martes, 14 de febrero de 2012

El primer amor de Catalina de Médicis (II)

Catalina de Médicis

Hipólito de Médicis, a sus veinte años, hubiera deseado cambiar su destino por el de Alejandro para desposar a Catalina y ser duque de Florencia. El embajador veneciano cuenta que oyó murmurar que las intenciones del cardenal eran abandonar la carrera eclesiástica y casarse con su prima, por quien sentía un gran amor. Pero que Hipólito la amase en verdad y no buscara, por el contrario, el medio de hacer más fácil y mejor justificada su pretensión de gobernar Florencia, es algo temerario de afirmar. Nada parece confirmarlo; por el contrario, su corazón tuvo otra dueña. Catalina era graciosa, pero no bella, y además, aunque precoz, era demasiado joven. El embajador la describe a los trece años como pequeña, de líneas finas y grandes ojos, como todos los miembros de la familia Médicis… y delgaducha, algo curioso teniendo en cuenta su evolución. 

Hipólito no carecía de cualidades. Generoso, alegre, apasionado, “es apuesto y se muestra cortés y afable”, según cuenta el embajador de Venecia. Pero también era impetuoso, poseía un temperamento guerrero y un genio vivo y arrebatado. En una ocasión casi había dado muerte al cicatero banquero Salviati en las calles de Roma, para gran disgusto de Clemente VII. “Fue pura suerte que el cardenal no lo matara con sus propias manos durante este último carnaval”, nos cuenta el veneciano en 1531. El Papa, muy mortificado por el escándalo, no podía comprender que un cardenal se lanzara a resolver sus asuntos por procedimientos tan violentos, ni que se negara a ir vestido con los hábitos. Hipólito solo lucía el capelo en las ceremonias públicas. 

—Está loco, es un demonio —le dijo el Papa al embajador—. Está loco. ¡No quiere ser sacerdote!

Que un pariente del Pontífice declinara convertirse en sacerdote, a Clemente le parecía pura locura. 

Hipólito de Médicis

A pesar de estos rasgos de su carácter, a nadie se le ocultaba que estaba mucho mejor dotado intelectualmente que su rival, y que mostraba más habilidad para las tareas de gobierno. Con su gran carisma, era el favorito del pueblo. Sin embargo el Papa, irritado por la resistencia de Hipólito a aceptar su papel de cardenal y cegado por el cariño hacia su propio bastardo, había caído en la tentación de designar a Alejandro como duque

Hipólito se consideraba con más derechos por haber sido su madre una mujer noble. Desdeñó reconocer la elección de aquel “hijo de una sierva” y se detuvo en Florencia con la idea de provocar una manifestación de simpatía a favor suyo, manifestación que no logró sus objetivos. Clemente, para alejarlo e impedir que hiciera sombra a Alejandro, lo envió como legado papal al ejército que el emperador reunía en Hungría para luchar contra los turcos, con la promesa de entregarle valiosas tierras y otros beneficios. Mientras tanto había dado su consentimiento a la boda de Catalina con el segundo hijo del rey de Francia, por medio de un tratado secreto. 

Era el fin del idilio. En la mente del cardenal no dejó ningún recuerdo, mientras que ella lo evocó muchas veces “en las horas tristes de un reinado combatido por las más rudas pasiones”

Catalina de Médicis

Hipólito llegó a Ratisbona con su atuendo militar, un séquito de cinco prelados, diez secretarios y una guardia armada de entre 30 y 40 caballeros, además de 500 ducados para reclutar soldados. En la descripción que de él se hizo entonces se dijo que “iba vestido como Júpiter”. Tomó parte en la defensa de Hungría frente a la amenaza turca, razón por la cual aparece ataviado de tan peculiar forma en el retrato de Tiziano. 

Durante aquellos años mantuvo una relación con su gran amor, Julia Gonzaga, condesa de Fondi. Con ella tuvo un hijo, Asdrúbal, que fue condotiero y Caballero de la Orden de Malta. La hermosa dama, viuda al cabo de tan solo tres años de matrimonio, se negaba a volver a casarse, y había convertido su palacio en centro cultural de primer orden. 

Él la adoraba, y lo demostraba de muchas formas. Cuando alguien perdía su favor, solo tenía que dirigirse a Donna Giulia para que intercediera ante Hipólito, y de ese modo el perdón era seguro. 

Julia Gonzaga retratada por Sebastiano del Piombo

El pirata Barbarroja atacó Fondi. Se dijo que traía la intención de secuestrar a la condesa por orden del gran visir otomano Ibrahim Pasha y enviarla al harén del sultán, pero el ataque se vio frustrado. Despertada en plena noche por un leal servidor y sin tiempo para vestirse, logró huir a través de la ventana y alcanzar un puente levadizo secreto que conducía a un oscuro pasadizo. A través de este se accedía al patio, donde pudo conseguir caballos y huir con la única compañía del caballero que la había salvado. La leyenda cuenta que más tarde lo hizo matar porque la había visto casi desnuda durante la fuga; pero eso, claro está, es solo una fábula. 

Julia envió mensaje a Roma en demanda de ayuda. Por entonces el Papa Clemente estaba muriendo, y fue Hipólito quien se encargó de animar a los cardenales a la acción. Se puso al frente del ejército que reunieron y partió dispuesto a vengar la afrenta de Barbarroja. Lamentablemente los corsarios ya habían zarpado con todo el botín y un buen cargamento de esclavos entre los habitantes de Fondi y alrededores. Por amor a Julia, Hipólito se detuvo a aliviar tan generosamente como pudo las necesidades de sus súbditos tras el saqueo. 

Durante ese año de 1534 el cardenal planeaba tomar el poder en Florencia, pero sus planes habían quedado en suspenso precisamente debido al ataque de Barbarroja. 

Barbarroja

Paulo III sucedió a Clemente. El nuevo Papa mantuvo a Hipólito ocupado en sus deberes diplomáticos, y sobre todo militares, fuera de Italia. Para entonces se había revelado como un comandante de gran valor y habilidad en la lucha contra los turcos. 

De regreso en Roma, Hipólito se abandonó a una vida de libertinaje, y su villa de Tivoli se convirtió en centro de reunión para personas de mala reputación. Paulo intentó poner orden enviándolo como embajador ante el rey de Nápoles. 

El 2 de agosto de 1535, a su regreso de Nápoles y mientras se dirigía al encuentro del emperador Carlos V para tratar con él la destitución de Alejandro, hacía un alto en Itri para entrevistarse con su amada Julia. La noche del día 5 cayó enfermo después de haber comido pollo. En su delirio, gritó que Alejandro de Médicis lo había asesinado. 

La noticia de la indisposición de Hipólito alcanzó a Julia cuando asistía a misa en la catedral de Fondi. Cabalgó hacia Itri tan rápidamente que los miembros de su séquito no pudieron seguirla. 

Julia Gonzaga retratada por Tiziano

Se intentó todo por salvarle la vida. Se despachó a Roma un mensajero para obtener del Papa cierto olio da caravita, considerado un poderoso antídoto, aunque no llegó a enviarse. Días más tarde, a mediodía del lunes 10 de agosto, Hipólito encontraba la muerte. Probablemente se trató de malaria, pero inevitablemente se habló de que Alejandro lo había hecho envenenar. El servidor fue torturado hasta que se le arrancó una confesión que inculpaba al duque, si bien después la revocó

Cuentan que un cortesano de Florencia, al enterarse de la muerte de Hipólito, exclamó: 

—Sabemos cómo quitarnos las moscas de la nariz. 

Los estudiosos están divididos con respecto a la causa de la muerte. Se dice que en realidad Alejandro tenía motivos para proceder de ese modo, puesto que no hacía mucho que Hipólito habría encargado su asesinato. 

El que fuera el primer amor de Catalina de Médicis moría así en Itri habiendo cumplido tan solo 24 años y tras varios días de agonía. Sus restos fueron trasladados a Roma para recibir sepultura en la basílica de San Lorenzo Extramuros. 

La muerte del joven cardenal fue lamentada en toda Italia, y especialmente en Roma, donde había sido amado por su caballerosidad, generosidad y cortesía. Lo recordaban como mecenas de músicos y poetas, hábil diplomático, valiente soldado y hombre lleno de encanto. Nunca se había visto una demostración de luto semejante cuando llegó el cortejo fúnebre a la ciudad eterna. 

Castillo de Fondi

En Fondi Julia se recluía en su palacio. Pasaba las horas rezando, recordando. Meses después, inconsolable, se retiraba a un convento de Nápoles. 

Cinco años más tarde Catalina de Médicis dirigía una curiosa petición al Papa: quería que le enviara el retrato de Julia Gonzaga que Sebastiano del Piombo había pintado por encargo de Hipólito. 


Bibliografía: 
Catalina de Médicis – Leonie Frieda 
Catalina de Médicis – Ana Franchi 
Cathérine de Médicis – Jean Héritier 
A Princess of the Italian Reformation – Christopher Hare 
Adiós, Mona Lisa – Roberto Zapperi 
The tragedies of the Médicis – Edgcumbe Staley 
edres.it/ippolito.html 
Filippo Strozzi – Adolphus Trollope 
The girlhood of Catherine de Medici – Adolphus Trollope 
The Médicis, a ruling dynasty – Heather Lehr Wagner 
The Popes of the War – D. S. Chambers 
Renaissance Woman – Gaia Servadio

23 comentarios:

  1. Evidentemente lo suyo no era la vocación religiosa. Impetuoso, violento, enamoradizo... lo suyo era más la acción que la vida plácida de cardenal. Y luego está el asunto de su muerte. Quién sabe si fue por veneno o por alguna dolencia. Por comer pollo no creo. En aquella época no los alimentaban con tanta porquería y hormonas como ahora.
    Un saludo.

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  2. Un joven brillante, que no puede ocultar la astucia en esos ojos oscuros, de mirada un poco aviesa.

    En esa época tampoco era raro que muriera por alguna intoxicación de comida en mal estado. Pero claro, tanto poder y un futuro muy prometedor despiertan todo tipo de sospechas.

    La petición de Catalina es propia de la enamorada que desea saber qué tiene la otra que no tenga ella. La vida es así.

    Biosus y feliz tarde.

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  3. julia gonzaga. siempre pensé que los gonzaga eran como los borgia, que tendrían orígenes españoles, pero no. gonzaga no.
    tan sólo 24 años y la cantidad de cosas que le dio tiempo a hacer, la gente que amó y a la que odió. cualquier cosa.
    otro interesante retrato histórico, madame.

    bisous!!

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  4. Lástima que un personaje tan y tan potente tuviera muerte prematura. Lástima. Este hombre da juego a la historia.
    Fascinantes los túneles y los pasadizos y los puentes por los que puede huir una dama en apuros. Hasta imagino bancos de niebla, aunque no existieran-
    Un placer.

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  5. Hay qué ver todo lo que estoy descubriendo gracias a ti, Madame. Desde luego leyendo sobre la vida de este hombre, solo puedo decir que la realidad supera mil veces la ficción: hay vidas que son de auténtica novela.
    Un cordial saludo

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  6. ¡Qué historia!! Digna de San Valentín, aunque con un final un tanto extraño, pero bueno, la vida no es perfecta, ¿verdad madame?

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  7. La entrada es de una calidad excepcional. E Hipólito de Médicis parece un personaje de cuidado. Las páginas de Buckhardt están repletas de figuras de este tipo.

    Saludos.

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  8. Como Dice C.G Aparicio una entrada digna de San Valentín.

    Hipólito tuvo una vida...un tanto excepcional.

    Besos Madame

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  9. Hola, Madame

    Qué pena que algunas vidas, ya estén diseñadas sin el permiso de sus dueños. Así acaban sucediendo tantas situaciones extrañas o aparentemente contradictorias.

    Vivió 24 años bastente intensos, a pesar de ello, murió joven.

    ¿Por qué querría tener Catalina el retrato de Julia Gonzaga? Extraño y misterioso.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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  10. Menos mal que ver desnuda o casi a donna Giulia no fue la causa de la muerte del caballero que la salvó del pirata. Mal pago hubiera recibido de haber sido cierto. Curioso que Catalina pidiera el cuadro del Piombo, aunque si le hubieran llevado el de Ticiano, quizás hubiera comprendido mejor el porqué de su amor por Giulia.
    Beso su mano.

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  11. DISCULPEN SI NO ME EXTIENDO MUCHO, PERO QUIERO RESPONDERLES A TODOS A PESAR DE LA ESCASEZ DE TIEMPO

    MONSIEUR CAYETANO, estamos de acuerdo en que el pobre pollo queda descartado. El resto de posibilidades siguen abiertas.

    MADAME AMALTEA, usted siempre tan perspicaz. Ha dado en el clavo con el retrato de Julia, desde luego.

    MONSIEUR KARPOV, y usted en el canapé. Levántese, hombre, mire a Hipólito con 24 años!

    MONSIEUR IGOR, una tiene la impresión de que eran tiempos de continua aventura.

    MADAME FAWN, esas vidas son las que más me gustan. Realmente son muchos los personajes de los que saldrían apasionantes novelas.

    MADAME APARICIO, qué aburrida sería la vida si fuera perfecta! Las buenas historias son así: con momentos buenos y malos.

    MONSIEUR RETABLO, muchísimas gracias, viniendo de usted el elogio es doble.

    MONSIEUR MANUEL, la mayoría de los Médicis tuvieron vidas excepcionales e intensas.

    MADAME MARIA EUGENIA, la respuesta a su pregunta la ha dado muy sagazmente madame Amaltea. Para mí el hecho de que ocho años después de irse de Roma pidiera precisamente ese retrato, significa mucho.

    MONSIEUR DLT, es que ese era el que había encargado Hipólito, el que él tenía en sus aposentos y miraba constantemente. Ese era el retrato que la obsesionaba a ella.

    Muchas gracias a todos y buenas noches

    Bisous

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  12. Bienvenido, monsieur!
    Esperamos de usted grandes cosas.

    Bisous

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  13. Madame!! Qué gusto encontrarla de nuevo! Sabía que tenía un blog en algún lugar pero no aquí. Qué lista, que se fue hace mucho del fotolog.
    Los Médicis me interesan muchísimo, siempre me lío porque son una saga tremenda. La leeré encantada, pero no hoy, que me he dejado el cable del portátil en el trabajo y me queda poca batería.

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  14. Madame, para mí también es un placer que se haya pasado usted a blogger. Era la opción más razonable, dado que con el otro sitio hace tiempo que no se puede contar.

    Bienvenida y hasta pronto!

    Bisous

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  15. Jo, me gustaría saber para que quería Catalina el retrato de Julia...

    Bisous, Madame

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  16. Bueno, digan lo que digan de ella, no creo que fuera para hacerle voodoo con alfileritas, jiji. Al igual que madame Amaltea, yo creo que es obvio.

    Feliz día, madame

    Bisous

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  17. ¡Qué intensa la existencia de este hombre, y desde luego no se le puede reprochar su falta de vocación ante la vida religiosa! ¡Con la de placeres que ofrecía el mundo para cualquier "hijo de una noble"!

    Me parece muy bella Julia, sin duda muchísimo más que la señora de Médicis. Me pregunto ¿para qué querría ésta su retrato salvo para torturarse en las comparaciones?

    La aparición del legendario Barbarroja me parece muy pintoresca.

    Bisous, amiga mía.

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  18. Para eso, madame, para eso, ha acertado usted: para torturarse en las comparaciones. Catalina solía torturarse. También lo hacía con Diana de Poitiers. Era muy morbosa.

    No me dirá que le faltan ingredientes a la historia! Tenemos hasta piratas :)

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  19. Es sorprendente que los hombres y muejres de otro tiempo vivieran a sus veinte primaveras tantas cosas mientras que hoy parece que no sllegamos a la edad adulta hasta los treinta (algunos incluso maduran más tarde o nunca, jejeej). Lástima que Hipólito fuese envenenado... Catalina de Médicis, como buena florentina, parece ser que era una maestra en este campo como luego se pudo apreciar en Francia.
    Besitos

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  20. No sé si lo que se pudo apreciar fue eso o su leyenda, pero bueno, en todo caso fue una mujer en la que se pudieron apreciar muchas cosas, unas buenas y otras malas.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  21. Desde luego lo religioso no era lo suyo, lástima, murió joven.
    supongo que Catalina pidió la pintura para saber que era lo que tenía Julia que la hacia tan atractiva.

    Bisous

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  22. Así es, madame. Pero era mucho más que eso. Tenía que ser el retrato que él había encargado, el que él tenía en sus aposentos y miraba a todas horas. Julia tenía otros retratos, pero ella quería ese.

    Buenas noches

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)