sábado, 14 de enero de 2012

La rebelión de Roberto Curthose


Roberto, el mayor de los hijos de Guillermo el Conquistador, había alcanzado la edad adulta y deseaba asumir las responsabilidades que entendía como suyas. Aunque orgulloso e irreflexivo, Roberto era valiente, generoso hasta el extremo y dotado de buen corazón. Los normandos a los que había gobernado en ausencia de su padre lo amaban, y como sabían que Guillermo había prometido entregarle el ducado si él conquistaba la corona inglesa, lo consideraban ya su señor. 

Roberto se sintió humillado cuando el rey, a su regreso, tomó las riendas del gobierno y lo redujo a la posición de simple súbdito. Cuando el joven reclamó a su padre el cumplimiento de su promesa, el rey se negó y respondió que solo heredaría Normandía a su muerte

El primogénito tenía otro motivo más para posicionarse contra su padre: la heredera del condado de Maine, con la que le habían prometido de niño, murió sin haber superado la infancia, y a su muerte Guillermo se había anexionado el territorio que constituía la dote, unas tierras que Roberto reclamaba para sí. 

Matilde adoraba a este hijo sobre todas las cosas, pero a su padre no le inspiraba más que indiferencia, o incluso desprecio. Lo llamaba despectivamente “Curthose”, que significa “calzas cortas, porque Roberto no tenía las piernas largas de los normandos. Se parecía a su madre; carecía del porte y la estatura de un vikingo, y tampoco en su carácter se veía reflejado el Conquistador. Tal pareciera que ese hijo fuera para él una decepción, y era evidente que prefería a Rufo. 


La reina, desgarrada por esa cruel disputa, trató por todos los medios de reconciliarlos a ambos. Logró concertar una entrevista en la que deberían resolver sus diferencias, pero no fue posible. Cuando Guillermo pidió a su hijo que fuera obediente y no prestara oídos a malos consejos, la respuesta de Roberto contuvo más insolencia que prudencia: 

—Estoy aquí para reclamar mis derechos, y no para escuchar sermones. ¿Acaso no me pertenece el condado de Maine? ¿Y no me prometisteis vos mismo, hace tiempo, la investidura de Normandía? 

—Sabed, hijo, que no tengo intención de despojarme de la ropa hasta que me acueste. Normandía es mi patrimonio, y a Inglaterra la gané con mi espada. Juro que mientras viva ningún poder sobre la tierra me obligará a dividir mi autoridad, ni siquiera con mi primogénito, pues escrito está en los Evangelios que un reino dividido contra sí mismo, no prevalece. 

—Cierto, señor. Y también está escrito en el libro sagrado que no se debe confiar en los reyes. Pero el duque de Normandía tiene mala memoria para las verdades que no le agradan. Sin duda habéis olvidado que las buenas gentes de Mans se rindieron a vuestra espada a condición de que el condado de Maine fuera mío. Tampoco os resulta conveniente recordar que Felipe de Francia consintió en no arrebataros Normandía durante vuestra expedición a Inglaterra solo porque a vuestro regreso ibais a poner la corona ducal sobre mi cabeza. Sin embargo, ya que mi real padre encuentra conveniente romper la palabra dada a sus vasallos y a su heredero, abandonaré inmediatamente Normandía y buscaré en el extranjero la justicia que no puedo obtener aquí.


Roberto se dirigió entonces a la corte de su tío de Flandes, donde comenzó a organizar la rebelión. Pero, a pesar de que contaba con el apoyo del rey de Francia, apenas disponía de medios con los que enfrentarse a su poderoso padre. Viendo su situación desesperada, solicitaba repetidamente a su madre que le proporcionara alguna ayuda. Matilde, en secreto, le envió dinero. Cuando se le acabó, se despojó de sus joyas para seguir sosteniendo a su hijo. 

Roger de Beaumont descubrió que Robert se armaba contra su padre con la ayuda de la reina, y rápidamente despachó un correo para advertir su señor. Guillermo se encontraba por entonces en Inglaterra con su hijo Rufus. Se negó a dar crédito a las noticias. No lo ccreyó hasta que, al desembarcar en Normandía, interceptó a Sampson, el agente de Matilde. 

La entrevista entre ambos esposos fue dramática. Guillermo la cubrió de amargos reproches. 


—La más brillante entre mis joyas ha atravesado mi corazón con el dardo mortal de la traición. Ha engañado a su esposo y destruido su hogar. Mi esposa, tesoro de mi alma, a quien había confiado mi fortuna, mi corona, mi grandeza, mi todo. Ella ha apoyado la perfidia de mi hijo rebelde, lo ha ayudado a levantar la espada contra su propio padre. 

—Mi señor, lejos de mí causaros algún mal, pero cuando despreciáis a nuestro primogénito y le priváis de sus legítimos derechos, sois vos mismo quien lo empujáis. Y él es mi hijo, y aunque yo lo maldijera por sus actos, aun así lo socorrería en la necesidad. Lo amo tanto que por él me enfrentaría a cualquier peligro, haría lo que fuera. Si Roberto yaciera en su tumba y yo pudiera recuperarlo ofreciendo mi sangre a cambio, toda la derramaría por devolverle la vida. 

A los reproches de Guillermo, Matilde respondía con lágrimas, hasta terminar por conmover su corazón. El rey no castigó a su esposa, a la que siguió amando, sino que desahogó su furor ordenando que sacaran los ojos a Sampson. No se cumplió, sin embargo, el castigo del servidor, puesto que la reina le facilitó la huida haciendo que buscara refugio en un monasterio que se encontraba bajo su patronazgo. 


Roberto dio muestras de gran valor y habilidad militar, pero también de un exacerbado espíritu caballeresco bastante alejado de la mentalidad de su padre. En una ocasión en la que se encontró frente a frente con él en el campo de batalla, el joven desmontó a un jinete y le hirió en el brazo con su lanza. Entonces oyó que el herido gritaba: 

—¡Al rescate, mis vasallos! ¡Por el esplendor de Dios! ¿Dejaréis abandonado a vuestro duque? 

Curthose supo así, lleno de horror, quién era el caballero al que había derribado. Rápidamente arrojó su lanza, desmontó, corrió hacia él y, levantándolo del suelo, lo sentó en su propio caballo para conducirlo a un lugar retirado, a salvo del fragor de la batalla. Allí se postró de rodillas y le pidió perdón por lo sucedido. 

Pero Guillermo, que jamás había sufrido tamaña humillación, estaba demasiado irritado. No podía asimilar que hubiera sido vencido por su propio hijo. De pronto se sintió viejo, y no le agradó la sensación. El Conquistador maldijo a su primogénito, levantó el sitio y se retiró a Ruan. 


Roberto, convencido de que nunca podría ganar la estima ni la admiración de su padre, acabó por abandonar sus dominios y fijar su residencia en la corte de Francia. 

Las tremendas disensiones entre padre e hijo causaban a la reina una pena inmensa, y su corazón terminó de partirse. Hizo un último intento por procurar una reconciliación, pero sin más éxito que las veces anteriores. Sintiéndose enferma y muy cansada, la reina se acostó en el que sería su lecho de muerte. 

Al tener noticias de que su estado revestía gravedad, Guillermo regresó a toda prisa a Normandía, y llegó a tiempo de recoger su último suspiro el 2 de noviembre de 1083. 

La muerte de Matilde causó una profunda pena en su esposo. Lloró amargamente su pérdida, y, según las crónicas, como los consejos de la reina “habían atemperado más de una vez la severa y cruel disposición del Conquistador hacia sus súbditos ingleses y lo inclinaron a la clemencia, después de su muerte Guillermo se entregó por completo a su naturaleza tiránica”. 


Los restos de la reina Matilde fueron depositados en la abadía de la Santa Trinidad de Caen, que ella había erigido. El rey mandó construir un hermoso monumento en su memoria, con un epitafio en versos latinos con letras de oro, pero esa magnífica muestra del amor del Conquistador por su esposa fue arrasado durante las guerras de religión que asolaron Francia en el siglo XVI. Un grupo de hugonotes entró en el monasterio e hizo pedazos la estatua de Matilde; abrieron el sepulcro y arrancaron del cadáver de la reina un valioso anillo de oro, que, sin embargo, posteriormente fue devuelto a la abadesa. Antes de cometer esta tropelía, habían irrumpido en la llamada abadía de los hombres, en la misma ciudad, destruyendo la tumba del Conquistador. En la esperanza de descubrir valiosos tesoros, abrieron el féretro y esparcieron los huesos por la capilla. 

Sic transit gloria mundi.

28 comentarios:

  1. Es lamentable que un padre y un hijo lleguen al enfrentamiento; pero no es nada raro porque por mucho menos vemos hoy a familias enteras enfrentadas. Al menos allí se jugaban el poder y reinos enteros, no un puñado de euros.
    A quien no hay que culpar es a Matilde, que se portó como lo hace una auténtica madre. Por un hijo se da todo.
    Un saludo.

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  2. Ahí estamos. No hay más que ver las peleas por una herencia que sigue habiendo hoy día, y por herencias miserables muchas veces. Hoy, por fortuna, se limitan a llevarse ante los tribunales, pero antes se hacían la guerra.
    En cuanto a Matilde, yo creo que estaba claro qué partido tomaría una madre, sí.

    Feliz fin de semana, monsieur

    Bisous

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  3. No es la primera vez ni la última que padre e hijo se enfrentan por el trono, y es que la ambición, el deseo de triunfo y estar en lo más alto hace que no se tenga en cuenta ni los lazos de sangre. Muy desagradable la historia, a pesar de los esfuerzos de la madre por reconciliarlos. Buen sábado, Madame. Bisous.

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  4. Guillermo y Matilde era un amor que mataba...

    El amor de Matilde se dividió, como padre e hijo se pelearon...

    Una historia emocionante madame, aunque triste los saqueos de las tumbas.

    Besos

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  5. Ya ve, monsieur Paco, que aunque llegaron a tenerlo todo, el final de la historia no fue feliz.

    Feliz tarde para usted

    Bisous

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  6. Monsieur Manuel, esa pugna arruinó la salud de Matilde y precipitó su final. Pero al menos el balance de su vida no debió de ser malo. Tuvo años felices.

    Feliz tarde, monsieur

    Bisous

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  7. Un drama familiar al que no le falta de nada. Triunfó el amor entre los esposos, cosa que en esa época no era lo habitual.
    De haber existido psiconalistas, habrían hallado un auténtico filón con los conflictos de poder y las rivalidades familiares. Claro que entonces Freud, se habría tenido que dedicar a la cría de la cochinilla.

    Buenas tardes y bisous.

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  8. Un final digno de ser pintado por Valdés Leal. Uf, la historia de esta pareja, más con las trifulcas con su hijo, me ha dejado casi con mal cuerpo.

    Feliz tarde, Madame

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  9. De la lamentable actitud entre el padre y su primogénito poco puedo decir, pero encima Matilde, afligida en vida por ese enfrentamiento, a la pobre tampoco la dejaron en paz despues de muerta. Entre fanáticos destructores y buscadores de tesoros ni tranquilo se puede uno quedar después de muerto. Un espupendo remate su texto de hoy a este trozo de la historia. Beso su mano.

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  10. Tan apasionante como sorprendente. Vencido el padre, no es capaz de reconocer los dotes del hijo, ¡ay!.
    Una pregunta de sábado quería hacerle, madame. Es sobre esos buenos diálogos, con música medieval. ¿Son suyos? ¿Son de alguna obra de teatro? En fin, perdone tanta curiosidad.
    Buen fin de semana.

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  11. MADAME AMALTEA, el caso es que la historia de sus sucesores no fue precisamente menos movidita, sino que está plagada de episodios similares. Supongo que iba en los genes!


    MONSIEUR XIBELIUSS, espero que al menos no estuviera haciendo usted la digestión. No me sorprende que le haya sugerido algo tan tétrico.


    MONSIEUR DLT, muchas gracias. Al final, por muchas abadías y monumentos que uno construya, tarde o temprano llega una revolución y todo se lo lleva el viento. Excepto, eso sí, el recuerdo.


    MONSIEUR IGOR, no, los diálogos no son de una obra de teatro. Básicamente es el contenido que recogen las crónicas y fuentes consultadas. Me he permitido algunas libertades, pero no tantas como cuando escribo ficción. En general me he ajustado bastante. Como detalle curioso, le diré que "por el esplendor de Dios" era realmente el juramento favorito del Conquistador.

    Buenas noches a todos

    Bisous

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  12. Trágica historia, un padre y su hijo enfrentados a muerte, conspirando y arruinando la vida de su madre y esposa.
    Lamentables resultados de ambiciones y deseos de poder.
    Un beso.

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  13. Una historia que se repetiría muchas veces en la misma familia. No sería la única vez que Roberto empuñaba las armas contra uno de sus parientes.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

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  14. La historia recuerda un poco a la trama de La Vida es Sueño, Roberto apunta muchas de las cualidades del príncipe Segismundo. Pobre Matilde con ambos tirando de ella en direcciones opuestas.

    Bisous, Madame

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  15. Con un final muy distinto al de Segismundo, madame: a Roberto nadie le dejará el trono, y eso a pesar de ser el primogénito.

    Buenas noches

    Bisous

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  16. La irreconciliable disputa familiar tuvo como unico fin amargarle la existencia a la unica mujer amada por ambos bandos . Menuda fechoria hicieron los hugonotes madame !
    Un abrazo y buen domingo

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  17. El conquistador nunca logro superar su complejo de bastardo y se lo cobro en forma de venganzas, tirania y crueldad. Matilde de Flandes tampoco era Heidi por lo visto, pero tenia mejor madera que el marido.

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  18. Madame,
    Gracias. Sentía mucha curiosidad. No sé cómo tiene tant buen acceso a tantas crónicas distintas.
    Lo que sí sé es que los diálogos tienen mucha vida y esa manera de hablar...
    "Por el esplendor de Dios".
    Me parece magnífico.

    Uno, aprendiendo del pasado.
    Buen domingo.

    PD: a veces alternando navegadores se solucionan problemas bloggers. Mozilla va mal pero carga rápido, Internet Explorer permite filiaciones pero es lento...

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  19. MONSIEUR LUTHER, No se imagina lo que fue para el reino esas desastrosas guerras civiles de religión que dejaron un país devastado.

    MADAME ALEJANDRA, ciertamente la esposa no era Heidi, por lo que ya debía de ser el carácter del Conquistador para considerar que ella ejercía una influencia moderadora.

    MONSIEUR IGOR, muchas gracias. Normalmente manejo los blogs con google chrome, que no suele darme problemas. Probaré con los otros cuando vuelva a ocurrirme.

    Feliz domingo

    Bisous

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  20. vaya historia, madame. debe ser tristísimo para una madre ser testigo de la animadversión y crueldad de un padre para con su hijo y, aunque no sé si justificada, viceversa.
    eso acaba con cualquiera.
    excelente relato, como siempre.
    que termine de pasar bien el domingo.

    bisous!

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  21. A veces los padres sueñan las virtudes de los hijos en lugar de aceptarlos tal y como son, y de esos lodos esas figuras quebradizas.

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  22. La ambición y el dinero está siempre detrás de estas tropelías.
    A Matilde tampoco la encuentro yo muy ecúanime. Por mucho amor que le profese a su hijo, (Tenía dos) no era de ley ayudarle con dinero para destrozar a su padre, y al vez esposo por una herencia. ¿Es que no podía esperar a heredar?
    Bisous

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  23. MONSIEUR KARPOV, muchas gracias. A ella le acortó la vida, desde luego. Demasiadas fatigas. Pero pudo haber elegido una vida más tranquila.

    MONSIEUR FRANCISCO, así es. Por lo que se sabe, muchos otros hubieran estado orgullosos de tener a Roberto por hijo, y sin embargo no era lo que el Conquistador esperaba. Ahora bien, yo creo que estaba acertado en su juicio de que nunca sería un buen gobernante.

    MADAME KATY, en realidad Matilde tenía un tercer hijo que, al igual que Rufo, también fue rey de Inglaterra.
    Y el problema de Roberto es que Maine no era la herencia de su padre, sino la dote de su prometida, y que el Conquistador le había prometido dejarle Normandía en vida para así poder centrarse él en Inglaterra, pero luego se echó atrás.

    Buenas noches

    Bisous

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  24. Controvertida existencia la del joven Roberto que, desde temprana edad, sufriú el infortunio en la muerte de su prometida y el desprecio constante de su padre.

    ¿Existe algo más cruel y frío que la batalla incesante entre la sangre de la propia sangre? Difícil situación también la de Matilde, aunque era de esperar que se posicionase de parte del hijo de sus entrañas.

    Al final el calzas cortas vence a su propio padre en batalla; resultaría una humillación, pero yo lo veo para Guillermo una importante cura de humildad (aunque sin efecto).

    Interesante trama, Madame, aunque bastante desoñadora.

    Bisous

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  25. En este relato era frecuente que vinieran a mi cabeza los recuerdos de la historia de amor y odio entre el rey Enrique II, Leonor de Plantagenet y sus hijos. ¿No le recuerdan a usted también, madame? Difícil lo tenía Roberto para ganar a su poderosos padre, con su madre a su vera o sin ella.
    En cuanto a la profanación de tumbas, creo que no es cuestión sólo de Inglaterra, pues en Francia ocurrió lo mismo durante la Revolución Francesa.
    Besos

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  26. MADAME AKASHA, el infortunio de Roberto no habría de ser el único que sufriría. El primogénito tuvo que ver cómo sus hermanos menores se coronaran sucesivamente reyes, sin que él lo consiguiera jamás.

    MADAME CARMEN, así es, como comento más arriba, la historia de los sucesores de Guillermo está plagada de episodios como este. No terminan las peleas de Roberto, que luego serán con sus hermanos; después viene el asunto de Esteban y Matilde y luego el de Enrique II y sus hijos.
    En cuanto a las tumbas profanadas, es que estas se encuentran en Francia, no en Inglaterra. Están en Caen, Normandía, y como digo en el texto, fueron los hugonotes durante las guerras de religión que asolaron Francia.

    Feliz tarde

    Bisous

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    Respuestas
    1. Hola madame

      No solo el infortunio de ver a sus hermanos menores coronarse, sino también sobrevivir a sus propios hijos varones legítimos e ilegítimos y morir en prisión.

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    2. Más que morir, monsieur (que es un momentito), vivir tantos años privado de libertad. Vivir unos 80 años no estaba mal para la Edad Media. No debieron de tratarlo muy mal, ya que fue longevo cuando casi nadie lo era, pero la falta de libertad nunca se lleva bien.

      Feliz domingo

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)