jueves, 12 de abril de 2012

Enrique IV de Inglaterra (IV)


Aunque Enrique se había ocupado de que la gente viera el cadáver de Ricardo, los rumores que afirmaban que aún vivía continuaron circulando, lo que daba pie a que en cualquier momento se formaran nuevas conspiraciones para tratar de restaurarlo en el trono. Durante años se creyó que se hallaba refugiado en Escocia, y no faltaban impostores, aventureros que trataban de hacerse pasar por él. 

Enrique sufrió nuevos intentos de asesinato: en septiembre de 1401 se encontró en su lecho un abrojo con tres picas envenenadas. Al año siguiente el fraile Richard Frisby fue juzgado por tramar un complot para restaurar a Ricardo y convertir de nuevo a Enrique en “el duque de Lancaster, que es lo que debería ser”. El plan fue descubierto a tiempo, y el fraile, al ser interrogado, no se arredró ante el rey: 

—No digo que esté vivo, pero si lo está, es el verdadero rey de Inglaterra. Vos usurpasteis su corona. Y si está muerto, vos lo matasteis. Y si sois la causa de su muerte, perdéis todo título y cualquier derecho al reino que pudierais tener. 

Esas palabras sellaron su destino. Vestido con el hábito de su orden, fue ahorcado, arrastrado y descuartizado. 


Otra amenaza llegaba para el rey desde Gales. Allí vivía Owen Glendower, antiguo escudero de Enrique. Cuando en 1400 el rey no se puso de su parte en el pleito que sostuvo contra uno de sus consejeros por unas propiedades, Glendower, descontento, comenzó a titularse Príncipe de Gales y alentaba a su gente a rebelarse contra el dominio inglés. 

En 1404 su poder era tal que fue capaz de reunir un Parlamento galés y firmó un tratado con los franceses. Dos años antes había logrado una victoria en la batalla de Pilleth, en la que tuvo la fortuna de capturar a Sir Edmundo Mortimer, el tío del conde de la Marca. Mortimer, resentido por el modo en que su sobrino había sido apartado del trono, se alió con Owen, quien le concedió la mano de su hija. 

Enrique no se mostró ansioso por rescatar a Mortimer, para gran disgusto de su cuñado Harry Percy, a quien llamaban Hotspur (Espuela Caliente). Los Percy, poderosos señores del norte, eran como una espina que Enrique llevaba siempre clavada. Temía que en cualquier momento formaran una coalición contra él, y eso fue precisamente lo que sucedió cuando el rey se negó a pagar el elevado rescate. 


En diciembre de 1402 Mortimer informaba a sus partidarios que él y Glendower tenían intención de liberar a Ricardo II y volver a sentarlo en el trono. En caso de que estuviera muerto, coronarían al conde de la Marca. 

La situación desembocó en una guerra entre el rey y los Percy. Hotspur envió su desafío a Enrique, al que trataba de duque de Lancaster, acusándole de obligar al Parlamento a proclamarlo rey en detrimento del conde de la Marca. El asunto se resolvió en la batalla de Shrewsbury el 23 de julio. Hotspur perdía la vida, y la conspiración quedaba desmantelada. 

Meses después Enrique se entregaba a labores más pacíficas. Su amada esposa, María de Bohun, había fallecido años antes de que él alcanzara el trono. El 7 de febrero de 1403 el rey contraía un nuevo matrimonio con Juana de Navarra, viuda del duque de Bretaña, con el que había tenido nueve hijos. Al parecer Enrique la había conocido durante su destierro en Francia, siendo ya viudo, y el afecto habría surgido entonces entre ambos. El rey no tuvo descendencia de este matrimonio. 

Juana de Navarra - The Lost Gallery

Enrique, mientras tanto, había puesto al conde de la Marca a cargo de un aya, y eligió para el puesto a su prima Constanza de York, condesa de Gloucester. El esposo de Constanza había sido uno de los cuatro condes que habían conspirado para asesinar a Enrique al comienzo de su reinado, y ella permanecía secretamente leal a la causa que consideraba a su pupilo el legítimo heredero de Ricardo. Durante años había ocultado muy bien su hostilidad hacia la Casa de Lancaster, aguardando su momento. A finales de 1404 supo que el galés se había hecho con el control de Glamorgan y decidió que, si conseguía hacer llegar allí a su pupilo y al hermano menor de éste, ambos quedarían en manos seguras, entre hombres que lucharían por su causa. 

En febrero de 1405 logró sacar a los niños de Windsor y llegó con ellos a Cheltenham, lo que supuso el fin del trayecto: allí les daba alcance el rey

La implacable condesa de Gloucester se vengó de su hermano Rutland, ahora duque de York, por haber abandonado a Ricardo. Lo acusó de conspirar para asesinar a Enrique y colocar al conde de la Marca en el trono. El rey lo hizo arrestar y lo encerró en la Torre, pero, como no pudo probarse nada en su contra, al cabo de nueve meses fue puesto en libertad y recuperó el favor real. 

En Gales los enemigos de Enrique aún trataban de derrocarlo. En febrero de 1405 firmaron un tratado repartiéndose entre sí el gobierno del reino, pero el joven Príncipe de Gales cayó sobre ellos con un gran ejército y aplastó la incipiente rebelión. Después se aplicó a la tarea de recuperar el territorio que había pasado a manos de Owen Glendower. 


Tres meses más tarde, en la batalla de Shipton Moor, el príncipe capturó a uno de los principales rebeldes, el arzobispo de York. El rey lo hizo ejecutar por traición. Atreverse a condenar a un arzobispo le hizo perder simpatías entre el pueblo, que, presa de un temor supersticioso, daba crédito a los rumores de que en su tumba comenzaban a aparecer milagros. Decían que el rey había dado muerte a un santo. Enrique seguramente hubiera sido excomulgado por su osadía de no ser porque la Iglesia se encontraba en ese momento sumida en el cisma. 

El rey intentó apartar de la sucesión al trono a sus hermanastros Beaufort mediante una enmienda a los documentos con los que Ricardo II había confirmado su legitimidad. Enrique introdujo las palabras “excepta dignitate regali”, algo que de todos modos no fue tomado en consideración cuando en 1485 el hijo de una Beaufort se convertía en rey de Inglaterra. 

En 1409 las rebeliones se habían terminado. Ahora las relaciones con Escocia y Francia eran mejores, y la posición de Enrique mucho más fuerte. La salud del monarca, en cambio, empeoraba. Algunos afirmaban que inmediatamente después de la ejecución del arzobispo, el rey comenzó a padecer la lepra. John Capgrave dice que desde 1405 había perdido la belleza de su rostro, y que era un leproso con manos y rostro cubiertos por grandes pústulas y la nariz desfigurada. No cesaban de circular rumores al respecto, algunos de lo más extravagantes: los franceses creían que se le habían caído los dedos de las manos y los pies, mientras que los escoceses imaginaban que había menguado hasta el tamaño de un niño. 

No se sabe qué enfermedad aquejaba al rey, aunque no era la lepra. Y, desde luego, al ser exhumados sus restos en 1831 se comprobó, por el estudio de su bien conservado rostro, que las descripciones de la época eran puras exageraciones. 

Los Reyes Lancaster

Su salud se complicó cuando en 1408 sufrió un derrame cerebral. Tenía desvanecimientos y padecía alguna afección cardiaca. Por todo ello se veía reducido casi a la condición de inválido, siendo incapaz hasta de caminar en algunas ocasiones. 

A pesar de su mala salud, el rey no se rendía, y se negaba a abdicar. En 1412 aún tuvo arrestos para declarar la guerra a Francia y hacer planes para conducir personalmente un ejército hasta Aquitania. Walsingham escribió sobre él: 

“Creo que habría conquistado Francia si la fuerza de su cuerpo hubiera igualado la de su espíritu”. 

El 20 de marzo de 1413 se había dirigido a la capilla de Eduardo el Confesor en la abadía de Westminster, donde se arrodilló para orar. De pronto se derrumbó. Rápidamente fue trasladado a la vecina cámara de Jerusalén. Cuando pudo hablar, el rey recordó que siempre había tenido el deseo de partir en una última cruzada y morir en Jerusalén. Y en cierto modo allí iba a terminar su vida. Lo acostaron en un jergón junto al fuego, pero él no sentía el calor; por el contrario, se quejaba de que sus manos y pies estaban fríos. El rey se moría. 

Trajeron la corona y la colocaron a su lado sobre un cojín de paño de oro, como establecía la tradición. Para entonces parecía estar muerto, de modo que cubrieron su rostro. El Príncipe de Gales tomó la corona y estaba a punto de colocarla sobre su cabeza cuando el rey volvió en sí y habló durante un rato con él. Le oyeron decir que se arrepentía de haber cargado con la corona de Inglaterra, pues había resultado una carga demasiado pesada. Finalmente hizo las paces con su hijo, con el que había tenido algunas desavenencias en los últimos años, y murió bendiciéndolo

Enrique IV fue enterrado en la catedral de Canterbury, cerca de la tumba del Príncipe Negro y la capilla de Santo Tomás Becket. El primer rey Lancaster dejaba Inglaterra más próspera y mucho más estable de lo que la había encontrado. Había derrotado a todos sus enemigos y, aunque aún era considerado por algunos como un usurpador, su hijo pudo sucederle sin oposición y reinar como Enrique V.

28 comentarios:

  1. Ahora afirman algunos que Jesús Gil sigue vivo y está eludiendo los tribunales: una constante histórica.
    Me divierten muchos las intrigas de las historias que nos plantea, Madame.
    Bisous.

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    1. Es verdad que incluso hoy existen esas leyendas sobre gente que supuestamente sigue viva. Poco ha cambiado el panorama.

      Muchas gracias, monsieur. Feliz tarde.

      Bisous

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  2. Excelente la serie dedicada a Enrique IV, del que he podido conocer muchos detalles de su vida y la de Ricardo Corazón de León, pues me fascina esa historia medieval tan romántica. Al hilo de lo que plantea Francisco, también se dijo mucho que Hitler estaba vivo y que le vieron como monje en el Monasterio de la Rábida en Huelva. Un abrazo, madame, y feliz fin de semana.

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    1. Pues fíjese que no lo imagino yo vistiendo un hábito. Y me imagino que se afeitaría el bigotito para disimular, claro. Me pregunto cómo se lo podría reconocer sin él.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  3. Hola Madame:

    Una vida azarosa la de Enrique IV.
    Es probable que el rey tuviese hiperqueratosis, que tiene una forma similar a la lepra pero no afecta la cara.

    Murió en Jerusalen a fin de cuentas.

    Besos Madame.

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    1. Lo que pasa que lo que decían que tenía desfigurado era precisamente la cara, lo que examinando sus restos parece que no era así.

      Pues sí, alguna relación tuvo con Jerusalén a fin de cuentas.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  4. Qué prisa tenía el príncipe en autocoronarse y que susto debió llevarse al oír a su padre hablar. En fin, cosas de familia. Beso su mano.

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    1. Era cuestión de tradición, para que la corona no quedara vacante en ningún momento. Pero el sobresalto debió de ser gordísimo!

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  5. No conocía al rey, como tantos otros. Aunque me queda una pregunta: ¿vale la pena? Tantos complots, que vivir sin vivir, menuda angustia.
    Saludos.

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    1. Él llegó a la conclusión de que no. Al principio uno piensa que va a tener siempre las fuerzas de la juventud, pero al final la carga se hace demasiado pesada.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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    2. Es verdad, tendemos a pensar que las fuerzas siempre nos acompañarán, madame.

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  6. La reflexión en el lecho de muerte, el balance que hace de su vida, demuestra que Enrique fue capaz de verse a si mismo sin florituras. Desde luego, su reinado y su vida fueron un trasiego imparable de dificultades y obstáculos. Quizás para él no mereció la pena, pero sí resultó, al final, un monarca con buena impronta.

    Bisous y buenas noches.

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    1. Supongo que pronto se arrepintió de haberse sentado en el trono, pero era un camino sin retorno, y tuvo que seguirlo hasta el final. Algo en lo que Inglaterra no salió perdiendo, por cierto.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  7. Buenas noches madame. Pero que bien se lo pasaban:-) Jugando a matar, a conspirar, a mentir, a suplantar, a guerrear...
    Luego dicen que hemos cambiado. Menos mal que soy un ser común.
    P.D.
    Entre nosotras: al menos los venenos son más divertidos.
    Bisous

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    1. Jijiji, yo opino lo mismo, madame. Ciertas sutilezas son más divertidas. Por lo menos para quien las lee simplemente, aunque ya me imagino que no harían mucha gracia a quienes las padecían.

      Buenas noches

      Bisous

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  8. Cuantas traiciones y maldades por dominar el poder, aunque hoy también existen esas cosas, uno igual se asombra de ellas.

    Un beso.

    mariarosa

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    1. Pues sí, madame, hoy también existen. El poder sigue atrayendo igual que siempre, pero por fortuna el mal aún tiene la capacidad de asombrarnos. Pobres de nosotros el día que la perdamos.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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  9. Hola, me encantan tus blogs. Me paseo diariamente por este mundo y ya he visto de todo. sin embargo, con los tuyos he sentido algo especial.
    Son distintos, amenos, enriquecedores.....
    Claramente, te sigo.

    Felicidades.
    Un saludo

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    1. Pues muchas gracias, madame. Me da una gran alegría. Espero no defraudarla nunca.

      Feliz día.

      Bisous

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  10. el caso es que después de las tropelías cometidas, las ilegalidades y abusos, queda como un rey que dejó un país próspero. interesante también el tema de su matrimonio con juana de navarra, con nueve hijos a cuestas. qué valor.
    vidas ejemplares.

    buen finde, madame!
    bisous!

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    1. Pues en realidad quedó como lo que fue, no? Un usurpador que dejó el país mucho mejor de como lo encontró. El problema sería que hubiera quedado con una fama injusta y errónea.
      Ya no pasan esas cosas, verdad monsieur? Me refiero a que ya nadie deja los países mejor que cuando los encuentra. No me refería a las ilegalidades y abusos, claro, que eso sigue siendo igual.

      Deduzco, por sus palabras, que usted nunca se casaría con la madre de nueve hijos. Pero monsieur, en este caso total qué más daba, si los 7 hijos supervivientes se quedaban en Bretaña y no los tenía que criar él. De todos modos, para él no hubiesen sido muchas bocas que alimentar. En el caso de usted, con esos jefes que tiene, comprendo su incomodidad al tener que pedir un aumento.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  11. Iba a decir eso "bicho malo nunca muere"; pero sí. Al final la palmó y le costó lo suyo. El heredero se puso la corona antes de tiempo. Y lo del fraile no tiene desperdicio. Primero lo ahorcan y luego lo arrastran y lo descuartizan. Digo yo que a él qué más le daba. Lo malo hubiera sido primero arrastrarlo y luego hacerle picadillo.
    Un saludo.

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    1. Bueno, yo no diría que le costara tanto morirse: solo tenía 45 años.
      Pero lo del fraile no fue su capricho el que dictó la forma de morir. Fue juzgado, y las leyes de la época, desde Enrique III, decían que la muerte que correspondía a su crimen era precisamente esa, y que debía morir así. Era lo que se consideraba adecuado. A Enrique verdaderamente no le daba más, no.
      Y creo que se mantuvo la ley hasta finales del XIX.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  12. cuanta crueldad querida Madame...
    esta historia es triste, la abrazo querida amiga

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    1. Así son los siglos. Los momentos pacíficos rara vez pasan a la historia.

      Feliz fin de semana, madame.

      Bisous

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  13. Un reinado nada pacifico tuvo el hombre entre grescas y grescas. Sin embargo le debemos el pacifico nombre de una flor: no me olvides, como llamo a la flor que Juana cultivaba en sus jardines y enamorados ambos le dio una flor de estas con esas palabras y asi pasaron a la historia.

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    1. No cabe duda de que el hombre se llevaba mejor con sus esposas. Claro que también Ricardo II, curiosamente.

      Feliz fin de semana, madame.

      Bisous

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  14. Un reinado nada pacifico y lleno de intrigas el que tuvo este rey. Una vida plagada de sobresaltos aunque visto lo leído al país le fue bien.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)