domingo, 12 de febrero de 2012

El primer amor de Catalina de Médicis

Hipólito de Médicis retratado por Tiziano

Cuando en el verano de 1530 Catalina de Médicis viajaba a Roma, dejaba atrás una infancia plagada de episodios violentos en los que había peligrado su propia vida. La niña, de once años, pasaba del refugio que le había brindado el convento a una vida de fiestas y lujos en el palacio Médicis, luego palacio Madama y hoy sede del Senado. A su lado estaba Hipólito de Médicis, su primo. 

Hipólito era hijo natural de Julián, duque de Nemours, el tercero de los hijos de Lorenzo el Magnífico. Había nacido en Urbino el 23 de marzo de 1511. Al menos sabemos por el embajador veneciano que era en esa fecha cuando Hipólito celebraba su cumpleaños, si bien se ha objetado que, dadas las circunstancias de su nacimiento, es difícil que él supiera la fecha exacta. De todos modos esta puede situarse en algún momento entre finales de marzo y principios de abril. 

Su madre, Pacifica Brandani, moría pocos días después de traerlo al mundo. Existe una curiosa teoría según la cual la Gioconda era ella. Roberto Zapperi, uno de los mayores especialistas en el Renacimiento, afirma que el retrato habría sido encargado para que Hipólito tuviera un recuerdo de su madre, y Leonardo la habría pintado siguiendo la descripción hecha por Juliano. El nombre de Pacifica Brandani ya había sido propuesto anteriormente por Carlo Pedretti, estudioso de Leonardo, en 1957. 


Dadas las conveniencias sociales, a Juliano, que no se encontraba en Urbino en el momento del nacimiento, no le era posible tener a su hijo a su lado. El duque de Nemours ni siquiera estaba del todo seguro de que el niño fuera suyo. Según Girolamo Garimberto, biógrafo de Hipólito, Juliano estaba convencido de que era hijo de Federico Ventura, rico patricio de Urbino y “competidor suyo en la frecuentación de la dama”

Al fallecer la madre no quedaba nadie que pudiera hacerse cargo del niño, de modo que el 19 de abril, Sábado Santo, Hipólito fue expuesto en la iglesia de Santa Clara, metido en un cesto, con un paño blanco y una faja con una moneda como signo de reconocimiento. Era una costumbre que propiciaba que los padres, cuando así lo quisieran, pudieran reconocer al niño y recuperarlo. 

Fue recogido por la Hermandad de Santa María di Piano. Las monjas le llamaron Pasqualino, puesto que lo habían encontrado durante la Pascua. Tres días después era entregado a Bartolomeo de Monteguiduccio, que hizo de padre adoptivo hasta que al cabo de poco tiempo el reputado notario Lorenzo Spaccioli, seguramente en nombre de Juliano, se hizo cargo de su custodia. Meses después el propio Julián lo reconocía como hijo suyo y proveía los medios para criarlo a sus expensas. Le cambió el nombre por el de Hipólito, siguiendo la costumbre de los Médicis de poner a sus hijos naturales nombres que nada tuvieran que ver con la tradición familiar. 

Juliano de Médicis, padre de Hipólito, pintado por Rafael

Cuando murió el Papa Julio II, su sucesor fue el hermano de Julián, que adoptó el nombre de León X. Hipólito, con solo dos años, fue llevado a Roma, donde el Papa mostró gran interés por él y se hizo cargo de su educación. El primo de Catalina acabaría por convertirse en un hombre culto y ambicioso que tuvo ocasión de tratar a los más grandes artistas de su tiempo y conoció a Miguel Angel cuando creaba la tumba de su padre, fallecido en 1516. 

Junto a Hipólito y Catalina se educaba Alejandro. Si bien el padre de Catalina lo había reconocido como suyo, todo apunta a que en realidad era hijo de otro Médicis: el Papa Clemente VII, quien lo habría tenido con una sirvienta de raza negra. 

El anciano banquero Jacopo Salviati, que habitaba también en el palacio, tenía a su cargo los gastos de los jóvenes Médicis. Estos gastaban sin medida. En los informes de los embajadores venecianos aparece reflejado que eran derrochadores en extremo, y que un día Hipólito, furioso por la oposición de Salviati, estuvo a punto de matarlo. 

Alejandro de Médicis

Hipólito amaba el lujo y los placeres tanto como detestaba los hábitos cardenalicios que le habían sido impuestos el año anterior, unos hábitos que aún le pesaron más cuando se decidió que debía ser Alejandro quien se estableciera como duque en Florencia. 

El retrato que de él pintó Tiziano en 1533, en traje de jinete húngaro, nos muestra a un joven alto, esbelto, moreno y atractivo, empuñando con fuerza la espada y la pica como símbolo de valentía. Le gustaban los adornos teatrales: usaba cimitarras enjoyadas y con frecuencia colocaba sobre su cabeza un penacho de plumas de garza adornado con diamantes. El cuadro revela al mismo tiempo una personalidad tal como la describe un autor contemporáneo: “Una inteligencia poderosa e insoportable”. Su mirada dura refleja un alma altanera, pero que tal vez se suavizaba con las satisfacciones de un espíritu inclinado a la poesía y a la música. El retrato se encuentra actualmente en la galería Pitti de Florencia. 

Catalina de Médicis

Las preferencias de Catalina pronto se dirigieron hacia Hipólito, tan cultivado. Tocaba varios instrumentos, componía versos y se conoce de él una bella traducción de la Eneida. Ella le pedía siempre consejo, y él la instruía en la afición por la belleza y el arte. Catalina, sin duda a consecuencia de las duras experiencias que habían marcado su vida, había adquirido una precocidad de sentimientos que en la Corte de Roma habría de desarrollarse notablemente. Dueña ya de sí misma, la niña se convirtió muy pronto en adulta, y mientras en torno a ella se cruzaban las demandas matrimoniales, inspiradas por varias oportunidades políticas, su propio deseo la impulsaba hacia aquel brillante primo junto al que paseaba a caballo por las calles de Roma, seguidos de una pintoresca escolta de negros y arqueros.


Continuará

23 comentarios:

  1. Buenas noches madame, sin duda el relato promete. Curiosa costumbre la de dejar al niño con una moneda. Parece que los niños eran moneda de cambio. Desde pequeños esan obligados a perder su infancia. Los Medicis fueron unas de las familias masás influyentes de Florencia, nada menos que dieron 3 Papas a la Iglesia.
    Me encantará seguir leyendo .
    Bisous

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  2. Estaban aún en su apogeo, en efecto. Lástima que ninguno podía elegir si llevar o no el capelo. Te lo ponían y punto. A Hipólito no le hacía ninguna gracia.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  3. Los Medicis, de la encantadora ciudad de Florencia, en donde estuve y entre al palacio maravilloso de los Medicis. Me encanta tu blog.
    Un abrazo

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  4. Hola Madame:

    Salgo de guardia...Todavía queda algo más.

    Un relato que promete Madame. Una familia como los Medicis, siempre promete. Ya veremos por donde vienen Catalina

    Besos Madame

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  5. En aquellos tiempos, llenos de hijos propios y naturales, poco importaban los hábitos y los votos: los prelados, como todo hijo de vecino con posibilidades económicas, inundaban las calles con estos hijos "de la tierra".
    Un saludo. Lo suyo era vocación...por los placeres mundanos.
    Un saludo.

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  6. Gracias, MADAME NORIS. Tanto Florencia como Roma son dos ciudades fascinantes a las que siempre se desea regresar. Bienvenida al tablero.

    MONSIEUR MANUEL, eran tiempos en los que ocurrían cosas muy novelescas, y, desde luego, la historia de los Médicis no era tranquilita.

    MONSIEUR CAYETANO, era un destino fácil para los hijos naturales. A poco estuvo don Juan de Austria de seguirlo también. Hipólito, al igual que él, hubiera hecho mucho mejor servicio en la carrera de las armas, o bien como duque de Florencia.


    Feliz comienzo de semana

    Bisous

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  7. ¡Cuánto lío y descontrol familiar el de la época, con lo fácil que sería hoy determinar, por medio del genoma humano, la auténtica paternidad de una criatura! Ya veremos a dónde nos lleva la apostura de Hipólito y la precocidad de su prima Catalina.
    Bisous.

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  8. Hoy sigue siendo un tema bastante oscuro, porque el caballero no tiene más que negarse, como se suele hacer. Y al final incluso hoy día hay muchos misterios sin resolver.

    Feliz lunes, monsieur

    Bisous

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  9. catalina de medicis. no era nadie. solo recuerdo haberla visto en la película esta que ya le he comentado alguna vez, esa de la reina margot, y vaya pieza.
    ni mejor ni peor que otros y otras, claro está.
    en fin madame, qué aquí estamos, con el mono de trabajo.
    o el trabajo de mono.

    feliz semana. ah, y felicidades por el premio.
    bisous!

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  10. Sí, es que era una Médicis, una florentina auténtica. Una mujer fascinante, monsieur, que nunca me cansaré de estudiar.

    Gracias, monsieur, feliz comienzo de semana.

    Bisous

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  11. Muchas felicidades, Madame, por el nuevo reconocimiento. Merecido y que compartimos todos sus lectores, por a parte de que nos toca, que es la de disfrutar las entradas que escribe y que siga así durante mucho tiempo.

    Desde luego, la soberbia de Hipólito es bastante común entre personas que saben que sus dotes intelectuales sobrepasan la medianía. Ahora nos parece imposible que un joven traduzca la Eneida, imagínese, y además tocaba varios instrumentos ¡Mon Dieu! Las buenas migas con Catalina auguran espléndidos episodios, que por ahora me abstengo de calificar. Ya nos contará.

    Bisous y buena semana

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  12. Pues el caso es que a ella se le terminará pronto lo bueno, pero lo seguiremos a él, que es de quien se trata en realidad, aunque la haya puesto a ella en el título para situar a la gente, porque si titulo el artículo "Hipólito de Médicis" igual muchos no caen.

    Feliz tarde, madame, y muchas gracias.

    Bisous

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  13. ¡Qué interesante historia, Madame! Y desde luego teniendo en cuenta a esta que le escribe, he de decir que adoro las trazas de esta incipiente historia de amor que por ahora me parece extraída de cualquiera de mis novelas románticas (la dama tenía pretendientes a raudales, pero su corazón ya tenia dueño...)

    ¡Muy curiosa la hipótesis acerca de la identidad de la Gioconda, he de decir que la desconocía por completo!

    Bisous y feliz inicio de semana, querida.

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  14. Madame, confieso mi ignorancia sobre este tempestuoso y tumultuoso periodo. Esas repúblicas huelen a muy interesante, como sus personajes.
    Pobre hombre, colmado de títulos eclesiásticos...
    ¡Buen lunes!

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  15. La doble vida más que nunca: hijos y esposas naturales y bastardos y mujeres u hombres como queridos y queridas. Y no había distinciones en clases sociales, mientras más poderosos más. Muy interesante este inicio de historia de Catalina de Médicis. Por cierto, nuevamente enhorabuena por ese nuevo premio recibido; no para usted, es como Nadal. Bisous.

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  16. Hola Madame

    Cambiamos de escenario y de país.

    Los niños no dejaban de ser parte de un juego, el de los posibles contratos matrimoniales y políticos.

    Desde luego, curiosa costumbre la de dejar a los niños con una moneda y así pudieran ser reconocidos por sus probables padres.

    Una vez más, esta historia promete. Seguiré atentamente la evolución de los Medicis.

    Feliz tarde, Madame.

    Bisous.

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  17. No es la hipótesis más conocida y me ha gustado mucho ésta, que desconocía, de que la Gioconda fuera Pacifica Brandani, la madre de Hipólito.
    Voy mejorando.
    Beso su mano.

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  18. MADAME AKASHA, sobre la Gioconda me temo que seguirán corriendo ríos de tinta, y que nunca desentrañaremos sus secretos por completo.
    Bueno, se acerca San Valentín, así que tocaba tema amoroso :)

    MONSIEUR IGOR, la historia de los Médicis no tiene desperdicio, fueran cardenales o no. Una familia que dio mucho juego.

    MONSIEUR PACO, muchas gracias, monsieur.
    Bueno, eso de los bastardos no está superado, aunque se hayan inventado los anticonceptivos.

    MADAME MARIA EUGENIA, así es, siendo muy niños se decidía su futuro, quién iba a casarse y quién iba a ser cardenal, y no se podía protestar.

    MONSIEUR DLT, resultaría curioso que Hipólito fuera el hijo de la Gioconda, verdad? Quién sabe. Son tantas las hipótesis sobre ese retrato que no creo que se vayan a terminar nunca.

    Buenas noches

    Bisous

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  19. Los Médicis, ¡menuda familia! se ha escrito mucho sobre ellos y nunca acabo de conocer todo. Curioso que la madre de Hipólito pudiera ser La Gioconda.

    Bisous y le deseo una buena semana.

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  20. He tenido ocasión de visitar el palacio Madama (sede del Senado italiano) y es una construcción magnífica. Así que por allí anduvo Catalina... El nombre de "Madama" viene de la hija natural de Carlos V, Margarita de Austria, que también vivió en ese palacio y era llamada Madama Margarita. Extraordinarias mujeres, sin duda. Beso su mano experta en guiarnos por estos vericuetos de la vida, madame.

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  21. Mamma mia! Qué ambición y fuerza amenazadora tras ese refinamiento transmite Hipólito en el cuadro de Tiziano!

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  22. MADAME ELYSA, llevamos unas cuantas entradas sobre los Médicis, pero no tenemos ni para empezar. Realmente fueron unos tiempos apasionantes.

    MADAME ISABEL, creo que el XVI fue un siglo que favoreció a las mujeres. Salieron extraordinarias personalidades femeninas por entonces.

    MADAME MARISOPLI, efectivamente el genio de Tiziano supo retratar su personalidad al tiempo que su físico.
    Bienvenida al tablero, madame. Espero que se quede con nosotros.

    Feliz día

    Bisous

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  23. Madame, ¿de dónde ha sacado la información de los Médicis? Son tantos que no me entero. ¿Cómo es posible que a todas las generaciones les interesara el arte?

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)