lunes, 30 de abril de 2012

El Príncipe de Viana (II)


Era el 23 de octubre de 1452. Tras muchas negociaciones, y cuando parecía que se había alcanzado la paz, ambos ejércitos chocaron en el campo de batalla. La jornada comenzó presentándose mal para Juan, que seguramente habría sido hecho prisionero de no ser por su hijo natural, Alfonso de Aragón. Alfonso corrió a socorrerle y, acometiendo con treinta lanzas a los beamonteses, que ya se creían vencedores, dio la vuelta al resultado de la contienda. Finalmente fue Carlos de Viana quien hubo de rendirse. No quiso hacerlo si no era ante su hermanastro, al que entregó la espada y una manopla. Alfonso se apeó del caballo para recibirlas y besó al príncipe en la rodilla. 

Carlos temía que le dieran veneno con la comida. Ni en el real, ni en el castillo de Tafalla, adonde fue conducido, quiso comer nada si antes no lo probaba su hermano, y con ese asunto los ánimos se enconaban aún más. 

Del castillo de Tafalla fue llevado al de Maillén, y de allí al de Monroy. Ningún lugar parecía considerar su padre lo bastante seguro para albergarlo. Las gentes se ofendían y murmuraban al ver a su príncipe conducido de prisión en prisión como un criminal. 

Navarros y aragoneses insistían para que el príncipe fuese liberado y se alcanzase la paz. Juan no podía seguir desoyendo los ruegos reunidos de los dos reinos, de modo que sacó a su hijo de la fortaleza de Monroy y lo llevó a Zaragoza el 25 de enero de 1453. Allí se estipuló un plazo de 30 días para alcanzar la concordia, tiempo que fue preciso prorrogar por dos veces. Por último Carlos consiguió la libertad, quedando el condestable de Navarra y sus dos hijos como rehenes, junto con otros caballeros que se ofrecieron a ello por ver libre al príncipe que adoraban. 

Juan II de Castilla - The Lost Gallery

Carlos de Viana tenía dos hermanas. Una de ellas, Blanca, estaba casada con el Príncipe de Asturias, heredero de la corona de Castilla. La otra hermana, Leonor, casó con Gastón, conde de Foix. 

El príncipe de Asturias, Enrique, aborrecía a su suegro y lo demostraba enviando fuerzas a los beamonteses. Sucedió que por esa época Enrique hizo a su esposa el agravio de repudiarla y enviarla de vuelta a su padre, pretextando que por algún hechizo oculto era impotente con ella. Blanca vivió por un tiempo en Aragón y luego se trasladó a Pamplona con el príncipe su hermano, al que amaba entrañablemente. Esa inclinación era suficiente para incurrir en el profundo desagrado de su padre. 

Fallecía al año siguiente el rey Juan II de Castilla, con lo que el príncipe de Asturias alcanzaba el trono y comenzaba su reinado como Enrique IV. 

No tardó en firmarse la paz con los castellanos, pero no había forma de apaciguar a los navarros debido al rencor entre agramonteses y beamonteses. Lo único que pudo conseguirse fue una tregua por un año. Cumplido el término, se reanudaron las hostilidades. Juan se alió con su yerno, el conde de Foix. Este se obligaba a socorrer al rey con todo su poder y entrar en Navarra a castigar a los rebeldes, y a cambio el rey desheredaba a Carlos y a Blanca a favor de la condesa de Foix. De ese modo disponía alegremente de una herencia que no era suya. Se comprometía, también, a no reconciliarse jamás ni perdonar a sus otros hijos. 

Foix entró en Navarra con sus tropas mientras trataba de atraer también al rey de Francia a la causa. Carlos no contaba con fuerzas suficientes para resistir, pero entonces el rey de Aragón, Alfonso el Magnánimo, descontento por el modo en que su hermano Juan estaba llevando aquel asunto, quiso arbitrar personalmente la querella. Alfonso amenazó a su hermano con quitarle el gobierno de Aragón y ayudar al príncipe de Viana si no aceptaba dejar el asunto en sus manos. 

Alfonso V el Magnánimo

Carlos acudió personalmente al encuentro de su tío, que se hallaba en Nápoles. Dejó a Juan de Beamonte el gobierno de la parte de Navarra que le era leal y tomó el camino de Italia a través de Francia. Era su intención, si su tío no le favorecía, pasar su vida en el destierro y terminar así con la guerra civil. 

Desde Poitiers envió a Alfonso un secretario para informarle de lo ocurrido en los últimos tiempos. En la carta que le entregó decía que varias veces había enviado gente a su padre buscando una conciliación, pero que los condes de Foix lo habían estorbado, “los cuales, como se debía esperar que fuesen propicios a la dicha concordia, han empachado aquella, é han revuelto en tanto grado los escándalos é el mal entre nos, que no espero el reparo de ellos, si ya la piedad de Dios et vuestra autoridad é decreto, con aquella razón que ha sobre nosotros, no extingue este fuego.” 

El príncipe de Viana visitó durante su viaje la corte de París, donde fue recibido por Carlos VII con todos los honores. Después continuó camino hacia Italia y a su paso por Roma fue agasajado por Calixto III. Desde allí tomó la vía Apia hacia Nápoles, la que pasaba por ser la Corte más culta de Europa. 

El rey de Aragón le recibió con las mayores muestras de cariño. A ambos los unía la afición por las letras y el estudio, y se entendieron bien. Alfonso lo trató como a un hijo, pagó todas las deudas que había contraído por el camino, le concedió una asignación para sus gastos ordinarios y lo colmó de regalos. Carlos escribía a la ciudad de Pamplona acerca de la buena acogida recibida. “presto, placiendo a Dios, irán tales personas de la parte del dicho señor rey nuestro tío, que reglarán estos fechos en la forma que cumple… E non danzarán más a este son los que con nuestros daños se festejan.” 

Juan II de Aragón - The Lost Gallery

Cuando Juan conoció la buena acogida que había tenido en Nápoles, mudó de tono y comenzó a darle a Carlos en los despachos el título de “ilustre príncipe y muy caro y muy amado hijo”, cuando antes se había contentado con llamarlo a secas “príncipe don Carlos”

Pero los condes de Foix no iban a permanecer impasibles viendo cómo se les escapaba una Corona que habían tenido tan al alcance de la mano. No dejaron de intrigar hasta que Juan juntó Cortes en Estella y allí cumplió con la promesa de desheredar a sus dos hijos. 

Beamonte reaccionó con contundencia: convocó en Pamplona a los de su bando y aclamaron y juraron por rey a Carlos el 16 de marzo de 1457. 

La furia de Juan es tremenda. Él achacaba aquellas medidas a las instrucciones que su hijo enviaba desde Nápoles. Sin embargo, cuando Carlos tuvo noticias de su aclamación se apresuró a escribir a Pamplona manifestando su desaprobación. 

A instancias de Alfonso, al fin se firmó en Zaragoza a finales de 1457 el compromiso de someterse a su arbitraje, lo que ponía fin a la guerra en Navarra. Se dio libertad a los prisioneros y a comienzos del año siguiente Juan revocaba los procesos que tenía abiertos contra sus hijos, con la reserva de que si Alfonso no daba sentencia en el término señalado, pudiese abrir otros nuevos. 

Las esperanzas que el príncipe de Viana había concebido con ese tratado se desvanecieron todas con la muerte de su tío en junio de 1458. Trágicamente para Carlos, la muerte de Alfonso sin descendencia legítima convertía en rey de Aragón a su padre. ¿Cómo se enfrentaría ahora a su enorme poder? 

Escudo de Alfonso de Aragón

Juan heredaba, en efecto, los dominios aragoneses, pero no los italianos. Alfonso dejaba un hijo natural, Fernando, en el trono de Nápoles. Una parte de los barones y nobles napolitanos se ofreció a proclamar a Carlos rey de aquellas tierras, pues no querían obedecer a Fernando por ser bastardo. Pero el príncipe de Viana, que no veía ninguna probabilidad de éxito en semejante empresa, se embarcó a toda prisa y se dirigió a Sicilia.


Continuará

32 comentarios:

  1. Las luchas por el poder no saben de lealtades, ni llamadas de sangre. El episodio de hoy demuestra la fragilidad de la política de alianzas con tantos protagonistas e intereses en juego.
    Es que antes de dar un paso había que dibujar un cuadro sinóptico de amigos, enemigos, padre, tíos y hermanos para saber a quien enviar el pergamino.

    Buenas tardes y tenga usted una buena semana.

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    1. Lo que me recuerda, madame, que tengo que incluir en la próxima entrada un árbol genealógico, porque para quien no esté familiarizado con la historia de España, esto se las trae.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. Hola, Madame

    Una crónica excelente. Al final, tantas disputas, luchas y guerras, no dejan de ser, problemas y desavenencias familiares que desgracidamente afectan a demasiada gente.

    La política es un juego peligroso donde hay que saber mover los hilos y guardar la espalda.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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    1. Al final resulta incomprensible que se ambicione tanto algo que mantiene a uno toda la vida tan desazonado, entre batallas, prisiones y angustias.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  3. Una turbulenta época, pero imprescindible para comprender lo que estaba pasando próxima ya la unidad española, en Aragón apunto de aparecer nuestros Católicos Reyes, por cierto con envenenamientos por los dos lados. Temores a esto ya había, aunque el príncipe es un personaje que me gusta, el que hiciera probar a su propio hermano la comida durante su cautiverio, no dice nada bueno de él.
    Beso su mano.

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    1. Bueno, hay una forma de verlo: si realmente la comida estaba envenenada, él tenía que ser el agente que lo habría dispuesto todo, y por tanto se habría negado a probarla. Digamos que exigía una garantía, simplemente :)

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  4. Por aquellos tiempos se fabricaban a los hijos ilegítimos como churros. Nadie sabe quién quién, ni lo que hereda, ni contra quién o a favor se está. Se odian entre sí unos y otros, y todos aspiran a la una Corona.
    Yo intento entender no tanto la historia como las pasiones de sus protagonistas y la verdad es que me resulta difícil entrar en esas cabezas.
    Se ve que no pertenezco a tan alta nobleza.
    Bisous Madame y buena semana

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    1. Ay, madame, si los que no son la alta nobleza hoy día se odian por una herencia miserable! A veces por un simple pisito lejos del centro. Y se llevan a juicio, y si tuvieran un ejército, excuso decirle cómo lo utilizarían. Por fortuna no lo tienen. Pero siempre hemos sido iguales, y puestos a codiciar, tanto sirve lo mucho como lo poco.

      Lo que sí es diferente es que no existían los anticonceptivos. Por eso tenían más bastardos que ahora.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  5. ¡Qué horror! deheredar a sus propios hijos, como si los testadores tuvieran una vida eterna, entonces ¿a razón de qué tenían hijos? y una pregunta cuya respuesta me intriga sobremanera ¿por qué al acceder al trono cambiaban de nombre?

    Un gran abrazo Dame Masquée.

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    1. No, no cambiaban de nombre, monsieur. El que se llamaba Juan seguía siendo Juan, y el que se llamaba Enrique seguía siendo Enrique. Solo añadían el ordinal correspondiente.

      Feliz día,monsieur.

      Bisous

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  6. Tiempos turbulentos donde nada es estable y las guerras se convierten en el método político más "convincente".
    Cuando estas cosas ocurren entre la propia familia, qué piedad pueden esperar los que son ajenos a ella.
    Un saludo.

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    1. Así es, monsieur. La política estaba un poco en pañales, y se estilaba más resolver los conflictos mediante la guerra. Una maldición de la que, por otra parte, nunca nos libraremos.

      Feliz día

      Bisous

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  7. El príncipe conducido de prisión en prisión, para escándalo de los suyos y salvaguarda de los intereses rivales. Agramonteses y beamonteses, una vieja versión de las disputas actuales, siempre pensando en favorecer a su señor, siempre pensando en ser favorecidos. ¡Menudo juego de intereses!

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    1. No podía alcanzarse la paz cuando los dos bandos llevaban generaciones en pugna y estaban tan interesados en continuarla, desde luego.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  8. Que vida tuvo que llevar ese pobre Príncipe de Viana, siempre encarcelado, siendo objeto de chantajes y negociaciones para la paz de los reinos; y todas las andanzas en la propia familia real... En fin. que tenga un gran día festivo, madame.

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    1. Y sin embargo, también viajó lo suyo. Supongo que no fue afortunado a la hora de emprender caminos. También fue mala suerte la muerte de su tío en momento tan inoportuno para él.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  9. Qué luchas por el poder entre padre e hijo, madame. Y en todo esto, ¿no tuvo mucho que ver su madrastra, Juana Enríquez? Porque se decía que ella no podía ver ni en pintura a su hijastro.
    Un personaje muy interesante que sale hoy en esta entrada es Alfonso V de Nápoles, un hombre del Renacimiento. Bien podría inspirar alguna biografía como ésta del príncipe de Viana.
    Besitos

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    1. Desde luego, Juana Enríquez tampoco podía estar muy interesada en la prosperidad de su hijastro, teniendo en cuenta que ella misma tenía un hijo para el que ambicionaba las mayores glorias.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  10. Hola Madame:

    Guerra de intereses que cambiaban de pensamiento según el clima o el carácter del rey de turno.

    Pobre príncipe, del timbo al tambo según el interés...

    Enrique IV es muy familiar por estas tierras de la Sagra.

    Besos Madame

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    1. Imagino que sí, monsieur. Enrique IV ha de ser casi un viejo amigo :)

      Buenas noches

      Bisous

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  11. Unas intrigas que dan pena entre hermanos, siempre pensando en el daño que van a recibir y el que por otro lado ellos infringen.
    Interesante relato.
    Besos

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    1. Siempre guerreando, madame. Cuando no encontraban enemigo, la emprendían contra sí mismos.

      Buenas noches

      Bisous

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  12. La historia deja patente que el poder corrompe, Madame y, qué quiere que le diga, salvando las distancias, que por suerte las hay y muchas, tampoco me parece tan alejada de la realidad actual.... Abrazos,

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    1. Pues no, madame. Igual pienso yo. Hoy sigue siendo igual, tantas peleas por las herencias... o guerras por el petroleo!

      Buenas noches

      Bisous

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  13. Que conductas que avergüenzan por el sólo tema del poder. No se respeta palabra y menos a familiares con tal de subir un escalón más. Eran capaces de aliarse con el diablo si les prometiera una corona.

    Interesante, como siempre Madame.

    mariarosa

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    1. Eso hacían, exactamente. El poder ha sido siempre la mayor tentación a lo largo de la Historia.

      Feliz día, madame.

      Bisous

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  14. con el puente tan largo, he tenido que mirarme algo sobre esto, porque estaba desubicadísimo. dicen que Juan II de Aragón fue el gran artífice de la llamada 'unidad de españa'. vaya pieza. en la historia oficial de por aquí, nunca queda demasiado bien, por eso.
    malas cartas para el Príncipe de Viana.
    buen miércoles, madame!
    bisous!

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    1. Ah, por eso, claro. Pues tal vez le sorprenda saber que en el extranjero queda aún peor. Por otras muchas cosas.

      Feliz miércoles también para usted, monsieur. Con estas fiestecitas se hace la semana más corta.

      Bisous

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    2. bueno, no por la unidad de españa, madame, si no como que no estuvo por la labor. y por las guerras que hubo por aquí entre biga y busca y cierto descontrol. los prolegómenos de la decadencia nacional.
      a saber en el extranjero qué perlas se sueltan.
      bisous!

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  15. Parece que al fin y al cabo las desavenencias familiares (que en cuanto a ambición y poder no entienden de lazos de sangre) son las que desencadenan la mayoría de los altercados políticos y territoriales; como si realmente la tierra o la condición disputada no tuviese la menor importancia, sino realmente el fastidiar a aquel que nos tocaba las narices en ese instante (véase padre, hermano, hijo o suegro).

    Bisous Madame, y gracias por acercarnos a la historia de una forma tan sencilla y amena. A mí que me encanta la historia en general (y la interna de las monarquias en particular) me fascinan sus entradas.

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    1. Sí, así es, madame, puesto que en aquel tiempo la política se basaba en alianzas familiares, para lo que se concertaban matrimonios que establecieran lazos entre los reinos. Al final inevitablemente todos eran parientes, por lo que las guerras acababan siendo entre familiares.

      Muchas gracias, madame.

      Feliz día

      Bisous

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  16. Llevo un ligero retraso en las lecturas pero en esta ocasión favorece que pueda leer todas seguidas con lo cual las disfrutaré más. Voy a por las siguientes.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)