viernes, 20 de abril de 2012

María de Borgoña (IV)


La noticia de la derrota y la muerte de Carlos el Temerario llega a la corte de modo confuso y tarda en ser confirmada. Nada se sabe con certeza hasta dos semanas después, el 20 de enero de 1477. Cinco días más tarde María, convertida así en duquesa de Borgoña, se unió a Margarita de York, la viuda de su padre, para celebrar el duelo oficial con toda la corte. Pero la leyenda de la invulnerabilidad de Carlos era tan grande que se propaló el rumor de que se había retirado a algún lugar secreto, y diez años después las gentes aún esperaban su regreso. 

Para el rey de Francia la derrota borgoñona era una gran noticia. Luis XI escribió enseguida una carta en la que declaraba sus intenciones: “Ha llegado la hora de que empleéis vuestros cinco sentidos de modo que pongáis el ducado y el condado de Borgoña en mis manos… Entrad en el país”. Las instrucciones incluían casar a María con el Delfín. 

María y Margarita escriben cartas desesperadas al rey de Francia, tratando de apaciguarlo. Le recuerdan los tiempos en los que amó a la Casa de Borgoña lo suficiente como para refugiarse en ella, “y no se nos puede ocurrir pensar que queráis perseguirme precisamente a mí, María, a quien tanto bien habéis hecho, así como el honor de sacarme de la santa pila del bautismo… Si hay algunas cosas, bien sean señoríos o villas de las que yo, María, como vuestra muy humilde ahijada, me deba marchar… lo haré sin discusión alguna”. 

Luis XI de Francia

Las tropas francesas habían entrado en Borgoña, y María solo disponía de unas fuerzas muy reducidas, encargadas de custodiar las plazas en ausencia de Carlos, unos soldados apenas reforzados con los que habían podido salvarse en la catástrofe de Nancy. Había que ganar tiempo, pero las instrucciones que daba en secreto a los suyos eran muy diferentes: “…Disponeos a someter el país a mi obediencia y a conservar las mejores plazas y ciudades… Ruego que mantengáis siempre en vuestros esforzados espíritus la fe en Borgoña aun cuando os veáis obligados a hablar de otro modo”. 

Reunidos los Estados generales, los diputados partidarios de Luis XI eran poco numerosos, pero aun así la mayoría no osó oponerse a él y optó por abstenerse, traicionando así a su duquesa. Durante la sesión se salvaron las apariencias: si Carlos finalmente no había muerto, se le devolvería el ducado; María se casaría con el Delfín, futuro Carlos VIII, y sus derechos serían así salvaguardados. Al día siguiente las ciudades se sometían sin combate. 

Luis XI, con voz suave y la mayor naturalidad, incluso había dicho “que se quitaría la corona de su cabeza para ponerla en la cabeza de su hijo y de María, y se retiraría a cualquier lugar, para vivir apartado del gobierno”, algo que, por supuesto, no tenía la menor intención de hacer. María seguía esperando ganar tiempo y detener la invasión. Fingió someterse a la boda, pero aprovecha la ocasión para pedir que se retire el ejército francés y se aplace todo, porque sus súbditos, “si el rey continuaba penetrando y mandando avanzar a sus ejércitos en los países de acá, podrían cobrar tales ánimos que pudiera retardarse e impedirse la dicha alianza”. 

Carlos VIII

Otro duro golpe aguardaba a la duquesa: los Estados tomaron la medida de alejar de la Corte a Margarita de York. La razón que se alegó fue que había en Calais un contingente inglés cuya misión era raptar a María, un complot en el que además se trataba de implicar a Margarita. Como apunta Yves Cazaux, “no se puede manejar la calumnia por razón de Estado con mayor cinismo.” 

Pronto tiene ocasión de comprobar la duquesa que Luis XI, lejos de hacer honor a su pacto, reanuda las hostilidades y hace detener, encarcelar y ejecutar a varios de sus colaboradores. El único delito de los detenidos era haber dirigido la política de Carlos el Temerario, de modo que se hacía preciso inventar otros. Se los acusó de traición y se los declaró enemigos de los privilegios de Gante. 

Para María es la última humillación. El 26 de marzo envía una carta secreta que, por precaución, escribe en lengua tudesca y polaca. En ella le confirma a Maximiliano su intención de casarse con él. 

El pueblo, excitado contra los prisioneros, se reúne en el Mercado del Viernes con sus estandartes, sus palos y sus picas, exigiendo un castigo. María se ve obligada a ceder y designa una comisión judicial para juzgarlos. El tribunal debía componerse de 30 ciudadanos elegidos y ocho comisarios juristas que la representaban personalmente, pero sus comisarios son rechazados. Ya no puede caber la menor duda de que el juicio será un mero trámite en el que es segura la condena. 

María de Borgoña

María se dirige sola hacia el ayuntamiento, con la intención de obligar a los regidores a escucharla, y reclama su derecho como duquesa a conceder el perdón. Después acude al Mercado del Viernes para dirigirse al pueblo, y allí suplica de rodillas por la vida de sus amigos, con lágrimas en los ojos y voz quebrada. “Una gran parte del pueblo quería darle gusto y que no murieran… otros, por el contrario, bajaron las picas, una contra otra, en actitud de combate”. Se llevan de allí a María diciéndole que iban a deliberar, y que le enviarían la respuesta a su residencia. Después acudieron a decirle que en nombre del juramento que habían prestado de hacer justicia igual para todos, pobres o ricos, débiles o poderosos, el proceso tenía que continuar. En la madrugada del Jueves Santo le comunicaron que el canciller y el señor de Humbercourt habían sido condenados a muerte. 

A los condenados se les da tormento. Con los miembros dislocados, se los conduce al lugar del suplicio. Para Humbercourt, caballero del Toisón de Oro, el cadalso había sido tapizado de negro. Sentado en una silla, le arrancan las insignias de la Orden antes de ser decapitado. 

Pero calmado el tumulto, el pueblo flamenco comienza a darse cuenta de que ha sido engañado por Luis XI, y que nada detendrá ahora al rey de Francia. Algunas ciudades, al grito de “¡Viva Borgoña!” y en nombre de María, se preparaban para la resistencia “con un encarnizamiento que se alza a las alturas del heroísmo” y sin importarles que la causa estuviera perdida. 

Códice de trajes de la Orden del Toisón de Oro

Sólo tres semanas después de que María hubiera enviado aquella carta a Maximiliano, recibía una embajada del emperador y el 21 de abril se concertaba el matrimonio. El hijo del emperador pronto llegará para defender a la duquesa, y es mucho lo que se espera de él desde el punto de vista militar. Luis XI comprende que urge lograr la victoria y se lanza de nuevo a la conquista. Pero el tiempo avanza implacable y la exasperación del rey se acrecienta. Hace circular el rumor de que Maximiliano “se llevaría a la señorita a Alemania, dejándolos desamparados”. 

Aunque Maximiliano fue el pretendiente elegido por la duquesa, no era, ni mucho menos, el único aspirante a su mano en esos momentos. “…La señora era requerida por el rey de Inglaterra para monseñor de Scales, hermano de la reina, y el rey hacía grandes ofrecimientos; el rey de Francia quería a mi dicha dama para su hijo, y el señor de Ravenstein para el suyo, y así mi dicha dama estaba presionada por todas partes…” 

Felipe de Ravenstein hubiera contado con alguna posibilidad en otras circunstancias. María y él habían crecido juntos, y había entre ellos lazos de amistad e incluso de afecto. El joven Felipe era de espíritu noble y caballeresco, y si solo se hubieran tenido en cuenta los sentimientos, el matrimonio hubiera sido posible y tal vez deseado. Por desgracia, el señor de Ravenstein no era más que el hijo menor de la Casa de Cleves y no le daría a Borgoña apoyo político ni ayuda material suficiente. 

Juan II de Cleves

El duque de Cleves, hermano mayor del señor de Ravenstein, también ofrecía a su hijo, pero este era conocido en la Corte, y todo el mundo tenía perfecta constancia de sus defectos físicos y morales. María no lo quería a ningún precio por esposo. Los manejos del duque de Cleves y las maquinaciones con las que intentó desanimar a la embajada del emperador no produjeron ningún efecto. 

Hubo también un intento por parte de los ganteses, en la fase de su rebelión, por llevarse a la duquesa y casarla con el duque de Güeldres, pero fue un fracaso. María le tenía horror a ese personaje libertino. 

Margarita de York hubiera querido para María a su hermano Jorge, duque de Clarence, viudo por entonces. Por desgracia, no había complot al que Clarence no se sumase, y el rey y él desconfiaban el uno del otro hasta el punto de que Jorge no se atrevía a tomar ningún alimento ni bebida cuando se veía obligado a presentarse en la corte. 

Era evidente que Eduardo IV no iba a dar el visto bueno a ese matrimonio; en cambio hubiera considerado con agrado el de su cuñado. Una unión con Inglaterra habría salvado a Borgoña de las garras de Luis XI, pero al precio de una larga guerra y con el riesgo de colocar al ducado bajo el dominio económico inglés, bastante penoso.


Continuará

22 comentarios:

  1. Hola, Madame

    El rey francés saber jugar sus bazas de manera taimada. María nada puede hacer contra él aunque busque aliados, parecen ser inferiores a la fuerza del Luis XI.

    Pero esto me da a mi que no ha hecho más que empezar... Seguiré atentamente las evoluciones y siguientes entradas.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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    1. Algún poderoso aliado encontrará. A menos, claro está, que también le salga rana.

      Feliz fin de semana, madame.

      Bisous

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  2. ¡Madre mía! pobre mujer, tremenda incertidumbre con tantos y variado pretendientes y hasta ahora ninguno bueno. Veremos como sigue esto.

    Feliz fin de semana, madame

    Bisous

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    1. Pues no tiene mucho tiempo para solucionar esa cuestión, porque le están comiendo el ducado a marchas forzadas.

      Feliz fin de semana, madame.

      Bisous

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  3. Siempre pone usted magníficas obras pictóricas, la cuarta tiene un punto de fascinante, de muchas realidades mezcladas, madame.
    Ah, las dobles palabras, como la promesa de Luis XI. Abandonar el poder...
    Buen fin de semana.

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    1. No en vano llamaban a Luis XI la araña universal. Era un enemigo formidable, una de las mentes más brillantes de Europa... y también una de las más retorcidas.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  4. Parece que la duquesa estaba muy solicitada, y ella, muerto su padre, quizás haya sido de las pocas mujeres que hasta cierto punto, fuera dueña de su destino, tratando de conciliar el interés político y el personal. Está muy interesante la serie.
    La anterior parte es la narración del porqué de su apodo.
    Beso, de nuevo, su mano.

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    1. Ay, ella era prisionera de todos, en cierto modo. Tiene las manos atadas, y se enfrenta a una situación desesperada. Si su príncipe no llega pronto al rescate........ :)

      Muchas gracias, monsieur, y buenas noches.

      Bisous

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  5. Vaya un jaleo y aspiraciones a la mano de María, y todo por Borgoña. Y la pobre debate entre su pueblo y una boda de conveniencia.
    Luis XI era la personificación de la ambición y de la terquedad me parece a mi madame.
    Bisous y buenas noches.

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    1. Menudo estrés, madame. Como para salir a ataque de nervios diario, la pobre María. Y vaya un contrincante le tocó en suerte.

      Buenas noches.

      Bisous

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  6. Casar a María con un delfín ¿no es zoofilia? Perdone, Madame, la broma. Me he divertido mucho con las intrigas que cuenta.

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    1. Jiji, pues viendo a algunos de aquellos delfines, más parece que sí :)

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  7. No se quejará esta buena mujer. Le salen pretendientes hasta debajo del plato. Aunque no sé si eso será bueno o malo.
    Un saludo.

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    1. A la mayoría quisiera ella verlos cuanto más lejos mejor. Y querría ver cerca al que está lejos. Pero llegará, llegará :)

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  8. Un tablero de ajedrez y María convertida en alfil. Madame, qué dura es la vida cuando una se convierte en un valor de cambio al servicio de los intereses políticos.
    Vamos, que dan ganas de disfrazarse de alabardera turca y poner rumbo a las Seychelles.

    Buenas tardes y bisous.

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    1. Madame, me apunto a su plan para este fin de semana. Es una buena propuesta viajar a las Seychelles disfrazada de alabardera turca. Seguro que nos divertiremos :)

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  9. Tiempos dificiles para la dama, en una epoca que solo eran un trofeo de guerra, una alianza, aunque ella no lo hace facil y da pelea como gato entre la leña. Lastima que los suyos no estan a la altura de su señora.

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    1. Difícil incluso para ella misma estar a la altura de las circunstancias y salvar la situación, con Luis XI estirando las manos para recoger los frutos.

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  10. nada, nada, no compro a ninguno de los candidatos alternativos. me quedo con maximiliano, dónde va a parar. ¿porqué tienen que caer tan mal los reyes franceses? en fin.
    buen domingo, aunque fresquito por aquí.

    bisous!

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    1. Ah, pero los de otros sitios le caen bien???
      Calle, que me desmayo! Pues menudas joyas se lleva, monsieur.

      Feliz tarde de domingo.

      Bisous

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  11. Me encanta eso de tantos pretendientes. Lástima que hubiera que elegir por motivos políticos. Beso su mano.

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    1. Bueno, al final resulta que esas cosas salen bien y coinciden con la propia inclinación, como en este caso.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)