viernes, 16 de marzo de 2012

Carta de Cristina de Suecia a Mazarino


La ejecución de Monaldeschi sacudió los cimientos de la corte francesa. Las réplicas del terremoto se extendieron por toda Europa, que acogía con profundo desagrado la noticia. 

Cuando contemplamos a los personajes a la luz de su tiempo, con arreglo a las leyes de entonces, a la moral y la filosofía imperantes en la época que les tocó vivir, sucede muchas veces que lo que hoy nos horroriza era entonces tenido por justo y correcto. Pues bien, no fue el caso de este acto, juzgado en aquel siglo, igual que ahora, como bárbaro y cruel, injustificable y al margen de la ley. 

El rey de Francia tenía muchos motivos para contemplar el crimen con especial desagrado: había sucedido en su reino, en uno de sus propios palacios, con lo cual todo ello era un abuso intolerable de su hospitalidad, un desafío y un absoluto desprecio a su autoridad. 


El asunto era delicado, porque Cristina, hubiera renunciado o no a la Corona de Suecia, conservaba su dignidad real. Una decisión precipitada podía general un conflicto de grandes proporciones. 

Se encargó a una serie de juristas que decidieran sobre la legalidad del acto. Mientras tanto el rey la visitó en Fontainebleau y se mostró tan cortés como siempre, procurando no mostrar su enojo. Cristina debió de pensar que el asunto quedaba zanjado ahí, pero eso fue un exceso de optimismo. 

Los juristas, seguramente más por prudencia que por convicción, decidieron aceptar el argumento de Cristina de que en el acuerdo previo a su abdicación se estipuló que ella conservaría todos los derechos sobre el personal de su Casa, lo cual la autorizaba a actuar como había hecho. Esto significaba que no se tomarían medidas legales contra ella, pero no que todo quedara olvidado. Poco después Mazarino enviaba a la reina una carta en la que se le anunciaba que después de una ejecución tan atroz no podía esperar ser recibida en la corte, donde todo el mundo estaba escandalizado por lo sucedido. 

Fontainebleau

Cristina, muy molesta por la investigación de la que había sido objeto, montó en cólera y escribió otra carta en respuesta al cardenal. Las propias palabras de la reina ayudan a conocer al personaje despojado del velo romántico con el que se la ha cubierto tantas veces. Vemos que, lejos de buscar una conciliación, emplea su tono más despótico, insultante y amenazador: 

Los que os han contado las circunstancias de la muerte de Monaldeschi, mi caballerizo mayor, están muy mal informados. 

Me parece extraño que hayáis empleado tantas personas para averiguar la verdad sobre ese asunto. Pero vuestra conducta, aunque alocada, no me sorprende en realidad; si bien nunca hubiera imaginado que ni vos, ni ese niñato arrogante que tenéis por amo, osaríais manifestarme vuestro resentimiento. 

Sabed todos, amos y servidores, grandes y pequeños, que fue mi voluntad actuar como lo hice, y que no tengo que rendir cuentas a nadie, y menos a bribones como vos. 

Os comportáis como cabe esperar de un hombre de vuestra pobre condición, pero no puedo imaginar las razones por las cuales habéis decidido escribirme, ni me tomaré la molestia de averiguarlo. 

Quiero que sepáis, y que informéis a quien corresponda, que a Cristina le importa muy poco vuestra corte, y vos menos aún. Que para hacer justicia no necesito recurrir a vuestro formidable poder. Mi honor requiere que se haga así, y mi voluntad es una ley que deberíais respetar. Vuestro deber es guardar silencio; y algunas personas, a las que valoro tan poco como a vos, harían bien en enterarse de lo que deben a sus iguales, en lugar de darse esos aires ridículos. 

Por último, señor cardenal, sabed que Cristina es reina dondequiera que esté, y que en cualquier lugar en el que elija residir hay hombres que aunque puedan ser unos tunantes, aun así son mejores que vos y los vuestros. 

Razón tenía el príncipe de Condé al decir, mientras lo reteníais prisionero de modo inhumano en Vincennes, “Ese viejo zorro, que ya ha engañado a Dios y al diablo, nunca dejará de oprimir a los buenos servidores del Estado, hasta que el Parlamento eche o castigue severamente al más ilustre truhán de Pescina.” 

Seguid mi consejo, Giulio, y comportaos de modo que merezcáis mi favor. Dios os guarde de aventurar ni una sola palabra indiscreta sobre mí, porque aunque sea en el día del juicio final, tarde o temprano seré informada de vuestra conducta. Yo también tengo amigos y cortesanos a mi servicio, tan hábiles y vigilantes como los vuestros, aunque un poco peor pagados. 


La carta fue la gota que colmó el vaso. Poco después Luis le pedía que abandonara Fontainebleau. 

Cristina no se dio prisa en hacerlo. Demoró su partida hasta febrero, porque había quedado en una delicada posición: ¿Adónde iría ahora? ¿A Inglaterra? Parece que incluso hizo un tanteo al respecto, pero ni soñar con que Cromwell recibiría bien a una reina católica, y menos después de lo ocurrido. ¿A España, después de que se supiera que conspiraba para arrebatarles Nápoles? ¿Llevaría el problema a su antiguo reino? Impensable, y además indeseable para ella. Lo mejor que podía hacer era regresar a Roma, pero el Papa Alejandro VII estaba furioso. En Roma todo el mundo estaba indignado, porque para ellos Monaldeschi era un noble italiano asesinado por una bárbara extranjera, y los que antes habían sido sus amigos ahora le dieron de lado. 

En momentos tan delicados Cristina sólo recibió ayuda de dos cardenales: uno de ellos, sorprendentemente, Mazarino, que puso a su disposición su propio palacio de Roma. El otro, por supuesto, su amado Azzolino, siempre leal incluso en las peores circunstancias. Azzolino trabajó incansablemente para conseguir reconciliarla con el Papa, quien a la llegada de la reina expresó su deseo de que Cristina, a la que calificó como salvaje, no volviera a visitarlo. 


La reina aceptó el ofrecimiento de Mazarino y se alojó en el palacio Rospigliosi, adquirido por el cardenal en 1641. Allí permaneció un tiempo, pero este arreglo no era del gusto del Papa, por considerar que el palacio se encontraba demasiado cerca de su persona, de modo que en julio de 1659 la reina se trasladó a otra residencia. Allí logró ir reuniendo una colección de obras de arte que no tenía rival en Roma. 

Mazarino intentó sin éxito que Suecia proporcionara a Cristina más apoyo económico, pero fue Azzolino quien obtuvo una pensión para ella tras conseguir aplacar al Papa. 

Cristina no renunciaba a conseguir un reino. Al darse cuenta de lo difícil que era mantener los mismos lujos y posición de poder sin llevar una corona, estaba arrepentida de su decisión. Cuando en 1660 murió Carlos Gustavo, volvió a Suecia con la intención de tantear sus posibilidades de reclamar el trono al que había renunciado voluntariamente. Todo en vano, porque el difunto rey dejaba un hijo de 5 años y ella no encontró ningún apoyo. Después de eso, en 1667, pretendió el trono de Polonia, con la misma escasa fortuna. Fue entonces cuando curiosamente dijo eso de que las mujeres no deberían reinar, y que si ella tuviera hijas no se lo desearía. 

Monumento a la reina Cristina de Suecia en la basílica de San Pedro. Imagen cedida por cortesía de Isabel Barceló Chico (Mujeres de Roma)

Vivió en Roma hasta su fallecimiento, el 19 de abril de 1689. Fue enterrada en la basílica de San Pedro, en un ataúd de ciprés junto a su corona y su cetro. 

La personalidad de esta mujer aparece plagada de contradicciones. A pesar de que hay grandes manchas que no podemos borrar de su biografía, como la del crimen de Fontainebleau, que empañan para siempre otros rasgos mejores de su carácter y su incansable labor cultural, Cristina fue descrita por el director del Museo Nacional de Bellas Artes de Estocolmo, sin duda con acierto, como “una de las mayores rebeldes de la Historia y una de las primeras mentes modernas de Suecia”.

Fotografía cedida por Isabel Barceló Chico (Mujeres de Roma)


31 comentarios:

  1. Imagino que si el rey de Francia que tenia las manos bien rojas de sangre, ordenaba o hacia cometer un asesinato de esta forma, nadie decia ni mu.
    Pero que lo ordenara una mujer, tan extraña a los ojos de su tiempo, y encima que vivia de prestado debio ser el acontecimiento del año. Evidentemente, algo no estaba del todo bien en la cabeza de esta mujer y que se llevo mucho resentimiento a la tumba, es seguro.

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    1. Madame imagina en exceso. Como explico en el texto, hacía mucho tiempo que no se cometían tales salvajadas, porque ya no era la edad media, de modo que cuando sucedía era bastante lógico que todos dijeran algo más que mu. No se trató de un caso de discriminación por ser mujer, madame, sino de un asesinato. Hombres y mujeres por igual deben someterse a las leyes de un país, sea o no el suyo. Lo que no pueden hacer es ir por ahí imponiendo la propia.
      Ciertamente algo no podía andar bien en la cabeza de esa mujer, me tranquiliza que finalmente le parezca a usted normal, después de todo.

      Feliz sábado, madame

      Bisous

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  2. "Sabed todos, amos y servidores, grandes y pequeños, que fue mi voluntad actuar como lo hice, y que no tengo que rendir cuentas a nadie". Desde luego, de estas palabras no se trasluce el arrepentimiento sino la terquedad. ¡Menuda pieza!

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    1. Y una soberbia fuera de serie, desde luego.

      Feliz sábado

      Bisous

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  3. Madame,
    También me parece muy contradictoria, aunque su final tuviera sabor de exilio, vivió como pocos. A los rebeldes, ya se sabe, se los barre como el polvo.
    Menuda carta, "niñato" me ha parecido leer, ¡qué carácter!
    Buen sábado.

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    1. Sí, sus modales también eran "exquisitos".
      En realidad vivió como ella misma eligió vivir. Pero luego no aceptaba ser consecuente con sus propios actos.

      Feliz sábado, madame

      Bisous

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  4. ...y tanto que era una de las mayores rebeldes de la Historia... ¡¡madre mía, madame, qué atrevimiento el de la sueca!! Se notaba que era una mujer con un carácter brutal, vamos, que nada ni nadie se le ponían por delante...

    Feliz sábado, amiga!!

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    1. No, desde luego. Yo creo que renunció a la corona de Suecia porque le parecía poco, y prefería ir imponiendo su voluntad por toda Europa, jiji. Menudo carácter.

      Feliz sábado, madame

      Bisous

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  5. Un carácter endiablado y un ademán lleno de altivez y chulería. Nadie pondrá en duda su enorme personalidad, como tampoco lo hará en referencia a su insolencia y a su crueldad.
    Un saludo.

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  6. Nada lo refleja mejor que esa carta, y mire que procuré ser más literal que nunca con la traducción del documento.
    No en vano estamos ante una de las personalidades más llamativas de la historia. Su osadía no conocía límites.

    Feliz fin de semana, monsieur

    Bisous

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  7. Que raro que los suecos la rescaten como heroina. A mi me parece que estaba un poquito confundida, por no decir algo mas fuerte. La educacion esmerada que recibio se la dieron en Suecia para cumplir funciones que luego rechazo porque se sentia superior paradojicamete a causa de esa educacion. La carta es de una soberbia increible. Si no hubiera sido la hija de un rey muy otra hubiera sido la reaccion de Luis.La ejecucion me hizo acordar a la que hacian muy controvertidos romanos con sus esclavos y ya daba repulsion en esa epoca. Personaje odioso si los hay esta Reina Cristina. Muchas gracias por una historia mas que interesante.

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    1. Así es, madame. Rechazó cumplir unas funciones, unos deberes y un trabajo. Pero con la parte de los derechos, los privilegios y el lujo, pretendía quedarse, y además extender su ámbito a Europa entera.
      Esta serie de entradas ha sido para desmitificar un personaje que se tiene idealizado en exceso. Sin embargo, no careció de cualidades: fue tolerante con las creencias en una época en la que aún no era lo más habitual, y además su labor cultural fue infatigable. Su mentalidad era avanzada en algunos aspectos, y sin embargo era capaz de cometer actos absolutamente salvajes.

      Gracias a usted, madame.

      Feliz sábado

      Bisous

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  8. Es una buena reflexión que, a pesar de los códigos morales y leyes de cada época, la sensibilidad humana, de personas que consideramos normales, abomina de los actos criminales, en este caso de manera muy justificada.
    Cristina es un personalidad con sus claroscuros, como todos, sin embargo su posición, facilitaba que se desfogara con tanta brutalidad.
    Me parece espléndido que su blog no contribuya a mitificar a los personajes históricos, esa es una de las razones por las que la leo, Madame.

    Muy buenas tardes.

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    1. Madame, es que es muy difícil librarse de la imagen de la Garbo :)
      En cuanto a su posición, es que ni siquiera asumía que su posición no podía ser la misma después de abdicar, ni que, aun en el supuesto de que siguiera llevando la corona sobre la cabeza, no estaba en su reino, sino en otro donde no le correspondía a ella dictar la ley, sino acatar las existentes.

      Muchas gracias, madame. Feliz sábado.

      Bisous

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  9. Pese al rechazo y el malestar que suscitó en todas partes Cristina de Suecia con esa innoble acción, seguía ejerciendo una gran influencia. Prueba de ello es que, pese a que había manifestado su deseo de ser enterrada en la iglesia de los jesuitas en Roma, el Papa se negó rotundamente a aceptarlo y la hizo enterrar en la basílica de San Pedro, celebrando un funeral espectacular. Para los curiosos que vayan a Roma, añadir que en el actual palacio Corsini (que tiene un importante museo), a los pies del Gianicolo y al lado del Orto Botánico, quedó integrado parte del palacio del cardenal Riario que ella habitó. Allí se conserva la habitación donde murió Cristina, así como algunos retratos suyos. Magnífico post, madame.

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    1. Gracias, madame. Es una buena propuesta para una próxima visita a Roma. El personaje es tan singular que merece la atención.

      Feliz sábado

      Bisous

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  10. Hola Madame:

    Una dama de caracter recio, imagino de de difícil trato (o lo presumo). No se cortaba con nada...Incluso con esa terrible ejecución.

    Poco importaron las críticas y los escándalos que vinieron después

    Como Ud misma comenta hizo cosas buenas y cosas...

    Besos Madame

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    1. Respondo desde la corte, monsieur.
      Un personaje con luces y sombras, y sobre todo con un carácter endiablado.

      Buenas noches, monsieur

      bisous

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  11. Ja...cuánta humildad y arrepentimiento destilan las palabras de esa carta :D

    Que Mazarino accediera a hospedarla en su casa de Roma después de haber recibido esa carta da un poco que pensar, no y que mantuviera la lealtad de Azzolino, estando sin corona, sin lugar al que acudir y con pocos recurso además de con ese carácter también :)

    Bisous, Madame

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    1. Madame, imagínese qué exquisita revancha para Mazarino, que quien lo había insultado y despreciado por su origen humilde se viera reducida a vivir de su caridad, en el palacio que él había comprado con sus propios méritos cuando ella ya no tenía ninguno. Y además, aunque lo de Nápoles hubiera fallado, tal vez le fuera útil una reina en otra parte. No se podía andar descartando a los reyes tan alegremente, ni aunque ya no llevaran corona.
      Lo del otro cardenal… ah, es que eso era amor, y dicen que el amor es ciego!

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  12. Quede impactado con la transformaciones que fue sobrellevando este personaje .A dios gracias porque se le cerro muchas puertas y recalo en la ciudad papal para ponerle un poco de freno a su soberbia . Habia que tenerlas bien puestas para escribirle una carta a Mazarino con tanto desagrabio ...
    Un abrazo y buena semana

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    1. Al fin y al cabo ella solo lo consideraba un lacayo de humilde origen, por lo cual lo despreciaba. Pero es que en esa carta adopta similar tono insultante hacia el rey, incluso.

      Feliz domingo, monsieur.

      Biosus

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  13. Dama de armas tomar; todo un carácter y no se muerde la lengua. Muchas mujeres así se necesitaban en la historia. Feliz domingo, madame.

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    1. Monsieur, ya sé que suele decirse eso de que manos blancas no ofenden, pero en el caso de un asesinato yo creo que sí ofenden un poquito. Yo doy gracias de que no todas se hayan enorgullecido de sus crímenes, y de que muchas hayan sabido, en cambio, cumplir con su deber en cualquier campo y dejar una memoria un poco más honrosa.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  14. Vaya cartita le envió a Mazarino. Pensé yo que lo mejor seria que éste le presenta a cierta sobrina suya, pero en lugar de eso va y le presta un palacio. No lo comprendo, y créame que hago esfuerzos.
    Beso su mano.

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    1. "Os comportáis como cabe esperar en un hombre de vuestra pobre condición".
      Oh, qué placer debió de ser para el plebeyo recordarle con ese acto que el poder y las riquezas eran suyas ahora, que ella ya no era la reina que imaginaba ser, sino nada más que una pobre mujer reducida a vivir de la caridad del cardenal, que podía poner palacios a disposición cuando ella no tenía ya ni un lugar donde caerse muerta. Fue sin duda la más dulce de las revanchas.
      Y además, monsieur, aunque lo de Nápoles hubiera salido mal... podía necesitarla más adelante en otra parte.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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    2. Je, je, ¿ve lo que pasa cuando el cansancio le vence a uno? Ni haciendo esfuerzos atina.
      Gracias por su ayuda. Beso su mano.

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  15. Desenvainar las espadas en la Corte de los Austrias era también grave delito y desacato a lo que se debía al Rey.

    Saludos.

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    1. Y supongo que nadie podía saber mejor que quien había sido reina la grave ofensa que su acto podía suponer para quien le había brindado su hospitalidad, todo lo cual le importó muy poco.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  16. toma ya. sin despeinarse llama niñato al mismísimo rey de Francia. como quien no dice nada. qué estilazo se marcaba la señora Cristina. me ha dejado sin palabras la carta.

    saludos, madame!

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  17. ¡Menuda carta! hasta con el rey se mete. Contradictoria esta mujer. Y aún me asombra que Mazarino la alojará en su palacio después de esto.

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)