jueves, 31 de mayo de 2012

La Princesa de los Ursinos


A pesar del título italiano que llevó por su segundo esposo, Marie-Anne de La Trémoille era una aristócrata francesa, hija del duque de Noirmoutier, quien se había unido al partido del cardenal de Retz durante la época de la Fronda. 

Marie-Anne nació en París en 1642. No había cumplido 17 años cuando se casaba con Adrien-Blaise de Talleyrand, que adoptó el título de príncipe de Chalais. La princesa siguió a su marido a España, y años después viajaba con él a Italia. En 1670 Adrien moría en Venecia a consecuencia de la peste cuando se disponía a reunirse con ella en Roma. Dejaba a su esposa prácticamente en la ruina y obligada a buscar la protección de los cardenales franceses, de Bouillon y d’Estrées. 

Los cardenales aconsejaron a Luis XIV que Flavio degli Orsini, duque de Bracciano, se aliara con los intereses de Francia mediante un matrimonio con la joven viuda. Luis dio su visto bueno y en 1675 Marie-Anne se casaba con Orsini. 

El segundo esposo era un hombre no mucho mejor posicionado económicamente que el primero, pero cabeza de una de las familias más importantes de Italia. Marie-Anne abrió el palacio de los Ursinos a lo más distinguido de la sociedad de su época, y no tardó en encontrar entre los altos personajes un puesto de primera línea gracias a su encanto y agudeza. Era joven y atractiva, y ella lo sabía. Con su cabello oscuro, ojos azules, estatura media y una figura perfecta, tenía un porte majestuoso, unos modales llenos de gracia y distinción y una elocuencia natural que resultaba muy agradable. Siempre mostró coraje ante la adversidad, y, desde luego, grandes habilidades. Sin embargo, no solo cosechaba elogios: con una notable habilidad para el halago y una inclinación evidente hacia la intriga, frecuentemente se la acusó de no ser siempre sincera. Además, manifestaba una ilimitada ambición ante la que no había nada sagrado. Fue, en suma, enemigo cruel para unos y amiga constante y leal para otros.

Castillo de Bracciano - Imagen cedida por Isabel Barceló Chico, autora de Dido, reina de Cartago

El matrimonio no marchaba por cauces ideales. Sin llegar a pelearse abiertamente, Orsini y su esposa mantenían frecuentes desacuerdos que resolvían mediante separaciones temporales. La princesa viajaba entonces a Francia. La segunda de estas estancias fue muy prolongada: Marie-Anne permaneció allí cinco años, una época en la que trabó amistad con el duque de Saint-Simon. Pero se decía que residía más en París que en Versalles, donde Madame de Maintenon temía que se destacara demasiado. A pesar de todo se le propuso formar parte del séquito de la duquesa de Orleáns, pero ella no aceptó el puesto. 

De regreso en Italia, Marie-Anne actuaba como agente francés en Roma y Nápoles. Su esposo había tomado partido por el emperador, lo que llevó a uno de los importantes desacuerdos entre ambos. De hecho se convirtió en una batalla matrimonial de tales proporciones que Orsini prefierió exiliarse en Nápoles, donde permaneció mucho tiempo. 

El esposo fallecía en 1698 Marie-Anne, que no había tenido hijos de ninguno de sus dos matrimonios, se convertía por segunda vez en una viuda llena de deudas. Fue preciso vender las propiedades de su difunto marido, incluido el ducado de Bracciano. Esto se hizo con la expresa condición de que, ya que perdía su título de duquesa, en adelante llevaría el de Princesa Orsini (en francés des Ursins y en español de los Ursinos). 

El carácter de la señora era notable: poco después llegaba a pelearse con el cardenal de Bouillon, que tanto la había ayudado, por una cuestión de privilegios en la que el Papa decidió a su favor. Pero la disputa fue de tales proporciones que nunca se reconciliaron. 

Cardenal de Bouillon

Durante los siguientes años la princesa continuó viviendo en Roma. En sus salones recibía a soberanos, virreyes y príncipes de la Iglesia, y defendía los intereses franceses con tal eficacia que Luis XIV le concedió una pensión. Esto supuso un gran alivio, porque ni siquiera la venta del ducado le había proporcionado suficientes medios económicos para mantener su estatus, y ella buscaba desesperadamente el modo de mejorar su posición. 

La oportunidad llegó en 1701, cuando el rey de Francia aceptaba el trono de España para su nieto Felipe, prometido a la princesa María Luisa Gabriela de Saboya. Como la novia tenía tan solo trece años, era conveniente asignarle una consejera experta para instruirla acerca del modo de mantener la dignidad de su rango y evitar ofender a sus súbditos españoles. Una mujer de la corte francesa no sería aceptada en España, y una española no defendería los intereses franceses, de modo que había que buscar en otra parte. La princesa de los Ursinos no dejó escapar la ocasión y escribió de inmediato a su amiga la mariscala de Noailles ofreciéndose para el puesto. 

En efecto, nadie más indicado que ella: era una aristócrata francesa que había vivido en España durante la época de su primer matrimonio y conservaba muchos amigos allí. Hablaba el idioma con fluidez y estaba familiarizada con las costumbres de la corte. Además contaba con la ventaja de que había visitado Turín en varias ocasiones durante las cuales había tenido ocasión de conocer a la duquesa de Saboya, con la que mantenía correspondencia. 

María Luisa Gabriela de Saboya

La princesa rogó a su amiga que presentara su candidatura al rey antes de que tuviera tiempo de pensar en otra, a cambio de lo cual se comprometía a encontrar esposo “para una docena o más de vuestras hijas tan pronto como me haya establecido en Madrid”. Y es que, de los 21 hijos que había tenido la mariscala, once eran hijas aún casaderas. Habló además con el cardenal de Noailles, quien casualmente se encontraba en Roma por entonces. Para asegurarse el éxito, Marie-Anne tocó otros poderosos resortes y encontró el apoyo de Madame de Maintenon, deseosa de mantener en la corte española a alguien que la informara personalmente de los secretos de Estado. El cardenal d’Estrées también se convirtió en un importante aliado, y el cardenal Portocarrero, seguramente el hombre con mayor influencia en la corte española en aquel momento, era un gran amigo de la princesa. La unión de ambos podría ser de gran beneficio para Francia. 

En suma, gracias a tantos y tan grandes apoyos la princesa de los Ursinos fue nombrada Camarera Mayor de la nueva reina de España. 

Marie-Anne se encontró con la saboyana en Niza el 27 de septiembre de 1701, y luego la acompañó hasta Cataluña. El matrimonio se celebraba en Figueras el 2 de noviembre. El 30 de junio del año siguiente la reina hacía su entrada en Madrid mientras Felipe partía hacia Italia. 

La princesa mantenía mientras tanto una correspondencia regular con Madame de Maintenon, al objeto de asegurarse su influencia en Versalles. También aprovechaba su amistad con Portocarrero, que presidía la Junta, y con el cardenal d’Estrées, que era el embajador francés. Sin embargo ambos cardenales eran rivales, y ella no lograba ponerlos de acuerdo. 

Felipe V

Tenía mucho más éxito con los jóvenes reyes de España a la hora de aconsejarlos, y se había ganado totalmente la confianza de María Luisa. Fue ella quien le inculcó firmeza y determinación a la hora de establecer su autoridad, unas lecciones muy valiosas cuando llegó el momento en que la saboyana hubo de gobernar España como regente en ausencia de su esposo. Y de paso, con el pretexto de que la reina no podía permanecer sola en una asamblea de hombres, invariablemente la acompañaba en las sesiones de la Junta y se enteraba de todos los secretos de Estado. 

Fue la princesa, también, quien ayudó a María Luisa a dominar a su esposo para que no emprendiera nada sin ella, lo que equivalía a decir sin la propia princesa de los Ursinos. Pronto se hizo evidente que el rey solo tomaba decisiones cuando la reina estaba presente en las reuniones.


Continuará

24 comentarios:

  1. Parece que fue mujer decidida pero no tanto como Isabel de Farnesio, esa sí que fue todo un carácter. Pero bueno, ya no lo contará usted con su habitual maestría.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya lo creo que la de los Ursinos acabó por encontrarse la horma de su zapato.
      Sobre la Farnesio ya habíamos hablado hace algún tiempo, aunque no en relación con la princesa.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  2. Este personaje da mucho de sí. Espero la segunda parte.
    Buenos días, madame

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una de esas mujeres intrigantes y maquiavélicas de las que está llena la historia, monsieur.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  3. Uf, menudo poder llegó a tener en sus manos (y labios) la princesa. Nada más que un reino, tras ese periplo tan vital, tan interesante por lo ancho de la vieja Europa.
    Saludos, madame.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, en realidad se puede considerar que era ella quien reinaba en España.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

      Eliminar
  4. una mujer de mundo, ciertamente. y mire por donde aparece un antepasado de Talleyrand. familia con gran capacidad de adaptación, con el paso del tiempo.
    vaya cabeza fina la de felipe V. menos mal que estaban la farnesio y la ursinos para sujetársela un poco.
    veremos como sigue el tema.

    bisous, madame!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo creo que al pobre terminaron de volverlo loco, jiji.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  5. Estoy deseando saber más acerca de esta dama a la que bien podrían haber llamado "de hierro". ¿Ciertamente la historia está plagada de mujeres dispuestas y aguerridas o de caballeros un poco "flojos" jejeje?

    Bisous Madame y buen finde.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En verdad lo tuvo fácil con un matrimonio tan jovencito, una reina que era una niña y un esposo tan manejable. Lo curioso es que llegara a seducir a personalidades mucho más fuertes y notables.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

      Eliminar
  6. Que mujer de carácter.
    Interesante historia se avecina, veremos como sigue...

    Buen fin de semana Madame.


    mariarosa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo creo que esta mujer tenía uno de los caracteres más fuertes de la historia. Era capaz de dominarlo casi todo.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

      Eliminar
  7. Como siempre una dama con arrojo Madame. Y después dicen que las mujeres no jugaron papel importante en la historia

    Detrás de todo hombre exitoso hay siempre una mujer...

    Besos Madame

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ah, pero dicen eso? Que no jugaron un papel importante? Pues qué miopes, jiji.

      Feliz fin de semana, monsieur.

      Bisous

      Eliminar
  8. Y es que a veces hay mujeres realmente imprescindibles.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Ah! Madame de Maintenon es clavadita a la portavoz del PP :)
      Otro saludo.

      Eliminar
    2. Pues me pilla usted fuera de juego, porque hubiera jurado que el portavoz era un hombre, pero no lo tengo nada claro.
      Eso sí, Madame de Maintenon seguro que hoy votaría al PP.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  9. Mujer decidida, intrigante, insospechada... Espero esa continuación prometida.
    Bisous

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hoy la tendrá usted lista, monsieur, muchas gracias.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

      Eliminar
  10. No me extraña que saliera triunfante en todas las intrigas en que se metía.Pués reunía todos los ingredientes para ello.

    Esperando la continuidad.Que relato tan interesante.

    Un abrazo Madame.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, madame. Espero que siga encontrando interesante la continuación.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

      Eliminar
  11. Un buen paseo historico desde las druidas de las tierras galas y mas al Norte aun, hasta esta princesa que se metia en todas partes. Brava debia ser, aunque los que no la quieren deben estar esperando que la pobre Maria Luisa estire la pata para que le llegue su hora.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, pero poco deben de contar con ello, ya que es 45 años más joven que la princesa. Pero nunca se puede predecir esas cosas.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

      Eliminar
  12. Fascinante la dama, Madame y que bien que llego con retraso ya tengo para leer la continuación.

    Bisous

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)