jueves, 1 de marzo de 2012

La infancia de Madame de Maintenon


Françoise d’Aubigné nació en la prisión de Niort el 24 de noviembre de 1635. Su padre, Constant d’Aubigné, había sido encarcelado por deudas, y también, al parecer, bajo la acusación de haber intentado falsificar dinero. No era la primera vez que monsieur d’Aubigné tenía problemas con la ley: ya en 1613 había sido condenado por raptar a la hija de un magistrado. Entonces había sido el abuelo de Françoise, el célebre poeta y ardiente hugonote Agrippa d’Aubigné, quien movió los hilos necesarios para obtener su perdón. 

El caballero no estaba muy satisfecho con su hijo, como reflejan sus propias memorias: 

“…Puesto que Dios no concede Sus gracias según la carne y la sangre, mi hijo mayor, llamado Constant, no se me parece, aunque tuve todos los cuidados necesarios para su educación. Lo crié con tanta aplicación y gastos como si hubiese sido un príncipe. Pero ese miserable se entregó primero al juego y a la embriaguez, en Sedán, adonde lo había enviado a las Academias, habiéndose desinteresado enseguida del estudio. Luego, de regreso a Francia, se casó sin mi consentimiento con una desdichada a la que después mató”. 

Agrippa d'Aubigné, abuelo de Madame de Maintenon

Esa primera esposa era Ana Marchant, una hermosa viuda de La Rochelle. Constant la sorprendió con su amante y los mató a ambos a puñaladas. Luego huyó a París, pero contó esa vez con el apoyo de su padre, que, si bien había desaprobado el matrimonio, sí aprobaba el modo en que había lavado su honor. Logró que saliera libre de todo aquel asunto, y además consiguió para él el mando de un regimiento. 

Pero cuando Constant regresa a la Corte se dedica a gastar mucho más de lo que tiene y a contraer cuantiosas deudas. Por si fuera poco, abjura de la fe calvinista y se convierte al catolicismo. No hubiera podido hacer algo que disgustara más profundamente a su padre. 

El descontento de Agrippa aumenta al enterarse de que su hijo se casa por segunda vez, el 27 de diciembre de 1627, con la católica Jeanne de Cardilhac, una joven de 17 años a la que había conocido mientras estuvo prisionero en Burdeos. El padre de Jeanne era el director de la prisión, y Constant había entretenido su estancia seduciendo a la joven, que ahora estaba encinta. 

Escudo de la familia 

Antes de tres años fallecía Agrippa. Dejaba un testamento en el que calificaba a su hijo de “destructor del bien y del honor de su casa”. 

Constant continuó su vida desordenada y su recorrido por diversos calabozos. Finalmente, al cabo de ocho años de matrimonio con Jeanne, había ido a parar a la prisión de Niort, donde iba a nacer su tercera hija. 

La infancia de Françoise, o Aubignette, como la llamaba cariñosamente su madre, estaba destinada a ser dura. Las deudas eran tantas y tan grandes que no iba a ser fácil para Jeanne criar sola a sus hijos. 

Afortunadamente para ellos, Constant tenía una hermana, Arthemise, que lo idolatraba. Arthemise se horrorizó al descubrir hasta qué extremos de miseria habían llegado. Encuentra a los niños vestidos con harapos, sin apenas alimentos que llevarse a la boca, y, conmovida, decide recoger a sus sobrinos en su castillo de Mursay. 

Ruinas del château de Mursay

La separación familiar no duraría muchos años, puesto que finalmente Jeanne consigue la liberación de su esposo gracias a que Mazarino había sucedido a Richelieu y se mostraba mucho más indulgente. Aubignette tiene siete años cuando abandona el hogar de su tía para reunirse con sus padres. 

Arthemise d’Aubigné la había educado en la religión protestante, con la consecuencia de que la niña manifestaba sistemático rechazo hacia las enseñanzas católicas que su madre trataba de inculcarle. Cuando se veía obligada a acompañarla a misa, Françoise daba ostensiblemente la espalda al sacerdote y al altar. 

En 1644 la familia se embarca en La Rochelle a bordo del Isabelle de La Tremblade, un barco mercante que zarpa rumbo a la isla de Guadalupe, donde Constant esperaba poder conseguir la gobernación de Marie-Galante. La niña enferma durante la travesía, hasta el extremo de que todo el mundo la cree muerta. Estaban a punto de arrojar su cadáver al mar cuando Jeanne se da cuenta de que su hija aún respira. 

Tras superar la enfermedad y escapar el barco a un corsario inglés, en agosto llegan a la isla. Allí Constant ve frustradas todas sus ilusiones: el cargo que esperaba obtener había sido entregado a otro candidato. 

La Rochelle

Durante algunos meses intenta ser colono, pero pronto se cansa y se traslada con su familia a la Martinica. Desde allí se despide de su mujer y sus hijos y se embarca de regreso a Francia a comienzos de 1645, prometiéndoles regresar cuanto antes. Jeanne se establece con los niños en el barrio de los pescadores. 

La estancia en la Martinica le valdrá más tarde a Françoise el apodo de la Bella Indiana. Allí pasa a recibir una educación muy estricta por parte de su madre, cuyo carácter se había agriado con tantos contratiempos. La pequeña Aubignette apenas recibió nunca una muestra de cariño. La severidad llegaba a tal punto que, según cuenta ella misma, “mi madre nos prohibía a mis hermanos y a mí hablar entre nosotros de otra cosa que no fuera lo que leíamos en Plutarco”. 

Constant regresó, pero por un breve periodo, y luego volvió a irse, dejando nuevamente desamparada a su familia. Jeanne, al no poder hacer frente a los gastos, liquida sus pertenencias y en el verano de 1647 se embarca con sus hijos rumbo a La Rochelle. Por entonces aún no sabe que su esposo, cuya última locura había sido partir hacia Turquía, ha muerto por el camino. 

Fue la catástrofe definitiva. Sin recursos, ella y sus hijos se veían obligados a vivir de la caridad, uniéndose a las largas filas que formaban los mendigos ante las puertas de los jesuitas para recibir una escudilla de sopa y un mendrugo de pan. Françoise tiene once años, casi doce. 

Nada hacía presagiar que esta niña, hija de un delincuente, nacida en prisión, obligada por la pobreza a emigrar primero a las Indias y después a mendigar comida, se convertirá un día en la marquesa de Maintenon, y que el rey de Francia se casaría con ella.

Continuará

17 comentarios:

  1. Serán unos cuantos días complicados. Trataré de visitarlos a todos, pero discúlpenme si me retraso un poquito.

    Muchas gracias y feliz día.

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  2. Madame impresionante biografía . Lo hasta ahotra leído da fe de que "Algunos nacen con estrella y potros estrellados". Menudo pájaro el Constant.
    Los hijos a pesar de su educación no suelen salir a sus progenitores casi nunca.
    Bisous.
    P.D. Espero que las complicaciones no la traigan demasiado ocupada. Y no se preocupe por las visitas. Sabemos que nos quiere:-)

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  3. Me encanta esta historia en la que ya nos adelanta un porvenir mejor para Aubignette. Hay vidas catastróficas hasta el final, pero otras, por razones inexplicables, cambian a mejor fortuna teniéndolo todo en contra, y esa circunstancia favorable, Madame, nos alegra el corazón.

    No sufra si no puede seguir los blogs de su lectores. Sabemos muy bien que hay impoderables que requieren toda nuestra atención durante unos días.

    Un fuerte abrazo y muy buenas tardes.

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  4. Hola, Madame

    No sabemos qué camino tiene preparado para nosotros el Destino. En este caso, de la miseria pasaría a la riqueza o mejor aún, a la opulencia. Seguiré una vez más, muy atentamente toda la hisoria que promete muchas intrigas y misterios.

    Feliz tarde, Madame.

    Bisous.

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  5. Y quien era el autor-a de la frase que algunos le atribuyen a una actriz de Hollywood Mae West apodada la dama de oro " las chicas buenas van al cielo, las malas a donde ellas quieren". Este caso no seria la excepcion. Lastima que el pobre Luis XVI tuvo que pagar por todos sus antecesores. Besos.

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  6. Menudo pajarraco estaba hecho monsieur Constant. No se privaba de nada. No siempre se cumple el dicho que reza "de tal palo tal astilla". A veces, las astillas son de peor madera que el palo original.
    Un saludo.

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  7. Esto demuestra que los cuentos de Hadas sí existen.
    Gracias por compartir esta historia.
    Saludos.

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  8. Y es que la necesidad (y las tan actuales deudas) agudizan el imperio. Adivino que la muchacha no se quedará en el convento.
    Feliz tarde.

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  9. Me viene a la memoria que algo del abuelo y padre de la heroína de esta serie ya nos contó en otra época. La forma en la que se convirtió en viudo de su primera esposa y que su padre no lo viera mal del todo me resulta conocido.
    Espero todo vaya bien y las complicaciones no sean excesivas. Beso su mano.

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  10. Jolín que vida... con un prenda de padre como el que le tocó a la pobre... pasó años muy duros... aunque por lo que nos adelantas parece que su suerte cambiará...

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  11. la siempre edificante historia de madame de Maintenon. perseverancia, inteligencia y saber estar. habrá que ver cómo conquista a Luis, que supongo que no fue algo sencillo. nada con Luis XIV era sencillo.
    madame, espero que las complicaciones pasen pronto.

    bisous!!

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  12. Ella se ve buena persona, bastante inteligente y previsora, pero ese hijo... aunque luego la situación parece cambiar y lo que estaba todo mal parece volverse como un calcetín. Feliz fin de semana, madame.

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  13. Desde luego sería muy difícil de prever su futuro teniendo en cuenta lo mediocre de su nacimiento y sus pobres circunstancias familiares. Eso me anima en mi creencia de que todos tenemos un destino escrito y que no importa de donde venimos, sino a donde vamos.

    Bisous y buen finde, Madame.

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  14. Interesante destino el de esta joven. Veremos como sigue la historia de Francoise.

    buen fin de semana.

    mariarosa

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  15. Hola Madame:

    Desconocida dama para mi la que ha traido esta vez Madame. Muy interesante historia que ya veremos como continua.

    Yo ando también algo disperso.
    Mi nena tiene varicela...

    Besos Madame

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  16. Las vueltas que puede dafr la vida, la vida de esta mujer es una muestra de ello. Desde la miseria más absoluta a vivir en la opulencia.

    Madame, no se preocupe de nada. Sé que ustede siempre está ahí.

    Bisous

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  17. La vida da sorpresas tremendas, como en este caso. Pienso también en las miles de personas que hacinarían las cárceles, que harían colas para obtener comida, que vestirían harapos y jamás lograron salir de esa situación. Es conmovedor. Un abrazo.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)