miércoles, 18 de enero de 2012

Secretos de belleza en la antigua Roma

Vanidad - Guillaume Seignac

El uso de cosméticos en la antigua Roma no era exclusivamente femenino. También los hombres recurrían a ellos para mejorar su aspecto, si bien la sociedad más conservadora solo consideraba aceptable el empleo de perfumes y la depilación. Un esfuerzo excesivo por mejorar el aspecto, habría provocado que un hombre cayera en el ridículo durante la época de la República. No obstante, eran muchos los que se maquillaban, se peinaban y cuidaban su cuerpo con baños y masajes, preocupados por la estética casi hasta la obsesión. 

Quitarse demasiado vello se consideraba afeminado, pero lucirlo en todo su esplendor resultaba demasiado rústico para el gusto romano. Había que encontrar, pues, un término medio. Para la depilación se utilizaba pasta de resina o piedra pómez. Las ancianas, por cierto, no se depilaban: esto se hubiera considerado ridículo, puesto que se veía fundamentalmente como una preparación con connotaciones sexuales. 

En el siglo III a. C. algunos romanos comenzaron a afeitarse la barba, aunque la práctica no se generalizó hasta que Escipión el Africano lo puso de moda a comienzos del siglo II a. C. Las clases más humildes no siempre seguían la moda. Esto era lógico teniendo en cuenta que un romano consideraba muy difícil afeitarse por sí mismo, y lo normal era acudir a las barberías que podían encontrarse por toda la ciudad. En el Imperio Romano, los servicios de peluquería corrían a cargo del tonsor, entre cuyos cometidos figuraba el corte del pelo, la barba y el afeitado. La tonstrina, es decir la habitación del barbero, era un auténtico centro de cotilleo

El Frigidarium -Alma Tadema

Había multitud de demandas judiciales contra los barberos a causa de accidentes causados en el ejercicio de su profesión. Marcial recuerda a los transeúntes el peligro que un tensor puede entrañar: 

“Aquel que aún no quiera descender al mundo de los muertos, que evite al barbero Antíoco… estas cicatrices en mi barbilla, si podéis contarlas, pueden parecer las de la cara de un boxeador, pero no se produjeron así, ni tampoco por las garras de una esposa enfurecida, sino por la maldita navaja y la mano de Antíoco. La cabra es el único animal sensato: al conservar su barba, consigue vivir escapando a Antíoco”. 

Para el afeitado se empleaban jabones rudimentarios o de aceite, pero al acabar el trabajo solo se aplicaba agua, servida en aguamaniles de plata. El propio Marcial menciona también a una mujer que ejercía el oficio de barbero, aunque no tenía buena reputación. 

Llevar pantalones, por supuesto, era una vergüenza, algo propio de los bárbaros. En el año 397 el emperador Honorio decretó penas muy severas para los hombres que osaran aparecen en pantalones en la “venerable ciudad” de Roma. 

Las termas de Caracalla - Alma Tadema

Las termas romanas eran baños públicos con estancias dedicadas a actividades gimnásticas y de tipo lúdico, por lo que se consideraban al mismo tiempo centros de reunión para la gente que no podía permitirse tener baño en casa. Eran tan populares que en Roma se edificaron los de Caracalla, con capacidad para 1.600 personas, y los baños termales de Diocleciano, que podían albergar a 3.000. En el siglo IV había 900 en la ciudad. 

Cuando Julio César regresó de sus campañas y trajo consigo unos esclavos que causaron sensación en Roma debido al color de su piel y sus cabellos, entre las romanas se puso de moda ser rubia. Pronto comenzaron a circular toda clase de fórmulas y ungüentos para aclarar la piel y teñir el cabello, algo que anteriormente solo hacían las prostitutas. Las romanas más acaudaladas rociaban sus cabellos con oro en polvo, o se teñían con un cosmético que importaban de la Galia, mientras que las clases más humildes tenían que conformarse con agua de potasio, flores amarillas y otros mejunjes bastante abrasivos. Una solución era el empleo de pelucas elaboradas a base del cabello que se les cortaba a los esclavos galos. 

Los hombres llevaban el cabello corto y solían sujetarlo con una cinta. Las mujeres elegían entre una amplia variedad de peinados: podían dejar caer su cabello rizado, en forma de tirabuzón o ligeramente ondulado, o bien recogerlo en moños sobre la nuca, envueltos con redecillas y cintas. 

Tocador de una matrona romana - Juan Giménez Martín

Para las romanas era muy importante tener la piel blanca y suave, aunque con las mejillas un poco sonrosadas. A tal efecto usaban extractos de limón, rosa y jazmín, y para las arruga, cera de abejas, aceite de oliva y agua de rosas, o bien grasa de cisne o goma arábiga. Para el colorete empleaban diversas sustancias, sin importarles el peligro que entrañaba que algunas de ellas fueran venenosas. La más cara y apreciada era un ocre rojo importado de Bélgica. Además blanqueaban sus dientes con piedra pómez en polvo, y los había postizos, hechos de hueso, pasta y marfil. 

Frecuentemente se aplicaban mascarillas de belleza antes del maquillaje. Los baños en leche de burra eran un tratamiento muy caro que funcionaba como exfoliante y fueron utilizados por Cleopatra y Popea Sabina. Después del baño se aplicaban un blanqueador facial, como por ejemplo polvo de tiza, estiércol de cocodrilo o albayalde. También era popular la cera de abeja, el aceite de oliva, agua de rosas o azafrán. No les gustaban las pecas, que trataban con ceniza de caracol, y detestaban cualquier clase de marca en la piel. 

Ya se conocía la cirugía estética. Intentaban minimizar y ocultar las cicatrices con parches de alumbre, pero contaban con un método quirúrgico para eliminarlas. Para un hombre eran especialmente vergonzosas las de la espalda, por sugerir que había dado la espalda en batalla o que había recibido azotes como esclavo. En el siglo I se operaba la nariz, ojos, labios y dentadura. La operación de nariz era demandada por mujeres adúlteras y ladrones que habían sufrido como castigo la amputación del apéndice nasal. 

La toilette de una dama romana - Simeon Solomon

Las mujeres se aplicaban los cosméticos en privado, normalmente en una pequeña habitación cuya entrada estaba vedada a los hombres. Había esclavos cuyo cometido era ocuparse de las cuestiones de tocador. Eran los llamados cosmetriae, mientras que las ornatrices eran esclavas y libertas que ejercían como camareras o doncellas especializadas en el peinado y aderezo personal. La formación de los cosmetraiae corría a cargo de maestros cualificados. 

Los cosméticos, o más propiamente el uso excesivo de los mismos, se consideraba inmoral y estaba especialmente asociado a las prostitutas. Según Juvenal, “una mujer compra perfumes y lociones con el adulterio en mente”. Lo correcto era utilizar poco maquillaje, justo lo necesario para realzar la belleza natural, pues el uso de cosméticos se veía como una maniobra para engañar y manipular a los hombres. Las vestales, por supuesto, no debían utilizar maquillaje, puesto que tenían que parecer siempre castas. 

Cuando las romanas salían, debían llevar la cabeza cubierta. Hay una historia sobre un romano excesivamente conservador en tiempos de la República que se divorció de su esposa porque había sido vista en público con la cabeza descubierta. Alegó que su belleza era para contemplarla él, y no todo el mundo. 

Las mujeres utilizaban abundantes cantidades de perfume, puesto que se creía que oler bien era señal de buena salud, protegiendo contra la fiebre y la indigestión. En los hombres se consideraba impropio, aunque algunos también se perfumaban. Contaban incluso con desodorantes elaborados a base de alumbre, lirios y pétalos de rosa. 

El collar de flores - François Edouard Zier

Los espejos en la Antigua Roma eran sobre todo de mano y de metal pulido, aunque también los había más grandes para colocar en la pared. Pero pasar demasiado tiempo delante del espejo denotaba debilidad de carácter

Los ojos considerados hermosos tenían que ser grandes y bordeados de largas pestañas. Plinio el Viejo escribió que las pestañas se caían con el abuso del sexo, de modo que era importante para una mujer mantenerlas largas para demostrar su castidad. Se aplicaban kohl con un palillo redondo de marfil, hueso o madera. Este palillo se mojaba en aceite o en agua antes de utilizarlo para aplicarse el kohl, que venía en tubos con compartimentos para almacenar varios colores. También podían sombrear los párpados con la venenosa malaquita para obtener el color verde o la azurita para el azul. 

Las cejas más apreciadas eran oscuras y muy juntas, casi unidas. Las maquillaban para conseguir ese efecto, pero en el siglo I a. C. comenzaron a depilarlas. No hay pruebas de que demuestren el uso del la pintura labial, pero sí de un tinte rojo para las uñas. 

La vendedora de flores - John William Godward

El maquillaje solía venir en tabletas y se vendía en los mercados. Existían también tiendas especializadas en la venta de cosméticos que recibían el nombre del vendedor. Una de las más populares era la del pigmentarius, pero también estaba el ungüentarius y el farmacopola

Las romanas más acaudaladas compraban unos cosméticos muy caros que venían en recipientes de oro, madera, cristal o hueso. De hecho, algunos productos tenían precios tan prohibitivos que la Lex Oppia intentó limitar su uso en el 189 a. C. El tocador de una mujer elegante estaba lleno de hileras de pequeños frascos contenedores de toda clase de remedios de belleza que a veces no resistían el calor o la lluvia. Encontramos al respecto estas poco galantes palabras de Marcial: “el colorete de Sabella teme al sol”

Algunas señoras se cargaban de una enorme cantidad de joyas, fuera apropiado o no a la ocasión. Se apreciaban especialmente las perlas y las esmeraldas, pero no los diamantes, puesto que aún no se había descubierto el modo de tallarlos y pulirlos. 

Como curiosidad, el sudor de los gladiadores se consideraba un poderoso afrodisíaco además de un tratamiento de belleza para mejorar la piel, y se vendía como souvenir en puestos situados en el exterior del circo. ¡Era carísimo! 



Fuentes:
El trabajo en la Hispania romana - Juan Francisco Rodríguez Neila 
alasparavivir.com.ar/notas/bellezanatural012.php
Life in ancient Rome - Frank Richard Cowell 
en.wikipedia.org/wiki/Cosmetics_in_Ancient_Rome
ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1289586/pdf/jrsocmed00212-0059.pdf
refineriadecaballeros.wordpress.com/2008/10/20/imperio-romano-la-barberia-i-2/
refineriadecaballeros.wordpress.com/2008/10/21/imperio-romano-la-barberia-iv/ 
/lasmilrespuestas.blogspot.com/2009/11/curiosidades-sobre-la-cirugia-plastica.html
fr.wikipedia.org/wiki/Histoire_de_la_chirurgie 
legionxxiv.org/gladiatorarena/
telva.com/2008/04/23/estarguapaespeciales/1208942444.html

28 comentarios:

  1. Vaya, vaya, aunque soy poco hablador cuando estoy en la peluquería, sí escucho y salvo las inevitables y odiosas charlas sobre fútbol, no crea que han cambiado tanto las conversaciones en ella. Y sobre los potingues: qué asco querer blanquearse la piel con cacas de cocodrilo, que además debían ser carísimas por escasas. De las cenizas de caracol no diré nada por que me entra la risa…
    Muy entretenido. Beso su mano.

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  2. La vanidad ¿es acaso una virtud o un pecado?
    Casi todo ahora es como antes. La pelu sigue siendo centro de cotilleo y las revistas de corazón ayudan a ello. Los “metrosexuales” son muy actuales. Menos mal que tenemos cuarto de baño lo que evita la incomodidad de hacerlo con con 3.000 más aunque sería divertido.
    Mire que comprar sudor, será que al olerlo te quedabas anestesiado. De haber existido las pestañas postizas te dejaban fuera de cualquier sospecha.
    En la moda de usar pantalones hemos avanzado porque los llevamos también las féminas. Toda una conquista
    Me encantan estos post tan didácticos de usos y costumbres.
    Bisous y buenas noches

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  3. MONSIEUR DLT, menos mal que ahora no mortifican a los pobres barberos con críticas como la de Marcial, porque sería como para cerrar el negocio, y ya con la crisis tenemos bastante.

    Estoy de acuerdo con usted en el asquito que dan algunos ingredientes. Yo prefería tener la cara verde y quedarme con ella, francamente.

    MADAME KATY, todo en su justa medida, como proponían los romanos. Mirarse un poco al espejo sí, pero no pasarse el día contemplándose.
    Lo del sudor de gladiador, es que eran unos sex-symbol de la época. A las romanas las ponían mucho. Eso del sudor las dejaba extasiadas.

    Buenas noches

    Bisous

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  4. Pues en las termas era uno de los pocos lugares donde las mujeres de la antigüedad se sentían más libres, además de ser centro de reunión social, higiene y relax; vamos, como los spa de ahora. Un abrazo, madame.

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  5. Bueno, si ahora nos bañamos todos juntos en las playas, por qué no en las termas y así a mogollón? Debía de ser entretenido, sí.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  6. Excelentísima entrada querida amiga; la historia contada como tú la cuentas, es una verdadera máquina del tiempo que nadie se perdería ingresar.

    Un gran abrazo

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  7. Enciclopédica entrada referente a esas costumbres romanas. La mayoría no tenía ni idea.

    Ha sido un placer descubrirlas de su mano, como siempre tan amena.

    Besos y abrazos.

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  8. Son innegables los avances de la industria cosmética, pero la preocupación de las personas por aparecer ante el otro y ante sí mismos de lo más atractivos, es tan antiguo como la existencia humana. ¡Cuántos perfiles de la condición humana nos desvela cada día, Madame!

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  9. Así que el sudor de los gladiadores se vendía y era caro. Me imagino que en esto como en otras cosas -no hay que olvidar que somos en muchos aspectos romanos- habría picaresca y fraude y vaya usted a saber si el sudor era de un gladiador o de un esclavo sometido a trabajos extenuantes o de alguna yegua como en la película "Golfus de Roma".
    Un saludo.

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  10. quien lo iba decir! ya habia metrosexuales en la era romana y cirugia estética, no quiero pensar en los desastres que se harian a veces. me ha gustado el reportaje, como siempre.
    Un cordial saludo!!

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  11. tengo alguna duda, madame. ¿cómo puede Marcial decir que tiene cara de boxeador? ¿había boxeadores entonces? ¿quién era Plinio el viejo como para sentar cátedra en cuanto a usos y costumbres y casi como médico?
    y lo de los pantalones... qué bueno. y las operaciones... habría que verlas. y lo de que quien mucho se maquilla... algo busca... ay.
    madame, la felicito por el artículo. qué currazo.

    bisous!!

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  12. le contesto por aquí: que no soy yo! que es Kamilovic, madame!!
    y si, hoy es jueves. aunque yo también tengo la sensación de que es un jueves un poco... no sé. un poco lunes.
    en francés vale todo, claro. y porque no lo pone en alemán... que si no... :)
    bisous!!

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  13. Muchas gracias, MONSIEUR DRAC. Sería realmente un placer poder darse una vuelta por esos puestos callejeros, y pasar por delante de una de las barberías para poder palpar el ambiente.

    MONSIEUR LORENZO, muchas gracias por la visita y por su amable opinión.

    MONSIEUR FRANCISCO, siempre hemos sido coquetos, no importa los siglos que pasen. Cambian las modas, pero no ese afán por mejorar el look.

    MONSIEUR CAYETANO, seguro que más de uno fue estafado, y a saber qué habría estado empleando como afrodisíaco. Hubiera sido curioso descubrirlo.

    MADAME FAWN, al final vemos que todos seguimos siendo romanos. Con pantalones bárbaros, eso sí, pero en esencia bastante romanos.

    MONSIEUR KARPOV, no solo los había, sino que no se imagina cómo boxeaban. Acabo de pasarle un link al respecto.
    Oiga, eso de que en francés vale todo... No sé, voy a pedir un préstamo en francés, a ver si así.



    Feliz tarde a todos y muchas gracias

    Bisous

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  14. Wow Madame, me da un poco de repelús eso de pensar en depilarse con piedra pómez, aunque ya se sabe que en cuestión de vellos hemos sido sufridos durante muuuchos siglos.

    Me hace gracia que ya entonces las barberías (igual que las peluquerías hoy) fuesen consideradas centro de cotilleos; hay cosas que no cambian.

    Veo que en aquellos tiempos, como en mi querido período decimonónico, se estilaba la piel blanca con las mejillas sonrosadas. Lo que entonces se conseguía con arrebol en la antigua Roma lo lograban con ocre rojo, por ejemplo.

    Miedo me da pensar en lo rudimentario de las cirujías de aquel tiempo, si ya las de ahora me ponen los pelos de punta.

    He disfrutado mucho con esta entrada, Madame, siempre me encanta aprender cosas nuevas.

    Bisous.

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  15. no me quiero ni imaginar como serían aquellas rinoplástias a lo vivo sin anestesia... lo del estiercol de cocodrilo tras el baño también tiene su gracia, pero sin duda se lleva la palma lo del sudor de gladiador me imagino el slogan "huela a tigre y siéntase como tal"

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  16. Hola Madame:

    Buena recopilación de las costumbres romanas.

    Me dio risa sobre que las barbería eran centro de cotilleo ;D.

    Y lo del sudor de los gladiadores...mejor no hablo.

    Pintarse el pelo parece una moda que no pasa nunca.

    Saludos Madame

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  17. Cuántas inspiraciones para cuantas y tantas historias que pueden leerse en estos romanos maquillajes. No hemos cambiado tanto.
    Marcial. El único. Del peloteo más casposo hasta la daga más afilada.
    Buen jueves, madame.

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  18. MADAME AKASHA, a veces una tiene la impresión de que todo lo habían inventado ya los romanos. Era un poco más incómodo, sí, pero el germen ya estaba ahí.
    Muchas gracias, madame.

    MONSIEUR JOSE LUIS, prefiero no imaginar siquiera a qué olería aquello en estado puro, pero tenía que ser realmente espantoso. Lo que son los gustos!

    MONSIEUR MANUEL, parece que en esos lugares se llevaban a cabo muchos asuntos y tejemanejes, búsqueda de influencias y contactos, intrigas políticas y de todo un poco, algo así como en nuestra pequeña corte, jiji.

    MONSIEUR IGOR, una siempre tiene esa impresión cuando da un paseo por la antigua Roma: no hemos cambiado tanto. En esencia seguimos teniendo mucho de romanos.

    Buenas noches a todos

    Bisous

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  19. Madame, por lo visto no se ahorraban gastos con tal de aparentar belleza y juventud - como ahora-;en cunato al sudor de gladiador, me gustaría saber por lso medios mecánicos para envasarlo. El gladiador luchaba como un brazo de mar, mientras los goterones caían en algún recipiente. Difícil lo veo. Casi que sería alguna sustancia extraída de los machos de otras especies, de sus partes pudendas quizás (por lo de las feromonas)

    En fin, cualquier sacrificio es poco todo con tal de mantener la belleza.

    Buenas noches y bisous.

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  20. Ay, MADAME AMALTEA, qué asco, por dios! Nos lo pone usted peor aún. Yo que ya me los imaginaba retorciendo los paños con los que se secaban el sudor! La alternativa que usted propone, mucho más lógica por otra parte, es terrorífica.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  21. No me disgustan los cánones de estética de la vieja Roma, aunque no me veo perfilando el vello a base de piedra pomez.

    Me quedo por aquí, me ha parecido realmente interesante tu espacio.

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  22. Monsieur, todo es ponerse. Seguro que se acostumbraba usted.

    Muchas gracias y sea bienvenido al tablero. Lo esperamos siempre por aquí.

    Feliz fin de semana

    Bisous

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  23. Uno de mis pasatiempos favoritos, en mis tiempos de estudiante de Historia del Arte, era poder averiguar la periodización de un busto por el peinado o la barba. Recuerdo los tocados de apretados rizos y complicados recogidos de algunas matronas romanas, de los que tenía dudas si eran naturales o artificales. O el gusto de los caballeros por dejarse barba o quitársela según la moda y usos de su emperador.
    Por cierto, madame, dice usted que las ancianas no se depilaban porque se consideraba un acto de preparación sexual, pero conociendo la depravación de algunas no diría yo que algunas lo hicieran...
    Besitos

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  24. jiji, seguramente sí, madame, aunque el hecho de depilarse equivalía a delatarse, así que no sé.

    Buenas noches

    Bisous

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  25. Buenas tardes, madame, una muy curiosa e instructiva página la de hoy, me ha gustado la descriccion de estes usos estéticos precursores de los actuales...., muy curioso lo del sudor de los gladiadores; y lo de las barberias centro de cotilleo... tan actuales en las peluquerias de hoy.... nada hay nuevo bajo el sol.
    buenas y saludos,

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  26. Buenas noches, madame Ana. Cuánto tiempo sin verla. Espero que su ausencia no se debiera a motivos desagradables, sino solo a esa falta de tiempo que suele acuciarnos.

    Y es muy cierto que no hay nada nuevo bajo el sol. Las antiguas civilizaciones ya lo habían inventado casi todo, al parecer!

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  27. Pues que de cosas! como cambia todo. Me llama la atencion que antes los cuidados de maquillje y perfume eran de las protitutas o por lo menos, mal vistos, y sin embargo eso fue lo que adoptamos paultinamente hst el dia de hoy, la mayoria de las chicas. Y con respecto al baño y la limpieza, los romanos eran mas limpios que los del medioevo, y que justamente la industria de los perfumes florece gracias a que querian ocultar que mal olian las gentes. Y eso los de clase acomodada que podian pagar, ni imaginar los que no podian, Dios! Creo que todo ha sido relativo en cad epoca ha habido extremos para conseguir los ideales de belleza que los hombres, con sus preferencias, dictan. Antes eran esos productos pra el rostro, el oro, y otros compuestos. Ahorita son las cirugias y los biopolimeros que se inyectan y que cada vez matan mas mujeres. Nada que ayer como hoy, a tantos siglos de distancia, y las mujeres seguimos baliando al son que tocan los hombres, jajajajaja! Que horror! Un saludo Madame,

    Gabrielle D'Alex

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  28. Parece, madame, que siempre ha tocado sufrir en aras de la belleza, porque algunos de los componentes que llevaban los maquillajes de las romanas eran tóxicos, y lo peor es que lo sabían, pero asumían alegremente el riesgo con tal de parecer más bellas, igual que hoy se meten con tanta ligereza en los quirófanos.
    Lo que está claro, es que siempre ha habido hombres "metrosexuales"!

    Feliz semana, madame

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)