domingo, 22 de abril de 2012

María de Borgoña (V)


El problema que planteaba el matrimonio de María era saber en qué potencia se hallaría un príncipe lo bastante fuerte para reconstruir el ducado de Borgoña, lo bastante liberal para garantizar su independencia y lo bastante osado para emprender la tarea. El único candidato posible era Maximiliano. Margarita de York, al conocer las inclinaciones de su hijastra y en vista de que su hermano no tenía ninguna posibilidad, apoyaba este matrimonio. “María quería satisfacer la voluntad de su padre; y el retrato del duque Maximiliano le había agradado y le hacía desear ese matrimonio, por consideraciones íntimas”. 

Una gran embajada del emperador llegó el 16 de abril a Brujas. Cinco días más tarde se redactaba el acta de matrimonio, y el domingo 27 María se unía por poderes a Maximiliano de Austria, una ceremonia realizada según el código de caballería. El duque de Baviera, que representaba al novio, se tendió al lado de la duquesa ante toda la corte. Entre ellos se colocó una espada, y cuatro arqueros velaban con sus armas. 

Maximiliano salía de Viena el 20 de mayo. Las recepciones que se le ofrecieron a través de Austria, Baviera y a lo largo del Rin fueron ocasiones de acrecentar sus tropas y redondear su dote. El 5 de agosto, al frente de un numeroso cortejo y de una tropa de 700 soldados vestidos de riguroso luto y enarbolando, según una costumbre germánica, colas de zorro en la punta de sus lanzas, entra en Borgoña por Maastricht. A lo largo del camino el pueblo lo recibe entusiasmado. 


La tarde del 18 de agosto “vio entrar en esa misma ciudad de Gante, al resplandor de las antorchas, a un joven caballero de 19 años, adornado con el prestigio de Lohengrin, cabellera de oro flotando al viento, el esposo esperado, hijo de emperador…”. Al llegar la noche, los nobles de la Corte y las gentes de la ciudad fueron a su encuentro con gran boato. Gante se declaró en fiestas. Banderolas y arcos de triunfo recibían al príncipe mientras se dirigía a la plaza del Mercado del Viernes y entraba en el principal hostal para asearse. 

Cae la noche. A la luz de las antorchas se dirige al palacio ducal para entrevistarse con María. Camina entre “una gran multitud, y tan apretada que no se sabía por dónde pasar”, según cuenta Olivier de La Marche. En una cámara de gala, María, acompañada por Margarita de York y rodeada por su Corte y Consejo, recibe a Maximiliano. “Aunque no sabían hablar la misma lengua, se entendían muy bien por señas”. La entrevista fue breve, y luego el obispo de Tournai se acercó y procedió a los esponsales

Al día siguiente se celebró la ceremonia de la boda. Maximiliano, con armadura de plata, se unía a María en la capilla de Ten Walle ante una concurrencia poco numerosa. 

El matrimonio pronto comienza a revelarse como un éxito. Prueba de ello es que el 17 de septiembre, apenas un mes después de la boda, María instituye a su esposo legatario universal en caso de morir sin hijo vivo. Commines dice que “amaba mucho a su marido y era dama de buena reputación”, y Molinet que “un amor irrefragable los había unido en tan amable y dulce concordia que no parecía posible separarlos”. En cuanto a Maximiliano, “decía que no había tenido jamás día ni noche ni hora de dicha ni de reposo… sino cuando podía hallarse cerca de ella, pues eso era lo que más deseaba en el mundo: estar en su compañía, verla y complacerla.” 


El príncipe escribe a uno de sus amigos que tiene una “agradable, buena y virtuosa mujer” que le da mucho contento y por la cual le da gracias a Dios, y la describe como “pequeña de cuerpo, mucho más pequeña que Rosina. Tiene la piel blanca como la nieve, los cabellos castaños, una nariz pequeña, la cabeza y el rostro pequeños, los ojos pardos, hermosos y claros. El párpado inferior un poco bajo, como si acabara de dormir, pero esto apenas se nota. Sus labios son algo gruesos, pero puros y rojos. Es la mujer más hermosa que he visto jamás.” 

Maximiliano era de carácter jovial y de costumbres delicadas. La alegría, la imaginación y la amabilidad del príncipe encantan a María. Sin destruir la rígida etiqueta borgoñona, él introducía en la corte algo de espontaneidad. 

Fue tardo en su desarrollo, hasta el punto de preocupar a sus padres, pues no consiguió hablar hasta la edad de cinco años. Sin embargo aprendió con facilidad teología, política, medicina y ciencias, y también las artes, especialmente la música, una afición que compartía con María. Los dos jóvenes se enseñaban mutuamente su idioma; Margarita de York da lecciones de inglés a Maximiliano y la señora de Ravenstein le enseña el dialecto de los pueblos flamencos. 

Los esposos duermen en la misma habitación; a los pies de María se acuesta su perro favorito, y en torno a ellos, en alegres pajareras, colecciones de pájaros. Incluso los halcones del duque y la duquesa conviven con ellos. Durante las veladas se forman corrillos, se charla; las damas se ocupan en costuras, bordados o tapices; sobre las mesas, cubiertas con riquísimas telas que caen hasta el suelo, están dispuestos los juegos, cerca de la gran chimenea que alimente un sirviente. Hay un tablero con piezas de ajedrez de cristal. Ambos esposos se entregan al juego o escuchan música. 

Este broche perteneció a María de Borgoña. Fue uno de los regalos que recibió por su compromiso

Algunas tardes aceptaban la invitación de familias de la burguesía para asistir a alguna fiesta. Maximiliano era un agradable invitado, alegre y siempre dispuesto a gastar bromas. No tenía inconveniente en reírse de sí mismo y burlarse del tamaño de su propia nariz. Le gustaba lo inesperado, se complacía en sorprender, y era, en suma, de espíritu deportivo y animoso. María descubría en su príncipe encantador a una clase de hombre completamente nuevo para ella. “Entre la silueta afable y distante de su abuelo Felipe y el personaje concentrado en el trabajo y en la lectura que había sido su padre, no había hallado ocasión de divertirse. Esa ocasión se la dio su marido.” 

Uno de los primeros actos de Maximiliano será informar a Luis XI de su matrimonio, protestar por los daños causados en los Estados de su esposa y culparlo de no haber respetado la tregua. Advierte al rey de Francia que tiene todas las razones “para tomar las armas en su defensa lícitamente y sin otro requisito”. 

En pocas semanas el ducado le había sido reconquistado al rey de Francia, excepto Dijon. Maximiliano y María cuentan con el apoyo del emperador, pero Luis XI no descuidará nada para acabar con sus adversarios. Le quita el mando a La Trémoille y designa al gobernador de Champaña, al que otorga poderes especiales. Al mismo tiempo reúne documentación para justificar sus títulos sobre los dominios arrebatados a su ahijada. En mayo de 1478 decide procesarla. Quiere conseguir un proceso que lleve a su condena y a la confiscación de sus posesiones. Pero va más allá y pretende juzgar también a Carlos el Temerario. Naturalmente un muerto no podía ser emplazado, y, en cuanto a Maximiliano y María, no comparecieron. 

Luis XI

Ambos esposos viajan mucho, aunque ella pronto deberá renunciar a los viajes a causa de su embarazo. Luis tampoco olvida emprender numerosos viajes para ganarse al pueblo. Ese mes está en Tournai. En los muelles del Escalda monta en una embarcación llena de gente. Manda retirarse a su guardia y habla con los hombres sobre las necesidades de la ciudad. Come y bebe “como el que más, y contento de aquella compañía llamó a algunos de su guardia y en voz alta se puso a cantar: “Hermoso mes de mayo, ¡cuándo volverás!” 

Maximiliano organizó la celebración del Toisón de Oro. Tras los cuatro oficiales, una hacanea blanca, sujeta por la brida y cubierta de terciopelo negro, llevaba, sobre un cojín negro, el collar que había pertenecido a Carlos el Temerario. Detrás iba Maximiliano y los caballeros. Precedido de trompetas, el cortejo entró en la iglesia y los caballeros se situaron sobre el estrado que había en el coro. Al son de los clarines, llevaron al esposo de María a una capilla para revestirlo con el gran manto. Cuando todos volvieron al estrado, le fue impuesto el collar con estas palabras: 

—La Orden os recibe en su amable compañía, y en señal de ello os doy este collar de oro, Dios haga que podáis llevarlo mucho tiempo y con aumento de vuestros méritos. 

María estuvo presente en todas las ceremonias y pudo compartir la emoción. Pero las fiestas no duran mucho, porque esa misma noche Maximiliano sale hacia Mons para reunirse con su ejército. Ella ve por primera vez partir a la guerra a su joven esposo, al que ya amaba.

Continuará

24 comentarios:

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  2. Parece que al final hubo suerte y "casamos" a la moza. Parece también que hay buena química en la pareja. Esperemos ahora que la guerra no malogre una bonita relación que ahora se inicia.
    Un saludo.

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    1. No, no será la guerra la que se interponga entre ellos, monsieur. Al final parece que eligió al candidato adecuado, en todos los aspectos.

      Buenas noches

      Bisous

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  3. Un capítulo romántico a más no poder y delicioso de leer...
    Por fin la alegría y la felicidad habían tocado el alma de María y hermosas palabras le dedica Maximiliano a su amada.
    Me gusta el cuadro que describe" Ambos esposos dormían juntos y su perro al pie de la cama" Totalmente actual.
    Bisous y buena semana madame

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  4. Sí, madame, es uno de los amores más bonitos de la historia, aunque tenga un sabor agridulce :)

    Buenas noches.

    Bisous

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  5. Pues resulta, madame, que el insigne toison de oro... Fue concedido en 2007 al reu Abdalá de Arqbia Saudí, pais del mundo domde con más rigor, rencor y crueldad se impone la ley islámica, que cuenta con una policia especial que da palizas a las mujeres que transitan sin velo, y mil barbaridades a cual peor.

    Que degeneración la nuestros reinos cristianos!

    Muy hermosa la narración histórica, por lo demás... Besos y FugisaludoS

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    1. Bueno pues no veo la incongruencia, puesto que en aquellos dominios donde surgió el toisón, al igual que en el resto de Europa, también se golpeaba a las mujeres que transitaban sin velo (fíjese en los retratos), por lo que nunca ha parecido una condición indispensable para su concesión.
      Hoy en los "reinos cristianos", como usted los llama, ya no golpean a las mujeres por no llevar velo: no está de moda y además llevándolo parecerían musulmanas, lo cual al parecer les da grima. Pero las golpean por una enorme variedad de causas e incluso sin una.

      Muchas gracias, monsieur. Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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  6. bueno, pues parece que la cosa no está yendo mal. pero mucho me temo que los negros nubarrones acaben desluciendo este paraíso de buen rollo que se ha establecido entre maría y maximiliano. a ver cómo vuelve de la guerra.
    buen comienzo de semana, madame!

    bisous!

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    1. Monsieur intuye bien al suponer que no hay bien que cien años dure.

      Feliz comienzo de semana, monsieur.

      Bisous

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  7. ¡Pobre María, zarandeada por el amor, por fin encuentra al hombre que le hará feliz!

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    1. Y que al mismo tiempo le echa una mano en el grave problema que tiene con Luis XI. Para ella supuso la salvación.

      Feliz comienzo de semana, monsieur.

      Bisous

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  8. Finalmente ha aparecido un pretendiente digno de nuestra damita "gafada" (y perdóneme la frivolidad). Me alegra leer que el suyo fue un matrimonio lleno de amor, respeto y confianza por parte de ambos contrayentes. En un mundo de conveniencias, ambiciones, infidelidades y desprecios resulta encantador que suceda de ese modo.

    Lástima (y que siempre tiene que haber algo que enturbie la felicidad...) que nuestro hombre haya tenido que partir a la guerra.

    Bisous y buen comienzo de semana.

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    1. No era lo más frecuente encontrar el amor en el matrimonio, no. Era como tocar el cielo con un dedo.
      Lamentablemente no siempre podrán estar juntos, pero imagino lo dulce que debía de ser el reencuentro.

      Feliz comienzo de semana, madame.

      Bisous

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  9. Produce una profunda e íntima satisfacción encontrarse con estos matrimonios que, aunque vinieran impuestos por la necesidad, el interés o el deber, resultan humanizados y muy dulcificados por el amor de los cónyuges. Ojalá todos fueran así. Beso su mano, madame, fascinada por esta bellísima historia.

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    1. Sí, ojala, pero es difícil hasta cuando se hacen por amor. La armonía no es tan fácil de encontrar.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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  10. Bueno señora, está claro que en un blog de historia también se puede escribir sobre una bonita historia de amor. Beso su mano.

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    1. También las hubo, en efecto. No todo fueron guerras, por fortuna.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  11. Hola Madame:

    Ya de vuelta.

    Parece que Maria encontró alguien a su medida...

    Debe ser impresionantemente duro pasar la noche de boda sola.

    Besos Madame. Me tengo que poner al día

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    1. Curiosa la ceremonia, sí. Y a ella debió de durarle mucho el tiempo hasta que él llegó, presionada como estaba por todas partes por el rey de Francia.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  12. Un príncipe de novela y un amor que parece también de novela. veremos que sucede, el esposo debe partir...

    hermosa historia Madame, la sigo.

    mariarosa

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    1. Estas son las cosas que merece la pena escribir entre tanta calamidad como llena las páginas de la Historia, madame.

      Feliz día.

      Bisous

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  13. que hermosa historia de amor, no quiero saber si la tragedia o el desamor llegan para desunirla...
    saludos querida Madame

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    1. Nada dura eternamente, pero al menos ambos conocieron la felicidad y el amor, que no es poco.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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  14. Bueno, una historia de amor entre tantos desatres. Voy a ver como continua.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)