domingo, 4 de marzo de 2012

La infancia de Madame de Maintenon (II)


La madre de Françoise d’Aubigné, tras las calamidades en las que la había sumido su esposo, se veía obligada a arrostrar la humillación que suponía verse reducida a mendigar con sus hijos para subsistir. No puede hacerse cargo de ellos y, desesperada ante su total falta de recursos, finalmente decide enviar a la niña con la tía Arthemise, Madame de Villette. 

Arthemise la acoge en su hogar y busca acomodo a sus hermanos: Carlos es colocado como paje del gobernador del Poitou y Constant ingresa en el ejército. Pero tampoco a ella le sobraban los medios con los que mantener a su sobrina. La niña no viste mejor que cualquier campesina, y además debe ayudar en las tareas domésticas. 

En ese tiempo Françoise aún habría de afrontar una nueva tragedia en su vida: la muerte de su hermano mayor, Constant, de sólo 18 años. La explicación oficial fue que se ahogó accidentalmente, pero circulaba el rumor de que se había tratado de un suicidio. 

Poco después Madame de Neuillant, esposa del gobernador de Niort y ferviente católica, cae en la cuenta de que se ha confiado a hugonotes la educación de Françoise, algo que no está dispuesta a consentir. Decidida a rescatar a la niña de entre las garras del calvinismo, en 1648 recurre a Ana de Austria y obtiene su custodia haciendo valer sus derechos como madre de la madrina de la pequeña. 


En su nuevo hogar, Aubignette es rebajada a la categoría de sirvienta: “Yo mandaba en el corral, y por ese gobierno comenzó mi reinado”. Calzada con zuecos, ayudaba al cochero a cuidar de los caballos y peinaba el cabello de la campesina que mandaba a la servidumbre. Cada mañana debía ir a guardar los pavos, aunque, eso sí, la enviaban con un sombrerito de paja para proteger su hermoso cutis de los estragos del sol. 

Su educación religiosa fue confiada al sacerdote de la parroquia, pero Françoise muestra un carácter obstinado y rebelde, y no quiere volver al seno de la Iglesia católica. Blandiendo su Biblia, le dice al sacerdote: 

—Sabéis más que yo, señor cura, pero éste es un libro que sabe mil veces más que vos, y este libro no dice lo que vos decís. ¡Y es por esa razón por la que no queréis que se lea! 


La rebeldía de Françoise es tal que Madame de Neuillant decide encerrarla en el convento de las ursulinas de Niort. La lleva allí engañada, haciéndole creer que van a visitar a una religiosa vinculada a su familia. 

Dentro del convento tiene la fortuna de conocer a una religiosa inteligente, la hermana Celeste, una joven muy culta. Como buena educadora, Celeste se da cuenta de que nada sacará de ella por la fuerza, y prueba métodos más dulces. 

“Caí felizmente en las manos de una maestra llena de inteligencia y razón, que me ganó con su cortesía y su bondad. No me hacía ningún reproche, me dejaba libre en el ejercicio de mi religión, no me obligaba a ir a rezar al oratorio común donde había varias imágenes, ni tampoco a asistir a la misa, y ella misma me proponía comer carne los viernes y los sábados. Pero, al mismo tiempo, me hacía instruir a fondo en la religión católica…”


Esta adolescente tan falta de cariño, vuelca en la religiosa toda la ternura que desborda su corazón y ama a la única persona que le mostraba afecto como a esa madre que le falta. 

“Yo no tenía mayor placer que sacrificarme por su servicio. Estaba muy avanzada en los ejercicios, de modo que en cuanto ella salía, yo hacía leer, escribir, contar, y enseñaba ortografía a toda la clase, y me daba gusto hacer todo su trabajo sin que me hiciera falta más recompensa que complacerla. Pasaba noches enteras planchando la ropa fina de las pupilas para que estuviesen siempre limpias e hiciesen honor a la maestra sin que ella tuviese que trabajar. Me encantaba ver su asombro al encontrar toda su obra hecha sin su intervención…” 

Pero el cariño que profesa a sor Celeste no se extiende al resto de las monjas, que en esos momentos la veían como un caso irrecuperable. La superiora llega a pedir a madame de Neuillant que se la lleve. 

La dama, que tan presta se había mostrado a la hora de arrancar a Françoise del hogar de su tía, no lo era tanto cuando tocaba pagar las facturas por su manutención, por lo cual sugiere a las monjas que se dirijan a tal efecto a Arthemise. Lamentablemente ésta no tenía los medios para hacerlo, así que la esposa del gobernador hubo de volver a admitirla en su casa. 


Durante el otoño de 1650 madame de Neuillant se traslada a París. Lleva consigo a Françoise, a punto de cumplir 15 años. Una vez en la capital, es enviada al convento de la rue Saint-Jacques, donde no se encontrará con monjas tan amables como Celeste. Para Françoise fue un infierno. Desesperada, escribe a su tía lo siguiente, pidiéndole ayuda: 

“¡La vida es peor que la muerte! ¡Ah, mi señora tía!, no imagináis el infierno que es esta casa supuestamente de Dios, ni los malos tratos, durezas y crueldades de quienes han sido encargadas de cuidar mi cuerpo y mi alma…” 

Pero Arthemise nada puede hacer, ya que ha sido una orden de la propia reina la que le ha quitado la custodia de su sobrina. 

Françoise claudica finalmente, acepta renovar los votos de su bautismo y recibir la comunión. No lo hace convencida aún, sino solamente para salir del infierno. 


Ahora, por fin, vencida su resistencia, puede regresar al hogar de madame de Neuillant. Para entonces se ha convertido en una hermosa joven, alta, delgada, con unos bellos y expresivos ojos oscuros. Resulta evidente que posee encanto, y, sobre todo, inteligencia. 

Su tutora está complacida. Ha acudido a París para concertar el matrimonio de su hija Suzanne, madrina de Françoise, con el duque de Navailles, y empieza a pensar que tal vez pueda encontrar también un marido para ella. 

Lo primero que tenía que hacer era presentarla en sociedad, y a tal fin la lleva a la casa de Paul Scarron, en el palacete de Troyes. Es el poeta de moda. 

***

Haremos un repaso a la biografía de Paul Scarron, pero no inmediatamente: antes tengo el capricho de viajar con ustedes a la India en la próxima historia. 

15 comentarios:

  1. Gran escrito, Madame, la felicito y la aplaudo.
    Muy hermosa la historia.
    Saludos,

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  2. apa, parece que por el momento la dama sigue muy virtuosa. Caramba parece que su camino hacia el trono no era el que imaginaba. Que suspenso¡¡¡¡

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  3. Conocia lo duro de la infancia y la adolescencia de la muchacha que no queria saber nada con dejar de ser ella misma, y la verdad es que con el matrimonio con el rey gano en los hechos poco y nada.

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  4. Es admirable que en medio de tanta dureza, florezcan las flores. Y llama la atención la diligencia con que esas parientas más o menos ricas exigen, incluso de la reina, decisiones respecto a una niña que luego dedican a cuidar animales. Qué camino tan largo... Feliz domingo. Beso su mano, madame.

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  5. madame! que buenísima noticia! me alegro muchísimo de que le hayan publicado el artículo! y espero que no sea el último ni mucho menos! tiene usted talento y gracia para eso y más.
    me alegro de verdad!

    bisous!!!

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  6. No es precisamente un camino de rosas el que emprendió esta mujer. Con ese currículum sin duda se hará dura ante la vida.
    Un saludo.

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  7. Madame, es una alegría ver su trabajo en una revista de calidad y tan conocida. Muchas felicidades.
    Es asombroso cómo, con todos los peros y carencias, las redes familiares entraban en juego para cuidar de una menor. La inteligencia y la hermosura de la joven son las mejores cartas para afrontar el futuro, que por lo que ya nos adelantó, no fue del todo desfavorable.

    Biosus y tenga usted una buena semana.

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  8. Un niñez y juventud un poco dura Madame la de Françoise. Rodar de un sitio a otro.
    Pero al menos adquirió cultura y trabajó la voluntad que le valdrá en un futuro.
    Me gusta y espero el tema de la India.
    Bisous y feliz semana

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  9. ¿De viaje a la India con usted? Voy.
    Beso su mano.

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  10. Bien, Madame. Yo la sigo por los caminos que usted tenga a bien trazar.¡Vamonos a la India!

    Bisous

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  11. Hola Madame:

    Como el amigo Marqués me encantará viajar a la india con Ud.
    Se me olvido comentarle que ya tengo la revista. La encontré esta mañana cuando iba a comprar el periódico.

    Besos Madame

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  12. Jo, Madame, he tenido que ir a ver que era lo que me había perdido. He estado fuera todo el fin de semana. Mañana compro la revista y no se imagina usted lo que pienso presumir :)

    Yo también tengo ganas de ir con usted a la India.

    Bisous

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  13. triste historia la de esta niña, cambiará su suerte Madame?
    saludos

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  14. Felicidades, Madame, procuraré hacerme con la revista para tener su artículo en ámbito privado, aunque todos sus fieles seguidores somos conscientes de su talento y su destreza narrativa.

    Me gusta esta dama,- en su momento ya me llamó la atención,- y es que siempre me han atraído las almas intrépidas capaces de revelarse contra aquello que no les convence aunque ello les suponga una fuerte reprimenda o la discriminación social (se estilaba mucho la sumisión en mi querida época de Regencia, por desgracia).

    Un saludo y yo encantada de ir con usted a la India, el señor Scarron puede esperar jijijiji

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  15. Veamos: no es que publiquen el artículo, sino que lo utilizan como referencia en la sección de preguntas y respuestas para una consulta sobre el cardenal Richelieu, y remiten al artículo en mi blog proporcionando la dirección para poder leerlo completo.

    Muchas gracias a todos, son muy amables.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)