jueves, 16 de febrero de 2012

Caterina Cornaro, Reina de Chipre

Caterina Cornaro

Durante trescientos años Chipre había estado en posesión de los descendientes de Guy de Lusignan, a quien Ricardo Corazón de León había concedido el reino después de la Tercera Cruzada. La dinastía gobernaba aún la isla cuando Juan III de Lusignan moría en 1458 dejando como heredera a Carlota, su única descendencia legítima. 

Carlota fue coronada solemnemente en 1460, cuando contaba tan solo 16 años; pero el rey fallecido tenía también un bastardo, Jacobo, que no se conformó con ver a su hermanastra sentada en el trono. Juan había hecho que su hijo entrara en religión para protegerlo contra las iras de su esposa, que tomaba a ultraje su existencia y lo odiaba a muerte. Convertido en arzobispo de Nicosia sin ninguna vocación, el Bastardo de Lusignan estaba ansioso por liberarse de los hábitos y ocupar el trono. Se hallaba refugiado en la corte del sultán de Egipto, donde intrigó incesantemente hasta obtener su ayuda. En septiembre de 1460 desembarcaba a la cabeza de un destacamento de mamelucos que rápidamente se hizo con el control de Chipre, pero la reina y sus partidarios, encerrados en la fortaleza de Kyrenia, resistieron aún durante tres años. 

Tomada la fortaleza en 1463, Carlota huyó a Roma mientras el bastardo se apoderaba de la isla y se coronaba como Jacobo II. Ganó popularidad entre sus súbditos conquistando Famagusta, una ciudad en la costa este entonces en poder de los genoveses. Temiendo las previsibles represalias de la poderosa Génova, buscó una alianza con los venecianos que reforzara su posición. A tal fin envió una embajada en 1468 solicitando allí una esposa. 


Tras considerar la petición, la elegida por la Serenísima fue Caterina, hija de Marco Cornaro, Caballero del Sacro Imperio Romano. La importancia de la familia de Caterina en Venecia podía medirse por el hecho de que cuatro de sus miembros habían sido Dux. Junto con otras dos familias de patricios venecianos, poseían la mayor parte de Chipre. Marco era dueño de enormes plantaciones de caña de azúcar en la isla, un azúcar que estaba considerado el mejor de Oriente. 

Caterina era muy joven. Había nacido el 25 de noviembre de 1454, y desde que había cumplido 10 años se educaba en el convento de San Benito, en Padua. El 30 de julio de 1468 abandonaba el convento para celebrar con gran pompa sus esponsales en la casa de su padre, en el centro de Venecia. Cuarenta matronas patricias, con sus mejores terciopelos y brocados, fueron a buscarla para transportarla por el gran canal hasta el palacio ducal en la barca del Dux, alegremente decorada, entre la curiosidad de la gente que se agolpaba para verla pasar. Otro grupo de nobles damas venecianas la aguardaba al pie de la escalera para conducirla a la cámara del Consejo. Un testigo nos describe a Caterina como una niña de estatura media, vestida con suntuosos ropajes cubiertos de joyas que la hacían parecer más alta. Tenía los ojos negros, la tez muy blanca y el cabello dorado que era tan estimado en Venecia. 

El Dux entregó un anillo consagrado al embajador de Chipre, que lo colocó en el dedo de Caterina “en nombre de Jacobo II de Lusignan, rey de Chipre, de Armenia y de Jerusalén”. Se fijó la dote en la suma principesca de cien mil ducados y se decidió pintar un retrato de la novia para enviarlo a Chipre. 


La joven Caterina hubo de esperar durante cuatro años antes de desplazarse al que sería su reino, un tiempo en el que Jacobo, influenciado por Fernando de Nápoles, se mostraba dispuesto a romper su alianza con Venecia, y con ella el compromiso. Sin embargo, tras muchas negociaciones el asunto prosperó y pudo fijarse fecha para la partida. 

No se escatimaron gastos para que la novia emprendiera el viaje rodeada de lujo y esplendor. Cuatro magníficas galeras venecianas habían sido puestas a su disposición para que se embarcara con varios miembros de su familia y un gran séquito de damas de honor, asistentes y servidores. Una soleada mañana de finales del verano de 1472, las naves, cargadas de riquezas, zarparon rumbo a su destino. 

Caterina se casó con el rey en Famagusta. Allí, después de las celebraciones, aguardaba una escolta con literas y mulos para transportar a las damas, y bestias de carga para el equipaje. Debían continuar viaje durante varias horas antes de que surgiera ante sus ojos la capital, Nicosia, ciudad de Cruzados con sus palacios, sus iglesias medievales, los minaretes y los templos de los antiguos griegos. 


La joven reina, a punto de cumplir 18 años, hizo su entrada en Nicosia espléndidamente vestida, con el rey cabalgando a su lado hasta el palacio real. Para ella tuvo que ser como una ensoñación contemplar aquel viejo castillo con su suntuoso interior, de diseño oriental, entre jardines de flores tropicales y palmeras. Por todas partes había pórticos corintios junto a basílicas griegas e iglesias góticas; las calles bullían de animación, los mercados ofrecían tanto lujo y riqueza como se pudiera desear y el clima era amable y delicioso incluso en invierno. 

A la niña educada en la austeridad de un convento la aguardaban en Chipre días brillantes plenos de dicha, pero esa felicidad iba a ser muy breve: al cabo de un año fallecía su esposo en extrañas circunstancias, tras una breve enfermedad, sin haber cumplido 35 años. Se habló de que había sido envenenado por agentes venecianos. 

En su testamento, el difunto rey nombraba regente a Caterina, en nombre del hijo que esperaba. Con gran coraje, la reina tomó las medidas necesarias para proteger el trono. Se designó un consejo de regencia y se solicitó protección a Venecia, que envió tropas para defender las principales fortalezas de la isla. 


Todos los pensamientos y esperanzas de Caterina se centraban en el deseo de que el hijo que esperaba fuera un varón que heredara el reino de su padre. Hizo peregrinajes y dirigió sus oraciones a Santa Irene y San Epifanio, el obispo de Salamina que había obrado tantos milagros. Sabía que había una conspiración contra ella, que los partidarios de Carlota de Lusignan tramaban un plan que podía acabar con su vida. Su trono era un volcán, y aunque muchos la amaban, no podían protegerla. 

El 28 de agosto de 1473, a las cuatro de la madrugada, la reina de Chipre daba a luz un varón. Había nacido Jacobo III. La feliz madre olvidó todos los sinsabores al ver realizado su máximo anhelo. El niño fue bautizado el 26 de septiembre en presencia de Mocenigo, del embajador veneciano y muchos otros personajes notables. 

Pero los enemigos no dormían, y había un rival más temible que Carlota: el rey Fernando de Nápoles aspiraba a sentar en el trono a uno de sus bastardos. Con el apoyo del Papa, tramaba un importante complot. El rey de Nápoles despachó a uno de sus hombres hacia Chipre con dos galeras armadas y una carta del Pontífice denunciando a los parientes de Caterina como los instigadores de la muerte de Jacobo II. 


El 13 de noviembre de 1473 los conspiradores irrumpieron en el palacio de Famagusta y asesinaron a su médico y a uno de sus servidores. Su tío, Andrea Cornaro, y un primo que corrió en su ayuda también encontraron la muerte, y ella a punto estuvo de sufrir el mismo destino. Logró escapar y pronto recibió la ayuda veneciana, al mando del capitán general Pietro Mocenigo. La mayoría de los chipriotas no secundaron la conspiración, pues no deseaban caer en las garras de Nápoles, por lo que Pietro pudo sofocar fácilmente la insurrección en la ciudad. Los cabecillas que no lograron huir fueron colgados.


Continuará

23 comentarios:

  1. Cuanto odio y todo por ambición. Las intrigas no duermen cuando hay tanto poder en juego.
    Espero la continuación...

    Un cariño.

    mariarosa

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  2. Hola Madame:

    No conocía esta historia. Pero Ud me deja en ascuas...

    Mire a lo que puede llegar por un trono...

    Beso Madame

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  3. La ambición desmedida no es solo cosa de hoy. Solo que a veces los planes no salen como uno quiere y el que aspira al poder no saborea sus mieles, como el conspirador napolitano. En todo caso, una vida muy ajetreada.. y corta, que diría Hobbes.
    Un saludo.

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  4. es que esa isla está en muy mal sitio, y que te coronen es un regalo envenenado. aunque supongo que la impresión que tuvo que llevarse Caterina al llegar tuvo que ser impresionante. porque está en muy mal sitio y muy bueno a la vez, en medio de todo, griegos, turcos, italianos...
    madame, muchísimas gracias por su presentación. es usted un sol de persona.

    bisous!!!

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  5. Una gran historia la que nos inaugura hoy... nos ha dejado con ganas de conocer el fin de la historia...

    Saludos,

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  6. Las luchas por el poder han sido siempre duras. Muchos han sucumbido al veneno.
    La historia de Caterina es apasionante y ya veremos en el siguiente capítulo a ver qué pasa, aunque la cosa no pinta bien.
    Besos Madame

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  7. DÍA COMPLICADO. DISCULPEN QUE NO LES RESPONDA INDIVIDUALMENTE. MUCHAS GRACIAS A TODOS. POCO A POCO IRÉ PASANDO POR SUS BLOGS.

    FELIZ DÍA

    BISOUS

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  8. Interesantísima historia la de esta reina veneciana de Chipre, aquel exótico reino fundado por los cruzados...espero con ansias la segunda parte.

    Un beso.

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  9. Siendo tan joven respondió muy bien y sabía lo que se hacía. Curiosa hostoría qde cóm se enredan las cosas. No por mucho planificar salen las cosas mejor.
    Bisous

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  10. Repetidas estas historias de odios y venganzas entre hermanos o hermanastros por el poder, como la de Caterina y su hermano Jacobo. Tener cuatro miembro de la familia que fuesen duques en Venecia no es moco de pavo. Historia interesante la de esta reina de Chipre. Buenas tardas, madame.

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  11. Me encantan estas intrigas de poder que tan magistralmente nos describe, ¡oh, serenísima Madame! ¡Cuánta urdimbre pérfida de odios y revanchas! Bisous.

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  12. La isla de Cghipre siempre ha traído de cabeza a príncpies y países por su dominio. No olvidemos los jaleos entre Grecia y Turquía hasta hace bien poco por intentar dominarla y es que estamos hablando de unos de los enclaves estratégicos más importantes del Mediterráneo.
    Besos

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  13. ¡Qué destinos y cuanto sufrimiento y miedo en cada día! El trono era un volcán. Esa pobre mujer debía irse a dormir con una daga debajo del cojín.
    LLegar a sus aguas, madame, es como leer una gran novela. ¿Qué fue de todos ellos? ¿A dónde irán? Incluso algunas veces pienso, ¿y quién los recuerda? En fin, el tiempo.

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  14. Tiene usted un don, Madame, que también he observado en el amigo Xibeliuss y consiste básicamente en el talento para interrumpir las narraciones justo en el momento en que más rabia me da :D

    Bisous

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  15. Hola, Madame

    Nos presenta una nueva historia, cargada de intrigas palaciegas, ambiciones, destinos truncados, traciones, avaricia, viajes, lujo y ambientes exóticos.

    Seguiré atentamente la evolución de los acontecimientos que promete ser muy interesante.

    Feliz jueves, Madame.

    Bisous.

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  16. Historia cargada de intrigas y ambiciones. Esperaré esa continuación se ha quedado en lo mejor, Madame, seguro.


    Bisous

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  17. Interesantísima esta historia de intrigas y ambiciones. Mientras la leía, recordaba que en la cripta de San Pedro del Vaticano en Roma, hay un sarcófago que recuerda a la reina Carlota (enfrente del de Cristina de Suecia). Lleva una inscripción muy sencilla y fija la fecha de su muerte en 1487. Si tienes interés en tener una foto, te puedo mandar la que yo tengo: no es buenísima, pero no deja de ser un testimonio. Si te apetece, házmelo saber en ibarchico(arroba) hotmail.com.
    Beso su mano habilísima, madame.

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  18. Como diría una ministra: la isla tiene interés geoestratégico.

    Es una cosa nefasta que un lugar esté en zona apetecible porque conocerá sobresaltos sinfin. Ya veremos como acaba la pobre criatura, me temo lo peor.

    Bisous y buenas noches.

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  19. Qué interesante saber parte de la historia de esta isla, tan próxima y lejana a la vez. Beso su mano y quedo a la espera del desenlace.

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  20. Estaba hoy repasando un precioso libro "De plata las herraduras" de Ignacio Saez Boil en el que afirma que Ricardo Corazón de León en su entrada triunfal en Chipre lo hizo sobre un caballo español.
    Gracias por estas, para mí, desconocidas historias de las pequeñas islas del Mediterráneo.

    Buenas noches, bisous.

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  21. ¡Qué blog tan interesante! El texto y las imágenes también. Me pasaré de vez en cuando para aprender muchas más cosas sobre la Historia moderna.
    Saludos ;)

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  22. Cuatro años esperando su destino y para que Venecia tire la casa por la ventana al llegar la edad adecuada
    Veremos como continua esta enigmatica historia madame
    Un abrazo

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)