sábado, 5 de mayo de 2012

La boda de Luis XIV y María Teresa (I)


El 3 de junio de 1660 Felipe IV, muy pálido, entraba en la iglesia ofreciendo la mano izquierda a su hija. Vestía de gris y plata y llevaba un enorme diamante rectangular en el sombrero, el llamado Espejo de Portugal, junto al cual se balanceaba la perla más grande del mundo, la Peregrina. La infanta aparece con un vestido blanco con bordados en oro y piedras preciosas. En palabras de Madame de Motteville,“recordaba a una de esas Madonas españolas cuyas figuras resultan invisibles bajo la profusión y rigidez de sus vestidos tejidos en oro y plata”, y añade que, de todos modos, su belleza triunfaba sobre el atuendo. Los franceses la encuentran bajita, pero bien proporcionada, además de dulce y encantadora. Otras fuentes, sin embargo, hablan de ella como de una mujer tímida e ignorante que, pese a ser de disposición amable y bondadosa, no tenía el don de agradar. 

Felipe IV conduce hasta el altar a su hija, que se arrodilla sobre un cojín de terciopelo. Entonces tuvo lugar la ceremonia en la que Don Luis de Haro representaba al rey. El simulacro se limitó a un muy ligero toque de dedos. Al final la princesa tendió la mano a su padre, que la abrazó. Felipe tenía los ojos arrasados en lágrimas, para desconcierto de todos. Nadie había visto nunca llorar en público a Su Majestad. Para la mayoría, aquel hombre que ahora no podía contener la emoción era casi una estatua viviente. 

Al día siguiente, 4 de junio, Luis envió a María Teresa su regalo de boda, acompañado de una carta en la que ya le da el tratamiento de reina: 

“Recibir al mismo tiempo una carta de Vuestra Majestad y las noticias de la celebración de nuestro matrimonio, y estar a punto de tener la dicha de veros, son sin duda asuntos que me proporcionan un indescriptible júbilo. Mi primo, el duque de Créqui, Primer Caballero de mi Cámara, os comunicará los sentimientos de mi corazón, en el cual observaréis siempre mi creciente impaciencia por poder hablaros yo mismo de ello…” 

María Teresa de Austria

Sobre los regalos nos ha dejado una descripción Mademoiselle de Montpensier: un cofre lleno de maravillas, joyas de oro y diamantes, relojes, guantes, espejos, frasquitos de perfumes, miniaturas, cruces, anillos… “En una palabra, no se podría imaginar que alguna vez hubiera sido ofrecido un regalo tan magnífico”. 

Ese mismo día Ana de Austria acudió a la isla de los Faisanes para entrevistarse con su hermano el rey de España, al que no veía desde hacía 45 años, y también para conocer a su nuera. Allí, en la sala de conferencias, había una especie de línea que marcaba la frontera entre los dos países. No se podía traspasar esa línea, puesto que un soberano no debía salir de su reino. Al borde de su límite los dos hermanos se abrazaron. Ana estiró la cabeza con intención de besarlo, pero Felipe encontró extraña semejante confianza, incompatible con su concepto de la solemnidad y majestad que debían presidir la ocasión, y retiró el rostro para evitar el contacto. Después María Teresa fue presentada a Ana, que la abrazó efusivamente. 

Cuando la infanta debía sentarse, surgió un problema: ¿Debía tomar asiento en territorio español o en el francés? Se discutió largamente y al final se decidió traer un cojín español y dos franceses que fueron acomodados sobre tierra española, y la joven se encontró sentada en forma mixta, conveniente a su situación ambigua. 

Ana de Austria

Luis XIV no había sido invitado a esta ceremonia: la etiqueta lo prohibía. Pero, impaciente por conocer a la infanta, acudió de incógnito en compañía de algunos de sus caballeros y cabalgó hacia allá. 

Reunida la reina con su familia en la Isla de los Faisanes, tuvo la dicha de ver al fin a su sobrina María Teresa. La infanta se arrodilló ante ella. Ana la alzó y la besó afectuosamente en ambas mejillas, como había intentado hacer también con el rey de España. Ana de Austria acudía en compañía de su hijo Felipe de Orleáns, Monsieur. También Mazarino asistía a la entrevista, y era efusivamente recibido por Felipe IV. 

Todos se sentaron lo más cerca posible de la línea que hacía de frontera entre ambos reinos. El cardenal hablaba con el embajador don Luis de Haro, Monsieur entretenía a su cuñada María Teresa y la reina conversaba con su hermano. 

Mientras hablaban, Mazarino recibió un mensaje de un desconocido que aguardaba fuera y solicitaba ser admitido. El rey de España dio su permiso. Estaba al tanto de quién era el joven que se presentaba de incógnito, pero había que disimular, pues María Teresa lo ignoraba. Así que todo el mundo fingió total desconocimiento. 

Luis XIV

Luis no se adentró en la estancia en la que se encontraba la infanta, sino que se quedó a la puerta y allí permaneció observando a María Teresa. Felipe IV finge tomarlo por un caballero cualquiera, pero, muy divertido con todo aquello, le hace un guiño a su hija, y ella, que observa una señal de don Luis de Haro, posa entonces sus ojos sobre el joven recién llegado. María Teresa es ingenua, pero no tonta, y, desde luego, se da cuenta de lo que está pasando, porque acaba de reconocer a Luis, cuyos retratos había visto. Se pone muy pálida por la repentina impresión que le produce lo inesperado de la escena. 

Mientras la pareja se contempla en silencio, el rey de España, muy satisfecho, murmuró a su hermana: 

—Oh, tengo un hermoso yerno. Tendremos nietos. 

Ana sonrió complacida, pero más que nada deseaba saber cuanto antes si Luis resultaba también del agrado de su nuera, pues eso era, al fin y al cabo, lo esencial. Según unas versiones la siguiente pregunta procedió del cardenal, y según otras fue la reina quien no pudo reprimirse y preguntó: 

—¿Qué os parece este desconocido? 

Pero Felipe no dio ocasión a su hija de responder a semejante indiscreción, sino que fue él mismo quien tomó la palabra. 

—No es el momento de expresarlo —objetó. 

—¿Cuándo será posible? 

—Cuando haya atravesado esa puerta. 

Felipe IV

Entonces parece que intervino Felipe de Orleáns, que no tenía menos curiosidad por conocer la impresión que su hermano había causado en la novia. Con una sonrisa se dirigió a María Teresa para preguntarle: 

—Hermana mía, ¿y qué os parece… esta puerta? 

Ella se sonrojó hasta la raíz del cabello, pero no hizo esperar su respuesta: 

—La puerta me parece muy bella y muy buena —murmuró. 

Luis abandona el lugar satisfecho. La encontraba fí­sicamente aceptable, en especial por sus ojos y sus cabellos; y también parecí­a poseer un carácter agradable, dulce y bastante dócil. 

A la salida algunos caballeros le preguntaron curiosos su opinión. Respondió que a primera vista le había parecido fea debido al vestido y el tocado que llevaba, tan diferentes a la moda francesa que le habían desconcertado, pero que al mirarla más detenidamente se había dado cuenta de que era muy bonita y no le había disgustado en absoluto. Todos sabían que estaba enamorado de María Mancini, la sobrina del cardenal Mazarino, pero Luis trataba de poner al mal tiempo buena cara.

El rey de España y su hija regresaron en barca a Fuenterrabí­a. Luis, con el sombrero en la mano, galopó galantemente junto a la barca a lo largo de toda la orilla francesa. Marí­a Teresa dirigí­a frecuentes miradas furtivas, esperando no ser notada. Era obvio que estaba gratamente impresionada. Si él regresaba satisfecho, ella regresaba encantada. 

Continuará



32 comentarios:

  1. Simpática anécdota sobre dos grandes personajes, yerno y suegro, sol y planeta respectivamente. Ahora que ambos se las traían. Llegaron a tener amantes a porrillo, cada uno es su estilo. Aunque para guarro, Luis XIV se llevaba la palma, ya que tenía la fea costumbre de recibir en palacio a los nobles sentado en el orinal, aunque para esos nobles era todo un honor, todo un detalle compartir sus momentos íntimos.
    Un saludo.

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    1. Bueno, no era un orinal, sino la Chaise d'affaires, pero sí, como explicamos en su momento en el texto sobre Versalles escatológico, la etiqueta prescribía que el rey tenía que sentarse en el sillón cada mañana, tuviese ganas o no, y, desde luego, no perdía tiempo; recibía mientras se sentaba allí, jiji, qué delicia.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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  2. Hola descubri tu blog por casualidad,me parecio genial ya que siempre me atrajo todo lo relacionado con los personjes de la realeza .
    Pobre Maria Teresa a pesar de la buena impresion que se llevaria,luego tendria un matrimonio desdichado y tendria que sufrir la perdida de la mayoria de sus hijos.Saludos desde Argentina.

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    1. Muchas gracias, madame Cecilia.
      Bueno, piense que en una época en la que los matrimonios se hacían por razones de Estado, era frecuente que los matrimonios fueran desdichados, y también que se les murieran muchos hijos. Al menos ella pudo tener un esposo que le agradaba. Otras tenían que admitir en su lecho a hombres que incluso les repelían.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  3. Muy bonita la manera de ver y no ver al novio.
    La vida de estos personajes tiene mucho de novelesco y también de desdichas, de manera especial para ellas que tenían que aguantar multitud de amantes.
    Hace 15 días estuve en St Jean de Luz y pude ver la iglesia de San J. Bautista donde se casaron. Es muy original, con sus balcones interiores... También se ve, por fuera, el palacete donde se hospedaron.
    Bisous, madame

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    1. Mire qué casualidad, madame. Viene con esos lugares aún frescos en su mente.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  4. Un matrimonio de conveniencia para los países, pero no sé si conveniente para María Teresa, viendo lo rijoso del carácter de Luis.
    Espero que su ausencia sea breve y pronto la tengamos de nuevo por aquí.
    Beso su mano.

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    1. Gracias, monsieur. Ya sabe de qué estoy pendiente, y creo que será ya la próxima semana.

      Buenas noches

      Bisous

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  5. Todos estos personajes,a veces, eran presos de sus propias maquinaciones.
    Un placer leerla.
    Buenas tardes, madame

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    1. Muchas gracias, monsieur.

      Buenas noches

      Bisous

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    2. Aunque la historia se tunea a favor de quien quiere resaltarla.No deja de ser un placer haber leído este trozo de nuestra historia...e impaciente estoy de poder continuarla:)

      Muchísimas gracias por compartirla.

      Un saludo:)

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    3. Muchas gracias a usted por su presencia, madame Bertha. Bienvenida al tablero!
      Espero que se quede mucho tiempo con nosotros.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. Hola, Madame

    Siempre que he pasado por delante la da isla de los Faisanes, la he visto tan chiquitina, tan pequeñita que me resultaba difícil imaginar cómo habrían decorado el lugar para este evento.

    Desconocía la anécdota de la boda y me ha encantado el sentido del humor y la agudeza de Felipe de Orleáns al hacer la pregunta indiscreta.

    Siempre aprendo al leeros. Es un placer.

    Feliz domingo, Madame.

    Bisous.

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    1. Felipe era el más simpático de la familia, aunque hay que reconocer que a veces se pasaba, jiji.

      Muchas gracias, madame. Feliz domingo.

      Bisous

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  7. :) Pobre María Teresa, he leído que era la hija predilecta del rey( que se haría un lío, el hombre, con tantos hijos que tenía)quizá por eso llorase su padre y tan contenta que se va...me da un poco de pena, él enamorado de otra y luego de otra y después de otra...


    ayns

    Bisous, Madame, la echaremos de menos

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    1. jijiji, tenía muchos hijos, sí, pero de los legítimos generalmente tenía que despedirse pronto, porque casi todos se le morían.

      Fue una pena, sí. Por lo menos el matrimonio de su tía Ana de Austria, aunque fue aún mucho más desastroso, la que solía enamorarse de otros era ella. Pero la pobre María Teresa nada. Ella solo miraba a Luis.

      Madame, estaré hasta donde me sea posible. En cualquier caso no será una ausencia larga, en principio. Eso espero.

      Feliz domingo

      Bisous

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  8. Pues iremos a ver al otro blog entonces Madame. Siempre me da bronca las versiones cinematograficas, donde por ser española, la poebre Maria Teresa termina convertida en morocha, ¿no leen historia los guionistas me digo?

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    1. No leen historia y además viajan poco, al parecer. Y tampoco deben de conocer a Velázquez. En arte les ponemos un cero también.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  9. Un protocolo total que hoy en día puede parecer absurdo. Al final muy importante fue esta boda para el destino de España.

    Bisous madame, que tenga buena semana.

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    1. Imagínese qué problemas tan tontos plantea el protocolo, y qué soluciones tan peculiares.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  10. Despues de los encontronazos sanguineos del principe de Vianna nos sumerge en este convite de tono nupcial . Cuesta creer a un monarca derramando lagrimas cuando ofrece la mano de su primogenito y como contrapartida esa fria recepcion entre hermanos con una linea separadora de por medio .Saludos madame y que pase una buena semana .
    Un abrazo

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    1. Monsieur, no podemos asistir solo a funerales, jiji. De vez en cuando es bueno algún que otro festejo.

      Los monarcas también eran padres, y en aquel momento sabía que no volvería a ver nunca a su hija.

      Feliz día

      Bisous

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  11. La esperamos, madame. Hay que ver cuán indefensas estaban las mujeres ante los matrimonios. Y qué pocos de ellos salían bien. Ojala el de María Teresa fuera uno de ellos. Beso a vd. su mano.

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    1. No lo fue, madame. No estaban hechos el uno para el otro, y además él estaba enamorado de otra con la que no pudo casarse.

      Feliz día

      Bisous

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  12. Hola Madame:

    Me ha gustado recordar el encuentro entre Luis XIV y Maria Teresa, un matrimonio arreglado y triste para la pobre reina....

    Ya he pasado por la corte Madame

    Besos

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    1. Muy triste, monsieur, en un entorno al que nunca se adaptó, además.

      feliz día

      Bisous

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  13. Pues empieza bien el matrimonio, con el Rey enamorado de otra y las que siguiero ¿no?

    Hasta su vuelta, Madame.

    Bisous

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    1. Sí, evidentemente no se podía fingir toda la vida, por muy buena voluntad que se pusiera. La comedia no duró mucho tiempo.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  14. No podíamos esperar otro comportamiento por parte de nuestro impetuoso monarca; me hace gracia imaginármelo de incógnito (¡qué difícil me resulta tal suposición!) observando a su ya esposa a hurtadillas, y al mismo tiempo me parece muy romántico el azoramiento de ella y su respuesta encantada. ¡Aaay, pobre incauta Maria Teresa!

    Bisous y buena semana para usted.

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    1. Sí, pobre. Yo creo que debieron darle una educación más realista, en lugar de tenerla metida en una urna de cristal durante más de veinte años.

      Feliz semana, madame

      Bisous

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  15. Me lo he tenido que leer ahora porque no me fue posible hacerlo el Sábado. Andaba con los preparativos del día de la madre. Hubiera preferido mandarles a todos a esta boda.
    Menos mal que ya me sabía algo:-)
    Yo también estuve como Candi en San Juan de la Luz:-)
    Bisous

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  16. Es como una novela bien relatada, intrigante y atrayente!

    La escena en torno a la linea de la frontera es extraordinaria, si no supiece que es historia diría que es ficción. Casi caricaturezca, jajaja!

    Un placer leer el blog, como siempre, saludos Dame Masquée!

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)