viernes, 25 de mayo de 2012

La madre de Napoleón (II)

Maria Letizia Ramolino

Un año después de haber perdido a su esposo, Letizia se reunía con Napoleón, que regresaba a casa a pasar las vacaciones. Encontró en su hijo a un adolescente enfermo de cuerpo y alma, amargado por las oscuras perspectivas que se abrían ante él. Ella lo cuidó y lo animó; hizo lo posible por devolverle la salud y la alegría. En el jardín de Milelli, a la sombra del viejo roble, hora tras hora se sentaba a su lado y le hablaba hasta hacerle creer firmemente que vendría un futuro mejor. Le recordaba que ella tenía un tío que podía ayudarlos, y además el Estado les había concedido una pensión. Era muy pequeña, pero suficiente para comenzar si la administraba bien. 

Cuando en 1789 estalló en Francia la Revolución, Letizia supo cuál era el lugar de Napoleón, y le escribió para pedirle que se quedara allá donde estaba. “Era la madre espartana que, habiéndole dado el escudo a su hijo, le pedía que regresara con él o sobre él.” 

Al año siguiente Paoli volvía triunfal a Córcega. En 1792 sus intenciones de separar la isla de Francia para anexionarla a Inglaterra eran evidentes. Paoli no había olvidado el bravo comportamiento de la dama durante aquellos años en los que la isla había luchado por su independencia, y le envió un mensaje esperando atraerla de nuevo a su causa: 

“Señora, si escribe usted al general diciéndole que desaprueba la conducta de sus hijos, se le devolverán inmediatamente las propiedades confiscadas.” 

Pero su causa ya no era la de ella. Ahora no se trataba de la independencia de la isla, sino de hacer que pasara a otras manos, y Letizia no veía en ello ninguna ventaja. El rebelde no tuvo en cuenta que ahora sus hijos eran franceses. Napoleón se había formado en Francia y había iniciado una brillante carrera militar, y su madre veía con claridad que solo allí encontraría la prosperidad que esperaba para él. Jamás se hubiera posicionado en contra de sus propios hijos. 

—Díganle a Paoli que pensé que me conocía mejor —respondió—. Me he convertido en francesa, y francesa me quedaré. 


Esta respuesta convirtió a Paoli en el más encarnizado enemigo de los Bonaparte. El patriota corso dio orden de capturarlos vivos o muertos, pero Letizia no flaqueó ni se desvió un ápice de su resolución. 

Sus tres hijos huyeron disfrazados: José a Bastia, Napoleón a Calvi y Luciano a Marsella. Ella quedaba sola con los más pequeños en su casa blanca de Ajaccio. 

—No debéis pensar en vuestra madre hasta haber salvado al país —les dijo al despedirlos. 

Día y noche velaba por los restantes. Pasaba las noches sentada, alerta a cualquier ruido que se escuchara en el silencio de la noche, y cuando amanecía se acostaba un rato, vestida, siempre temiendo que en cualquier momento las gentes de Paoli pudieran venir a por ellos. La angustia y la ansiedad la atenazaban; No sabía qué hacer. “La resistencia era imposible; la rendición, deshonor; y la huida una muerte casi segura”. 

Tenía consigo a su hermanastro José, más joven que ella, pero eso no servía de mucha protección. Un pariente había aceptado hacerse cargo de Carolina y Jerónimo, los dos hijos menores, mientras ella se ocupaba de Elisa, Paulina y Luis. 

Una noche ocurre lo que tanto teme y un grupo de hombres armados irrumpe en su habitación. Piensa que son paolistas y se incorpora dispuesta a afrontar su destino. En ese instante, cuando ya lo cree todo perdido, descubre que son amigos que acuden en su auxilio. 

—¡Rápido, Signora Letizia! —la urgen— Los hombres de Paoli nos pisan los talones. No hay un momento que perder. Hemos venido a salvarla o a perecer con usted. 


Letizia viste apresuradamente a los niños y todos juntos se deslizan sigilosamente por las calles de la ciudad, que aún duerme. Pueden oír cómo avanza el enemigo, demasiado cerca de allí, pero consiguen llegar a las montañas sanos y salvos. José Fesch se encarga de guiar a Elisa y a Luis mientras ella lleva a Paulina de la mano. La arisca vegetación va rasgando sus ropas; araña manos y rostros, hasta que el llanto de Elisa rompe el silencio. 

—Haz como yo —le dice su madre—. Yo también sufro, pero en silencio. 

En la cima del monte hacen un alto para descansar. A lo lejos se escucha el reloj de la iglesia de Ajaccio dar la medianoche, pero Letizia no duerme, sino que permanece sentada, las manos reposando sobre las rodillas, siempre pensando. 

Al amanecer, era ella misma quien daba la señal para ponerse en marcha. Mientras permanecían ocultos, la gente de Paoli saqueaba y destruía el hogar de los Bonaparte. Durante esa jornada los fugitivos contemplan con consternación cómo se alzan las llamas en la distante Ajaccio. 

—Es su casa la que arde, Signora

—¿Y eso qué importa? —repuso ella— Volveremos a construirla, y será más bonita. ¡Viva Francia! 

Poco después conseguían un caballo para los más pequeños, y así continuaron camino con la madre caminando a su lado. Llegaron a la casa de campo de Milelli. Conscientes de que detenerse allí era meterse en la boca del lobo, optaron por seguir hasta alcanzar el puerto de Capitello, donde aguardaba Napoleón. 


Un navío los transportó hasta a Francia. Desembarcaron en Tolón, pero poco después se mudaban a Marsella. Aunque habían tenido la fortuna de poder estar todos juntos y a salvo, apenas disponían dinero ni sabían cómo iban a conseguirlo. Napoleón, oficial de artillería, era el que mantenía a la familia, a la que entregaba la mayor parte de su paga. La necesidad lo obligó a doblegar su orgullo y aceptar 30.000 francos de un amigo. 

Letizia se ocupaba de las tareas domésticas con sus propias manos. Sobre ella recaía también la responsabilidad, con su escasa instrucción, de educar a sus hijas sin dote: Elisa, de casi 18 años, Paulina de 15 y Carolina de 13. Cuando se sentaban juntas a coser les contaba leyendas del país que habían abandonado; les hablaba de su padre, de la guerra en la que él había luchado y de su valor. Poco más podía hacer la pobre mujer, pues nulo era su conocimiento de los libros. A cambio intentaba inculcarles sensatez, sentido de la justicia y cuantos valores consideraba que merecía la pena aprender. 

En 1794 José se casó con Mademoiselle Clary, hija de un rico mercader, lo que supuso un alivio a la economía familiar. Luis era ayudante de campo de Napoleón, mientras que Luciano se había convertido en abogado. La encantadora Paulina tenía muchos pretendientes. Junot quiso casarse con ella, pero entonces aún no era nadie, y Napoleón se opuso: 

—Tú no tienes nada y ella no tiene nada —le dijo—. ¿Cuál es la suma? Nada. 

Y así el matrimonio no se llevó a cabo. En cambio estaba a punto de celebrarse el del propio Napoleón con Josefina, algo que no resultaba del agrado de Letizia. Su hijo ni siquiera le había consultado acerca del importante paso que iba a dar, pero se conformó con su voluntad, consciente de que no hubiera podido torcerla. 

Josefina

Entonces el joven corso era nombrado comandante de los ejércitos en Italia. La fortuna de los Bonaparte sube como la espuma, y el corazón de la mamma rebosa de orgullo. Las victorias del hijo convierten a la madre en todo un personaje allá en Marsella. Gracias a ellas, Francia recuperaba Córcega. 

—Hoy soy la más feliz de las madres —dijo cuando se reunió con Napoleón en Montebello. 

Después regresó a su Ajaccio natal con Elisa, ahora casada con Bacchiocchi. Allí llevaba una vida sumamente apacible, alejada de todos los cambios políticos que se estaban produciendo en Francia, y que ella ni siquiera menciona en su correspondencia. 

En 1799 viajaba a París. Comenzaba una nueva etapa de su vida, una época de gloria. Napoleón era Primer Cónsul, e iba a convertirse en emperador. Sus demás hijos estaban ya casados o a punto de casarse, y las dotes serían reinos. Ella misma recibiría el tratamiento de Alteza Imperial y se convertiría en la primera Dama de la Legión de Honor.


Continuará

25 comentarios:

  1. Que maravilla de biografía madame. Que mujer más completa y digna.
    Estoy deseando ver como continúa.
    Bisous

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    1. Es que alguien como Napoleón no podía tener cualquier madre. La suya tenía que ser Maria Letizia Ramolino :)

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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    2. LE FUNCIONÓ UNA VEZ MAS SU CARACTER PRÁCTICO Y EL SENTIDO COMÚN.PORQUE SI LLEGA A EJERCER DE LA MAMMA EN EL BUEN USO PERECEN TODOS. LO MAS IMPORTANTE TENÍA GENTE FIEL A SU LADO.

      MUCHAS GRACIAS POR ESTA II PARTE

      FELIZ FINDE MADAME:)

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    3. Tuvo que hacer gala muchas veces de ese carácter y ese sentido común, sí, porque no lo tuvo fácil. Y de no haber tenido un hijo como Napoleón tampoco sé cómo se las hubiera arreglado para salir adelante. Aun así, lo habría conseguido, seguro.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  2. Qué emocionante la fuga.
    y Napoleón, qué lección de pragmatismo: nada más nada, nada.
    Beso su mano.

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    1. Desde luego la vida de esta mujer no estuvo carente de emociones y vaivenes. Poco podría sospechar durante esa fuga lo mucho que el destino iba a girar.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  3. Un personaje la señora Letizia, en las buenas y en las malas. Lastima que cuando la retrataron lo hacen mas como madre sufrida que como persona de caracter, que se ve que tenia como para regalar, y el caracter de algunos de sus hijos que no le hicieron honor a ella, como Paulette, insoportable e insufrible mujer pagada de si misma, o Jose robandose las joyas de la Corona española (bue... habra dicho, para que sepan lo que sintieron en America cuando robaron barcos y barocs cargados de oro)

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    1. En realidad por mucha madre que tenga uno, es difícil que todos los hijos le salgan Napoleón. Con uno entre doce ya es suficiente.

      En cuanto al saqueo francés, si fue para que aprendieran los españoles, me temo que llegaron un poco tarde, porque la península ibérica llevaba milenios siendo sistemáticamente saqueada y arrasada por unos y por otros. Los romanos, los vándalos, los vikingos, los piratas berberiscos, los flamencos de Carlos V, los franceses y todo el que podía sacaba barcos y carretas cargados con todo lo que encontraban. Y no todos dejaban algo a cambio como hicieron los romanos. En la historia de la península, lo de José fue una anécdota. Están tan acostumbrados, madame, que ya ni se inmutan.

      Feliz domingo

      Bisous

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  4. No es matemático que de una mujer fuerte que sufre las adversidades en silencio, siempre salgan hijos hechos de la misma manera; pero está claro que, sin esa madre, el amo de Europa habría sido muy distinto.
    De tal palo, tal astilla.
    Feliz fin de semana.
    Un saludo.

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    1. Ya lo creo que sí. Ella forjó el carácter de Napoleón y lo fortaleció. Tal vez demasiado. Pero sí, estos dos hacen bueno el refrán, desde luego.

      Feliz domingo

      Bisous

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  5. Esta es una de esas ocasiones en las que pienso que todo esfuerzo merece una recompensa..hay que ver la de tribulaciones que tuvo que pasar Letizi para sacar a flote a su numerosa familia y no solo criarlos si no cobijarlos animicamente para que fuesen personas fuertes que supieron sacar buen provecho de su instruccíón para convertirse en personajes notables.
    No cabe duda de que los Bonaparte se lo deben todo a su magnifica madre.
    El arbol genealogico es una maravilla.
    Feliz fin de semana, querida.

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    1. Con una madre así, como te salgan las cosas mal es para matarte, no? Ella puso todos los cimientos, una escalera para que su familia pudiera ascender.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  6. A poco de publicar en Facebook "Los ojos de una madre son las alas del ángel de la guarda", leo en su blog, Madame, los desvelos de Letizia por su hijo, lo que viene a ratificar mi pensamiento, lo cual me hace feliz. Una madre ciertamente espartana. Y la prueba de ello es: "haz como yo, to también sufro, pero en silencio". El coraje de la señora no tiene resquicios al equívoco: "Volveremos a construirla, y será más bonita".
    Un personaje destacable y muy bien traído por vos hasta su blog, Madame.
    Bisous.

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    1. Difícil mantener el porte en momentos de dificultad extrema como los que ella atravesó, pero parece que la señora se crecía en esas situaciones.

      Muchas gracias, monsieur, feliz domingo.

      Bisous

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  7. Una biografía que estoy disfrutando, Madame. Realmente una mujer muy singular, ahí está sus hijos que han dejado huella en la historia. Mi admiración por su fortaleza.

    Bisous

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    1. Imagínese lo diferente que pudo ser la historia de Europa si Napoleón no hubiera tenido otra madre, madame.

      Feliz domingo

      Bisous

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  8. Esa mujer modeló el carácter de Napoleón. La capacidad para soportar las adversidades y la tenacidad son rasgos de carácter que Napoleón demostró con largueza. El hombre antes que el militar, forjó la leyenda. Es un personaje que merece la pena conocer, espero seguir la continuación aunque sea en diferido, porque he de ausentarme unos días.

    Bisous y buenas tardes.

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    1. Así es, madame. Napoleón hubiera sido imposible sin esa madre.

      Espero que su ausencia se deba a motivos gratos, y que pronto la tengamos de nuevo con nosotros.

      Feliz domingo

      Bisous

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  9. Dios mio, que mujer, cada vez me emociono más, digna de admirar y una gran fuente de inspiración para mis personajes femeninos.

    Salud.

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    1. Me alegra que le haya gustado, madame Sumire, muchas gracias.

      Por cierto, qué significa su nombre? :)

      Feliz domingo

      Bisous

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  10. Qué sentimientos tendrían cuando vio su casa arder?? Impresionan la dureza del carácter de esta mujer. Y parece que Napoleón también lo heredó.

    Besos Madame. Voy por las cotufas (palomitas) para la continuación.

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    1. No dejó que en ningún momento traslucieran esos sentimientos, sino que dio un ejemplo de fortaleza. Era una mujer muy positiva y una gran luchadora.

      Feliz domingo, monsieur.

      Bisous

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    2. Sumire significa "Violeta" en japones.
      Salud.

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  11. Despues de leer y descubrir estas dos historias solo queda por recapitular el famoso dicho popular del "que detras de todo hombre hay una mujer" por el "detras de todo hombre hay una mujer y madraza tambien". Que epopeya desconocida realizo esta dama ,como para entender aun mas al futuro emperador en su afan y proceder .
    Un abrazo madame y buen domingo

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    1. Cuánto debemos a las madres, verdad, monsieur? Napoleón seguramente no hubiera llegado ni a mitad de camino.

      Feliz domingo

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)