miércoles, 23 de mayo de 2012

La madre de Napoleón (I)

María Letizia Ramolino

“Una excelente mujer, una madre sin igual, con un coraje y una fortaleza sobrehumanos”. (Napoleón Bonaparte) 


Maria Letizia Ramolino nació en Ajaccio, Córcega, el 24 de agosto de 1750. La isla, por la que habían pasado fenicios, cartagineses, romanos, vándalos, griegos, godos, sarracenos y genoveses, pertenecía en aquellos momentos a Italia. De hecho, Letizia se aferraría a su lengua italiana hasta el fin de sus días. Siempre se negó a aprender francés. 

Había nacido en el seno de una buena familia. Se puede decir que pertenecía a la nobleza isleña, aunque eso en la Córcega de hace dos siglos y medio no implicaba necesariamente ningún grado de refinamiento o nivel cultural. No había cumplido cinco años cuando perdió a su padre, por lo que su madre hubo de afrontar en solitario la tarea de su educación, algo en lo que fue sumamente tradicional. Letizia aprendió a tocar el clavecín, pero entonces no se consideraba conveniente que una niña se familiarizara demasiado con los libros, ni parecía necesario que aprendiese a escribir mucho más que su nombre. Eso sí, a las niñas corsas se las instruía para que fueran capaces de llevar la casa, lo que incluía los conocimientos de aritmética precisos para manejar las liras en el mercado. 

Su madre volvió a casarse, y se convirtió en Madame Fesch. De ese matrimonio pronto nacería su hermanastro, José. 

Carlo Maria Bonaparte

Pronto llegó el momento de ocuparse del matrimonio de la propia Letizia, que se había convertido en una hermosa adolescente de cabello rizado, expresión muy dulce y, desde luego, inteligente. Solo tenía trece años cuando le buscaron por novio a Carlo Maria Buonaparte, un joven de 18. No se trató de una boda por amor: Carlo estaba enamorado de otra mujer, pero su tío Luciano lo persuadió de que Letizia, cuya dote era suculenta, resultaba mejor partido. El novio no tenía mucho dinero, aunque sí un futuro muy prometedor como abogado y un “adorable talento para escribir versos”. La jovencísima novia nunca hubiera pensado en rebelarse contra el arreglo que su familia había hecho para ella, pero tampoco hubo necesidad, porque Carlo le agradó mucho. “Me casé a la edad de trece años con Carlo Bonaparte, que era un hombre hermoso, grande como Murat”. Son las palabras que mucho más tarde, siendo ya una anciana, dictaría en Roma. 

Fue un matrimonio bien avenido. Letizia fue para Carlo la esposa fiel y sumisa que amaba y reverenciaba al hombre con el que la habían casado, pero él era consciente de la inteligencia y sensatez de su mujer, por lo que siempre tenía en cuenta su opinión y le pedía consejo. La madre de Napoleón ni siquiera había cumplido los quince años cuando tuvo su primer hijo, un niño que no iba a vivir. A él seguirían otros doce. 

Al principio el matrimonio vivió en Ajaccio, pero durante el invierno de 1767 Carlo la llevó a la ciudad de Corti, y allí nacería el segundo hijo, José. Para entonces el panorama en la isla de Córcega había cambiado bastante, y los genoveses acababan de entregarla a Francia. Los corsos se oponían, y se mostraban dispuestos a luchar por su independencia bajo el estandarte de Paoli. Tal vez los días más tranquilos en la vida de Letizia fueron los que pasó en Les Milelli, la villa al sur de Ajaccio, mientras Carlo partía hacia Roma y sobre Córcega flotaba “la calma que precede a la tormenta”. 

José Bonaparte

El tratado por el que la isla pasaba a manos francesas se firmó finalmente en agosto de 1768. Carlo se unió a Paoli, y Letizia lo siguió. Ella lo acompañaba durante la primera campaña. En la batalla de Ponte-Nuovo, cuando las tropas de Paoli se encontraban rodeadas por los franceses, esta joven de 18 años, con su hijo en brazos y esperando otro, animaba a sus paisanos con su entusiasmo y su valor. Tras la desastrosa jornada, cuando solo restaba emprender la huida, el matrimonio y el pequeño José buscaron refugio en las rocas de Monte Rotondo. 

Córcega se había perdido. En los pueblos miserables que atravesaban, el silencio solo era roto por los lamentos de las mujeres corsas. Letizia viajaba a lomos de una mula, con su pequeño aún en los brazos y su marido como única protección. “No pensaba en otra cosa que no fuera en Córcega y en el peligro que él corría”, recordaría muchos años después. 

Letizia se encontraba enferma. Como no podía continuar, no cejó hasta persuadir a su esposo de que la dejara sola y acudiera a reunirse con Paoli. Carlo regresó tras ver cómo Paoli zarpaba hacia Livorno. Para entonces los franceses habían oído hablar del valor de aquella mujer, y en reconocimiento a su coraje ofrecieron al matrimonio un salvoconducto para que pudieran volver a su hogar en Ajaccio. 

Pero Letizia era también famosa por su belleza. En una ocasión, con motivo de la recepción de una embajada procedente de Túnez, Paoli había organizado una cena de gala a la que debían asistir las damas más hermosas de Córcega. El puesto de honor entre todas ellas le fue asignado a la señora Buonaparte, que desplegó además todo su encanto y sus exquisitos modales. 

Pasquale Paoli

Ella, sin embargo, no era vanidosa ni coqueta. No se preocupaba por su belleza ni por las diversiones propias de la juventud. Por el contrario, su carácter era grave, y apenas salía de casa si no era para ir a la iglesia. Con frecuencia se dirigía hacia allí a rogar la protección de la Virgen para el nuevo hijo que estaba a punto de nacer. Sería el cuarto. Letizia hizo la promesa de que, si nacía fuerte y sano, en adelante todas sus hijas llevarían el nombre de María. 

Y resultó que la mañana del día de la Asunción de la Virgen, el 15 de agosto de 1769, tuvieron que llevarla precipitadamente desde la iglesia a casa, porque había llegado el momento en que iba a dar a luz a Napoleón. 

Fue ella misma quien amamantó al niño, con la asistencia de la nodriza Camila Ilari cuando se hacía preciso. Le preocupaba su aspecto frágil; sufría por él y quería proporcionarle los mejores cuidados para asegurarse de que saldría adelante. La nodriza y la abuela lo mimaban mucho, pero ella, que “quería su bien más que su placer”, educaba con firmeza y gran severidad a su "Nabulionello". 

Poco después se reanudaba la larga sucesión de nacimientos en el hogar de los Bonaparte: tras dos niñas que no sobrevivirían, llegaron Luciano, María Ana Elisa y Luis en rápida sucesión. La familia contaba ya con muchos miembros, y los medios para mantenerlos a todos resultaban escasos. Carlo no era un hombre muy práctico. Parecía que siempre estaba gastando el dinero en retratos suyos y de su esposa mientras desatendía otras cosas más necesarias. Y, desde luego, apenas parecía pensar en el futuro de esos niños que jugaban en el jardín de Milelli. Era Letizia quien se ocupaba de eso. Ella era, también, quien ahorraba para ellos, privándose de todo e incurriendo en un modo de vida tan frugal que más adelante serviría para ganarse reputación de avara, “el único defecto que sus más encarnizados enemigos han podido achacarle.” 

Elisa Bonaparte

Cuando Napoleón tenía nueve años, él y su hermano José fueron enviados a una escuela en Autun, en la región de Borgoña. Despedir a sus hijos tuvo que ser muy duro para Letizia, pero no lo demostró; no derramó ni una sola lágrima, dispuesta a ser para los niños ejemplo de fortaleza. Más adelante Napoleón hablaría de su “severa ternura”, y afirmaría que debía a su madre toda su fortuna y cuanto de bueno había hecho. 

En 1780 nació Paulina, y dos años después Carolina. El menor nacía en 1784. Seguramente la familia hubiera seguido aumentando de no ser porque en febrero del año siguiente fallecía Carlo a consecuencia de un cáncer. No estaba al lado de su esposa durante sus últimos días. Se encontraba en Montpellier; allí murió en los brazos de su primogénito. Letizia enviudaba siendo aún joven. Quedaba sola al frente del hogar, abrumada por la responsabilidad de sacar adelante a tantos hijos con tan escasos medios.


Continuará

28 comentarios:

  1. Esto es una mujer!!!. No solo cumplió con sus funciones de madre y esposa sino que se adentró a defender a su patria.
    Qué fortaleza a pesar de tantos partos.
    Estupenda reseña.
    Bisous

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    1. Buenos genes llevaba Napoleón. Con una madre así, tenía la mitad del camino hecho.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  2. Supongo que Napoleós es un personaje tan grande que eclipsa cuanto había a su alrededor, en realidad no tenía noticia de su madre, me parece una mujer de gran coraje y valenntia comprometida con Córcega y sobre todo con el bienestar de su familia a pesar de que por ello la tildasen de avara, seguiré la lectura con interés.
    Buenas noches, Madame.

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    1. Sí, siempre fue ese personaje a la sombra de sus hijos, seguramente el menos conocido de la familia. Por eso merecía la pena rescatarla.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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    2. A la madre de Napoleón .La comparo a las aguas subterráneas; que no se ven, pero son las que empapan la tierra para que de sus frutos.Ella movía los hilos de estre entramado familiar(dura carga).

      Besos Madame!

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    3. Sí, así es, excelente comparación,madame. No podría haberlo descrito mejor.

      Buenas noches.

      Bisous

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  3. Valiente mujer. Que linda historia a pesar de los sacrificios que ha debido afrontar y que seguramente se verán en nuevos relatos, ya que queda sola y con muchos hijos.

    La sigo Madame.


    mariarosa

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    1. No lo tuvo demasiado fácil, no. Pero ella forjó el camino de sus hijos.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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  4. Buena papeleta se le presentaba a la joven madre de Napoleón. Me imagino que esa firme determinación y esa valentía frente a las adversidades será un legado que recibirá el que será el amo de Europa.
    Un saludo.

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    1. Quién sabe lo que hubiera sido Napoleón sin esa firmeza y sentido del deber que su madre supo inculcarle. De niño siempre lo trató como a un adulto.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  5. qué pocas veces ocurre que una mujer de esa gravedad y circunstancia se junte con alguien de su altura. suele ser que el otro sea alguien más volátil y aquí también ocurre. en fin. murió joven pero aprovechó el tiempo para asegurarse la distracción de por vida. doce hijos. como el que no dice nada.
    sobre cómo alguien provinente de una 'colonia' como córcega puede convertirse en emperador de la metrópoli... qué misterio.

    buen jueves, madame.

    bisous!

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    1. Y si él no llega a morirse, vaya usted a saber cuántos hubieran sido al final. Aunque no todos vivieron, la prole era numerosa, desde luego.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  6. Mirando ambos retratos, el de Letizia y el de su marido, se diría que Napoleón se parecía más a su madre, aunque creo que quizás fuese un poco más feúcho (no mucho porque se traía de calle a las mujeres). Por cierto, qué no sé de cuál de los dos heredaría la pequeña estatura, aunque me huelo que de Letizia al leer sus declaraciones sobre su gigante marido. Podría ser alto, pero lo pudo ser más a ojos de su mujer si ésta era pequeñita.
    Por cierto, madame, no me puedo quitar de la cabeza la versión que se nos ha ofrecido de Córcega en los cómics de Astérix, jijiji
    Besitos

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    1. Sí, yo también creo que se parecía más a su madre, y no solo físicamente.

      Ay, madame, esos cómics de Asterix siguen haciendo mis delicias!

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. Hola Madame:
    Desconocía la historia de la madre de Napoleón. Parece que era de fuerte carácter, como mujer tenaz que era.

    Mire que a veces un matrimonio de conveniencia funciona adecuadamente...

    Besos Madame Un mosquetero ha partido

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    1. Sorprenden las estadísticas, en efecto, sobre todo considerando la cantidad de matrimonios por amor que terminan mal.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  8. Qué fenomenal entrada, me ha gustado muchísimo. Sabía pocos detalles de esta gran mujer, y usted lo ha contado de maravilla. Seguiré atento la continuación.
    Beso su mano.

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    1. Muchas gracias, monsieur. Una vez más, "cherchez la femme", en este caso en la persona de la madre, como tantas veces.

      Buenas noches

      Bisous

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  9. Una mujer de carácter, sin lugar a dudas, valiente y brava. Sin dudas su hijo recibió en herencia esa fortaleza.
    Bisous, Madame.

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    1. Sí, se notan tanto los genes como la educación recibida de esta mujer. Ella forjó a Napoleón. Aunque también hay que decir que encontró en él la materia prima adecuada, algo que no parecía igual en todos sus hijos.

      Buenas noches

      Bisous

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  10. Madre mía 12 hijos y encima viuda. No me hubiera gustado estar en su piel. Me ha llamado la atención su segundo nombre Letizia.
    Curioso que se quisieran y se respetaran a pesar de ser un matrimonio de conveniencia.
    Buenas noches madame.
    Bisous

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    1. Yo creo que llegaron a quererse muy pronto. Salió bien, por suerte, porque imagínese qué desastre tener 12 hijos con un hombre al que no hubiera podido amar.

      Buenas noches, madame

      bisous

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  11. Me ha gustado mucho esta entrada, Madame, conocía muy poco de esta mujer y aquí hay bastantes datos y aún leeré más en la siguiente entrada.

    Bisous

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    1. Gracias, madame. Esta noche continuaremos.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  12. Valerosa y luchadora mujer. Espero la segunda parte.
    Un saludo, madame.

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  13. Al leer esta entrada recuerdo la novela "El ocho" donde se hacía una semblanza de Napoleón y de su familia. Veo que fue una mujer virtuosa y con las ideas muy claras: algo tomaría el general de ella. Excelente análisis de su vida. Bisous y feliz fin de semana.

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    1. Una novela apasionante, por cierto.

      gracias, monsieur.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)