miércoles, 4 de abril de 2012

Enrique IV de Inglaterra (I)


Enrique de Bolingbroke nació el 3 de abril de 1367 en el castillo de Bolingbroke, en Lincolnshire. Era hijo de Juan de Gante y su esposa Blanca de Lancaster, y nieto del rey Eduardo III. Durante su juventud llevó el título de conde de Derby, uno de los que poseía su padre. 

Solo contaba 13 años cuando se casó con María de Bohun, perteneciente a la más rancia nobleza Normanda e hija del conde de Hereford. La suya fue una unión afortunada de la que nacieron siete hijos. La inquebrantable fidelidad de Enrique a su esposa fue tan notable que se convirtió en objeto de comentarios en todas las cortes de Europa. 

Bolingbroke era bien parecido, de estatura media y complexión fuerte. Lucía bigote y una barbita, y un examen de su cuerpo llevado a cabo en 1831 reveló que tenía una buena dentadura y cabellos rojos. 

Su carácter era enérgico, tenaz y valiente; poseía una personalidad carismática, mucho sentido del humor y esmerada cortesía, si bien a veces también podía ser reservado, obstinado e impulsivo. Bien educado, hablaba latín además de francés e inglés, pero de entre todas las lenguas prefería expresarse en francés normando, el idioma de la corte inglesa. Hábil justador, amaba los torneos y los hechos de armas, era popular y respetado y no tardó en labrarse una gran reputación como caballero. Inclinado a la cultura, era íntimo amigo de Chaucer y adoraba la música; siempre le seguía un cortejo de gaitas y trompetas por donde iba. Él mismo era un músico notable. Sus apariciones eran impresionantes, porque, al igual que su padre, mantenía un gran séquito. No olvidaba sus devociones y era generoso hasta el extremo, lo que demostraba con muchas obras de caridad. Emprendió dos veces la cruzada, la primera en 1390, con la Orden de los Caballeros Teutónicos, contra los paganos lituanos en Polonia, y dos años más tarde viajó a Jerusalén. 

Batalla de Radcot Bridge

Siendo muy joven, Bolingbroke se alió con su tío Tomás de Woodstock y otros grandes señores contra los favoritos del rey Ricardo II. Juntos formaron un grupo al que denominaron Lords Appellant (Lores Apelantes), con el objetivo de reclamar el fin de un gobierno tiránico y caprichoso y el alejamiento de algunos cortesanos que consideraban una mala influencia para el rey. En 1387 Enrique y sus aliados alcanzaron una victoria frente al conde de Oxford en Radcot Bridge, lo que llevó al favorito al destierro. El conde había salido huyendo, abandonando a sus hombres a su suerte. 

Robert de Vere, conde de Oxford, era un joven osado y ambicioso, pero sus habilidades eran mediocres, y su influencia sobre el rey muy perniciosa. Su relación con Ricardo era tan íntima que Walsingham difundió el rumor de que era de carácter homosexual. De Vere continuamente instaba a Ricardo a ignorar los consejos de sus nobles y los decretos del Parlamento. Algunos decían que si Robert hubiera dicho que lo blanco era negro, el rey nunca le hubiera contradicho. Ricardo colmó al favorito de tierras, honores y riquezas, lo nombró duque de Irlanda e hizo la vista gorda a su adulterio con una de las damas de la reina. 

Al año siguiente de su victoria, los Apelantes solicitaron la ejecución de otros favoritos y la confiscación de las propiedades del conde de Oxford. Llegados a ese punto, era solo cuestión de tiempo que el rey tomara venganza. 

Huida de Robert de Vere 

Después de un periodo aventurero durante el cual llevó a cabo sus cruzadas, Bolingbroke regresó a Inglaterra y, seguramente debido a la influencia de su padre, cambió de bando aliándose con su primo el rey. 

Era una época en la que Ricardo II gobernó por sí mismo, y lo hizo con prudencia y sabiduría, logrando un cierto éxito al establecer su autoridad sobre Irlanda. Pero la muerte de su esposa, Ana de Bohemia, supuso el fin de una beneficiosa influencia. En adelante Ricardo se negó a escuchar consejos y comenzó a gobernar de un modo crecientemente autocrático. 

En 1392 el conde de Oxford, fallecía en Lovaina tras ser atacado por un jabalí durante una jornada de caza. Tres años más tarde el rey hacía conducir a Inglaterra su cuerpo embalsamado para darle allí sepultura. Los que asistieron al funeral se escandalizaron al ver a Ricardo ordenar que abrieran el féretro para poder ver una vez más su rostro y besar la mano de su amigo. 

Al año siguiente Ricardo firmaba una tregua de 28 años con Francia. La Guerra de los Cien Años quedaba así interrumpida, y el acuerdo se firmó con el matrimonio entre el rey y la princesa Isabel de Francia, de solo seis años, una boda muy impopular entre los ingleses, que hubieran preferido ver cómo se sostenía la reclamación inglesa del trono francés. 

Ricardo II recibe a la princesa Isabel

Por entonces Ricardo estaba ansioso por retener la lealtad de su tío Juan de Gante, duque de Lancaster, de modo que persuadió al Papa para que emitiera una bula confirmando el matrimonio de Juan con Catalina Swynford, legitimando así a los Beaufort, la descendencia que de ella tenía. Poco después convertía a Juan Beaufort, el mayor, en marqués de Somerset y Caballero de la Jarretera. 

Lamentablemente por esta época el monarca comenzaba a manifestar rasgos psicopáticos, una pronunciada megalomanía y tendencias paranoicas. Su progresivo alejamiento de la realidad indica un grave desequilibrio mental que preocupaba enormemente a sus allegados. A partir de 1397 parecía decidido a ser un monarca absoluto y gobernar sin el Parlamento; desterraba a cualquiera que se le opusiera y declaraba que las leyes de Inglaterra salían por su boca y sus entrañas, y que las vidas y propiedades de sus súbditos estaban a su merced, para disponer de ellas a su gusto. 

Reunió un formidable ejército para impresionar a sus enemigos y protegerse contra ellos; recaudó impuestos ilegales; no supo imponer el orden dentro del reino; fracasó en su intento de hacerse elegir emperador; se volvió irascible, impredecible y rompió innumerables promesas. La gente que acudía con una petición, incluido el arzobispo de Canterbury, tenía que arrodillarse ante Ricardo mientras él permanecía sentado en el trono en silencio durante horas, con toda la corte reunida a su alrededor y pendientes constantemente de él: si la mirada del rey se posaba sobre alguien, esa persona tenía que hacerle una reverencia. 

Asesinato de Tomás de Woodstock

Ese año Ricardo se sintió lo bastante fuerte para marchar contra el más joven de sus tíos, Tomás de Woodstock, duque de Gloucester, a quien nunca había perdonado el forzado destierro del conde de Oxford. Para entonces Rutland, hijo de su otro tío el duque de York, había reemplazado a de Vere en los afectos del rey. Ricardo le encargó que arreglara el asesinato de Gloucester. Se dijo que Rutland envió a dos sirvientes a la posada donde se alojaba Tomás en Calais y que allí cometieron el crimen asfixiándolo bajo un colchón. 

Ahora el rey se encontraba en disposición de dirigirse contra el resto de los que habían sido los Lores Apelantes. Thomas Mowbray, duque de Norfolk, advirtió en secreto a Bolingbroke de las intenciones de Ricardo de destruirlos a todos, y le dijo que su principal objetivo era la Casa de Lancaster. 

Bolingbroke se lo contó a su padre, que, siempre leal al rey, se dirigió de inmediato a Ricardo y le repitió las palabras de Mowbray. Este, naturalmente, lo negó todo, pues admitirlo equivalía a declararse culpable de traición. Surgió así una disputa entre él y Enrique, y en abril de 1398 una asamblea de notables dictaminó que el asunto debería dirimirse según las leyes de la caballería, es decir, en un juicio por combate. 

Sir Thomas Mowbray arroja su guante a Enrique de Bolingbroke

El 16 de octubre, en Coventry, ambos rivales se enfrentaron ante la multitud allí congregada, en presencia del rey y de toda la corte. Enrique montaba un caballo blanco enjaezado de terciopelo azul y verde con bordados de antílopes y cisnes de oro, por ser el cisne su distintivo personal. Dispuesto para el combate, aguardaba la señal cuando de pronto el rey ordenó un alto. Ricardo se retiró a deliberar durante dos horas mientras anbos continuaban a la espera, aún sobre sus cabalgaduras. Entonces regresó y sin más preámbulo ni explicación condenó a ambos al destierro. El de Bolingbroke sería por diez años, y el de Mowbray de por vida. 

Tan pronto como hubo pronunciado la sentencia, el rey llamó a la corte al hijo de Bolingbroke, Enrique de Monmouth, de diez años por entonces. Ricardo retuvo al niño como rehén para asegurarse el buen comportamiento de su padre, que buscó refugio en París.


Continuará

35 comentarios:

  1. Muy Interesante leer todo esto, Nada como un poco de historia por la manana para relajarse y comenzar el dia animada!! Gracias por compartir. Bendiciones!!!

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  2. vaya con bolingbroke, qué chivato. no me ha gustado nada ese gesto, madame. ¿y cómo? ¡un rey inglés presentando síntomas de desequilibrio! ¡cómo puede ser!
    a ver cómo continúa la irresistible carrera de enrique hacia el trono.
    lo veré después del lunes de la mona!

    bisous madame!!

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    1. Es que había un problema: si se callaba, era traición al rey, y si hablaba era un chivato. Entonces él se lo contó a su padre, y su padre decidió que ante todo la lealtad debía de ser hacia Ricardo. Y fue Juan el que se chivó al rey.
      Hubo más que presentaron síntomas de desequilibrio. El pobre Enrique VI... pero eso es otra historia.

      Felices pascuas, monsieur.

      Bisous

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  3. Curioso proceder el del rey. ¿Qué le llevaría a desterrar a los dos caballeros antes que permitir que dirimieran sus asuntos en un combate? Estaba claro que no se fiaba del resultado de aquel duelo y decidió como más conveniente el destierro, menos severo para Bolingbroke. Ahora solo quedaba esperar.
    Un saludo.

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    1. Pues así de justas eran sus decisiones. Acababa de condenar porque sí y sin explicaciones a su familia, uno de los pocos apoyos que le quedaban ya. No le dio la cabeza para más.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  4. Hay que ver lo difícil que debió ser vivir en el pasado. Desde luego si eras pobre estabas perdido (casi como ahora), pero si eras rico y noble tampoco tenías asegurada la tranquilidad... Impresionan esas personas títere que ocupan lugares tan altos y con tanto poder.
    Interesantísimo madame. Beso su mano.

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    1. No parece la mejor época para vivir, no. Tanto si eras rico como pobre, si no acababa contigo pronto una enfermedad, lo hacía una guerra.

      Felices pascuas, madame

      Bisous

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    2. Bueno pues anda tonto hoy blogger, que cuando voy a subir los comentarios me los borra.

      Le comentaba que no parece la mejor época para vivir, no. Cuando las enfermedades no acababan pronto con la gente, lo hacía una batallita de estos belicosos señores.

      Felices pascuas, madame

      Bisous

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  5. Una vida nada ejemplar la de este rey; y por lo que veo aún vamos a conocer algún desvarío más de este desequilibrado. Mire que abrir el féretro de Oxford.
    Beso su mano.

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    1. Sí, habrá más, pero su tiempo se acaba. Uno no puede sostenerse así indefinidamente.

      Felices pascuas, monsieur.

      Bisous

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  6. Desde luego, Madame, con sus aleccionadoras crónicas demuestra que, en ningún caso, cualquier tiempo pasado fue mejor.
    Imagino que con un rey tan lunático, por no decir perturbado, a los cortesanos que estaban en su presencia, no les llegaba la camisa al cuerpo. Horas sin decir ni pío, con un auditorio tembloroso.Una escena muy Shakesperiana.
    Buenas noches.

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    1. Madame, no sé si es cierto que cualquier tiempo pasado no fue mejor. Si hiciera una crónica sobre esta época que nos toca vivir, creo que saldríamos todos llorando :)

      No cabe duda de que Shakespeare se inspiró mucho con Ricardo II, que tuve el placer de ver representado en Londres hace tiempo por el mismísimo Jeremy Irons.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  7. Casándose a los trece años no le podía deparar nada bueno el futuro. Que tenga unos días muy felices en esta pascua. Bisous.

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  8. Pues le deparó cosas buenísimas!
    Fue muy feliz en su matrimonio y además consiguió la corona de Inglaterra pese a no ser hijo de rey.

    Felices pascuas también para usted, monsieur.

    Bisous

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  9. Hola Madame:
    Ricardo II se comportaba más bien como neurótico. periodos de lucidez, seguido de decisiones sin sentido...o eso parecía.

    Estoy de guardia Madame y llueve en mi pueblo.

    Besos

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    1. Monsieur, mala cosa para un país tener un rey neurótico.
      Espero que tenga una guardia llevadera.

      Felices pascuas

      Bisous

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  10. En verdad es espeluznante los odios y bajezas que emanan del poder; no sé si antes era peor que esta época moderna; pero me doy cuenta que el poder está rodeado de riqueza, muertes e intrigas; un laberinto de nunca acabar.

    Un gran abrazo querida amiga, como siempre magnífica tu entrega

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    1. Muchas gracias, monsieur.
      Felices pascuas.

      Bisous

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  11. Estaba claro que un rey que se hacía acompañar por un ejército de gaitas y cornetas allá donde iba no debía de estar muy cuerdo, jijiji
    Besitos

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    1. Ay, jiji, pero es que el de las gaitas y las cornetas era el otro, madame, no era Ricardo!

      Feliz tarde

      Bisous

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  12. Perturbado y rey además, sin ninguna explicación destierra a los dos. Díficil vivir en esa corte sin saber que actitud tomar ante semejante monarca.

    Bisuos

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    1. Yo creo que estaban mejor todos en el exilio. Tendrán que tomar una determinación.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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  13. Como estaban por este tiempo de la cabeza los reyes de las cortes europeas, España no iba a la zaga, recordemos a Pedro I "El cruel" que acabó entroncando también una hija suya con los Lancaster.

    Saludos madame, feliz Viernes Santo, bisous.

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    1. Sí, Constanza fue una de las esposas de Juan de Gante, aunque no fue la madre de Bolingbroke.

      Felices pascuas, monsieur

      Bisous

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  14. Vuestra señoría me disculpe, Madame, por esta lenta tardanza en llegar hasta su mansión para deleitarme de sus enseñanzas con el dulce placer de su relato histórico. La Semana Santa me tiene absorto en la Pasión y Muerte del Salvador. Ruego a Él por vos, señora mía.
    Bisous.

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    1. Monsieur, se comprende. Espero que la disfrute usted como la ocasión requiere.

      Muchas gracias y felices pascuas.

      Bisous

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  15. Habia comenzado con el pie derecho nuestro duque aferrado a las artes y la diplomacia pero una metamorfosis en su conducta dejo a mas de uno con la boca abierta ,como seguira su viaje entonces
    Aprovecho para desearles una muy felices pascuas!
    Un abrazo

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    1. Felices pascuas también para usted, monsieur. Espero que esté disfrutando de estas pequeñas vacaciones.

      Bisous

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  16. Sumamente interesante todo cuanto leo aquí.
    Me llamó poderosamente la atención la frase de que nadie ganó una partida de ajedrez riéndose.
    Un saludo

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    1. Muchas gracias, madame, bienvenida al tablero. Espero que se una a nuestra eterna partida.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  17. Aquí está visto que en todas partes cuecen habas.
    Estos se las sabían todas, hasta los trucos de reyes de mal pelo. ¡Eran otros tiempos!
    ¡Dios los salve y pax christi!

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    1. Era la edad media, en efecto. Pertenecemos a nuestro tiempo.

      Felices pascuas, madame

      Bisous

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  18. Interesante la historia de esta gente en la Edad Media, Juan de Gante fue una figura sumamente impopular en la epoca y por lo visto hasta hoy nadie le ha encontrado nada bueno.
    Veremos como sigue la historia.

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    1. Pues yo le encuentro mucho, ya ve. Pero era lógico que en la época de la guerra de los cien años no fuera muy popular alguien que en realidad no había nacido soldado.

      Feliz domingo

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)