domingo, 8 de abril de 2012

Enrique IV de Inglaterra (II)


Juan de Gante, entristecido por el destierro de su hijo, enfermaba y fallecía poco después en el castillo de Leicester. Su muerte en nada favorecía a Ricardo II, puesto que Juan había sido el más leal de sus apoyos y el único que había sido capaz de contener a su hijo. Una vez desaparecido, nada impedía la confrontación entre el rey y Bolingbroke. 

La noticia alcanzó a Enrique de Bolingbroke en París. Ahora él era el duque de Lancaster, primer par del reino e inmensamente rico. Ricardo había prometido que no perdería sus propiedades y herencias a pesar del destierro al que lo había condenado; sin embargo, nuevamente sin explicación alguna, el rey revocó los documentos que le hubieran permitido heredar las tierras de su padre y confiscó todos los territorios y posesiones de los Lancaster para repartirlas entre sus favoritos. Y, lo que era peor, decidió que el destierro que le había impuesto arbitrariamente el año anterior, en lugar de ser por diez años sería de por vida

Todo ello colmó la maltrecha paciencia de Bolingbroke, que decidió regresar a Inglaterra y ocuparse de Ricardo de una vez. 

En mayo de 1399 el rey zarpó hacia Irlanda dejando como regente a su tío, el duque de York. El 4 de julio Enrique desembarcaba en Yorkshire al frente de un ejército. Ante la impopularidad de Ricardo, su tiranía y mal gobierno, las multitudes acudían a alistarse bajo el estandarte de Bolingbroke. Rápidamente se había hecho con un gran ejército sin encontrar apenas resistencia en ninguna parte. 

Ricardo II parte hacia Irlanda

El regente permanecía inactivo, debatiéndose entre la lealtad al rey o el apoyo al hijo de Juan de Gante, su hermano favorito. Durante tres semanas no hizo nada, y cuando al fin tomó una decisión fue para unirse él también a Bolingbroke. Los príncipes de la Iglesia se adherían a su causa, y el arzobispo de Canterbury llegó a garantizar a todos los que se alistaran en sus filas la remisión de los pecados y “un lugar seguro en el Paraíso”. 

Debido al mal tiempo, las noticias del desembarco tardaron en llegar a Irlanda. Tan pronto como Ricardo se enteró, regresó a Inglaterra con la intención de reunir un ejército y enfrentarse a su primo en el campo de batalla. A finales de julio desembarcaba en el sur de Gales, pero no fue capaz de encontrar partidarios. Los que habían sido sus amigos se apresuraban a abandonarlo, incluido Rutland, su favorito, que corrió a unirse a Bolingbroke

Abandonado y presa del pánico, el rey se disfrazó de fraile y emprendió la huida hacia el castillo de Conway, donde hubo de rendirse a los enviados de Enrique. En Lichfield, camino de Londres, trató de escapar por la ventana de la torre, pero fue capturado cuando salía por el jardín. A partir de ese momento nunca estuvo solo; era custodiado por diez o doce hombres armados. 

Ricardo II en Conway

El 2 de septiembre Bolingbroke entraba en Londres, aclamado por la multitud. Traía a Ricardo prisionero. La gente había llegado a odiar tanto al rey que lo recibían con abucheos y le arrojaban basura desde lo alto de los tejados. 

En Conway Enrique había prometido que Ricardo retendría sus poderes, pero pronto nombró una comisión que decidiera quién debería ser el rey. Nadie estaba demasiado interesado en que siguiera gobernando Ricardo, y éste no tenía hijos. La única alternativa aceptable en ese momento era Bolingbroke. 

El primer impulso de Enrique fue el de hacer juzgar a Ricardo por sus pares, pero no había precedente, y establecerlo era demasiado peligroso. Por consiguiente estimó más adecuado conseguir la abdicación del rey. 

Poco después, el 29 de septiembre, consciente de que no tenía mucha posibilidad de elección, Ricardo renunciaba al trono con aparente indiferencia, accediendo a ser sucedido por su primo, al que envió su sello. 

Abdicación de Ricardo II

A la mañana siguiente el Parlamento se reunió en Westminster. Al entrar, Ricardo se detuvo ante el trono vacío, se despojó de la corona y, colocándola en el suelo, renunció a su derecho ante Dios. Luego pronunció un breve discurso expresando su esperanza de que Bolingbroke fuera un buen señor para él. Aunque se leyeron 33 acusaciones en su contra, no se le permitió decir nada más, ni siquiera en su defensa. Más tarde ese mismo día el obispo de Carlisle protestó por este hecho, pero fue la única voz que se alzó a favor de Ricardo. 

Después de haber sido conducido de regreso a la Torre, los lores lo declararon depuesto. Poco después hacía su entrada Bolingbroke en compañía de sus cuatro hijos varones y de los arzobispos de Canterbury y de York. Entonces se oyó la voz de Sir Thomas Percy: 

—¡Larga vida a Enrique de Lancaster, rey de Inglaterra! 

Todos los presentes prorrumpieron en aclamaciones. Enrique agradeció sus palabras y tomó asiento en el que había sido el lugar de su padre, ocupándolo como duque de Lancaster, pero los dos arzobispos lo tomaron de la mano y lo condujeron hacia el trono vacío. Se hizo un silencio absoluto mientras Bolingbroke se incorporaba para dirigirse a los allí congregados. Al terminar de hablar mostró a la asamblea el sello de Ricardo, como prueba de que había sido designado por él como su sucesor. Hubo aplausos, y tanto los lores como los comunes lo reconocieron con entusiasmo como rey de Inglaterra y de Francia. 

Bolingbroke reclama el trono

Bolingbroke se había convertido en Enrique IV; la dinastía Lancaster comenzaba a reinar, pero era previsible que se alzaran voces poniendo en tela de juicio su legitimidad. Aunque casi nadie quisiera a Ricardo, obviamente Enrique había usurpado la corona, puesto que no podía considerarse válida la renuncia de un monarca que estaba prisionero y sometido a coacciones. 

El nuevo rey debía enfrentarse, además, a un segundo problema: la existencia de otro candidato, Edmundo Mortimer, conde de la Marca, un niño a punto de cumplir ocho años y que hasta ese momento Ricardo había considerado como su sucesor. Edmundo era nieto de Lionel, el tercero de los hijos de Eduardo III. Bolingbroke era hijo del cuarto. Por tanto, se entendía que la línea de Lionel tenía precedencia sobre la suya. 

¿Qué podía hacer, entonces, para legitimar sus pretensiones? 

Bolingbroke recurrió a una mentira muy ingeniosa. Hizo valer sus derechos no como hijo de Juan de Gante, sino a través de su madre. Ella era Blanca de Lancaster. El bisabuelo de Blanca había sido Edmundo el Jorobado, segundo de los hijos del rey Enrique III. Lo que Blingbroke alegaba era que el jorobado había sido en realidad el primogénito, pero fue postergado por su hermano debido a su deformidad. 


Las consecuencias de aceptar este argumento eran graves, puesto que al tiempo que anulaba los derechos del conde de la Marca, también equivalía a admitir que todos los reyes de Inglaterra a partir de Enrique III habían sido usurpadores. Además apartaba de la sucesión a sus hermanastros Beaufort. 

No se pudo encontrar ninguna evidencia que sustentara su afirmación, pero aun así los ingleses lo aceptaron. Por su nacimiento, su carisma, sus capacidades y el hecho de contar con cuatro hijos varones, era el candidato ideal para el trono vacante. Bolingbroke era el único hombre capaz de restaurar la ley y el orden y gobernar el país con mano firme, y nadie pensó siquiera en sostener frente a él los derechos de un niño. El arzobispo de Arundel justificó en su sermón el apartamiento del conde de la Marca: “De ahora en adelante, Inglaterra será gobernada por hombres, no por niños”. 

Pero se había establecido un peligroso precedente. Durante 60 años las reclamaciones de los Mortimer permanecerían latentes. Nunca dejarían de suponer una amenaza para la Casa de Lancaster, y un foco capaz de atraer a rebeldes y descontentos.

Continuará

30 comentarios:

  1. Madame, bello texto colmado de historia y verdad. Siempre es un lujo visitarte.
    Un abrazo,

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    1. Muchas gracias, madame, muy amable.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  2. Siempre habrá alguien que diga que el nuevo rey es un usurpador, dadas las maniobras tan retorcidas empleadas en hacerse con el trono.
    Un saludo.

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    1. Desde luego. Va a tener que enfrentarse a eso durante todo su reinado. Los que ostentaban el poder con el otro rey, no se van a conformar fácilmente.

      Feliz domingo, monsieur.

      Bisous

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  3. Realmente esforzados para legitimarse. Es algo que cuesta un poco más de entender hoy que ayer. Madame, qué bien retrata toda las ceremonias, incluiendo al desgraciado Ricardo como actor secundario del drama, para coronarse y cómo eran capaces de retocar el pasado, barro en manos de los podersos.
    Buen domingo de "mona", que dicen es una palabra árabe.

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    1. Muchas gracias, monsieur. Cuando convenía, parecía que nadie tenía demasiado problema en saltarse las leyes.

      Es posible que sea árabe la palabra, puesto que donde yo me encuentro, zona en la que no existe esa influencia, no se llama así.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  4. Lo que mal empieza mal acaba. Un poder de legitimidad tan dudosa es un caldo ideal para conspiradores e intrigantes de toda laya.
    Y el niño Mortimer tiene pinta de querer ser protagonista de alguna de ellas, el angelito.

    Buenas Pascuas.

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    1. Sí, a Enrique se le van a acumular los problemas: un monarca depuesto que aún vive y podría recuperar su poder; un candidato con mejores títulos; el rey de Francia protestando y reanudando la guerra, porque su hija estaba casada con Ricardo; un país devastado por el mal gobierno del anterior monarca... Bueno, no le envidio la tarea.

      Feliz domingo, madame.

      Bisous

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  5. Muy entretenido madame, cuántas guerras en todas las monarquías habrán traído estos líos sucesorios que también como la ley Sálica luego se volvían contra sus mismas ramas.

    Feliz tarde, bisous.

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    1. Sí, el problema es que lo que resultaba conveniente en un determinado momento, podía convertirse en el mayor inconveniente a largo plazo. "La gloria de hoy puede ser el veneno de mañana".

      Feliz domingo, monsieur.

      Bisous

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  6. Quien siembra vientos recoge tempestades es el refrán que se le podría aplicar a Ricardo. Un desequilibrado y carente de palabra, al que nadie quiso. Aunque parece que las tempestades van a afectar también, y mucho, a Lancaster.
    Qué bien me estoy enterando de todo.
    Beso su mano.

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    1. Pues sí. Es lo que pasa cuando uno se salta la ley. Después los demás piensan que también pueden saltársela.

      Seguiremos con esta historia, que da para mucho.

      Feliz tarde de domingo, monsieur.

      Bisous

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  7. Llegar al trono de esta manera y con más pretendientes todavía puede ser muy complicado y más aún mantenerse. Vamos a ver como sigue.

    Bisous

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    1. Sí, lo tiene difícil. Va a necesitar mucha habilidad y un poco de suerte, me temo.

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  8. Hola Madame:

    El trono inglés durante la edad media tuvo muchos pretendientes, incluso en este caso uno que lo tuvo que dejar y otro que seguía creciendo...

    Ya veremos como resuelve el entuerto Enrique IV.

    Besos

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    1. Suele pasar con los tronos que son muy codiciados. Y también suele pasar que se resuelven los conflictos con ejércitos en vez de con razones!

      Feliz tarde de domingo.

      Bisous

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  9. Las envidias y las luchas por el poder ya venían de antiguo y en la Edad Media no es diferente, ni siquiera en la flemática Gran Bretaña. Feliz semana postpasional, madame. Bisous.

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    1. Mire que los normandos eran poco flemáticos!

      Feliz semana también para usted, monsieur.

      Bisous

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  10. ¡Aaay el trono inglés, cuantos quebraderos de cabeza ha supuesto a lo largo de la historia! Y para alcanzarlo no se escatimaban intrigas, ejércitos, conveniencias ni escrúpulos.

    Bisous,Madame, y feliz semana.

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    1. Madame, este comentario suyo me había aparecido en la carpeta de spam! Qué cosas. De vez en cuando me ocurre. Tengo que andar con ojo.

      Bisous

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  11. ¡Aaay con el trono inglés, que ha causado quebraderos de cabeza múltiples a lo largo de la historia! Y para alcanzarlo no se escatimaron intrigas, ejércitos, conveniencias ni escrúpulos. ¿Qué tendrá ese sillón para ser tan codiciado!

    Bisous y feliz semana, Madame.

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    1. Vivían bien los reyes, madame. Aunque debía de ser incómodo eso de andarse con mil ojos por si alguien quería matarlos.

      Feliz tarde

      Bisous

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  12. Las maniobras y los vericuetos del poder son como naipes en sus manos, Madame. ¡Qué bien lo relata todo! ¡Qué pena que no sepa, no pueda o no quiera hacerlo de futuribles o del presente!
    Bisous.

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    1. Y quién le ha dicho a usted eso, monsieur? :)
      Simplemente, este no es lugar adecuado para esas cosas.

      Feliz comienzo de semana, monsieur.

      Bisous

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  13. si te pones a quitarle el trono a alguien, ya no te paras en quién fue el primoténito de qué o porqué. se empieza con el fírmame aquí y se acaba con el 'espera que este papelito no lo has visto y todos tus reyes no valen'. pero esas historias tienen siempre un efecto bumerán.
    comienza la semana, madame!

    bisous!!

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    1. Pues sí. No es buena idea meterse en esos berenjenales, porque luego salen caros. Veremos cómo se maneja, monsieur.

      Feliz comienzo de semana para usted, monsieur. Para mí ya había comenzado :)

      Bisous

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  14. QUERIDA MADAME, FELIZ PASCUA¡¡¡
    SEGUIMOS LA HISTORIA DE ESTE NUEVO PERSONAJE PARA MI...
    SALUDOS

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  15. Ciertamente, al decirnos que uno de los posibles herederos era un niño de ocho años, nos percatamos de lo absurda e inconsistente que es la monarquía, que supone un derecho hereditario que otorga un inmenso poder, con frecuencia, a quien no lo merece.
    Excelente artículo, madame.

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    1. Y al final ese poder lo ejercen quienes lo rodean, y en la lucha por alzarse con ese poder se producen grandes ruinas.

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)