martes, 21 de febrero de 2012

Los baños de Luis XIV


La tónica general durante el siglo XVII era la poca afición al baño. Esto se debía a que mucha gente pensaba que el agua, en especial la caliente, al penetrar en los poros de la piel ayudaba a propagar enfermedades, como por ejemplo el germen de la sífilis, introduciéndolas en el organismo. Esto no significa que los cortesanos no se ingeniasen para encontrar alguna alternativa para su aseo, como era limpiarse con una tela mojada en espíritu de vino —poderoso alcohol que no sólo limpia, sino que desinfecta—, o que no hubiera cortesanos especialmente pulcros, como lo fue la marquesa de Rambouillet. Por otra parte, el alejamiento del agua no era tan absoluto: había baños públicos, aunque algunos de estos establecimientos gozaban de mala reputación, por dedicarse a satisfacer discretamente otro tipo de necesidades aparte de la higiene. Se podía alquilar una bañera de cobre, y los más pobres una de madera por la mitad de dinero. Y además la gente se daba baños en toda regla en el río. Se consideraba que hacerlo el día de San Juan era especialmente sano y protegía contra las enfermedades. 

Pero Luis XIV, curiosamente y en contra de la creencia generalizada, no parecía compartir estas aprensiones con respecto al agua. Contamos con abundante documentación que lo demuestra: existen nóminas de los empleados encargados del baño del rey, y testimonios como el de su cuñada, la Princesa Palatina, que nos dice lo siguiente: 

“El rey y Monsieur habían sido habituados desde la infancia a una gran suciedad en el interior de sus casas, hasta el punto de que ni siquiera sabían que las cosas deberían haber sido de otro modo; y sin embargo, por lo que respectaba a su higiene personal, eran especialmente pulcros”. 

Isabel Carlota de Baviera, Princesa Palatina


Las versiones que dicen que solo se bañó dos veces en toda su vida, y ambas por prescripción facultativa, parece que fundamentan su error en la interpretación de un párrafo del Journal de Santé de Louis XIV (diario de la salud de Luis XIV), donde el médico habla de unos baños especiales terapéuticos en agua fría que le recomendaba algunas veces, y a los que el rey solo se había sometido en dos ocasiones. No se refería a los baños higiénicos ordinarios. He aquí el relato de una de esas dos ocasiones que originaron la confusión:

“El séptimo día del mes de agosto, estando el rey bien preparado, comenzó los baños que le ordené para reafirmar su salud. Los ha continuado hasta el día 17, es decir que ha tomado 20 baños. Entraba por la mañana y hacia las 7 de la tarde. Permanecía dos horas de cada vez. El día 18 fue purgado con éxito.”

Naturalmente no resulta muy invitador tener que permanecer cuatro horas diarias inmovilizado en una bañera con agua fría, día tras día hasta que el médico considere oportuno, y en especial si el paciente no nota ninguna mejoría con el tratamiento.

El diario, o la interpretación del mismo, dio así lugar a una de las falsedades históricas más extendidas. Lo cierto es que contamos con abundantes testimonios en los que, de un modo o de otro, se alude a los hábitos higiénicos del rey, como es el caso de Madame de Motteville. En cuanto al valet La Porte, asegura que ya de muy niño Luis saltaba de alegría cuando se reunía con su madre para bañarse. Al parecer, la propia Ana de Austria le habría inculcado esta afición, y el pequeño rey insistía en hacerlo incluso cuando se lo desaconsejaban por alguna razón, o intentaban prohibírselo. La Porte nos cuenta cómo una vez, cuando Luis tenía 7 años, había estado jugando en el jardín del Palais Royal con un fuerte que le habían hecho, y se acaloró en el ataque a la fortaleza. Cuando vinieron a decirle que la reina iba a bañarse, para que se reuniera con ella según costumbre, Luis corrió raudo hacia allá. “Me ordenó que le desvistiera, pero yo no quise; fue a decírselo a la reina, que no osó negárselo. Yo dije a Su Majestad que le haría morir si le permitía meterse al baño en el estado en que se encontraba [tan acalorado]; como vi que no me respondía otra cosa excepto que era su deseo hacerlo, le dije que yo le había advertido, y que si pasaba algo no sería culpa mía”. 

El servidor nos cuenta, cuando Luis andaría en los 14 años: “…El rey, habiendo cenado con Su Eminencia, y tras haberse quedado en su compañía hasta las 7 de la tarde, mandó a decirme que deseaba bañarse…”. 

Cuarto de baño del siglo XVII en el château de La Roche Courbon

Es verdad que desde su infancia prefería bañarse en el río, en plena naturaleza, a hacerlo encerrado en una bañera en la que no podía nadar. No había cumplido aún 10 años cuando La Porte nos cuenta: “Un día al querer el rey ir a bañarse a Conflans, di las órdenes de costumbre”. Y dice “de costumbre” porque, efectivamente, Luis tenía el hábito de bañarse en un canal. Llevaba consigo todo un séquito de servidores, encargados del baño y del guardarropa, y ello aunque a veces el tiempo no fuera propicio. 

Aparte de sus preferencias por las aguas de ríos y canales, Luis tuvo un precioso cuarto de baño delicadamente pintado, con bañera de mármol recubierta de paño para no sentir el frío de la piedra. Llegó a haber en él dos bañeras, porque al parecer utilizaba una para enjabonarse y la otra para aclararse. Sólo a un noble de alto rango se le permitía secarlo después. Le gustaba echar lavanda en el agua, y utilizaba un jabón hecho a base de aceite de oliva. Había grifo de agua fría y de agua caliente, procedente de un enorme depósito que era alimentado por los servidores encargados de tal tarea, los baigneurs-étuvistes. Tras el baño, el cabello se le secaba al fuego. El rey despachaba asuntos mientras se entregaba a esta tarea.

Otra prueba de que las bañeras servían para algo más que de adorno es que aparecen documentados detalles como la frecuencia con la que se llenaba el depósito, así como las toallas en los inventarios. Se encuentra también perfectamente reglamentado quién se encargaba de cada detalle. Cuando el rey o Monsieur deseaban “bañarse en la cámara o lavarse solamente los pies” eran los Officiers de Fourrière los encargados del agua caliente y de quemar aromas, muy suaves en el caso de Luis, que con el tiempo llegó a no soportar los olores fuertes debido a que le ocasionaban migrañas. Sin embargo apreciaba un poco de lavanda en su baño, que generalmente tomaba por la tarde y no durante la ceremonia de su lever.

Bañera octogonal de Versalles

Luis estaba muy orgulloso de sus apartamentos de baño, que incluían una recámara y una cámara de descanso con una cama situada ante un gran espejo. En esos apartamentos celebraba a veces reuniones informales. 

El “cabinet des bains” de Versalles tenía una bañera octogonal de mármol flanqueada por columnas, que hoy se encuentra en l’Orangerie. Una estufa alimentada con leña calentaba el agua perfumada. 

Luis XIV usaba alcohol (espíritu de vino) a modo de desinfectante para lavarse las manos. Siempre llevaba las uñas muy cuidadas, bien cortadas y limpias, lo afeitaban a diario y se hacía la pedicura. Saint-Simon, por cierto, achaca el afán de limpieza de Luis al hecho de frecuentar mujeres, como parte del ritual de cortejo.

El rey se cambiaba de ropa interior un mínimo de tres veces al día, porque no soportaba llevar ropa sudada o sucia. En esto no le iban a la zaga muchos de sus cortesanos; incluso algunos de aquellos que no solían recurrir al baño se mudaban con gran frecuencia, hasta seis u ocho veces. Lamentablemente no era así en todos los casos, y de ahí tanto recurso al perfume en un lugar como Versalles, que además no contaba con alcantarillado, sino con fosas sépticas que eran drenadas regularmente.

Otro testimonio afirma que la etiqueta disponía la presencia de un valet sujetando el espejo mientras Luis se viste, se desviste o se cambia de ropa, lo que sucede “si va a jugar a pelota, a bañarse en su cámara, o en el río, etc.”, con lo que vuelve a aludirse a los baños. En definitiva, aunque no fuera para el rey una costumbre diaria, hemos constatado que tomó muchos más de los que se le adjudican normalmente, y que se puede considerar un hombre pulcro para la época que le tocó vivir.


En Versalles Luis XV hizo derribar más de la mitad de los cuartos de baño de tiempos de Luis XIV para ampliar otras habitaciones, aunque él, por supuesto, tenía el suyo propio, y, por cierto, maravilloso. 

Por ejemplo, la habitación que ven en la imagen reemplazó en 1750 a un baño que había en su lugar. Una o dos veces por semana Luis XV daba aquí una cena para las damas y caballeros que le habían acompañado durante la cacería, y era un gran privilegio ser invitado a estas veladas. Los platos se preparaban en las cocinas privadas del rey, situadas en el tercer piso. Después de cenar Luis XV y sus invitados se retiraban a la sala de los relojes, donde pasaban el resto de la noche en las mesas de juego. 


48 comentarios:

  1. Parece ser que el agua para los reyes no era objeto de deseo, por las costumbres y creencias... (vaya olores).
    Ahora disponemos de duchas y baños en abundancia y el exceso también parece que ha aumentado las alergias y otras enfermedades de la piel.
    Todo tiene su propia medida.
    Yo, no obstante, prefiero pasarme...
    Bisous

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  2. No, pues el caso es que yo precisamente había hecho esta entrada para derribar el falso mito de que el agua no era objeto de deseo por parte de Luis XIV. Como ve, el también tenía baños con agua caliente.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  3. Me encanta esto de que tuviera dos bañeras, una para enjabonarse y la otra para aclararse. Divertido saltar de una a otra y encima forradas con paño. Delicadito. Los Reyes en general tenían alergia al agua, al menos eso cuentan. Me alegro que huviera alguno limpio. Con lo delicioso que es estar bajo el agua.
    Bisous Madame y buenas noches

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  4. Ay que se me ha escapado la tecla y no he querido borrar el comentario "HUBIERA". Es que están juntas:-) Detesto las faltas de ortografía Lo siento. Asi le doy otro beso madame

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  5. Madame, no eran los reyes, eran los tiempos, las costumbres, las creencias. Aunque alguno especialmente sucio hubo, sí: Enrique IV de Francia y Jacobo VI de Inglaterra fueron dos grandes guarros, por no mencionar al pobre Felipe V de España.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  6. Me alegro por él, habrá vivido limpio y con un buen olor a lavanda.
    El ha sido una de las excepciones de su tiempo.
    En tu relato sobre sus costumbres, he aprendido varias cosas, eso de tener dos bañeras era todo un lujo y ese cuarto de baño tendría que tener unas dimensiones considerables ¡qué poco se parece a los nuestros de hoy en día!
    Es muy curioso todo lo que cuentas.
    Te dejo un fuerte abrazo.
    Kasioles

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  7. Siempre es un placer leerte, Madame, siempre se aprende un poco de historia. Gracias.
    Un abrazo,

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  8. Es impresionante como las creencias populares condicionan la vida. Igual hoy nos pasa lo mismo, pero no nos damos cuenta.
    Quisiera para mi séquito esa bañera octogonal de Versalles, qué maravilla. Como imagino, las cenas tras la cazería preparadas en las cocinas privadas del rey.

    Ah... La historia que no se cuenta a veces es más interesante que la grande.
    Buen Miércoles, Madame.

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  9. no me extrañaría que en alguno de esos canales de televisión troglodíticos hayan echado mano del tópico '...y además luis xiv no se lavaba', para ciscarse en los franceses. dos veces solo... hombre, ni exagerando mucho la broma ¿no? digo yo.
    en fin. nuestro felipe v dice usted que tampoco era muy de lavarse, pero es que nuestro felipe v perdió 'el sentío'... y así es muy difícil respetarse.

    que tenga buen día, madame!
    bisous!

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  10. MADAME KASIOLES,
    en Versalles cabía todo. El rey tenía espacio para todas las bañeras que quisiera, no como en los pisitos modernos.

    MADAME NORIS,
    Muchas gracias, muy amable

    MONSIEUR IGOR,
    claro que hoy nos pasa lo mismo. Siempre hay leyendas urbanas, pero no puede uno quedarse en la superficie y aceptar sin más. Me asombra que algo como los dos supuestos baños de Luis XIV haya podido sostenerse con tanta evidencia en contra. Además quienes lo afirman han pasado de las dos ocasiones que menciona el journal (de 20 baños) a dos baños, prueba de que no han consultado ninguna fuente, sino que hablan de oído (y de muy mal oído por cierto).

    MONSIEUR TOLYA,
    recuerdo que una vez, hace ya sus buenos años, preguntaron en un concurso de tv qué rey se había bañado solo dos veces, y la respuesta era Luis XIV. Así, como suena, sin cortarse un pelo. Oh, qué asesores han de tener! Era para sacarlos a hombros.

    Feliz día

    Bisous

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  11. Era una pregunta de trivial. ¿cuántas veces se bañó Luis XIV en toda su vida? Dos, ambas por estricta prescripción facultativa, era la respuesta... Y con esa idea me había quedado hasta que la leí a usted, creo que había comentado algo de esto en el blog de la corte que tanto echamos de menos. Tampoco sabía que Felipe V hubiera sido más cochino que los otros felipes, jijiji, pero lo de Luis me ha impresionado, lo de las dos bañeras forradas es espectacular. Buen día Madame. Bisous

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  12. Está usted muy guapa en el nuevo avatar ;)

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  13. La verdad es que eran un poco guarros en aquellos tiempos.
    El abanico se usaba no para darse frescor las damas sino para disimular el tufo corporal.
    En la obra de Patrick Suskind, El Perfume, se nos cuenta a qué olían las personas y las calles de París antes de la Revolución. Y es que todavía no se había generalizado el uso del jabón para atajar la acción de las bacterias, responsables del mal olor.
    Un saludo.

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  14. MADAME ALMA,
    Felipe V manifestó una enorme tendencia hacia la suciedad a partir de su enfermedad mental. Una de sus manías era no querer cambiarse nunca de ropa, aunque se le rompiera.
    De todos modos, haga lo que haga por explicarlo despacito, la versión falsa sobre los baños de Luis XIV va a seguir circulando, simplemente porque resulta más gracioso y coincide más con lo que la gente desearía que fuera. O con alguna película o qué sé yo.

    MONSIEUR CAYETANO,
    un poco guarro casi todo visto desde nuestros hogares con agua corriente, alcantarillado y calefacción, sí. Pero el texto de hoy era para demostrar y documentar que es rotundamente falso que Luis XIV solo hubiera tomado dos baños en su vida.
    Sobre los perfumes precisamente hablaremos el próximo día.
    Y fíjese que a mí no me gustó el bestseller ese de marras.

    Feliz día

    Bisous

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  15. Pulcro para la época desde luego. Puede que esa manía por la limpiza, que le transmitió su madre, puede ser que le viniera de su bisabuelo Felipe II, ya que este también (para la época) gustó de estar bien aseado y limpio como indican los instrumentos para limpiar los oídos, dientes o recortar la barba que aún se conservan en el Real Monasterio de El Escorial.

    Un beso.

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  16. Ya ve qué injusta es a veces la idea que nos forjamos sobre los personajes. Lo de la limpieza, desde luego, no le venía al rey por los Borbones, dado que su abuelo fue uno de los hombres más guarros de su tiempo, o, mejor dicho, de todos los tiempos.

    Feliz día, monsieur

    Bisous

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  17. MONSIEUR CAYETANO:

    NO PUEDO COMENTAR EN SU BLOG. NO ME APARECE LA OPCIÓN PARA COMENTAR, NO SÉ SI ES PROBLEMA MÍO O HA CONFIGURADO USTED ASÍ LA ENTRADA.

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  18. a laponia habrá que ir... espero que en laponia no repartan como en valencia, madame.

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  19. Yo espero que sí repartan, monsieur, pero a los que tienen que repartir, que ya les toca. Yo probaría en el gracioso de Laponia todas las nuevas porras que fueran saliendo al mercado.

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  20. Eso es tan dificil, madame... La mayoría de la gente seguirá pensando lo que más le guste. La verdad, al fin y al cabo, interesa pocas veces si no coincide con nuestros gustos.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  21. Lo que me dio a pensar sobre la veracidad de esto de que todos eran sucios fue leer algo de la historia de Margot Valois y Enrique IV de Francia. Ella no soportaba estar con el porque si bien fue el mejor monarca que tuvo Francia ( bueno con como fueron los demas no habia que esmerarse mucho) era un roñoso con todas las letras. Despues seria buenisimo saber acerca de Luis XV que fue el que derribo los baños y segun se cuenta Versalles no tenia baños adecuados para la gente que albergaba . Besos y gracias. Se me ha hecho una costumbre diaria abrir vuestro blog.

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  22. Ah, pero es que los Valois eran muy limpios, en efecto. Margot y sus hermanos apreciaban la limpieza y el refinamiento, y fueron a casarla con el hombre más sucio de su tiempo. Enrique IV sí que era "alérgico" al baño.

    Muchas gracias, madame

    Bisous

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  23. Gracias por avisarme. Ya está arreglado. Blogger ha debido volverse loco porque yo no he seleccionado la opción de impedir los comentarios.
    Un saludo.

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  24. Pues me alegra descubrir que usara las bañeras para algo más que objeto decorativo, pues de aquellos tiempos nos queda la consciencia de que en general resultaban bastante desaseados.

    Por supuesto el baño en el río (con el tiempo apropiado, por supuesto) resultaba más tentador que el ofrecido en una reducida bañera y en ausencia de libertad de movimientos, aunque no podemos negar que un buen baño caliente, con esencia de pétalos de rosa y sales aromáticas, en una confortable bañera puede resultar de lo más sugerente.

    ¿En qué pensarían los médicos recetando cuatro horas de baño helado cuando el paciente no notaba mejoría alguna? No me extraña que el rey tomara tan pocos de ese tipo...

    Bisous, Madame.

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  25. Pues sí, madame, normal que no fueran muy aseados en una época en la que no todo el mundo podía aspirar a tener en casa bañeras con agua corriente. Resultaba más incómodo y difícil asesarse, y si a eso sumamos las ideas que tenían con respecto al agua, pues no es de extrañar que la higiene estuviese bastante descuidada.
    Luis XIV prefería lavanda en la bañera, por lo menos hasta que llegaron a molestarse todos los olores, otra razón por la que prefería bañarse al aire libre. Los olores de productos de baño en un ambiente cerrado le causaban migrañas.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  26. El baño diario (la ducha) es una costumbre bien reciente, pero los que tenemos una edad sabemos cómo eran las cosas a mediados del siglo XX, así que no digamos de ahí para atrás. Uno visita un palacio real y ve muchos tapices, relojes, muebles y ornamentos, pero el aseo no aparece. Bisous, Madame.

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  27. A veces, monsieur, es que no se busca bien. En este caso, como decimos, más de la mitad de los que había en esa época fueron destruidos posteriormente, por lo que habría que recurrir más bien a los planos. Y como ve, a Luis XIV no le faltaba cuarto de baño ni bañeras.

    Feliz tarde

    Bisous

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  28. No parece lógico que huyeran de los baños, teniendo en cuenta que eran atildados y exigian cambiarse de ropa varias veces durante el día.

    Cosa distinta sería la gente del pueblo, en condiciones higiénicas muy deplorables, tanto en sus casas como en las ciudades.

    Bisous y buenas tardes.

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  29. Pues la mayoría huía bastante, huía. Pero era por pensar que resultaba perjudicial para la salud abusar del agua, especialmente caliente. Por eso preferían frotarse con paños impregnados en espíritu de vino.
    Imagínese usted lo que debía de ser la gente del pueblo, en las condiciones en las que vivían.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  30. Es un interesantísimo artículo. Además desmiente muchos tópicos sobre la vida diaria de esa época.

    Saludos.

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  31. Gracias, monsieur. Es que la época no era precisamente el colmo de la limpieza, pero a veces ya les vale con las exageraciones.

    Feliz tarde

    Bisous

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  32. Hola Madame:

    Leyendo la entrada, me imagino como serían los olores en la época...

    Sin más a veces cuando alguien se descalza en la consulta...mejor no sigo madame ;D

    Creo recordar en aquellos e-mail que intercambiamos sobre la novela, algo sobre los baños de la época. No recuerdo cual era en aquel momento el personaje en cuestión, pero si recuerdo que salio el tema del baño del rey sol...

    Besos

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  33. No, yo no recuerdo nada de baños en la novela. Lo que pasa es que este artículo, con algunas variantes, yo ya lo había escrito para el blog de la corte hace dos años. Es que no tengo mucho tiempo para lo nuevo estos días.

    Feliz tarde, monsieur

    Bisous

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  34. Recuerdo que cuando leí este texto pensé que estaba del todo equivocada con el concepto de limpieza que tenían en la corte de Luis XIV. Les hacía cochinetes, de poco aseo y mucho perfume. Y así puede ser en lo relativo a los cortesanos, pero no así a su rey que gustaba de la pulcritud y el decoro. No me imagino estar en la situación de bañarme sólo por San Juan, madame... ¡Qué horror!
    Besitos

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  35. Bueno, para nuestra época sigue siendo algo cochinete, puesto que no era costumbre diaria la del baño, sino según apetencia. Lo que quiero decir es que para su época era limpio, porque al menos se dio baños frecuentes y en toda regla en el río, aunque no usara tanto la bañera.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  36. No me extraña que se les murieran los pacientes a los médicos de la época. Entre sangrías y estos baños terapeúticos de los que nos habla hoy, y tomó el rey Sol, lo más fácil era morirse de una pulmonía. Sin embargo los relajantes e higiénicos de sus cuartos de baño, esos sí, esos debieron compensarle de todo lo pasado. Qué preciosidad el cuarto de baño del castillo de La Rocher Courbon. Es para quedarse a vivir en él. Beso su mano.

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  37. Sí, era como un apartamento en sí mismo. Resulta de lo más acogedor, y decorado con gusto exquisito.
    En la época hubieran necesitado a nuestro marqués de Fricasé. Él hubiera puesto orden enseguida en esos asuntos :)

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  38. Poca higiene había en la época, y no sólo la del rey... Aún recuerdo cuando leí EL PERFUME, la sensación de repugnante que causaban las descripciones tan detalladas del hedor parisino. También hay una película hecha sobre el libro pero creo que ésta, aún transmite más repugnancia. Pero así eran esos años... ¡¡bendito jabón!!

    Un saludo!

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  39. No, si se fija, precisamente he escrito el artículo para demostrar que el rey sí cuidaba su higiene por encima de la media. O sea, que era mentira lo de los dos baños, vaya, como queda perfectamente documentado.
    Bueno, el perfume es una novela, claro, un bestseller, y no sobre esa época, sino sobre el XVIII, durante el reinado de Luis XV.
    A mí particularmente no me gusta el libro.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  40. Me gusta eso de las dos bañeras, una para enjabonarse y otra para aclararse, no esta nada mal, es que me imagino la escena y también me entra frío solo de pensar estar cuatro horas metido en agua fría, ¡uff!

    Bisous

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  41. Las habitaciones de los palacios son espaciosas, eh, madame? Uno puede poner las bañeras que quiera. Pero yo también comprendo al pobre hombre con ese calvario de las cuatro horas. Le gustaba el agua fría cuando podía nadar en el río, pero es que así, sin moverse... Uf!

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  42. Lo de cambiarse de ropa interior tres veces al día sería un suplicio para los sirvientes por la cantidad y formas de las vestimentas que llevaba.

    Buenas noches, bisous.

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  43. No lo creo, monsieur. Si en algún momento resultase una jornada laboral agotadora eso de alcanzarle la ropa al rey tres veces y sujetar un espejo, calculo que tampoco habría problema para establecer turnos. Lo que sobraba en Versalles eran servidores en nómina :)

    Buenas noches

    Bisous

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  44. He de decir que yo era de los que pensaban que Luis XIV no se había bañado nada más que esas famosas 2 veces... por lo que me alegro que me saque del error...

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  45. Es que imagínese cómo se llegan a deformar las cosas, que de dos ocasiones incluso se pasa a dos baños, sin saber siquiera que simplemente cada una de esas dos ocasiones era de veinte baños.
    Y caramba, bañarse en el río también cuenta, al fin y al cabo.

    Feliz día, monsieur

    Bisous

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  46. menudo mito: que se habia bañado dos veces y era todo un error.
    Me alegro de que por lo menos hubiera gente que apreciara un buen baño en aquella época...

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  47. Sí, una cosa es que no se hiciera de modo regular, o que prefiriera bañarse en el río, y otra adjudicarle solo dos baños en su vida y quedarse tan frescos. Hombre, tampoco es eso.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)