lunes, 12 de marzo de 2012

Pedro el Ermitaño


A mediados del siglo XI el feudalismo alcanzaba su pleno desarrollo. Las leyes feudales resolvían los pleitos; los usos feudales regulaban la sociedad; los castillos feudales defendidos por fosos coronaban las colinas, y los señores feudales vestidos con cota de mallas cabalgaban imponiendo sobre los campesinos el mismo respeto que reyes y sacerdotes. 

En ese tiempo, cuando los grandes señores eran capaces de desafiar a los reyes, el conde Eustaquio de Bouillon era uno de los más poderosos. Había luchado en la batalla de Hastings junto a Guillermo el Conquistador, y mediante su segundo matrimonio con la heredera de Lorena aumentó enormemente su riqueza y su importancia. Cierto que la boda le valió la excomunión, pero no había nada en el cielo ni en la tierra que arredrara al conde o sujetara su ambición. 

Entre aquellos que cabalgaban bajo el estandarte del conde de Bouillon había un joven que difícilmente hubiera podido pasar desapercibido. Era Pedro, un nativo de Amiens. Algunos decían que era de noble origen, aunque no había el menor trazo de distinción en su aspecto. Su rostro era feo, su estatura escasa, pero estaba dotado de un rápido intelecto y una asombrosa elocuencia. Cuando hablaba, sus ojos brillaban con la chispa de un genio, y su entusiasmo era tal que arrastraba a las masas. 


Pedro contrajo matrimonio con una dama de la familia de Roussy. La novia era de edad avanzada y carente de atractivos, de modo que él pronto se cansó de su compañía y empezó a dirigir sus miradas hacia establecimientos religiosos en los que se mantenía viva la llama del conocimiento y se ayudaba a los pobres e indigentes. Una vez viudo, se despojó de su armadura y rompió los lazos que le ataban a un mundo con el que nunca había simpatizado. 

Pero Pedro había nacido con un espíritu que no podría ser satisfecho hasta haber realizado alguna gran hazaña. Bajo la capucha del monje su mente continuaba siendo tan inquieta como bayo el yelmo del guerrero. No pudiendo hallar reposo espiritual en el claustro, se cansó de la vida monástica igual que se había cansado de la militar. Pedro se convirtió en un anacoreta y pasaba los días y las noches sumido en la meditación, el ayuno y la oración. 

Pronto comenzó a ser conocido como Pedro el Ermitaño, pero mortificar su cuerpo no le satisfacía; no era suficiente. En su soledad llegó a convencerse de que había sido designado por el cielo para llevar a cabo una gran empresa, y vivía aguardando el momento de la gran revelación. 


En aquella época muchos cristianos peregrinaban a Tierra Santa en busca del perdón de sus pecados, y tanto su partida como su regreso se celebraban con ceremonias religiosas. Si el peregrino conseguía volver, era tratado con especial veneración. Después de ofrecer una palma al sacerdote para ser depositada en el altar, adquiría reputación de santo, unas perspectivas sumamente atrayentes para Pedro. 

Hacia el año 1094 decidió peregrinar a Jerusalén. Un día abandonó Amiens armado con el signo de la cruz y sin otro guía que su propio espíritu audaz. El aspecto de aquel jinete montado en una mula resultaba de lo más excéntrico. Con una capa de lana, la capucha de monje y unas viejas sandalias, no podía pasar desapercibido. Los hombres que le ofrecían hospitalidad lo observaban con mirada curiosa sin sospechar la gran idea que ocupaba su mente. 

Jerusalén se encontraba en poder de los musulmanes. Cuando Pedro llegó a su destino, se alojó en el hogar de un cristiano que le relató la larga lista de ultrajes y vejaciones que las personas de su fe habían de padecer cada día en la ciudad. Escuchando la narración de tanta iniquidad, su sangre hirvió y su mente comenzó a ocuparse en idear el modo de terminar con el sufrimiento de los suyos. No tardó mucho en persuadirse de que había sido elegido por Dios para liberar Jerusalén. Contaba a quien quería escucharle que Jesucristo se le había aparecido en la iglesia del Santo Sepulcro para encomendarle la difícil misión. 


Decidido a lograrlo, Pedro el Ermitaño regresó a Europa y, según la tradición, consiguió ser escuchado con agrado por el Papa Urbano II durante el concilio de Clermont. Allí el Pontífice se dirigió a la multitud y, animado por el discurso apasionado de Pedro, exhortó a los presentes a rescatar el Santo Sepulcro y otros lugares sagrados de manos de los musulmanes. 

Una ola de entusiasmo arrastró a la muchedumbre. Todos acogieron sus palabras al grito de “¡Dios lo quiere!”. Acababa de proclamarse la Primera Cruzada. 

Pedro el Ermitaño partió a predicar la Cruzada por los caminos montado en su mulo. Predicaba en las iglesias, en las calles y dondequiera que pudiera reunir una audiencia. Así recorría Italia, Francia, Alemania y los países circundantes. Allá por donde pasaba conseguía que la gente se uniera a su causa y tomara la cruz, un distintivo que lucían sobre su hombro derecho. 

Se estima que más de cien mil personas se sumaron a la Primera Cruzada. El propio Pedro iba al frente de una parte de ellos durante un viaje que, aunque comenzó entre gritos de alegría, pronto se puso de manifiesto que no sería un camino de rosas. Las dificultades se multiplicaban y ni siquiera contaban con suficientes provisiones, por lo que al atravesar Hungría tuvieron que saquear las poblaciones a su paso. Los habitantes se veían obligados a alimentarlos, y eran demasiados los cruzados para los escasos recursos con los que contaban. Esto provocó las iras de los húngaros, que los atacaron causándoles muchas bajas. 


Tras el duro camino, fue tan solo una minoría la que consiguió alcanzar Constantinopla el 1 de agosto de 1096. Allí el emperador Alejo Comneno les proporcionó barcos con los que cruzar el Bósforo. Tras proseguir su avance hacia Nicea, toparon con un formidable ejército enviado por el sultán. 

Se entabló fiero combate. Los cruzados lucharon durante todo el día, pero finalmente fueron derrotados. Solo unos cuantos sobrevivieron a la masacre y lograron regresar a Constantinopla. Ana Comneno escribe: "Fue tal el número de galos y de normandos abatidos por la espada de Ismael, que sus cadáveres apilados no formaron un montículo, ni una colina, sino una montaña". 

Más adelante Pedro se unió al ejército de Godofredo de Bouillon, hijo de Eustaquio. Una vez más resultó patente que su espíritu militar no corría a la par de su fervor religioso: ante el sitio de Antioquía, tan duro que muchos hubieron de recurrir al canibalismo y alimentarse con los cadáveres de los turcos, Pedro intentó desertar; pero Tancredo de Hauteville lo localizó y lo obligó a regresar al campamento. 


Cuando los cristianos tomaron Jerusalén, Pedro el Ermitaño pronunció un elocuente discurso en el Monte de los Olivos. Godofredo fue elegido como rey, honor que él rechazó alegando que no podía llevar una corona en el lugar donde vivió una vez el rey de reyes. 

Pedro no permaneció mucho tiempo en Jerusalén. Poco después de que la ciudad fuera conquistada, regresó a Europa. Fundó en Francia el monasterio de Neufmoutier y allí pasó el resto de sus días hasta su muerte en julio de 1115. 

Mientras que los cronistas medievales como Mateo de París, Guillermo de Tiro, Alberto de Aix o Roger de Wendover, conceden a Pedro el Ermitaño tan destacado papel en el origen de las Cruzadas, algunos estudios más modernos se cuestionan su presencia en el concilio de Clermont. La nueva corriente, encabezada por Jonathan Riley-Smith, especialista en las Cruzadas, tiende a considerar que la leyenda ha aumentado su importancia, cuando en realidad habría sido tan solo uno de los numerosos predicadores de la Primera Cruzada. Aunque resulta muy difícil desestimar la gran cantidad de testimonios contemporáneos de Pedro, las crónicas y los poemas que ensalzan su figura, nuevamente nos encontramos en un terreno abierto a la revisión. 


Los interesados en conocer la obra del doctor Riley-Smith, pueden consultar la siguiente bibliografía: 

The First Crusade and the idea of Crusading 
The Crusades: a history 
The first Crusaders, 1095-1131 
The Crusades, Christianity and Islam

20 comentarios:

  1. Hola, Madame

    Todo un personaje, el que nos presenta en esta ocasión, Madame.

    Además de ser un buscador de su verdad, debía de tener una personalidad arrolladora y un carisma muy especial, pues se conviertió en un gran lider de masas.

    Entre el temor que reinaba en la época y la religiosidad, Pedro debió de aparecer como si fuera el salvador y la luz que ilumina el camino. No se si fue un iluminado o un fanático religioso, o quizá ambas cosas por igual.

    Si hubiera nacido en esta época en la que vivimos no sé adónde habría llegado él, ni la humanidad.

    Feliz día, Madame.

    Bisous.

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  2. Que personaje. Casi una vida de locos. Avanzaba sin tener previsión de lo que lograba y como mantenerlo. Eso sí. Un hombre de carácter, sino no hubiera conseguido que la gente confiara en él.

    Muy interesante vida.

    mariarosa

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  3. Hola Madame:

    Una gran elocuencia la de Pedro, hasta el punto de convocar tanta cantidad de personas para las cruzadas.

    Aunque haya sido más discreta su participación, no deja de ser una vida interesante.

    Besos Madame

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  4. Un personaje fascinante y crucial en este espinoso tema de las cruzadas. La religión al servicio de la guerra, santa o no santa, o cuando los poderes terrenal y espiritual formaban un cuerpo sólido llamado feudalismo. Aunque, como señala, siempre será un apasionante tema sujeto a nuevas lecturas, no podemos caer en el error de juzgar aquellos tiempos ni aquellas mentalidades con los ojos del presente.
    Un saludo.

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  5. MMMM me da a mi que ese hombre no andaba muy allá de la cabeza, claro que era otra época, pero los desmanes que produjeron las Cruzadas deberían hacernos sonrojar como miembros de la especie humana, aquella toma de Jerusalem fue una de las mayores matanzas de la historia...

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  6. Que personaje...leyéndola, Madame, siempre recuerdo aquello de que lo malo de la ficción es que tiene que resultar creíble mientras la realidad pocas veces lo es :)

    Coincido con Cayetano en que no se deben juzgar los hechos de hace mil años con los criterios actuales, sólo que sospecho que ya hace mil años aquello tuvo que ser una barbaridad para quien tuviera la desdicha de vivirlo.

    Bisous, Madame

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  7. en el libro de Karen Armstrong 'Jerusalén. Una ciudad y tres religiones', no dejan en demasiado buen lugar a los cruzados. todos los fervores de personajes como Pedro el Ermitaño no dejaban de ser artificios para provocar una guerra contra el Islam por parte de los reinos cristianos con 'excedente' de guerreros de los que desembarazarse y hacerse con rutas comerciales.
    cuando uno busca la santidad con tanto ahínco... malo.
    saludos madame!
    bisous!

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  8. ¡Qué personaje tan interesante, Madame! Ya me resultaba atractivo el hecho de dejar los palacios para hacerse anacoreta, pero el papel de promotor de la primera cruzada sobrepasa los límites de lo que de él había imaginado. Además de ameno de leer, me ha resultado muy interesante su escrito, Madame, y con documentación complementaria. Su página es todo un lujo. Bisous.

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  9. Todo esto de las cruzadas es complicado y no deja de causar cierto estupor. ¡Y vaya con "Pedro El Ermitaño"!.

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  10. Muchos grandes personajes, tras haber conocido la frivolidad del mundo, han optado por una vida contemplativa y entregada al estudio. Sin duda está demostrado que el alimento del alma es siempre preferible al del propio cuerpo y que las vanalidades terrenales no podrán nunca satisfacernos del mismo modo que las espirituales.

    Que este hombre haya sido el precursor de las Cruzadas es algo que me ha sorprendido mucho,- pues desconocía semejante dato,- que un papa hubiese aceptado la exposición de un humilde siervo de Dios con tal gracia me sorprende todavía más jejejjeeje

    Bisous y buena semana.

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  11. El tema de las cruzadas nunca ha sido de mis favoritos. A veces por ejercicio mental intento incluso recordar las cuatro y no puedo. Es una epoca tan oscura, de tanta confusion, fanatismo y locura diria yo ,que mi mente me juega en contra y decide olvidarla.Muchas distopias anticipatorias en cine o literarias nos llevan a escenarios con mayor tecnologia pero muy parecidos en su espiritu. Que no se repitan, quiera Dios.

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  12. Y así se monta una cruzada. Qué interesante entrada, Pedro, el hombre tocado por la mano divina. Y luego la masacre, y luego la cruzada exitosa que sembró aquellos campos con tanta sangre.
    ¿Necesitamos un destino manifiesto? Me temo que sí.
    Feliz entrada de semana, madame.

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  13. Que poseía dotes persuasivas, parece demostrado y que carecía de habilidades tácticas y estrategicas, también. La fe barría cualquier aspecto práctico y los pobres húngaros sufrieron las consecuencias tanto como los cruzados que le seguían.
    En fin, un iluminado que hizo historia (aunque ahora sea revisada)

    Abrazos y tenga usted buena semana.

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  14. Quizas una de las mas equivocada empresa del cristianismo ,dudo mucho de que este hombre haya sido factor preponderante de esta causa .
    Las cruzadas son un tema delicado sin vencedores ni vencidos pero con muchos perjudicados
    Un abrazo madame y buena semana

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  15. Un personaje que no se conformaba con la vida que llevaba. De militar a monje con ganas de guerra... Bueno, la diferencia no era tanta si me apura, madame. Al fin y al cabo los templarios que acudían a las Cruzadas eran monjes militares...
    Besitos

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  16. El tema de las cruzadas no es de mis favoritos, me superan tanta locura, fanatismos religiosos y muertes sin sentido. Y de alguna forma la historia de este personaje me hace rechazarlo. Pero es parte de la historia.

    Bisous

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  17. Historias y leyendas de cruzados, como esta de Pedro el ermitaño, que se creyó tocado por la varita mágica de Dios para liberar el mundo del infiel. Un abrazo y buena semana, madame.

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  18. Que debió tener carisma y liderazgo parece indiscutible; que se lanzó a una aventura imposible también arrastrando a todo tipo de gentes al desastre. Lo de Godofredo de Bouillon, eso ya fue otra cosa.
    Aunque tengo estos días más tiempo que nunca, voy de tiempo peor que siempre. Usted comprenderá.
    Beso su mano.

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  19. Una vida no exenta de sacrificios y abnegaciones. Hay personas con una capacidad asombrosa de llevar acabo sus sueños.
    La historia está llena de personas líderes que arrastran a los menos decididos que les siguen como posesos.
    Bisous

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  20. "¡Dios lo quiere!" Creo que a los húngaros maldita la gracia que les hizo.
    Intento no juzgar desde los tiempos actuales, pero me cuesta.
    Buenas noches, Madame.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)