viernes, 9 de marzo de 2012

Madame Scarron


Cuando Scarron recibe noticias de que Françoise d’Aubigné está enferma —tiene paludismo—, le escribe una carta en la que destapa sus sentimientos: 

“Confío en mis fuerzas, agobiado de males como estoy, para participar en los vuestros. No sé si no hubiese sido preferible que desconfiase de vos la primera vez que os vi… Pero también, ¿quién podía pensar que una joven debiera turbar el espíritu de un viejo? Sé que estáis enferma, pero no sé si se os prodigan todos los cuidados que se os deben… ¡Y todo por amaros más de lo que yo pensaba! ¡Vaya si os amo! Y es una tontería amar tanto. ¡Qué ganas tengo, en todo momento, virtud de mi vida, de ir al Poitou! Y con el frío que hace, ¿no es una locura? Volved, por Dios, volved, pues estoy tan loco como para echar de menos las bellezas ausentes”.

Madame de Neuillant regresa a París en compañía de su pupila. La joven Françoise d’Aubigné acude de buen grado. Ya no siente repulsión hacia el poeta, pero seguramente tampoco espera su propuesta. 


Ella carece de dote, de modo que seguramente no logrará encontrar esposo. No tiene otra alternativa que acabar por ingresar en un convento. Pero Scarron no está dispuesto a permitir que sea condenada a una vida para la que no manifiesta la menor vocación. Para impedirlo, se ofrece caballerosamente a pagar la dote con la que Françoise podrá casarse, y expone, también, una alternativa: tímido, balbuceante, inseguro y sintiéndose ridículo, propone desposarla él mismo. 

Madame de Neuillant le traslada a su pupila la doble propuesta, que en realidad se veía reducida a una sola: en conciencia Françoise no hubiera encontrado honorable aceptar el dinero de Scarron para casarse con otro, después de haberse ofrecido él mismo. Así que el dilema estaba claro: o entraba en el convento o se convertía en la enfermera de un inválido 25 años mayor que ella. 

Françoise elige sin vacilar el matrimonio con Scarron. 

Su tutora le advierte que tal vez está cometiendo un error, y que debería dejar transcurrir un poco más de tiempo, puesto que sólo tiene 16 años. A lo mejor no era imposible encontrar una forma digna de aceptar la primera oferta de Paul y buscar otro novio, después de todo. O quizás podrían encontrar otro candidato capaz de renunciar también a la dote. Era mejor esperar aún. Al fin y al cabo era tan joven… 


Pero ella no quiere oír hablar de una espera. Su decisión está tomada. Piensa que la vida no le ha ofrecido nunca una oportunidad, y que si deja pasar ésta, tal vez ya no tendrá otra. Scarron no era el galán capaz de cumplir sus sueños de adolescente; no está enamorada ni pretende hacer creer lo contrario, pero a su lado podría vivir veladas inolvidables junto a los más reputados artistas e intelectuales del momento, conocer a grandes personajes y disfrutar de un mundo que nunca hubiera esperado poder compartir. Tendría en ese hombre admirable al mejor maestro y al mejor amigo, junto con la certeza de ser amada. 

Todo eso era mucho mejor que arriesgarse a esperar tan sólo para acabar en el convento, así que Françoise toma la mano que se le tiende y acepta a Paul sin reservas. El 4 de abril de 1652 se celebra la boda. 

El enlace causó asombro general. El propio sacerdote oficiante tuvo sus reticencias, y se atrevió a preguntarle al poeta: 

—¿Podréis ejercer el matrimonio? 

—Eso es cosa mía y de la señora —responde Paul—. No le haré tonterías, pero se las enseñaré. 


Ana de Austria compartía la perplejidad de la gente al tener conocimiento de la noticia. 

—Pero ¿qué va a hacer Scarron con Mademoiselle d’Aubigné? —exclama—. Será el mueble más inútil de la casa. 

El enfermo, en efecto, no podía hacer gran cosa. Un día, años más tarde, Françoise escribiría a su hermano: “Sabéis que jamás estuve casada”. “Era una unión en la que el corazón intervenía poco, y el cuerpo, en verdad, nada”.

Todo París comienza a manifestar curiosidad acerca de la jovencita que se ha casado con Scarron. Las envidias comienzan a desatarse. Françoise es una intrusa en la gran sociedad, que no perdonará fácilmente sus orígenes. 

“Además de ser muy hermosa y de una belleza que agrada siempre, es dulce, agradecida, reservada, fiel, modesta, inteligente; y, para mayor virtud, no usa su inteligencia más que para divertir o para hacerse amar. Sin embargo, los notables de la corte y los más poderosos en las finanzas la atacan de todos lados. Pero la conozco, resistirá muchos asaltos antes de rendirse”, escribió un contemporáneo. 


El matrimonio atraviesa graves dificultades económicas. Paul está pagando caras las Mazarinadas que salieron de su pluma, y termina por verse obligado a doblegarse ensalzando al cardenal. 

Françoise no tarda en adquirir enorme influencia sobre su esposo, cuyos malos hábitos mejoran ostensiblemente. Ella misma revisa sus escritos, aportando cierta moderación. Paul nunca ha estado tan alegre. Es feliz. 

Madame de Caylus escribió que “esa joven persona, con sus maneras honestas y modestas, inspiró tanto respeto que ninguno de los jóvenes que frecuentaba la casa se atrevió jamás a pronunciar ante ella una palabra de doble sentido, y uno de ellos declaró: “Si hubiera que tomarse libertades con la reina o con madame Scarron, yo no dudaría: ¡me las tomaría más bien con la reina!”. 


En febrero de 1654 el matrimonio abandona el palacete de Troyes y se muda al Marais. En su hogar se da cita toda clase de personas: aristócratas, escritores, abates, mujeres de mala reputación y gorrones que vienen a comer, dada la buena fama de la mesa de Scarron; todos son bien recibidos. Paul es generoso incluso cuando no nada en la abundancia, y a nadie cierra la puerta. 

Cierto es que había también muchos que acudían por ver a la bella Françoise, persuadidos de que la joven, privada de los placeres del amor conyugal, bien podría terminar por buscar consuelo en otra parte. Día tras día esperaban ver una señal de debilidad, cualquier cosa que les permitiera lanzarse a la conquista. Duques y mariscales le dirigen miradas abrasadoras, pero ella finge no verlas. 

Paul sí las ve, y no puede fingir lo mismo. Los celos lo devoran; son como una espina clavada en el mismo centro de la felicidad recién encontrada. Sospecha de todo el mundo, en especial del apuesto  marqués de Villarceaux, asiduo concurrente a su salón. Cree detectar que a Françoise le agrada demasiado el galán. Es cierto. Ella no cede a esa atracción, pero es poco consuelo para el esposo. 


Los celos enfermizos de Scarron se extienden a las mujeres. Encuentra asombroso que ella no lo engañe con el marqués. ¿No será más bien que prefiere a las mujeres? ¡Para qué la animaría él a hacerse amiga de Ninon de Lenclos, esa hábil cortesana a quien no le quedaba exceso por cometer!

Durante el otoño de 1657 Scarron y su esposa conocen a la reina Cristina de Suecia. Françoise resulta muy de su agrado, y más aún Ninon, tanto que, dados sus gustos un tanto eclécticos, llega a insinuársele, “prometiéndole la fortuna y el amor”. Pero la cortesana le responde sonriente: 

—Que Vuestra Majestad me perdone, pero haré mi felicidad por las vías ordinarias. 

La esposa de Scarron había logrado vencer las reticencias que supuso su entrada en el gran mundo. Consiguió ser aceptada, y era consciente de lo mucho que agradaba a la gente. 

“En mi juventud, cuando estaba con ese pobre inválido, no conocía ni la pena ni el aburrimiento. Las mujeres me amaban porque me ocupaba más de los otros que de mí; los hombres porque tenía los encantos de la juventud. Yo no deseaba ser amada en particular; quería serlo por todo el mundo, y hacer pronunciar mi nombre con admiración y respeto.” 

El 26 de agosto de 1660 asiste desde una ventana a la entrada en París de Luis XIV y María Teresa, recién casados. Para entonces Scarron está muy enfermo. El dolor es insoportable y no le permite conciliar el sueño. Las constantes dosis de opio ya no le hacen efecto, pero mantuvo su humor hasta el último aliento. 

 Saint-Gervais Saint-Protais, París

El poeta fallece entre el 6 y el 7 de octubre, y Françoise se convertía en viuda sin haber llegado a cumplir 25 años. Sobre la tumba, en la iglesia de Saint-Gervais Saint-Protais, Scarron pidió que se grabara este epitafio: 

Este que aquí ahora duerme 
hizo sentir más piedad que envidia, 
y padeció mil veces la muerte 
antes de perder la vida. 

Paseantes, no hagáis ruido 
Por temor a que despierte, 
Pues es la primera noche 
En que el pobre Scarron duerme. 

33 comentarios:

  1. Buenas noches madame, ejemplar comportamiento el de Mademoiselle d’Aubigné. Se hizo acreedora del respeto y reconocimiento por su comportamiento leal a su esposo, pese a no haber sido amada.
    Muy amena la lectura a pesar de ser un drama.
    Bisous

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    1. Gracias, madame. La verdad que la vida de esta mujer fue como una novela. No, mejor dicho, en una novela nos hubiera parecido que el escritor exageraba demasiado y quedaba poco real :)

      Buenas noches

      Bisous

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  2. Maravillosa la lectura, me he deleitado en esta historia de virtud y amor. Madame, gracias por sus increibles entradas.
    Un abrazo,

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    1. Gracias a usted, madame, por sus visitas.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  3. madame, una voluntad ciertamente férrea la de la aubignette. y, aunque me pase de ligero, creo que hubiese o no intercambio físico (qué cursi, por dios), entre scarron y ella, tuvo que haber algo parecido al amor, lo suficientemente fuerte para que no se cometiesen deslices que no se buscaban. o así.

    feliz viernes, madame.

    bisous!

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    1. Pues no, monsieur, no era amor, sino el modo en que ella entendía la virtud. Una vez viuda, digamos que lo de su "intercambio físico" (anda, que usted tiene delito) con el marqués, varió bastante.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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  4. pues no se puede decir que fuera un matrimonio feliz, pero si al menos tranquilo y ambos sacaron algo de provecho y se ayudaron en cierta medida... lástima de los celos...

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    1. Una lástima, sí, porque es algo que atormenta siempre a dos y después de todo no conducen a nada.

      Feliz fin de semana, monsieur.

      Bisous

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  5. Vida intensa con un final marcado por el dolor. La vida de la pareja no fue la ideal, pero se respetaron. Feliz fin de semana, Madame.

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    1. Sí, cosa bastante insólita en el ambiente en el que se desenvolvían.

      Feliz fin de semana, monsieur.

      Bisous

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  6. Pobre Scarron.
    Y que consuelo que a pesar de haber sido un libertino, la vida le brindara en su vejez y enfermedad, el consuelo de una esposa joven y bella, que seguramente alivio sus momentos de angustia.

    Un encanto volver a leer esta historia.

    mariarosa

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    1. Realmente tuvo suerte y pudo contar con una bonita enfermera que lo trató con respeto.

      Feliz fin de semana, madame.

      Bisous

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  7. Hay que ver el futuro muy mal para embarcarse en un viaje de estas características. Al final tuvo suerte: viuda con 25 años. También tuvo suerte su pareja: una compañera joven y presuntamente fiel hasta la muerte.
    Un saludo.

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    1. Su vida dio muchos giros, en el transcurso de los cuales su suerte fue mejorando mucho. Digamos que supo aprovechar bien su oportunidad.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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  8. Grande, este Scarron. "No haré tonterías pero se las enseñaré", mucha generosidad, madame.

    Ah, qué versos, "paseantes, no hagáis ruido", que por alguna rara razón me ha recordado aquel de "Mensajero, cuenta en lacedemonia...". Quizá solo sea el tono imperativo.
    Viernes, al fin y al cabo.

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    1. Sí, fue generoso. Incluso insistió en que volviera a casarse cuando él muriera. No esperaba que le guardara luto eterno, ni le hubiera parecido bien que lo hiciera.

      Feliz fin de semana, monsieur.

      Bisous

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  9. Es posible que no lo haya querido, pero si lo respetó y esa fue su manera de respetarse a sí misma y de hacerse acreedora del respeto de los demás. Siempre se ofician los matrimonios con la promesa de amar y respetar al otro durante todos los días de la vida... y ¡que pocas veces se cumplen!

    Me encanta el epitafio de Scarron. Bisous, Madame y muy feliz fin de semana

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    1. En este caso supongo que ayudó el hecho de que viera próximo el momento en que habría de enviudar. La Maintenon supo esperar su momento.

      Y Scarron, ni en el momento de la muerte perdió su sentido del humor.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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  10. Que maravillosa historia madame. Sale de lo comun "chica pobre , vida licenciosa, atrapa a hombre mayor rico", bueno eso se aplica al presente tambien, ja,ja. En este caso nuestra heroina parece ser muy diferente. Espero con ansias el final.

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    1. Me temo que por el momento dejaremos viuda a madame de Maintenon y cambiaremos de historia. Esta serie forma parte de mi otro blog sobre la corte del rey sol, que por el momento tengo cerrado por no disponer de tiempo para atender los dos. Allí seguía la historia, y tal vez más adelante rescatemos la continuación, pero por el momento nos vamos con Cristina de Suecia.

      Muchas gracias, madame. Feliz fin de semana.

      Bisous

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  11. Madame, en cuanto me descuido, le han concedido otro premio. Felicidades, de nuevo. Su buena pluma merece el reconocimiento.
    Cuesta creer que una jovencita que apenas salía de la pubertad, tuviera tanta madurez e inteligencia para saber muy bien con quién se casaba y cómo conducir la relación.
    El epitafio de Scarron es amargo y al mismo tiempo muestra que nunca vivió engañado y que aceptaba con alivio la muerte.

    Buen fin de semana y bisous.

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    1. Lo que pasa, madame, que todos ustedes son muy amables y generosos conmigo.

      Madame de Maintenon era ciertamente un prodigio de madurez. Supongo que las dificultades que tuvo que afrontar durante la infancia, así como la educación recibida, la predisponían a ello, pero aun así, es sorprendente.

      Feliz fin de semana, madame.

      Bisous

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  12. Sus personajes, Madame, y esta dama en particular, son ciertamente peculiares y con historias muy interesantes. Bisous.

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    1. Monsieur, prácticamente todos los personajes de la corte del rey sol son peculiares. Por eso me gusta tanto la corte.

      Muchas gracias y buenas noches.

      Bisous

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  13. Un matrimonio de conveniencia con resultados esperados, pese a los inevitables celos del poeta. No repetiré otro epitafio -de Guillén de Castro- que me viene a la mente al leer el de Scarrón porque ya lo puse en la Corte.
    Su forma de escribir estas historias de amor y desamor, envidias y lealtades hacen que uno parezca estar viendo una película. Se lo imagina uno todo tan bien.
    Beso su mano.

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    1. Monsieur, esa era la intención declarada cuando abrí la corte. Quería llevar la narración al límite con la novela muchas veces. En realidad estas historias son realmente de película.
      Y yo extraño tanto la corte...

      Feliz fin de semana, monsieur. Muchas gracias.

      Bisous

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  14. Hola Madame:

    Como vera por la hora, ando en estos menesteres llamados guardias... La vida de Madame Scarron como dice nuestro amigo Marques fue de película.

    Cuanta falta hace la corte Madame...por lo menos a mi

    Besos

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    1. A mí también me hace falta, monsieur. No sabe cuánto la echo de menos.

      Espero que haya tenido una guardia llevadera.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  15. Vaya que matrimonio, entre el poeta que deberia ser encantador, muy comico y risueño, conocer mucha gente por un lado, y por el otro la desesperacion de no volver a un convento de esos como para aceptar un matrimonio de esa clase. Y a pese a todo, la muchacha se hizo respetar.

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    1. Su vida comenzaba a despegar. Había dejado atrás los malos tiempos por fin, y en adelante su suerte iría mejorando.

      Feliz fin de semana, madame.

      Bisous

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  16. Una mujer muy valiente al tomar tal determinacion de terminar junto al escritor ,incluso por encima de los comentarios adversos que alentaban un catastrofe .Scarron se fue contento (y quien no lo haria) al llevarse como ultima imagen una belleza como Françoise .
    Un abrazo madame

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    1. Contento y al mismo tiempo frustrado por no poder disfrutarla como en otros tiempos, me imagino.

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  17. Me encanta volver a leer sobre Madame Scarron, me parece una historia fascinante.

    Bisous

    PD: Enhorabuena por su nuevo premio.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)