sábado, 28 de abril de 2012

El Príncipe de Viana (I)

Castillo de Peñafiel, Valladolid
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Carlos de Trastámara y Évreux nació en Peñafiel el 29 de mayo de 1421. Su padre era el infante Juan de Aragón, hermano del rey Alfonso V el Magnánimo, y su madre fue Blanca de Navarra, hija y sucesora del rey Carlos III el Noble. 

Castilla, donde reinaba Juan II, se encontraba por entonces sumida en la guerra civil. Los nobles mantenían una pugna por apoderarse del gobierno. Aragón, por su parte, sufría las calamidades de la guerra que sostenía en Nápoles, y Francia se hallaba aún desgarrada por la Guerra de los Cien Años. Solo el reino de Navarra se encontraba en paz. 

Cuando Carlos contaba tan solo un año de edad, su madre lo llevó a la Corte de Navarra, pues en los pactos matrimoniales había quedado establecido que allí era donde debía criarse. El niño quedó bajo la tutela de su abuelo y recibió una esmerada educación que, una vez fallecido el anciano rey, Blanca se encargó de continuar. 

El rey de Navarra quiso prepararlo para el día en que alcanzase el trono. A tal fin erigió en principado el Estado de Viana e hizo que en adelante el primogénito de los reyes de Navarra llevase el título de Príncipe de Viana. Dicha institución fue aprobada en Cortes generales del reino celebradas en Olite en 1422. Al mismo tiempo el niño era jurado solemnemente como heredero “para después de los días de su abuelo y su madre doña Blanca.” 

Blanca I de Navarra - The Lost Gallery

A la muerte de Carlos III en 1425, Blanca y su esposo fueron proclamados conjuntamente reyes de Navarra. La reina fallecía al cabo de 16 años de reinado, contando su hijo 19. Ella lo había nombrado heredero universal de los Estados de Navarra y Nemours, pero, sabiendo que ello contrariaba las aspiraciones del esposo, que esperaba seguir reinando en solitario después de ella, rogó a su hijo que para usar el título de rey “tuviese por bien tomar la bendición y consentimiento de su padre”. 

La reina doña Blanca había muerto en Castilla, y durante su ausencia Carlos se había quedado gobernando Navarra, cargo en el que permaneció después con el beneplácito de su padre. Sus despachos de aquel tiempo indican que se había conformado con la voluntad expresada en el testamento de Blanca, puesto que no firmaba como rey, sino como “príncipe de Viana, primogénito, heredero y lugarteniente por su padre”. 

Este, mientras tanto, había empleado su tiempo en crear conflictos armados dentro de Castilla, en cuya corte aspiraba a gobernar. Llegó a tomar partido por el bando del rey en contra de los intereses de su propio hermano Enrique de Trastámara, conde de Alburquerque. 

En el momento en que fallece su esposa, la guerra civil se hallaba algo apaciguada en Castilla, y Juan había logrado un triunfo momentáneo al hacer salir de la corte al condestable don Álvaro de Luna. Se había llegado a un acuerdo que equilibraba la influencia de los nobles castellanos, pero el almirante, Fadrique Enríquez, subía paulatinamente en la estima del rey, y esto tenía inquieto a Juan. Su amigo y confidente, el conde de Castro, le aconsejó casarse con Juana Enríquez, la hija del almirante, para así establecer una fuerte alianza con él. 

Álvaro de Luna

El matrimonio se efectuó en abril de 1444, pero no sirvió a sus fines, porque resultó que Álvaro de Luna recuperó el poder y los derrotó en la batalla de Olmedo el 19 de mayo de 1445. Juan tuvo que huir de Castilla, perdida para siempre su autoridad allí. 

Mientras tanto Carlos seguía ocupándose del gobierno de Navarra. Solo de vez en cuando resultaba el reino salpicado por la violencia del conflicto castellano. En 1451 el rey de Castilla y su hijo entraron con su ejército y sitiaron la ciudad de Estella, pero el príncipe, cuyas tropas no resultaban suficientes para oponer resistencia, optó por presentarse desarmado en sus reales y hablar con ambos. Lo hizo con tal persuasión que los castellanos alzaron el sitio y regresaron a sus tierras. 

Juan continuaba actuando como rey de Navarra, y no estaba dispuesto a que Carlos ciñera la corona mientras él viviese. Los navarros no amaban a Juan. Ellos eran los que sostenían la mayor parte de los gastos que originaban las empresas salidas de su genio turbulento, y por tanto ellos eran también quienes sufrían la venganza castellana. Les parecía que nada debían a un rey que sacrificaba su provecho y su paz al interés de lo que él deseaba obtener en Castilla, y lamentaban que no hubiese entregado ya a su hijo el dominio y la autoridad real que eran legítima herencia de su madre. Entendían que le correspondía a Carlos ser el rey de Navarra “por edad, por mérito y por derecho”. Por último, habían tomado muy a mal que Juan se hubiera casado con la hija del almirante sin notificarlo ni a su hijo ni al reino, “y murmuraban que ningún respeto ni contemplaciones debían a un rey extraño, que no tenía por aquel Estado atención ni amor alguno.” 

Juana Enríquez - The Lost Gallery

Cuando la esposa llegó a Navarra con título de gobernadora, aquellas “centellas de descontento tomaron la fuerza de un volcán”. Lo interpretaban como un atropello y una afrenta a su hijo, que los había gobernado durante años con prudencia y acierto. Y los modales de la reina no la ayudaron a granjearse las simpatías de los navarros: “En vez de ganarse las voluntades con la afabilidad y dulzura propias de su sexo, afectaba una arrogancia y un imperio siempre odioso, pero más a ánimos descontentos”, y, en definitiva, “acabaron de apurar la paciencia y soplaron la llama de la sedición”. 

Había dos facciones en Navarra: agramonteses y beamonteses, en pugna desde hacía largos años. Se trataba de una vieja rivalidad que la reina doña Blanca no había sido capaz de apaciguar, y ahora volvía a enconarse ante la división entre padre e hijo. 

El ayo de Carlos, y su principal consejero en el gobierno, fue Juan Beamonte (Beaumont), gran prior de Navarra y hermano del condestable. Estos eran los jefes del bando beamontés, mientras que los agramonteses tenían por caudillo al mariscal del reino, don Pedro de Navarra, señor de Agramont. Como los primeros se declararon partidarios del príncipe de Viana, los segundos favorecieron el de Juan, mas no por convicción, sino simplemente por porfiar en la eterna pugna que sostenían con sus rivales. Las palabras que dirigieron a Carlos un día en que el príncipe salía de caza constituyen la mejor prueba de que no era esa su verdadera inclinación: 

—Sepa Vuestra Alteza que os conocemos por nuestro rey y señor, como es razón y somos obligados, y nadie en esto debe pensar otra cosa; pero si ha de ser para que el condestable y su hermano nos manden y persigan, sabed, señor, que nos hemos de defender con la mayor honradez que pudiéramos; porque nuestra intención no es de faltar a Vuestra Alteza, sino defendernos de nuestros enemigos, que nos quieren deshacer. 


Se llegó finalmente a una ruptura total entre padre e hijo. Las fuerzas no eran iguales, porque aunque la mayor parte de Navarra estaba por el príncipe, casi todas las fortalezas y el propio Estado de Viana se encontraban en poder de Juan, que desde la muerte de su primera esposa había tenido la precaución de entregar los castillos a sus servidores más fieles. 

Carlos empuñó las armas y, ayudado por los castellanos, tomó Olite, Tafalla, Aivar y Pamplona. Después pasó a sitiar Estella, donde se encontraba su madrastra. Juan, con la ayuda de las tropas aragonesas, acudió raudo en auxilio de su esposa, pero como no contaba con fuerzas suficientes para entablar combate, regresó a por refuerzos. Carlos creyó que su padre no tenía intención de regresar tan pronto, y no quiso hacerse odioso a los navarros teniendo por más tiempo en el reino tropas castellanas, de modo que levantó el sitio. 

Juan volvió con un ejército mucho mayor, y estaban a punto de enfrentarse en el campo de batalla cuando los mediadores lograron conciliarlos. El príncipe propuso a su padre una concordia en la que se conformaba con la restitución del principado de Viana y sus fortalezas, y la devolución de lugares y villas tomadas a los señores que le habían apoyado. Además, volvería a gobernar el reino en ausencia de su padre.

Continuará

38 comentarios:

  1. Las guerras civiles son malas y estúpidas, pero liarse a palos entre padres e hijos ya es lo último en la escala de despropósitos.
    Buen fin de semana.
    Saludos.

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    1. Entre padres e hijos, entre hermanos o hermanastros, entre tío y sobrinos... Así son las guerras civiles. Y la verdad que en la península Ibérica parece que pocas veces se ha resistido la tentación de estar inmerso en alguna. Resulta increíble.
      No era la primera guerra civil que se libraba entre padre e hijo. Castilla ya entendió de eso antes que Navarra.

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  2. Muy interesante esta historia, Madame, como siempre traes la esencia del pasado como para que rinda la vida en palabras...
    Un abrazo,

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  3. Un buen y exaustivo texto que nos da una visión de la época.
    Los hijos y los padres, siempre se enfrentan por un puñado de tierra, esos desde los tiempos más remotos... y por lo que se ve no aprendemos.
    Besos y seguiré el siguiente relato.

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  4. Perdón, se me coló exaustivo en vez de exhaustivo.
    Besos

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    1. Pues sí, hasta por una herencia miserable se enfrentan. Lo malo es que cuando eran príncipes se llegaba a la guerra, y todo un reino resultaba perjudicado.

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  5. Muy detallado y bien contado.
    Lástima para el príncipe que no llegara a apoderarse de su madrastra, que tanto le perjudicaría. Espero y estaré muy atento al desenlace. Beso su mano.

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    1. Gracias, monsieur. Yo diría que es uno de los textos que me ha resultado más complicado, porque el asunto me parece muy complejo, en parte por la situación general en los diversos reinos de la península. Es un caos tremendo, y no estaba segura de que fuera a entenderse bien. Me tranquilizan sus palabras.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. Sin dudas Juan realizo todos los meritos necesarios para ganarse el odio de los de Navarra
    Por suerte la habilidad de los conciliadores pudo frenar esa batalla . Veremos como continua este dislate familiar madame .
    Un abrazo y feliz fin de semana

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    1. Las cosas no se presentan bien, no. Es una historia bastante dramática nuevamente, monsieur.

      Buenas noches

      Bisous

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  7. Madame, espero la siguiente entrega para conocer en qué queda el precario pacto familiar. Muy aleccionadora la entrada de hoy para ir entendiendo ciertas particularidades nacionales.

    Buenas noches y disfrute de este largo fin de semana.

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    1. Espero no enredar mucho la madeja, aunque no es una historia de las sencillitas.

      Buenas noches, madame. Espero que el fin de semana esté resultando estupendo también para usted.

      Bisous

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  8. Un paisano, qué ilusión al ver el castillo de Peñafiel!!! Enganchadísima estoy. Abrazos,

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    1. Madame, es que esa imagen me pareció realmente preciosa. Es una maravilla.

      Buenas noches

      Bisous

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  9. Interesantísimo. Desconocía casi toda la historia, usted me alumbra.
    Y un enfretamiento padre e hijo, nada menos, para acentuar lo trágico de esta historia dentro de la historia.
    Saludos.

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    1. Resulta todo muy complicado entre tanto reino y parentesco entre los personajes. A ver si conseguimos que siga resultando todo claro.

      Feliz domingo, monsieur.

      Bisous

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  10. Un post muy interesante sobre un personaje y una guerra (la civil navarra) muy poco conocidos.

    Un saludo.

    http://javicrespo.blogspot.com.es/

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  11. Espero que a la Sra. Barcina no le salgan enemigos similares dentro de la propia familia. ¡Cómo están los reinos! ¡Menos mal que continuará el relato y sabremos en qué acaba todo!

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    1. Todos revueltos, monsieur. No conocen la paz.

      Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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  12. Y seguimos guerreando. Esta vez en lugares conocidos y con personajes que suenan, pero da igual. Detesto las guerras las revoluciones, los odios, y en donde todos se matan, se llevan a medio pueblo inocente por delante, amparándose en la paz y el bienestar. Y cuando son guerras entre padres y hermanos ya ni le cuento.
    Bisous y feliz tarde noche

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    1. Madame, en la historia de España rara vez se encuentra algo que no sean batallitas. Llega a resultar monótono, la verdad.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  13. Interesante la historia del Príncipe de Viana en esa España convulsa de la Baja Edad Media, donde aún Navarra era un reino codiciado. Que tenga un buen domingo, madame.

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    1. Nadie se conformaba ya con un reino, y querían cortar el pastel en todos.

      Feliz comienzo de semana, monsieur.

      Bisous

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  14. Una Historia apasionante Madame.

    Las guerras civiles ya tienen lo suyo y en mñas de una oportunidad se han enfrentado familiares en bandos diferentes.

    Parece que cualquier pretexto sirve para la guerra...algo que no ha cambiado mucho...

    Besos Madame feliz domingo

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    1. No, no ha cambiado. Todas las guerras son tremendas, pero las civiles son las peores, desde luego.

      Feliz comienzo de semana, monsieur

      Bisous

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  15. Quedo a la espera, vamos a ver como queda este pacto. Aunque es bien complicada esta historia por ahora su explicación se va entendiendo.

    Bisous

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    1. Pues espero que se siga entendiendo este embrollo de reinos, madame.

      Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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  16. uy, qué historia tan interesante, madame. hay que ver cómo rechina eso de que los reyes utilicen el cargo para intereses personales. eso ya no pasa, menos mal.
    y cómo las cosas de familia cuestan vidas de quienes nada tienen que ganar y que perder. qué injusticia.
    veremos cómo sigue.

    saludos madame.
    bisous!

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    1. No, por dios, eso de las guerras para intereses personales ya no pasa, qué dice! Ahora no se bombardea a pobres niños inocentes para beneficio de cuatro magnates del petróleo. Hemos avanzado muchísimo. Cada vez me alegro más de haber nacido en esta época de justicia e igualdad, y perdone la ironía.

      Feliz comienzo de semana, monsieur.

      Bisous

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  17. Blanca parecía saber lo que se venía encima cuando tan razonablemente le pidió a su hijo que respetara el mandato de su padre, aunque éste resultara al final carcomido por la ambición. Me recuerda el caso de algún que otro rey posterior al que le cuesta un mundo soltar el cetro en favor de sus herederos. (Genio y figura hasta la sepultura, aunque no se pueda ya ni con la corona jajajajaja)

    Bisous, Madame.

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    1. Jijijiji, es lo que tiene ser rey o Papa, que no hay jubilación, madame. Y tampoco parecen quererla, no!

      Feliz tarde

      Bisous

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  18. Me acabo de dar un lindo paseito historico por la España de los Trastamara y sus trastadas, los juegos de la antiguedad y el final de la historia de Maria de Borgoña que tuvo de todos los ingredientes en su vida. Para no quejarse de nada.

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    1. No fueron tiempos muy pacíficos precisamente. Veremos si podemos tener algún que otro remanso de paz.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  19. ¿Os imagináis, madame, que Juan II de Aragón se hubiese salido con la suya y hubiese reinado en Castilla? Bueno, algo parecido consiguió para su hijo Fernando con su matrimonio con Isabel. Ahora entiendo yo las discusiones dentro del matrimonio que se decía había por el gobierno y la preeminencia en Castilla. Al fin y al cabo Fernando se consideraría el soberano de pleno derecho...
    En cuanto a Carlos y Juan estaba visto que la ambición de poder era mucha en ambos, pero aún más en el padre, como ya hemos visto.
    Besos

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    1. Bueno, él no pretendía reinar en Castilla, sino gobernarla. O sea, ocupar más bien el puesto de Alvaro de Luna.
      Juan de Aragón era ciertamente ambicioso, porque ni después de alcanzar el trono aragonés fue capaz de cederle a Carlos lo que era en realidad la herencia de su madre.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  20. Madame creo que se anuncian aprestos de guerra, por que estos señores no se conformaban con vivir apaciblemente disfrutando sus riquezas y familia?
    esperemos la continuidad de la historia querida amiga

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    1. Pues porque si se hubieran conformado con vivir apaciblemente, no tendrían esas riquezas de las que disfrutar. Eran riquezas ganadas en la guerra :)

      Buenas noches, madame

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)