domingo, 13 de mayo de 2012

Un duelista en la Corte de Luis XIII (II)


Luis XIII, avisado de que el marqués de Beuvron había partido con la intención de retar a Bouteville, escribió a la gobernadora de los Países Bajos rogándole que impidiera el enfrentamiento. El correo del rey fue más rápido que el marqués, de modo que cuando este llegó a su destino la vigilancia era tan intensa que, a pesar de haber tomado la precaución de disfrazarse, Beuvron fue descubierto y entregado a la guardia en una posada. 

En Bruselas la gobernadora, Isabel Clara Eugenia, infanta de España, brindaba mientras tanto a François de Montmorency-Bouteville una amable acogida. Habló con él y le trasladó su inquietud ante la posibilidad de que se llevase a cabo el duelo en sus Estados. 

—Señora —respondió Bouteville—, después de las bondades con las que me ha honrado Vuestra Alteza, mil veces preferiría la muerte a causaros la menor contrariedad. Os doy mi palabra de honor de no batirme con nadie en tierras sometidas a vuestra obediencia. 

La infanta encargó al marqués de Spinola que tratara de reconciliar a ambos rivales. El 2 de febrero de 1627 el marqués los invitaba a cenar en su casa con el embajador de Francia y muchos señores franceses, españoles y flamencos. Los trató con gran magnificencia y les hizo jurar ante todos que renunciarían a batirse. François y Beuvron se dieron un abrazo y prometieron, por su honor, olvidar el pasado. François, a quien nunca se le pudo negar su sinceridad, hizo su promesa de buena fe, pero no así el otro: al abandonar el lugar, Beuvron se aproximó a él para despedirse y le murmuró que no se daría por satisfecho hasta encontrarse con él espada en mano. 

Marqués de Spinola

Contra su costumbre, François no respondió a esta provocación, puesto que había dado su palabra a la infanta. Pero al recibir después un nuevo cartel de desafío del marqués, se resolvió a solventar la cuestión en otro lugar fuera de los Estados de Isabel Clara Eugenia. Eligieron Lorena. Bouteville pasó a Nancy con des Chapelles, pero algo salía mal: Beuvron, que había regresado a París, no pudo acudir al lugar convenido por estar sometido a una estrecha vigilancia. Muy frustrado, escribió hasta ocho cartas a su enemigo instándole a aproximarse a París para medirse con él. Esto era algo extremadamente peligroso para François y des Chapelles, que se arriesgaban a ser arrestados tan pronto como pusieran un pie en Francia. Ellos imaginaban que Beuvron trataba de tenderles una trampa; que en realidad no tenía ninguna intención de batirse y solo intentaba atraerlos para ponerlos en manos de la guardia. Por tanto, decidieron aguardar a mejor ocasión y regresar a Bruselas

Allí François pidió a Isabel Clara Eugenia que intercediera ante Luis XIII para obtener el perdón, y de ese modo poder regresar. Pero el rey respondió a la gobernadora que todo cuanto podía hacer por complacerla era no perseguir al conde a condición de que no apareciera por París ni por la Corte. 

François se sintió ultrajado por esa respuesta. Montó en cólera y juró que se batiría en París a plena luz del día, contraviniendo el nuevo edicto de Richelieu, de 2 de junio de 1626, que prohibía los duelos bajo pena de muerte. 

Isabel Clara Eugenia

Partió en compañía de des Chapelles y ambos alcanzaron la capital el lunes 10 de mayo de 1627. Al día siguiente hizo avisar a Beuvron de su llegada y lo citó en la Place Royale a las nueve de la noche, para acordar el lugar, las armas y el momento del duelo. 

Su rival le pidió que resolviesen su querella sin exponer a sus amigos como segundos. 

—No, monsieur —respondió François—. Tengo dos amigos, des Chapelles y La Berthe, que quieren formar parte de mi bando. Si no les diera esa satisfacción, tendría que batirme con ellos. Mañana a las dos, no dejéis de presentaros aquí con dos segundos. 

Tras separarse, Beuvron fue en busca de Bussy d’Amboise. Busy llevaba unos cuantos días enfermo y lo habían sangrado cuatro veces. Su amigo le contó que tenía pendiente un duelo con Montmorency al día siguiente, y le expresó que, sabiendo lo mucho que deseaba desde hacía tiempo encontrarse con des Chapelles espada en mano, lamentaba que su enfermedad no le permitiera aprovechar la ocasión que se le presentaba. 

—Perdonad, monsieur —replicó Bussy—, pero aunque tuviera un pie en la tumba, quiero tomar parte en ese combate. 

Place des Vosges, antigua Place Royale

El 12 de mayo a las dos de la tarde llegaron todos en un carruaje a la misma Place Royale, uno de los puntos más frecuentados de París. La elección del lugar era todo un desafío a la autoridad de Richelieu, puesto que una de las viviendas de la plaza era de su propiedad. La osadía de François lo impulsaba a batirse a plena luz ante las mismísimas ventanas del cardenal, como si pretendiera brindarle la mejor de las vistas. El duelo no era solo con el marqués, sino con el rey y su ministro. 

Se batieron en camisa, tres contra tres. Entre Beuvron y Bouteville se entabló una lucha feroz a estoque y daga. Ninguno de los dos conseguía tocar al otro, de modo que arrojaron sus espadas para acometerse con la daga. Cuando cada uno hubo llegado a amenazar con su arma la garganta de su adversario, ambos se dieron por satisfechos y fueron a separar a sus amigos. Pero mientras tanto des Chapelles había asestado una estocada mortal a Bussy, que cayó a sus pies sin conocimiento y moría horas después en casa del conde de Maugiron, adonde había sido trasladado. Con Bussy muerto y La Berthe herido de consideración, la situación presentaba mal cariz para los duelistas. 

Mientras Beuvron y su escudero optaban por huir sin dilación a Inglaterra, Bouteville y des Chapelles perdieron un tiempo precioso en atender a La Berthe. Luego saltaron sobre su caballo con la guardia pisándoles los talones y llegaron a Meaux. Tenían intención de ir a refugiarse en Lorena, pero la fatiga los obligó a detenerse en Vitry a pasar la noche, una decisión que iba a resultar funesta para ellos. 


La madre de Bussy, tan pronto como supo que su hijo había muerto, hizo partir en la diligencia a dos caballeros en dirección a la Champaña, con la misión de impedir que la condesa de Vignori, tía de Bussy, se apoderara de los castillos que él había poseído en esa provincia. Al llegar a Château-Thierry se enteraron de que los fugitivos acababan de pasar por allí y decidieron seguir su pista hasta Vitry. Allí les dijeron que los hombres que buscaban acababan de acostarse. 

Bussy había poseído tierras en las proximidades de la localidad, por lo que los habitantes eran partidarios suyos. Uno de los enviados fue a avisar a las autoridades. El preboste montó a caballo con sus arqueros y se presentó en el lugar en compañía de muchos caballeros y algunos burgueses. Comenzaba a despuntar el alba...


Continuará

14 comentarios:

  1. De manera que los dos pendencieros espadachines arman un duelo múltiple en el que involucran a otros y al final le toca la china a uno de los acompañantes. A todo esto con las autoridades detrás por su osadía al saltarse las leyes a la torera. Veremos cómo acaba la cosa, pero no pinta nada bien.
    Un saludo.

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  2. Más emocionante creo que esto no podría ser, Madame.
    Y estos señores, queda claro, desafiaban en todo la autoridad del estado, como si un espíritu de pequeños barones medievales ardiera en ellos.
    Buen domingo.

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  3. Muy buena dosis de intriga, aventura y ruido en la corte de Luis XIII, con estos alboratodores profesionales de la espada, en estas dos entregas. Veremos que nos depara este episodio. Feliz domingo, madame.

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  4. Una apasionante lectura para esta tarde Madame. Tiene de todo, sobretodo emoción...

    Ya veremos como termina este episodio.

    Besos Madame. Feliz tarde

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  5. Hola, Madame

    Intrigas, duelos, saltarse la palabra dada, desafiando las leyes y las posibles consecuencias para todos ellos, que eran muchas, incluída la muerte.

    Qué bien que continua la historia.

    Feliz tarde, Madame.

    Bisous.

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  6. ¡Qué emocionante, señora! Sigo con mucho interés la historia de estos espadachines.
    Beso su mano.

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  7. Respuestas
    1. Que tozudez mondieu, el que la sigue la consigue...Y después que con el rollo de que eran tan caballeros tenian que saldar sus deudas de sangre...Que ganas de acabar mal.

      -Impaciente me quedo esperando el desenlance final!

      Un abrazo Madame:)

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  8. Esto es muy emocionante. Quedo pendiente de la continuación.

    Bisous

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  9. se han ido a meter en la boca del lobo. bueno, en la boca del lobo estaban ya por su afición a jugarse la vida por cualquier cosa.
    y qué cosas, me ha llamado la atención que siendo gente con posesiones y demás riquezas, se jugasen la vida de semejante manera. normalmente quien más tiene menos expone.
    que tenga buen día y buen inicio de semana, madame.

    bisous!

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  10. Ya veremos cómo acaba esta aventura que parece sacada de las páginas de Dumas. Siguen habiendo pendencias, claro que sí, pero los duelos son hoy ininteligebles. Una azarosa aventura, Madame.
    Bisous.

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  11. Me figuro que el ir contra la ley les proporcionaba un cierto "morbo" a los duelistas, aunque la excusa de limpiar el honor mancillado también resultaba bastante socorrida. ¡Fíjese que semejante argumento les sirvió a los caballeros durante siglos!

    Me encantan estas entregas; pese a reírme del orgullo masculino me aportan un cierto toque romántico-pasional que me agrada (soy así de controvertida jeje)

    Bisous y buena semana.

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  12. Creo que a otros hombres se les hubiese podido convencer deleitándoles el estómago y haciéndoles la merced de invitarles a sentarse en una mesa egregia, pero me temo que los dos caballeros tenían su orgullo por las nubes y no podían dejar pasar satisfacer su honra. Otra cosa es que involucrasen a otros en el pendencia. Esto me parece un poquito feo.
    Besitos

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  13. Bouteville y Beuvron, parecían un par de adolecentes enfrentándose en una plaza pública, igual que los jovenes en el patio de la escuela a la vista de las maestras... De todos modos, los adultos de hoy en día no han cambiado su afición de pelear en público, aunque ya sin poesía.

    Madame, gracias por sus palabras en mi humilde blog!

    Mis saludos!

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)