Tories, una palabra igualmente despectiva y con similar significado: designaba a los bandoleros irlandeses católicos. 

El duque de Monmouth estaba en la cúspide de su popularidad cuando Carlos II enfermó alarmantemente en Windsor. Sus partidarios y los de su tío estaban en guardia, dispuestos a tomar el poder en cuanto el rey falleciera. De no haberse recuperado, seguramente no hubiera podido impedirse el estallido de una confrontación. 

Carlos no dejaba de insistir en la falsedad de los rumores que le atribuían un matrimonio secreto con la madre de Monmouth. El 3 de marzo de 1679 declaraba “que para evitar cualquier disputa que pueda producirse en un futuro, relativa a la sucesión de la corona, declara ante Dios todopoderoso que nunca dio palabra ni hizo contrato de matrimonio, ni se casó con ninguna mujer que no fuera su actual esposa, la reina Catalina.” 

Y tres meses después se reitera en que “Bajo palabra de rey y por la fe de Cristo, nunca estuvo casado con la señora Barlow, alias Walter, madre del duque de Monmouth, ni con ninguna otra mujer aparte de la actual reina.” 

Catalina de Braganza, reina de Inglaterra

El monarca se esforzó por equilibrar la balanza del poder entre los bandos de su hijo y su hermano, de modo que ninguno de los dos se hiciera demasiado peligroso. Privó a Monmouth de su puesto de capitán general y del gobierno de Hull, y le ordenó retirarse a Holanda en septiembre de 1679. 

Al año siguiente, tras serle denegado el permiso para regresar, Monmouth desafió la autoridad del rey y volvió a Inglaterra. Su popularidad era tal que a pesar de ser medianoche cuando hizo su entrada en Londres, las campanas se echaron al vuelo y se encendieron hogueras en las calles para festejar su regreso. Carlos le envió de inmediato un mensaje pidiéndole que diera la vuelta, pero en lugar de obedecer, Jacobo avanzó triunfal. Traía tan solo un séquito de cien hombres armados, pero por todas partes se le sumaba la gente. A su paso el pueblo lanzaba los sombreros al aire, lo aclamaban y le prometían sus votos en futuras elecciones al Parlamento. 

Pronto llegaron todas estas informaciones a la corte, para alarma del rey y de su hermano. Finalmente Carlos envió una orden de arresto contra su hijo. Monmouth se encontraba en Stratford cuando un sargento entró en la ciudad y, conducido a su presencia, le mostró la orden del rey. Ni el duque ni sus amigos opusieron la menor resistencia. 

Su padre, como siempre, perdonó su desobediencia, pero Monmouth no aprovechó la oportunidad que se le daba. Durante los dos años siguientes su conducta continuaba siendo tan poco satisfactoria que el rey expresó a la Universidad de Cambridge su deseo de que eligieran otro rector. 

En 1683 lo encontramos por fin dedicado a una actividad más inofensiva que las intrigas a las que se entregaba por aquella época: el 25 de febrero acudía a Francia para tomar parte en una competición organizada por Luis XIV, y que fue tal vez la más famosa carrera de caballos de su tiempo. Luis había cursado invitaciones a diferentes países, solicitando a los propietarios de los caballos más veloces que probaran fortuna ese día. El duque de Monmouth representó a Inglaterra y se llevó el premio. 

Carlos II de Inglaterra

Poco después Jacobo se metía de lleno en la conspiración de Rye-house, un complot contra la vida del rey y de su hermano. La maniobra iba a costar la cabeza a algunos de sus amigos, pero él logró escapar. 

El amor del rey por su hijo era tan grande que incluso eso le perdonó. Mientras Monmouth permaneció oculto no solo le enviaba los mensajes más cariñosos, sino que incluso mantuvo alguna entrevista secreta con él. Y Welwood cuenta en sus memorias que “la noche en que el duque apareció por fin en la corte tras la reconciliación, el rey Carlos tuvo tan poco dominio de sí que no pudo disimular una enorme alegría en su expresión, y en todo lo que decía o hacía.” 

La situación se había arreglado después de una carta que Monmouth dirigió al rey: “No hay nada en el mundo que me haya lastimado tanto el corazón como la acusación de haber intentado asesinaros, señor, a vos y al duque. A Dios pongo por testigo, y que me muera en este mismo instante, si alguna vez pasó por mi mente o dije la menor cosa a alguien que pudiera hacer pensar que desearía algo así. Estoy seguro de que no puede haber tales villanos sobre la tierra como para decir que alguna vez lo hice.” 

A esta carta siguió otra más afectuosa y llena de palabras de sumisión. El orgullo de Monmouth debió de sufrir un severo golpe cuando se vio obligado a humillarse también ante el duque de York: “Ni tampoco imagino recibir vuestro perdón si no es por la intercesión del duque, a quien reconozco haber ofendido, y estoy dispuesto a someterme de la más humilde de las maneras”. Por otra parte durante las negociaciones del perdón Jacobo estipulaba que en ningún caso podría ser citado como testigo en contra de sus amigos implicados. 

Jacobo Estuardo, duque de York

Después de haber negociado en privado, Carlos reunió al consejo en sesión extraordinaria y expresó su firme convicción de que su hijo estaba arrepentido de sus actos. De ese modo Monmouth recuperó el favor y volvía a ser recibido en la corte. 

Pronto resultó evidente que Jacobo distaba de sentir cualquier clase de remordimiento. Sus viejos amigos, “hostiles a la tranquilidad de la nación”, continuaban agrupándose en torno a él, y las palabras humildes que Monmouth había tenido con su padre en privado eran muy diferentes a las que manifestaba cuando estaba en público. Carlos habló con él y le expresó sus inquietudes. Le pidió que reconociera sus errores también públicamente e incluso redactó a tal efecto una carta que su hijo firmó sin vacilar. En ella admitía la parte que había tenido en el complot, pero negaba cualquier intención de asesinar al rey. Concluía expresando la esperanza de que sus ofensas serían perdonadas, y con la promesa de que nunca más volvería a incurrir en las mismas faltas. 

La sumisión de Monmouth fue un severo golpe para su partido. Sus amigos le imploraban que continuara siendo leal a ellos; inflamaban su ánimo con esperanzas de lograr la corona e insinuaban que debía recuperar el honor que había perdido al someterse. 

Jacobo fue a ver al rey y le pidió que le devolviera el papel. Carlos le respondió que así como no había sido obligado a firmarlo, tampoco retendría el documento contra la voluntad de su hijo, pero le advirtió que considerara seriamente el paso que estaba dando, y le dejó que lo pensara hasta la mañana. 

Al día siguiente Monmouth renovó su petición aún con más vehemencia. Carlos, apenado, le entregó la carta al tiempo que lo desterraba de la corte. 

Guillermo de Orange

Desde entonces vivió sobre todo en Holanda, donde era tratado con hospitalidad y respeto. El príncipe de Orange lo admitía entre su círculo más íntimo y hacía lo posible por hacerle la estancia agradable. Incluso persuadió a su esposa María, hija del duque de York, de que aprendiera a patinar para cumplir un capricho del duque. 

El rey escribía frecuentemente a su hijo descarriado, e incluso le proporcionaba dinero. Aún le amaba por encima de todas las cosas. Al final de su vida era evidente que sus sentimientos habían ganado todo el terreno a la razón y que tenía intención de volver a llamarlo a su lado, como refleja el propio diario del duque de Monmouth.


Continuará

30 comentarios:

  1. Con ese recibimiento en Inglaterra a la fuerza tenía que recrecerse. Además tenía carácter e inteligencia. Lo que ya no estaba tan bien esa su ambición tan desmedida como para atentar contra la vida de su padre y hermano.
    Me recuerda a la historia del hijo pródigo o padre misericordioso. Perdonando una y otra vez. Me da mucha pena el Rey.
    Feliz semana Madame.
    Bisous

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    1. Sí que era desmedida la ambición de este chico. Para él valía todo con tal de hacerse con la corona. Lo tuvo todo menos eso, y no se conformaba.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  2. Desprecio profundamente a todo aquel mortal capaz de desatender sus principios y atentar contra su propia sangre en pos de una ambición, sobretodo tratándose de una ambición material.

    ¡Y qué tendrán los padres que siempre perdonan a sus hijos aún cuando estos escupen sobre su propio nombre!

    Bisous, Madame, y buena semana.

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    1. El rey estaba ciego con este hijo. O más bien quería estarlo, pero en el fondo lo sabía.

      Feliz semana también para usted, madame.

      Bisous

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  3. Desde luego que los sentimientos del padre hacia el hijo eran de mejor calidad y más desinteresados que los que mostraba el hijo por el padre.
    Curiosa la procedencia de los "Whigs" y los "Tories". No me imaginaba lo de "cuatreros" y "bandoleros".
    Un saludo.

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    1. Fíjese que origen tan poco honroso el de los whigs y los tories. Al principio eran simplemente insultos que se dirigían unos a otros. Qué cosas.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  4. pero bueno! este carlos es más blando que un turrón del blando! ni siquiera en una trama que le puede costar la vida, es capaz de castigar al hijo... que le quiere matar!! increíble...
    a ver si en holanda se calma...

    bisous, madame!!

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    1. Sí, era blando. Y tan prudente como imprudente fue el hijo. Su debilidad para con él estuvo a punto de costarle un disgusto.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  5. Hola Madame:

    Un amor incondicional, no correspondido de la misma manera...Incluso que era respondido con soberbia y vanidad en algunos casos.

    Y ese amor velaba o mejor dicho tapaba el buen criterio del Rey. Imagino cuanto sufrió cuando lo desterró...

    Ya veremos como termina este caballero.

    Besos Madame

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    1. No quería tanto el hijo al padre como el padre al hijo, no. El rey siempre quería creerlo, y convencerse de su arrepentimiento. Y como el hijo conocía su debilidad, abusaba.

      Feliz tarde

      Bisous

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  6. ¿Cómo se puede perdonar a un hijo así? Con el corazón, es evidente, aunque...
    Y esa vuelta a Londre a medianoche me ha hecho mucha gracia, con las campanas volteadas y la ciudad patas arriba. Pura discreción.
    Buen lunes caluroso y rigoroso.

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    1. Recibimiento triunfal, monsieur. Ni siquiera era un secreto que volvía. Volvió a bombo y platillo, desafiando al rey, puesto que sabía que nunca le iba a hacer nada.

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. El comportamiento político de este príncipe llevó a Jacobo II de Inglaterra a apoyarse en el sector duro de algunos consejeros reales que eran de un catolicismo intransigente. La Rebelión de Monmouth, fue claramente protestante, y se apoyaba en la City de Londres, cuna del sistema económico capitalista. La revolución protestante en Inglaterra tiene un origen claramente económico: poner las tierras comunales y de la Iglesia Católica de Monasterios, Horfanatos, etc en manos de los nuevos ricos comerciantes, mercaderes y financieros. Estos capitalistas son el origen de la revolución Inglesa de 1642-1649, y serán los futuros revolucionarios que en 1688 con la Glorioso Revolución mandarían al exilio a Jacobo II de Inglaterra.
    Nunca me cayó bien Monmouth. Aunque hijo natural de Carlos II, fue un traidor a la Corona Legítima de Inglaterra, y al Rey Jacobo II su tio, quien lamentablemente y finalmente en lugar de proseguir con la política de libertad religiosa tolerante con todas las creencias de sus subditos, decidió apoyarse en el sector integrista católico para realizar una severa represión, que está sublimada y envenenada en los libros de la historiografía oficial. Tras el fracaso de la revelión de Monmouth, Jacobo II Stuart desconfiaría de sus subditos protestantes. Estos a su vez utilizaban el poder del dinero que emanaba de la City de Londres para subyugar el poder soberano de la Corona de Inglaterra. La Corona de Inglaterra representada por los Estuardo, y concretamente por Jacobo II significaba las garantías comunales y municipales, las libertades comunitarias y campesinas de los labradores y el mundo rural, frente a la agresión del poder capitalista e industrial que despertaba en las ciudades bajo la religión protestante. Ser católico y protestante en Inglaterra significaba, o estar con las libertades comunitarias y una especie de socialismo tradicionalista basado en las limitaciones que el poder de la Corona imponía a la plutocracia del reino frente a la libertad individual, que significaba el derecho de los ricos a la propiedad privada absoluta, apoyada en el proceso de industrialización capitalista, y en el triunfo de la plutocracia burguesa de la City sobre la Corona de Inglaterra. La ejecución de Carlos I de Inglaterra, y el exilio de su hijo Jacobo II son un símbolo en realidad: es el triunfo del sistema económico capitalista y la plutocracia burguesa sobre la Corona y los derechos del pueblo que esta última institución defendía. El deber del Rey era sujetar a los ricos en interés de todos, es decir subyugar a la plutocracia capitalista en interés de la rex-publica. Prueba de ello fue la decapitación de Carlos y el exilio de su hijo Jacobo II, y paradójicamente, la hipotetica subida al trono de Monmouth se encuentra clarificada y ejemplarizada con la subida del usurpador Guillermo "III" de Orange, rey de Inglaterra por la gracia del Capitalismo de la City de Londres y su plutocracia burguesa. Curiosamente quiero resaltar que el Catolicismo Inglés tenía tintes socialistas y comunitarios basados en la tradición histórica frente al protestantismo que era individualista, egoísta y sobretodo de origen capitalista, basado en la propiedad privada absoluta y los "derechos individuales"
    Un saludo!!

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    1. Caramba, monsieur, gracias por haberse tomado el tiempo no solo de leer el texto, sino de dejar su extenso comentario, que más que un comentario constituye en sí mismo una entrada completa.

      Buenas noches

      Bisous

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  8. Ambicioso y retorcido tuvo un comportamiento hipócrita con su padre, que tanto le quería.
    Beso su mano.

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    1. Sí, es terrible que ni siquiera pudiera esperar a que muriera su padre. Uno de los más asombrosos casos de ambición que ha dado la historia. Y mire que ha habido muchos.

      Buenas noches

      Bisous

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  9. Que interesante el origen de los vocablos tories y whigs. Despues se fue cambiando un p el sentido de los mismos pero conservando su dicotomia progresista-conservadores.Me tiene impactada ese retrato de Carlos II. Es de una calidad fuera de lo comun, da la impresion que Carlos estuviera muy vivamente mirandolo a uno , no le parece madame.? Un beso.

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    1. El retrato es de John Michael Wright. A mí también me encanta. Parece que esté vivo.

      Feliz día, madame

      Bisous

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    2. Los tories eran en realidad los tradicionalistas y los whigs los conservadores. Los primeros, mantenedores de las prerrogativas y derechos de la Corona de Inglaterra, y los segundos, los conservadores de los bienes robados al Comunal de los Municipios, a los Labradores y a la Iglesia Católica. Los Tories eran partidarios del mundo rural y las tradiciones comunitarias, y los whigs eran los defensores de la propiedad privada y los derechos individuales, es decir del capitalismo plutócrata burgués. Dista mucho por tanto llamarles progresistas a los whigs, que en realidad eran liberales, defensores del liberalismo económico y la propiedad privada absoluta. Lo curioso es como se dividió el partido tory y como algunos de ellos aceptaron el capitalismo liberal burgués, origen del actual sistema económico capitalista. Yo por contra, sigo siendo partidario de los Estuardo, y los antiguos Tories, defensor de la Corona y las libertades de los pueblos frente a la plutocracia neoliberal capitalista. De aquella división surgió el Partido Jacobita, movimiento legitimista, que trataba de devolver a los pueblos escocés, inglés e irlandés las legitimas libertades, frente a la City de Londres y a su Capitalismo protestante.
      En Francia pasaría algo parecido más tarde con los Legitimistas y los Orleanistas, y en España con los Carlistas y Liberales.
      Un saludo!!!

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  10. Buenas madrugadas madame:dándome una vueltita por esta su casa para deleitarme con esta bella historia.Que falta le hubiera hecho a este nefasto e inmaduro muchacho un par de reprimendas a tiempo.Pero en todas las familias siempre hay un garbanzo negro.

    Quiere creer madame:que le estoy cogiendo cariño a Carlos II hasta tiene cara de buena persona no creeis ?

    Un abrazo.

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    1. Era buena persona, en efecto. Y tenia muy buen carácter, aunque tal vez demasiado blando. No sabía estar enfadado. Pero con su hijo fue demasiado tolerante.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  11. Estimada madame,

    hace algún tiempo que conozco este rinconcito suyo, y permítame decirle que sus aportes son una gran ayuda para los que nos interesamos por la historia. En otra vida fui Eleanor Atwood :),pero he cambiado de nombre artístico, jajaja!! como abrí un nuevo blog, voy pasando mi antigua lista de seguimiento poco a poco, así que a partir de ahora me tendrá más a menudo por aquí.
    Le envío un saludo.

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    1. Madame, qué sorpresa! No la reconocía con su nuevo nombre :)

      Bienvenida de nuevo.

      Feliz día

      Bisous

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  12. La ambición doblega a muchos buenos sentimientos.
    Saludos, madame

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    1. En el caso de Monmouth se anteponía a todo. Era más fuerte que cualquier otra cosa.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  13. El amor que Carlos II sentía por su hijo me lleva a compadecerle ya que, el primero, no dudo en traicionar ese afecto conspirando contra su padre cuantas veces pudo y creo que de no haberlo exilado su vida hubiese corrido peligro, no se trataba de ser sumiso, tan solo de ser un buen hijo y agradecer todo lo que el Rey le proporcionaba.
    Por otro lado es evidente que Monmouth sabía engatusar a muchos, entre ellos al Rey, su padre.
    Bisous, Madame.

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    1. Sí, era un personaje con mucho carisma. Si encandilaba de ese modo al pueblo, no es de sorprender que tuviera embobado a su propio padre.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  14. Madame, aprovecho pare felicitarle por este nuevo premio recibido y despedirme de usted hasta después del verano, tras un tiempo mising, tal vez por desmotivacion o falta de ganas; espero volver con mas fuerzas en septiembre, y le deseo un plácido verano. Bisous.

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    1. Monsieur, yo también espero que regrese pronto con energías renovadas. Su espacio de arte es imprescindible. Ojala las vacaciones le sirvan para descansar y recuperar la ilusión.

      Felices vacaciones!

      Bisous

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  15. Interesante el origen de los vocablos "tories" y "whigs" lo desconocía.
    Y vaya personaje, es increible que a pesar de ser tan claras sus maniobras aún consigue el perdón de su padre. Voy a leer la siguiente entrega.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)