jueves, 17 de mayo de 2012

Un paseo por la Roma de la República


Imaginemos que nos encontramos en algún momento mediado el siglo IV a. C., viajando hacia Roma. Cuando el polvo que levantan los caballos y los carruajes de las damas no impide la visibilidad, podemos contemplar un panorama del que aún no forma parte la Vía Apia. En realidad Apio Claudio, descendiente de las sabinas raptadas por los fundadores de Roma, la hará construir poco después. Porque vamos a imaginar, también, que el patricio ciego es en estos momentos un niño de corta edad que pasea por el Foro con sus padres, de la mano de un esclavo. 

La ciudad surge ante nuestra vista rodeada por unas macizas murallas similares a las que en otro tiempo construían los etruscos. En la cima del monte Capitolino se eleva la ciudadela y el templo de Júpiter. Junto con ellos se destaca en las alturas la copa de los altos pinos y los viejos robles del Aventino y el Celio. 

Los carruajes cruzan la puerta, pero no van más allá. La policía de tráfico los detiene y los dirige hacia los aparcamientos, porque el interior de la ciudad está cerrado al tráfico rodado hasta el anochecer, a excepción de los carros con materiales para la construcción. Así pues, nos es preciso abandonar cochero y carruaje para continuar a pie, aunque quien lo prefiera puede alquilar una de las literas que esperan junto a la puerta de entrada. 


A lo largo de la muralla que sigue el curso del Tíber pulula la muchedumbre. Deambulamos por calles laberínticas que aparecen flanqueadas por pequeñas casas con tiendas y tenderetes, hileras abigarradas que se extienden hasta las laderas del Aventino. Aquí se encuentra el barrio de los carniceros, lecheros y verduleros. Es el lugar al que acuden a comprar las sirvientas de la gente acaudalada, los artesanos y los esclavos de los patricios. Llevan enormes cestas de mimbre llenas de coles, judías achicorias, cebollas e higos, y tinajas con trigo, aceite y queso. También compran muchas uvas, pero poco vino, porque solo se bebe en las solemnidades, y además las mujeres no lo probamos. 

A la sombra, bajo las bóvedas de piedra, penden abundantes gansos, patos, gallinas y conejos. Sobre los bancos colocan las cabras y los corderos, mientras que la carne de cerdo salada se guarda en grandes toneles. Pero casi nunca se vende carne de vacuno por aquí. Es que las vacas resultan demasiado caras, y los bueyes se necesitan para tirar de los carros cuando son jóvenes, y después, al envejecer, se emplean para hacer sacrificios. A decir verdad, se come poca carne y se vive de un modo bastante frugal. 

No tenemos muchas fiestas. Las únicas festividades son las religiosas. El Estado honra a los grandes dioses: Júpiter, Juno, Minerva, Marte, Ceres y Saturno. Este último está rodeado de misterio. En su honor se celebran las saturnales durante el solsticio de invierno. Pero también se adora a numerosos dioses en cada casa. Se los invoca para las cuestiones más diversas, a veces relacionadas con la profesión, y otras para ahuyentar las fiebres o las bestias salvajes. La diosa Fortuna aparece bajo muchas formas: las mujeres, por ejemplo, honran a la Fortuna muliebris, mientras que los muchachos veneran a la Fortuna barbata, que les proporciona tan hermosas barbas. Y además hay que honrar a los Lares, los espíritus de los antepasados. Al atardecer del día dedicado a ellos, toda la familia se reúne junto al fuego mientras el padre abre la puerta para depositar en el umbral un puñado de judías. 


En los barrios populares, a lo largo de la muralla y hasta las islas del Tíber, y también en el norte de la ciudad, se vive apretujado entre tiendas, cuarteles y campos de maniobras. El ambiente es animado, pero no muy ruidoso. Las calles se van haciendo más tranquilas y la gente parece más formal a medida que nos acercamos a las villas del Palatino, el Aventino y el Celio, y al centro de Roma. 

El camino directo al Foro termina en la Vía Sacra, que es recorrida durante las festividades religiosas por la procesión que se dirige al Capitolio. Al comienzo de la misma encontramos el pequeño templo redondo de Vesta, diosa del hogar, donde se levanta el altar con el fuego eterno. Cuatro damas, un número que aumentará posteriormente, deben mantener viva la llama durante treinta años. Son las vestales, personas sagradas que son elegidas en la infancia y educadas con mucho esmero para llegar a desempeñar su importante cometido junto a la diosa. Todas viven en un pequeño edificio detrás del santuario. Como simbolizan la pureza, la menor infracción es castigada muy severamente por el pontifex Maximus, que vive al lado. Si descuidan el fuego, son azotadas, y si atentan contra su virginidad, son emparedadas vivas. Cuando caminan por la Vía Sacra vestidas de un blanco inmaculado y tocadas con un velo y una cinta blanca en la frente, ofrecen un espectáculo encantador. Son las únicas personas en Roma con derecho a perdonar la vida de los condenados a muerte que se cruzan con ellas de modo fortuito camino del patíbulo. Las vestales son intocables; quien les pone la mano encima pierde la vida. 

Llegamos al Foro, un espacio abierto de unos 200 metros de longitud. Aquí se reúnen los ciudadanos romanos, llueva o haga sol, para celebrar asambleas. Vemos una larga hilera de quioscos que bordean el límite inferior del Foro, iguales a los que hay en la Vía Sacra. Son propiedad del Estado. Anteriormente los ocupaban los carniceros, verduleros, panaderos y pescaderos, pero hace tiempo que los echaron para que el centro de la ciudad tenga un aspecto más limpio. Ahora los quioscos se alquilan a los cambistas. 


A la derecha, poco antes de llegar a la cuesta del Capitolio, se halla la Casa de la Curia, es decir, el Senado, y frente a ella la plaza de las asambleas electorales plebeyas o “comicios”, con un podio para los oradores. Otros dos templos separan el Foro del pie del Capitolio: el de Cástor y Pólux y el santuario de Saturno, donde se guarda el tesoro del Estado. 

Un par de calles anchas atraviesan la ciudad; el resto son callejuelas estrechas sin nombre, flanqueadas por casas pequeñas en forma de cubo. Al norte y el sudoeste hay grandes mercados populares. 

Así es Roma hoy, ante diem XVI Kalendas Junias, dies comitialis, del año 419 ab urbe condita*, una gran ciudad que ha sobrepasado los cien mil habitantes. 


*17 de mayo del 335 a. C. Era dies comitialis cada uno de los 190 días al año en que los ciudadanos podían reunirse en asamblea para votar.


¡Hasta la próxima semana!

18 comentarios:

  1. Bonito paseo por Roma el que nos propone hoy. Un lugar para disfrutarlo paseando. Una ciudad que bulle de vida pero mucho más tranquila que la actual, donde los peatones peligran en cualquier paso de cebra.
    Un saludo.

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    1. UN PUEBLO BASTANTE CULTO..





      Un pueblo bastante culto...La pena es que cuando el hombre quiere más y más es cuando la pifia...De hecho tenemos tantas cosas que agradecerles, el Derecho Romano, los acueductos, la vid etc...Pero las malditas guerras por el poder es lo que hace que todo se vaya al traste...

      Es un placer pasear por este tapiz cargado de tanta sabiduría!

      Un abrazo Madame:)

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  2. Buenas tardes,por fin me han arreglado ya el ordenador. Impresionante paseo por Roma el que nos regala usted hoy.
    Saludos, madame

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  3. menudo follón de ciudad... con sólo cien mil habitantes. y todavía le faltaba casi todo un mundo por descubrir y poner a sus pies. siempre que leo algún texto sobre los romanos y su mundo intento ver qué conservamos de ellos. y siempre creo que es mucho, aunque no lo sepamos ver.

    bisous bisous, madame!!

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  4. Excelente paseillo por la gran ciudad, todavía no la gran ciudad imperial, pero bulliciosa y popular como ninguna; que maravilla debe ser acercarse a ese foro, lleno de puestos y mercaderes, charlatanees de feria, etc. Que tenga buen fin de semana, madame.

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  5. Muchas gracias por habernos adentrado tan magníficamente por la Roma republicana. El paseo ha sido agotador, así que le voy a ordenar a mis esclavas que preparen un baño.
    Besitos

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  6. Una ciudad muy populosa, quizás la más poblada del planeta, imagino que si fuéramos viajeros en el tiempo, el foro con su gentío nos parecería familiar, y muy pronto nos percataríamos de que sin móvil ni internet, los romanos del IV a. C y nosotros somos como dos gotas de agua.

    Muy buen fin de semana y muchos bisous.

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  7. Roma siempre es apasionante. Pero la vida de las vestales no me convence demasiado. Pero aún así me encantaría poder asomarme y ver la vida que ahora contemplamos a través de sus ruinas y de los historiadores.
    Bisous

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  8. Pues mire, ni se me había ocurrido pensar que las calles no tuvieran nombre, lo que para una ciudad de esas dimensiones debía ser un problema, porque dígame, señora, cómo voy a encontrar a mi amigo Lucius Tullius, que vive allí desde hace poco.
    Beso su mano.

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  9. Qué buen sabor de boca. Que relato tan vívido.
    Y sabe, Madame, me voy de la Roma republicana con dos sensaciones, la de una tenue felicidad y la paz que da un mundo ordenado.
    Saludos.

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  10. Roma, ciudad eterna siempre apetecida, siempre incitadora y excitante.
    Bisous

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  11. Una gran recorrida por la legendaria city nos ha llevado madame esta noche .Menuda tarea para las damas del templo de Vesta.
    Un fuerte abrazo y que ande bien

    PD :Debe de estar muy contenta con cierta visita del muchacho de New Jersey (The Boss) jeje

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  12. Ah pero que lindo paseo Madame. Como dice Ud ha sido una gozada, ja, ja.

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  13. Hola Madame:

    Un paseo de hace 2500 años...Cuanta agua ha pasado por debajo del puente...

    La ciudad eterna Madame. Ya con 100000 habitantes cuando ni siquiera se pensaba vivir en otras grandes ciudades.

    Me llama la atención que ya no se podía circular con coches por el centro...

    Besos que todo vaya bien

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  14. Me ha encantado ese paseo por Roma, donde el polvo levantado por los caballos y los carruajes de las damas han despertado mis musas inspiradoras. Curioso el dato de que los muchachos recen a cierto dios para que les proporcione buenas barbas y disparatado el asunto de que las calles no posean nombre (aunque quiero pensar que existiera un cierto orden dentro de ese desorden).

    Bisous y buen finde.

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  15. Podría decir que en verdad estaba caminando por Roma mientras leía. Como siempre es un placer! También no puedo no apreciar las fantásticas pinturas que siempre elije para sus publicaciones, madame.

    Mis saludos!

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  16. Me ha gustado esta visita a la Roma republicana. Un abrazo, madame.

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  17. Un gran paseo, Madame. Así da gusto y me llama mucho la atención eso de que ya no se podía circular por el centro... igual que en la actualidad en muchas grandes ciudades.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)