domingo, 18 de marzo de 2012

Los niños de Atenas


“La aguda pena del dolor baja sobre la mujer de parto, la amargura que las duras ilitías traen, las hijas de Hera, que ejercen el poder de los amargos dolores de parto.” (Homero) 

Un hogar sin hijos era una de las mayores calamidades en la antigua Atenas: implicaba no solo una vejez solitaria, sino la propia extinción de la familia. Ya no quedaría nadie para rendir culto a los antepasados. La opinión pública condenaba a estos hogares por no contribuir a perpetuar la ciudad. Por tanto, el nacimiento de un niño era celebrado con gran regocijo. 

Cuando nacía un ateniense, después del primer baño, en aceite, se le ponían los pañales, una prenda no permitida por las costumbres más austeras de Esparta. 

El nacimiento era un acto impuro para cuantas personas vivían en la casa, por lo que, para ahuyentar a los malos espíritus, antes de que se produjera el acontecimiento se untaba la casa con pez. 

Al quinto o séptimo día tenía lugar la amfidromía, ceremonia de purificación. Para ello la comadrona daba varias vueltas alrededor del fuego del altar, seguida en alegre procesión por el resto de la familia. Ese día se celebraba con un banquete, y las puertas se decoraban con una corona de olivo si era varón, expresando el deseo de que fuera victorioso. Si era una niña, se colocaba una madeja de lana que simbolizaba las labores consideradas entonces femeninas. 


El padre disponía de esos días de plazo para decidir sobre el recién nacido. Criar a un suponía un enorme desembolso, y no siempre compensaba: a veces tenían ya demasiada prole; otras veces se trataba de criaturas débiles y enfermizas, incluso deformes, o simplemente no se deseaba dividir demasiado el patrimonio. En tales casos, podía tomar la decisión de exponer a la criatura en una esquina del ágora, a la entrada de un templo o junto a un gimnasio. Si los niños parecían sanos, solían ser recogidos, pero pocas veces ocurría esto por mera compasión. Era más frecuente que los convirtieran en esclavos con la intención de sacarles provecho más adelante. 

Al décimo día del nacimiento se daba nombre al niño, lo que implicaba que había sido reconocido por el padre. El nombre generalmente elegido era el del abuelo, y solía añadirse el del padre a modo de apellido. Por ejemplo: Temístocles, hijo de Neocles, hijo de Temístocles. También podía elegirse el nombre inspirándose en alguna deidad bajo cuya protección especial deseaban colocar al recién nacido. 

La casa luce hermosa ese día, decorada con guirnaldas y aromatizada con incienso. La ceremonia concluía con un sacrificio ofrecido principalmente a la diosa de la maternidad, Ilitía, y un nuevo banquete. Después los amigos y parientes regalaban al niño juguetes de metal o arcilla, mientras que la madre recibía jarrones pintados. 


La cuna consistía en un balancín plano de mimbre, o bien en forma de zapato, con asas para poder transportarla fácilmente. También se puede suspender con cuerdas para mecerla. Era común cantar nanas a los niños para que se durmieran, y las tribus jónicas solían emplear nodrizas. Los atenienses ricos preferían para esa labor a las mujeres espartanas, porque generalmente eran fuertes y saludables. Cuando el niño abandonaba el periodo en que se alimentaba de leche, la nodriza y la madre lo alimentaban con papilla, hecha principalmente de miel. 

El primer juguete del niño era el sonajero, que se dice que fue inventado por Arquitas de Tarento, filósofo pitagórico y amigo de Platón. Según Aristóteles, “el mismo sonajero de Arquitas no fue mala invención, puesto que, haciendo que los niños tuviesen las manos ocupadas, les impedía romper alguna cosa en la casa, porque los niños no pueden estar quietos ni un solo instante”. 

Otros juguetes se compraban o eran elaborados por el propio niño al ir creciendo. Había marionetas de arcilla pintadas que representaban seres humanos o animales, como tortugas, liebres, patos y madres mono con su prole; también casas y barcos de cuero y carros de madera pequeños. Se ponían piedras pequeñas en el interior para que sonaran. A veces se han encontrado estas figurillas en tumbas infantiles. 


Hasta los siete años niños y niñas se criaban juntos en el gineceo bajo el cuidado materno. Luego eran separados. La niña continuaba en casa con la madre, que la educaba de una forma muy sencilla, enseñándola a cocinar, a tejer y a bailar. Los hijos de artesanos se convertían en aprendices del oficio, y los de los granjeros iban a trabajar en los campos. En cuanto a los hijos de los esclavos, su destino era el de ser servidores, igual que sus padres. Los demás niños iban a la escuela. 

Se elegía uno de los esclavos domésticos como compañero digno de confianza para el niño. Era el pedagogo, que debía cuidarlo en sus paseos, especialmente en sus idas y venidas de la escuela. También tenía que instruir a su pupilo en ciertas normas de comportamiento. Por ejemplo, lo enseñaba a caminar por la calle con la cabeza baja, en señal de modestia, a dejar sitio a los mayores que se cruzaban con él o a guardar en presencia de estos un respetuoso silencio. Otro de sus cometidos era enseñarle el comportamiento apropiado a la mesa, o la forma airosa de llevar su ropa. 

El pedagogo podía recurrir al castigo corporal si lo consideraba necesario. Se lo reconoce por su traje, consistente en un quitón y capa, con botas que se ataban altas; también llevaba bastones con pomos curvados, y la barba le daba un aspecto respetable. 


Las escuelas eran mantenidas por maestros privados, y la asistencia a clase no era obligatoria: el padre era libre de decidir educarlos él mismo si lo deseaba. En escuelas y gimnasios se enseñaba gramática, música y gimnasia. El método de enseñar a escribir consistía en que el maestro formaba letras que los alumnos tenían que imitar en sus tablas, a veces con su ayuda. El material para escribir eran pequeñas tablas cubiertas de cera sobre las que se grababan las letras con un lapicero de metal o marfil que era afilado por un extremo y plano o curvado por el otro, para poder borrar en caso necesario y alisar la superficie para dejarla reutilizable. También había pulidores del mismo ancho que la tabla, para alisar de una vez toda la cobertura. Podían unirse varias tablas en forma de libro. Estos instrumentos se utilizaban igualmente para cartas, libros de notas y otras necesidades de la vida diaria. 

Además de estas tablas, Herodoto menciona el uso de papel hecho a base de la corteza de la planta del papiro egipcio. Al menos de la misma antigüedad que el papiro es el uso de las pieles como material de escritura. Según Herodoto, los jonios empleaban pieles de cabra y oveja desde tiempos inmemoriales, pero fue durante el reinado de Eumenes II de Pérgamo, en el siglo II a. C., cuando el material obtuvo un tratamiento más perfeccionado. La palabra pergamino deriva precisamente de Pérgamo. Las hojas del papiro podían escribirse solo por un lado, y las del pergamino por dos, y además se trataba de un material más duradero, aunque resultaba muy caro. 

El pergamino se enrollaba sobre palos que se guardaban en cajas cilíndricas, con el título escrito sobre un trozo pequeño de pergamino que se sujetaba al extremo superior de cada rollo. 


La tinta estaba hecha de una sustancia colorante negra, y se guardaba en un tintero con tapa, hecho de metal, y que podía atarse al cinturón por medio de un anillo. Los tinteros dobles, que aparecen en algunos monumentos, estaban probablemente destinados a guardar tinta negra y roja. Esta última se utilizaba con frecuencia. 

Para escribir sobre papel o pergamino, usaban cañas con punta y hendidura como nuestras plumas. Era costumbre de los adultos escribir reclinados sobre el clino, con la hoja descansando sobre la pierna desnuda, o sentados en un sillón bajo, en cuyo caso el instrumento para escribir se sujetaba con la rodilla. 

Después de completar la educación elemental, se hacía aprender al niño las obras de poesía, especialmente los poemas de Homero. Aprenderlos de memoria y recitarlos inspiraban orgullo patriótico. 

Los chicos se convertían en adultos a los 18 años, cuando eran aptos para servir en el ejército. Las niñas eran consideradas adultas al alcanzar la pubertad, lo que las hacía aptas para el matrimonio. En ese momento abandonaban la infancia en una ceremonia en la que llevaban sus juguetes infantiles al templo de Artemisa. 



Bibliografía: 
A Day in old Athens – William Davies 
Growing Up in Ancient Greece - Maggie Riechers 
Política, Libro quinto, Capítulo VI – Aristóteles 
Los griegos – E. Guhl y W. Koner

41 comentarios:

  1. Muy interesante descubrir la infancia en Atenas. En Esparta, como bien indicas era bien diferente. Fíjese, madame, que a los recién nacidos se les sometían a exhaustivos exámenes y pruebas para, si sobrevivían a eso, ser considerados lo suficientemente fuertes como para ser espartanos de pro y si no, ¡¡al monte Taigeto!!, ¡¡qué horror!! ¿verdad, madame?

    Un saludo!

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    1. Ay, madame, con su cambio de nombre no la reconocía, jiji.
      Pues sí, ser espartano debía de ser terrible, aunque para una mujer a fin de cuentas debía de estar algo mejor que ser ateniense.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  2. Hola, Madame

    Es bonito ver que los niños pequeños han tenido y tienen los mismos juguetes a través de todos los tiempos.

    Una entrada estupenda que nos lleva de lleno a la Grecia antigua.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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    1. Leyendo sobre Grecia y Roma, una tiene la sensación de que todo estaba inventado ya :)

      Buenas noches, madame.

      Bisous

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  3. Muchas similitudes hoy con el pasado, y muchas diferencias también. Pero lo cierto es que los niñoos hay que educarlos y no se loes pueden dar todos los caprichos.
    Me ha dado por pensar como en la antiguedad podía ser bendición el nacimiento y motivo de alegría y por la otra algo impuro.
    Bisous y feliz descanso

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    1. Tenía que ver con que hubiera sangre. Madame, tal vez le sorprenda saber que durante la Edad Media los escolásticos continuaban considerando que la mujer seguía siendo impura al dar a luz:

      “No se permite a las mujeres visitar una iglesia durante su período menstrual o después del nacimiento de un niño. Esto es porque la mujer es un animal que menstrua. Por tocar su sangre, las frutas no madurarán. La mostaza se degenera, la hierba se seca y los árboles pierden su fruto antes de tiempo. El hierro de enmohece y el aire se obscurece. Cuando los perros la comen, adquieren rabia.”

      Tampoco se les permitía llevar la comunión a los enfermos ni entrar en una iglesia. Y fue por la misma razón por la que no podían (ni pueden) ser ordenadas sacerdotes.

      ¿Qué le parece?

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  4. Cuantas formas de vidas vamos conociento por tus entradas. De sólo pensar que a los niños se los dejaba abandonados por algún defecto físico, me pone la piel de gallina. Y pensar que yo creía a los atenienses, como un pueblo muy culto.

    Un abrazo Madame.

    mariarosa

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    1. Y lo eran. Pero no tenían los mismos conceptos acerca de unas cuantas cosas.

      feliz comienzo de semana, madame

      Bisous

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  5. TODAS LAS ÉPOCAS TIENEN DESVENTAJAS PARA LA NIÑEZ, PERO CREO QUE NUNCA COMO EN ESTOS TIEMPOS EN QUE SE LOS ABUSA EN TODOS SUS DERECHOS, AUNQUE ESTOS LUZCAN MUY BONITOS ESCRITOS EN PAPEL DE SEDA, MUY INSTRUCTIVA SU NOTA QUERIDA mADAME, SALUDOS

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    1. Y en especial se conculcaban los derechos de las niñas,madame. Lo peor de todo es que la situación no mejoraba precisamente cuando se hacían adultas.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  6. Muy interesante leer todas las costumbres de la vieja Grecia a traves de tu blog. Sencillamente es encantador pasar por tu blog y leerte, Madame. Gracias por dejarme un suspiro en mi espacio. Muchas gracias. Un abrazo,

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    1. Gracias a usted por pasar, madame.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  7. Nuestras raíces están ahí, en esa civilización que luego asimiló Roma. La mujer pintaba poco, ni siquiera en la decisión de quedarse o no con el hijo que acababa de nacer, algo que correspondía al padre. En todo caso hay más luces que sombras en la historia de aquel pueblo.
    Un saludo.

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    1. Así es. Eran malos tiempos y mal lugar para la mujer. Con todo, me resulta una civilización apasionante.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  8. bueno, con sus cosas, los atenienses me parecen más 'personas', que no los espartanos (tan admirados ahora, o al menos, por su trasunto peliculero). con lo del nombre que es el nombre del abuelo y que se hereda y tal me he metido en un bucle del que no sé cómo salir.
    excelente relato, madame.

    bisous!

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    1. No sé qué tiene de admirable un espartano. Nunca lo ha entendido. Pero claro, cómo podría entender eso una dama barroca, verdad? Soy la última a la que se le podría explicar.
      Ah, veo que usted es Tolya, hijo de Anatoli, hijo de Tolya.

      Muchas gracias, monsieur. Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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  9. La organización y los útiles escolares no son tan diferentes a los actuales, salvando la distancia de los dos mil y pico años, poco hemos evolucionado.
    Si es que los griegos inventaron y nosotros hemos ido recreado el invento; lo mismo con las instituciones políticas y sociales.
    De lo que doy gracias es de haber nacido mujer y vivir en este siglo y a este del Missisipi.
    Aprender los versos de Homero, angelitos,las oposiciones a notarías son, en comparación, un juego de niños.

    Buenas tardes.

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    1. En realidad yo también me alegro, como mujer, de no encontrarme allí y entonces. Grecia es bonita de estudiar, pero debía de ser un lugar bastante poco recomendable para cualquier mujer.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  10. Muy interesante esta entrada, madame, tendré que apresurarme a hacerme con la madeja de lana jijijiji

    Me han parecido muy curiosas ciertas costumbres como la de poner el nombre al niño a los siete días de nacer, escojer el nombre del abuelo (supongo que el paterno, claro) dejar a los niños no deseados en un ángulo del ágora (eso ya lo había mencionado usted en alguna entrada anterior) o regalar jarrones a la madre. Me alegra que tales cosas dejaran de estilarse hace mucho tiempo.

    Bisous y buena semana que comienza.

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    1. jijiji, de modo que necesitará lana, madame? Estamos impacientes por conocer a la señorita Bowman.

      Sí, lo de exponer a los niños ya fue mencionado hablando del nacimiento de un romano. Ambos pueblos tenían la misma desagradable costumbre.

      Y veo que no apreciaría usted un bonito jarrón pintado!

      Feliz tarde

      Bisous

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  11. Muy interesante conocer como se vivia la infacia en Atenas. Y disfruto sobre todo de esos detalles curiosos sobre como eran sus juguetes.

    Bisous, Madame y feliz semana

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    1. Fíjese que los niños tenían que currarse más los juguetes. Muchas veces si querían uno tenían que fabricarlo ellos mismos.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  12. Si hubiese nacido en aquellos tiempos lejanos y hubiese podido elegir, es lógico que hubiese seleccionado vivir entre los modernos atenienses, más próximos a nosotros, que a los fieros y duros espartanos. Y en eso no creo que nadie me lleve la contraria, madame.
    Besitos

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    1. Yo también prefiero mil veces Atenas, aunque como mujer, las espartanas lo tenían un poco más fácil. Pero aun así, no me atrae nada el modo de vida espartano.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  13. Encantadoras tanto la entrada como las imagenes. Muchas gracias.

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  14. Hola Madame:

    Se nota la influencia griega en nuestra cultura. Muchas similitudes a las que le hemos cambiado el nombre.

    Me gusta eso de la educación. Creo que algo se ha relajado este aspecto. Hoy justamente en consulta un efebo casi que le pega a su abuelo por que este no se apuraba al caminar...

    Besos

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    1. Qué barbaridad. A unos cuantos mandaba yo a Esparta, para que aprendieran lo que era bueno.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  15. Pobres nikés cuando tenían que llevarle sus juguetes a Artemisa, luego las casarían con un viejo que no les haría ningún caso... y hasta donde se ha venido conservando la costumbre de ponerle a los hijos el nombre del abuelo :) Si el abuelo se llama Serapio, por ejemplo, es una puñeta pero si tiene un nombre "normal" es un recuerdo bonito.

    Bisous, Madame

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    1. Sí, eso era algo así como una lotería. Bueno, igual que la costumbre mucho más moderna de ponerle al niño el nombre del santo del día. Hay tantos santos que normalmente había donde elegir, pero a veces eran todos los nombres horrorosos.

      Feliz día, madame

      Bisous

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    2. Jijiji, Madame, una vez salió en la tele un señor que se llama Aldorso...le pusieron el santo del día. El pobre tenía un cabreo todavía... Santo del día al dorso decía en la hoijita de los tacos calendarios que había antes y con Aldorso se quedó

      Bisous

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  16. Qué interesante ( como siempre en realidad, madame) el descubrir como vivían los griegos su infancia.
    Que tenga una excelente semana, madame

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    1. Muchas gracias, madame.

      Feliz semana también para usted.

      Bisous

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  17. Espero ser perdonado de vos por este retraso en la lectura, Madame. ¡Cuántas curiosidades en las costumbres que nos relata de los atenienses! Se me antoja que muchas de las nuestras, actuales y principalmente de antaño, vienen directamente de Atenas. Afortunadamente ha desaparecido la esclavitud, pero otras muchas persisten a lo largo del tiempo. Saludos cordiales.

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    1. Monsieur no necesita disculparse.
      Efectivamente, leyendo sobre Grecia y Roma uno tiene la impresión de que muchas cosas nos son familiares aún. El germen estaba ahí.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  18. Poco se ha cambiado, salvo lo de la potestad del padre de abandonar al niño a su suerte y lo de los esclavos, eran otros tiempos eso está claro pero no deja de asombrarme y es que mucho se sabe de la costumbre espartana de arrojarlos al precipicio, pero eso me parce casi más civilizado que el abandono, al menos se le ahorraba sufrimiento a la criatura.

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    1. Bueno, al menos así tenían una oportunidad, aunque pequeña. Alguna que otra vez sí que los recogían de buena fe.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  19. Veo que ya habían inventado como apellidos eso de hijos de... antes que nosotros nuestros Rodríguez, López o Fernández.
    Y los niños -de ambos géneros- tampoco lo pasaban tan mal, por lo menos hasta los siete años, mientras estaban en el gineceo. Hasta inventaron el sonajero para distraerlos y limitar los destrozos que los más inquietos pudieran producir.
    Beso su mano.

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    1. Los niños en general seguían sin pasarlo tan mal como las niñas, excesivamente limitadas y sin posibilidades de otro futuro que el que les estaba destinado.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  20. Buenos dias Madame,
    me ha encantado esta entrada,es fantástica y me ha ayudado un montón a un trabajo que he terminado sobre los niños y niñas de la antigua Grecia. Muchas gracias por escribirnos sobre el pasado y hacernos entrar en el através de este trabajo.
    Bisous

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    1. Muchas gracias a usted. Me alegra que el artículo haya podido serle de utilidad.

      Feliz día

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)