martes, 13 de marzo de 2012

La traición de Monaldeschi


En octubre de 1657 la reina Cristina de Suecia llegaba a Francia procedente de Roma. Pronto se convirtió en el centro de atención: su excentricidad y sus cuestionables modales no eran algo que pudiera pasar desapercibido. Físicamente era poco agraciada: su rostro era demasiado largo, de rasgos muy marcados, nariz aquilina, boca grande, pero tenía unos bonitos ojos llenos de fuego. Era extraña, diferente; no sabía bailar, no vestía bien, parecía que siempre llevara las ropas mal ajustadas, se empolvaba demasiado y nunca usaba guantes. Para complementar su estrafalaria imagen, llevaba peluca masculina, y a veces sombrero. 

Mademoiselle de Montpensier cuenta de ella en una ocasión en que la acompañó al ballet: “Me sorprendió mucho, aplaudiendo las partes que le agradaban, jurando, retrepándose en el asiento, cruzando las piernas, pasándolas sobre los brazos de la silla y adoptando otras posturas que jamás en mi vida había visto excepto en Travelin y Jodelet”, dos famosos bufones. “Era, en todos los aspectos, una criatura de lo más extraordinario”. 

Cristina desdeñaba a las damas de la corte. Hallaba gran placer en criticarlas. Se mofaba de su aspecto, sus trajes o sus joyas, cualquier cosa servía para mostrarse despiadada. Ellas le devolvían la pelota hablando de su fealdad y su hombro deforme. 

Luis XIV la invitó a su palacio de Fontainebleau. Motivos iba a tener para arrepentirse. 

Llegada de Cristina de Suecia a Fontainebleau - Pierre Justin Ouvrie - Museo de Bellas Artes de Dole

Entre los miembros del séquito de Cristina de Suecia venía su caballerizo mayor, Gian Rinaldo, marqués de Monaldeschi, un atractivo italiano que había sabido seducirla. Eran casi inseparables. Monaldeschi soportaba sus cambios de humor, en los que la pasión se alternaba con periodos de frialdad e incluso de crueldad, asumiendo que era el precio a pagar por tan buena posición. 

Pero el favorito descubrió un día con desagrado que había sido suplantado en el favor de la reina por Sentinelli, se propuso vengarse de esta traición con otra de diferente índole y comenzó a revelar los secretos de Cristina, quien, por cierto, tenía muchos y grandes. A ella se le había metido en la cabeza coronarse como reina de Nápoles tras arrebatárselo a los españoles. A tal fin andaba en tratos con Mazarino y trataba de negociar con Cromwell. 

Mazarino ya había intentado en una ocasión arrebatar Nápoles al dominio de España, para lo cual se había servido, aunque a disgusto, del duque de Guisa, en quien no confiaba. Fracasó entonces, pero no veía por qué no hacer un nuevo intento, y la candidata ideal para coronarse como reina de un Nápoles independiente era Cristina. 

Enrique II de Lorena, duque de Guisa

Las razones para que ella se lanzara a tan osado plan eran, fundamentalmente, las dificultades financieras por las que atravesaba después de renunciar a la Corona de Suecia. Cristina aspiraba a seguir llevando el mismo tren de vida, disfrutando de los mismos lujos; es decir, no renunciaba a unos privilegios que ya no le correspondían. Y, de hecho, nada ansiaba más que seguir siendo reina, aunque de otro lugar que no fuera Suecia. En palabras de Oskar Garstein, “su mayor deseo era ser recordada como uno de los más grandes soberanos de todos los tiempos, superior a su ilustre aunque malhadado padre, el rey Gustavo Adolfo, e igualar a los más destacados héroes de la antigüedad, por ejemplo a sus propios favoritos: Julio César y Alejandro Magno”. 

La empresa no sólo resolvería sus apuros económicos, sino que además con ella vería cumplido su eterno sueño de ponerse al frente de un ejército, aunque no fuera eso, por cierto, lo que Mazarino consideraba más oportuno. Entusiasmada, se lanzó de cabeza a la conspiración que podría conducirla de nuevo a un puesto de liderazgo, en lugar de limitarse a seguir teniendo un papel secundario en Roma, donde todo el mundo vivía a la sombra del Papa. Su visita a Francia tenía mucho que ver con estos tratos secretos con el cardenal, que le dio dinero para financiar el viaje, aunque la explicación oficial fue que Cristina deseaba visitar Aviñón, la ciudad papal. 

Mazarino

Monaldeschi estaba al tanto de todo, no sólo por cuanto Cristina le confiaba sino porque también espiaba sus conversaciones privadas con Mazarino. El marqués reveló los planes y, además, falsificó la caligrafía y el sello de Sentinelli para fabricar una serie de cartas comprometedoras, escandalosas e insultantes para con la reina, unas misivas que puso en circulación. Esperaba con ello enemistar a Cristina con su rival y poner fin a aquella relación que lo había postergado. Pero las cartas llegaron hasta ella, que no se engañó ni por un momento acerca del origen de aquella vileza. 

Antes del siglo XIX se pensaba que el enojo de la reina se debía a otros motivos. Según dicha versión, el único crimen de Monaldeschi habría sido escribirle cartas a una dama a la que claramente prefería a su soberana. Pero hoy sabemos, tras el estudio de las cartas cifradas de Cristina, que el servidor se había metido en un juego muy peligroso y que, desde luego, la había traicionado. 

Los detalles de lo que sucedió a continuación fueron registrados minuciosamente por el capellán de la reina, el padre Le Bel, y contamos también con un relato escrito por Marco Antonio Conti que confirma la historia. Ambas narraciones fueron publicadas en el año 1865. 

Cristina de Suecia

Una mañana el padre Le Bel encontró a su puerta a un servidor de Cristina de Suecia. Le dijo que la reina deseaba hablarle. 

“Inmediatamente le seguí a la antecámara y, después de esperar unos minutos, me condujo al apartamento de la reina, quien, antes de que yo tuviera tiempo de presentarle mis respetos, se acercó a mí y me pidió que la siguiera hasta la galería, donde tendríamos más privacidad. Escuché con silenciosa expectación; la reina seguía de pie en un extremo de la galería, y, tras un poco de conversación intrascendente, me dijo con la mayor dignidad: 

“—El hábito que lleváis, mi buen padre, justifica que deposite toda mi confianza en que cuanto os revele permanecerá secreto; pero lo que voy a comunicaros es de tal importancia que debéis prometer solemnemente que guardaréis el mismo silencio que si os lo hubiera confiado en vuestra silla de confesor. 

“Le aseguré de la manera más solemne que nunca revelaría lo que fuese su voluntad confiarme. Tras una breve pausa, durante el transcurso de la cual pareció pensativa, sacó un paquete de papeles sin sobrescrito y sellados en tres lugares. 

“—Guardadlos vos —dijo— hasta que os los pida. 

“Repetí mi promesa de obedecer sus órdenes, y entonces me dejó, después de exhortarme a no olvidar lo prometido, añadiendo: 

“—Y aseguraos de que anotáis exactamente el día, la hora y el lugar en que os hice entrega de este paquete. 


Continuaremos el próximo día con el relato de Le Bel.

34 comentarios:

  1. vaya planazo el de Cristina. no quería ser reina para vivir como una reina, quería ser reina para ir dando espadazos por ahí. mandando, claro.
    seguro que en nápoles la estarían esperando con los brazos abiertos. menudo lujo se perdieron. pfff.
    saludos madame!

    bisous!

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    1. Lo ha pillado usted, Tolya :)

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  2. Si ahora se ve mas claramente que impulsa a esta mujer. Su reino Sueco era demasiado ordenado y "aburrido", Ella iba a por aventuras ,ergo complicaciones e intrigas. Y nada menos que en la corte del Rey Sol. Veremos como se las apaña, lo hará? Lo dudo.Por ahora le deseo la mejor de las suertes. Otra cosa, en todos los archivos figura catalogada como una de las grandes lesbianas de la historia. No parece serlo hasta ahora ,mas bien una mujer educada entre y con modales varoniles.

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    1. Es que Cristina también tuvo amores femeninos. Mencionábamos en el primer capítulo a Ebba Sparre, y a cómo puso sus ojos en Ninon de Lenclos. Solía cortejar a las mujeres hermosas. Lo que pasa que evidentemente también amó a hombres.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  3. Madame, cómo era aquello del Quijote, "ladran, señal que andamos" o algo así.
    Viva esta mujer extraordinaria.
    Saludos.

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    1. Pero lejos de mí, a ser posible, monsieur.

      Feliz día

      Bisous

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  4. Cristina parecía poseer un carácter muy especial y además tenía unas ambiciones de altura, ahora que el marqués en sus maquinaciones no se quedaba a la zaga. Parecían cambiarse los papeles. Ella actuando como ambicioso varón y él como amante despechado.
    Un saludo.

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    1. Le iba a salir caro al marqués haber desafiado a Cristina. Parece mentira que, conociéndola, no se lo pensara dos veces antes de conspirar contra ella.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  5. Osea que lo que ella quería de verdad era ser
    rey de Nápoles :)

    El marqués juega con el fuego de los ojos de Cristina y se quemará, me temo. Bisous, Madame

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    1. Yo creo que se va a quemar, sí. Los hay osados, desde luego. Yo nunca me hubiera atrevido con Cristina de Suecia.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  6. Yo creo que siempre han sido y por supuesto son las mujeres mejores que los hombres en casi todo y por supuesto en este delicado arte de la conspiración, a los hechos me remito.
    Un beso.

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    1. Bueno, yo creo que simplemente somos iguales. Mazarino conspiraba muy bien, y no era mujer.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  7. Que formidable giro a tomado esta historia madame
    Una soberana que aparentemente no le llenaba de regocijo su inapetente reino y prefirio codearse con pesos pesados en el ambito de las conspiraciones . Veremos que nos seguira diciendo Le Bel.
    Un abrazo

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    1. Supongo, monsieur, que ella quería un poco más de emoción en su vida, sí.

      Buenas noches

      Bisous

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  8. No sé, esperaré al próximo capítulo para saber hasta que punto fue leal con su promesa el fraile. ¡Qué difícil es guardar los secretos para algunas personas!
    Beso su mano.

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    1. Pues el caso es que ya le adelanto que guardar los guardó. Lo que pasa que después ya ve usted: nos narra toda la escena.

      Buenas noches

      Bisous

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  9. No hay nada peor que un mayordomo despechado (el marqués Monaldeschi) Y qué triste vivir esperando el favor de otros, de otra.
    En cuanto a Cristina, paréceme que con el intrigante en plena actividad, tendrá más de un percance.

    Buenas noches y bisous.

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    1. En realidad ya gozaba del favor, pero la ambición a menudo pierde al hombre. Siempre se quiere más, y al final se tensa demasiado la cuerda.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  10. Hola Madame:

    No sé porque este episodio me recuerda cierta corte...

    Intrigas van y vienen...Con un despecho a la vista.

    Ya veremos como sigue

    Besos Madame

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    1. Sí, es que el episodio también fue publicado en la corte antes. Ya sabe, la falta de tiempo esta temporada.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  11. Me encanta esta novela de intrigas por entregas. Caray con la Cristina. Siempre he pensado que las las mujeres conspiraban menos. Pero cuando lo hacen son terribles. Seguro que los papees traerán cola...
    Bisous

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    1. Jiji, y tanto que podemos ser terribles, madame. La duquesa de Chevreuse fue una prueba de ello, aunque algunos hombres tampoco lo hacen nada mal.

      Buenas noches

      Bisous

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  12. nada mas temible que la venganza de mujer...
    creo Madame que esta historia se precipita, saludos querida amiga

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    1. La venganza de la reina será terrible, en efecto, madame.

      Feliz día

      Bisous

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  13. Qué intriga... me he quedado con muchísimas ganas de saber cómo continua esta historia...
    Bisous madame

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    1. Pues esta noche vendrá la continuación, madame.

      Feliz día

      Bisous

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  14. ¿Qué se trae entre manos la buena de Cristina?
    veremos que sucede. La sigo madame.

    mariarosa

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    1. Yo creo que entre manos se trae alguna que otra daga, madame.

      Feliz día

      Bisous

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  15. Una dama de lo más estrafalario, Madame, y muy poco femenina en su comportamiento, si se me permite la apreciación. Desde luego ha de ser una de las pocas señoras que desean ser reinas y no por el lujo que el trono conlleva, sino para encabezar su propio ejército. Un poco en plan Juana de Arco jejejeje

    Veremos en qué acaba esta intriga.

    PD. Yo es que viviría temblando en aquellos tiempos- y aún hoy- en caso de poseer una cierta posición social, pues ya no sabes en quien puedes confiar realmente. A la mínima te traicionan y airean tus trapos sucios, levantando enorme conspiración conra ti. Madre mía, en ciertos aspectos qué bueno resulta ser una simple plebeya...

    Bisous

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    1. Pero no me negará, madame, que resulta de lo más emocionante eso de conspirar!
      Jijiji, es que ya sabe que soy una conspiradora nata.

      Por cierto, madame, que tengo una noticia: vuelvo a abrir la corte!

      Feliz día

      Bisous

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  16. Dado lo que hasta ahora he conocido de esta reina, mucho me temo que la venganza será terrible. Veremos el siguiente episodio.

    Bisous

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    1. El siguiente episodio es demoledor, madame!

      Bisous

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  17. "No renunciaba a unos privilegios que ya no le correspondían". ¡Ay, Madame, que por esos caminos nos encontramos hoy más de cuatro!
    Confiar un secreto y asistir a su publicación viene a ser la consecuencia más inmediata. Ya veremos qué nos depara el próximo capítulo.

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    1. Monsieur, el próximo capítulo es como para revolver las tripas de cualquiera.

      Feliz día

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)