miércoles, 4 de enero de 2012

Estilicón, el General Vándalo


Flavio Estilicón, de madre romana, era hijo de un jefe vándalo que había militado bajo las banderas de Valente. Estilicón se ganó la confianza de Teodosio. El emperador le distinguió hasta el punto de entregarle por esposa a su propia sobrina, Flavia Serena, a la que había adoptado. 

A la muerte de Teodosio a principios del 395, fue su hijo Honorio quien recibió el título de emperador de Occidente. El poeta Claudiano llamó a Honorio Porfirogénito, “nacido en la cámara de la púrpura”, es decir, cuando su padre era ya emperador, mientras que su hermano mayor, Arcadio, había nacido en España, la tierra natal de Teodosio.

A pesar de la grandiosidad de sus títulos, el nuevo emperador era un niño de solo diez años, anémico y enfermizo, destinado a convertirse en un adulto tímido y débil, carente de ambiciones y hasta de pasiones. Junto a él se situaba, protector y dominante, el tutor que Teodosio había designado en su lecho de muerte: su leal servidor y excelente soldado, el general Estilicón, que contaba 35 años por entonces. Alto y solemne, su aspecto era suficiente para infundir todo el respeto que no era capaz de recabar la imagen de un niño sentado en el trono. 

Mientras tanto, aquel mismo año, los godos elegían como rey a Alarico. El rey de los godos se había sentido comprometido por el juramento de fidelidad a Teodosio, pero no se consideraba vinculado a sus sucesores. Alarico rompió el tratado que había firmado con Roma y condujo a sus hombres hacia Tracia. Estilicón acudió a desalojarlo de esos territorios y consiguió rodearlo. De hecho parecía haberse asegurado la victoria cuando el enemigo huyó a través de un paso no vigilado. 


Hacia febrero del 398 el vándalo casaba a su hija María con el emperador, y dos años más tarde era elegido cónsul. Los más aferrados a sus tradiciones entre los romanos tuvieron que aceptar de mala gana que fuera un bárbaro quien tuviera el privilegio de dar nombre al año en curso. Los vientos soplaban favorables para él hasta que de pronto se presentó Alarico al frente de sus hordas en los pasos de los Alpes Julianos, rumbo a Roma. Hacía siglos que su suelo no era hollado por tropas extranjeras, de modo que el asombro fue grande. Los augurios eran inquietantes: en el cielo había aparecido un cometa, y mientras el emperador pasaba revista se decía que vio huir de entre sus filas a dos lobos que fueron muertos y descuartizados. En los vientres de los animales se encontraron dos manos. 

Los senadores sugirieron a Honorio atravesar el Tirreno y fundar una nueva urbe en Cerdeña o en Córcega. En medio del pavor, solo Estilicón parecía mantener la calma, según narra Claudiano. 

—Cesad en esos lamentos —les dijo— que no son propios de hombres. Es verdad que los godos nos han atacado a traición. Pero Roma ha triunfado sobre peligros más graves: los de los galos, los cimbrios y los teutones. Si Roma cayese no quedaría en el mundo, para sus hijos, una patria segura… Marcharé al norte a fin de reunir un ejército para vengar la injuriada majestad de Roma, pero entretanto seguiré participando de vuestra ansiedad, porque dejo entre vosotros a mi mujer, a mis hijos y a este yerno mío, Honorio, que me es más querido que la vida misma. 


A comienzos del 402 marchó contra Alarico, que se había acercado a Turín y asediada la plaza fuerte de Pollenzo. Según Claudiano un veterano aconsejó al godo que no presentara batalla, pero el rey, furioso, le respondió que había oído una voz que le aseguraba que entraría en la plaza. 

Alarico debió seguir el consejo. La batalla que allí se libró constituyó para él una derrota, si bien pudo reorganizar sus maltrechas falanges y retirarse hacia el Véneto. Con toda cortesía, Estilicón le envió allí a la esposa y los hijos del rey de los godos, que habían caído en sus manos. 

En Roma trabajaban mientras tanto a destajo en una nueva muralla que debía reforzar la de Aureliano. Presas del terror, oteaban constantemente el horizonte esperando ver aparecer al ejército godo. El entusiasmo fue indescriptible cuando Estilicón apareció a la vista de las murallas. El general vencedor hizo su entrada triunfal en un carro, sentado junto a Honorio y María. Para celebrar la victoria hubo un gran espectáculo de gladiadores, sin respetar que esa clase de luchas habían sido prohibidas por Constantino casi un siglo antes. Pero entonces se desencadenó la tragedia: un monje llamado Telémaco saltó a la arena para poner fin a tanto derramamiento de sangre, con el resultado de que fue apedreado y muerto por la muchedumbre. 


En el 405 Estilicón fue elegido cónsul por segunda vez, y se le concedió el título de Salvador de la Ciudad. El enemigo en esta ocasión no era Alarico, sino otro jefe bárbaro llamado Radagaiso, en palabras de Orosio, “el más salvaje de todos los enemigos que Roma haya tenido nunca”. Traía un ejército de 200.000 hombres, pero Estilicón consiguió encerrarlo en los valles al pie de Fiésole. No fue preciso entablar batalla; bastaba con dejar al enemigo morir de hambre hasta que solo quedaron unos pocos con vida, demasiado extenuados para combatir. 

Italia parecía por fin liberada de la amenaza de las invasiones, pero ese respiro se había conseguido a base de dejar desguarnecidas las demás provincias del Imperio. Hacia ellas se precipitaban vándalos, suevos, alanos, francos y burgundios, que se iban estableciendo en aquellas tierras. 

En el año 408 moría el emperador de Oriente dejando como sucesor a Teodosio II, un niño de siete años. La tutora del nuevo emperador era su madre, la emperatriz Eudoxia, una princesa de sangre franca. Y entonces tuvo lugar un episodio bastante embarazoso para Estilicón: Alarico se había dirigido a Epiro, provincia de Constantinopla, pero súbitamente se dio la vuelta y envió una embajada a Roma para solicitar una compensación por los gastos hechos en Epiro, “ya que no le habían dejado concluir la empresa”. 

Era obvio, por tanto, que allí había alguien que le había ordenado atacar el territorio y después le había hecho detenerse. 


Estilicón explicó en el senado que el godo, al dirigirse contra Epiro, había creído servir los intereses del emperador Honorio, pero que, como se le había impuesto el cese de las hostilidades, era preciso compensarle. Solo uno de los senadores se levantó para objetar algo: 

—Esto no es paz —dijo—, sino aceptación de la esclavitud. 

Pero apenas pronunciadas estas palabras, corrió a refugiarse en una iglesia cercana mientras la propuesta fue aprobada. Nada se oponía a la voluntad de Estilicón. 

Para entonces su hija María había muerto, pero fue sustituida por la hermana menor, Termancia, como esposa de Honorio. En la cúspide de su poder, las conspiraciones acechaban al general, cuya sangre bárbara nunca y fe arriana nunca habían terminado de ser aceptadas. El emperador preparaba un viaje a Constantinopla para reclamar su derecho a ejercer la tutela del pequeño Teodosio. Estilicón le persuadió para que le enviara a él en su nombre, arguyendo los peligros y el coste de aquel viaje. Olimpio, un cortesano que se había convertido en confidente de Honorio, vio entonces la ocasión de intrigar contra él, insinuando insidiosamente que si el vándalo estaba tan interesado en viajar a Constantinopla era porque quería sentar a su hijo Euquerio en el trono de Oriente. 


Salieron a relucir todas las quejas contra él, la principal de las cuales era su extraño comportamiento con Alarico, con el que parecía practicar un doble juego. Se decía, además, que su esposa había robado una joya del templo de Rea, y que el propio Estilicón se había apoderado de una de las placas de oro del templo de Júpiter. Honorio declaró al general enemigo público de Roma. 

Estilicón nada sospechaba de las maniobras del consejero cuando sus tropas se sublevaron y comenzaron a asesinar a todos sus amigos y partidarios del Tesino. Sus propios generales se volvieron contra él, y se vio obligado a emprender la huida hacia Ravena con un puñado de leales. Olimpio había prometido al godo Saro un buen premio si acababa con la vida del vándalo. Saro aniquiló a su guardia personal, pero se le escapó la presa que perseguía. 

Llegó la orden de arresto. Estilicón se refugió en una iglesia de Ravena, donde no podían entrar los soldados. Al amanecer, el obispo condujo a unos cuantos, desarmados, ante él. Los soldados juraron que la pena dictada contra el general era tan solo la de un confinamiento temporal en un lugar vigilado. Estilicón, convencido, los siguió, pero apenas abandonar el recinto sagrado se le entregó una carta de Honorio en la que “por delitos contra el Estado, le comunicaba la condena a muerte, que había de cumplirse inmediatamente”. 


Un grupo de amigos y de soldados bárbaros se reunía en torno a él. Al escuchar el veredicto desenvainaron las espadas dispuestos a defenderlo, pero Estilicón los detuvo. Entonces, hincando una rodilla en tierra, inclinó la cabeza y se entregó a su destino. 

Fue decapitado el 23 de agosto del 408, tras serle retiradas sus insignias de magister militum. Así terminaba aquel que en palabras de Gibbon fue “el último de los generales romanos”

El verdugo, Heracliano, fue nombrado general en recompensa por el servicio prestado. El hijo de Estilicón, también refugiado en una iglesia, fue asesinado meses después, y la emperatriz Termancia devuelta por Honorio a su madre. Se creó un comité de depuración presidido por Olimpio, con la misión de deshacerse de los funcionarios y oficiales seleccionados por Estilicón. En las guarniciones, los romanos llevaron a cabo matanzas entre los auxiliares bárbaros, sin excluir a las mujeres y los niños. 

Fue una enorme torpeza, porque trajo como consecuencia el que 30.000 soldados bárbaros se pasaran al campo de Alarico, a quien, sin Estilicón para frenar su avance, nada impidió plantarse ante las puertas de Roma. Después de un asedio de dos años, el godo entró en la ciudad. 



Bibliografía: 
Historia de la Edad Media – Indro Montanelli y Roberto Gervaso

19 comentarios:

  1. Hola Madame

    Intrigas, deslealtades, traiciones, amores, desamores, Roma, ... No era nada fácil vivir en aquella época en la que hasta los más poderosos generales tenían problemas para salir airosos ante la envidia, la traición y la deslealtad.

    Por cierto, qué miedo encontrar dentro de las tripas de los lobos, dos manos. Ufff.... se me ponen los pelos de punta.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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  2. No se quienes fueron más bárbaros. Pero la historia siempre se ha escrito así con envidias, ambiciones y luchas por el poder. No conocía esta historia madame.
    Esto es lo que se dice nacer con estrella y morir estrellado.
    Bisous y feliz noche de reyes. Que se porten bien.

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  3. HOLA QUERIDA AMIGA QUE CLÁSICA HISTORIA DE PODER, POR QUE SERÁ QUE EL PODER SE DEVORA A SI MISMO...
    SALUDOS ESTIMADA MADAME

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  4. Qué decir. Siempre que leo sobre la caída de Roma, la tristeza se apodera de mí. Lo que fueron. Cómo la decadencia los arrasó.
    Pienso que cuando se buscan generales en el extranjero y se hacen las murallas más altas, algo falla. Cómo bien dice, se salvó las tierras itálicas por un tiempo, al precio de desguarnecer las provinicas.
    El principio del fin.
    Buenos Reyes y muchas sonrisas, madame.

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  5. tenía muy malas cartas estilicón casi desde el principio, porque su origen bárbaro le iba a tener siempre la espada de damócles encima. sin embargo, se manejó con habilidad hasta el final.
    qué interesante la decadencia del imperio romano y que poco sé tanto de ese periodo como del inmediatamente posterior. en fin. habrá que seguir este blog para estar informado ;)

    que tenga buena víspera de reyes, madame!

    bisous!

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  6. Cuesta un poco entender cómo un victorioso general puede pasar de "magister militum" a ajusticiado, pero así son las intrigas del poder. Gracias, Madame, por este brillante capítulo de la historia.

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  7. Documentadísima la historia de Estilicón y de Honorio, que no es más que la lánguida decadencia del Imperio Romano, en especial de Occidente, con triunfos pírricos, para caer en muy breve espacio de tiempo. En tiempos de dificultad, las intrigas, las deslealtades, ambiciones y engaños están a la orden del día. Feliz día de Reyes, que sean bondadosos con uste. Bisous.

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  8. Tiempos terribles y finales para la grandeza romana, ya en franca decadencia. Había más bárbaros dentro, ocupando puestos en el ejército, que fuera, acechando en los "limes". El desenlace era el que correspondía a la situación de crisis generalizada que se vivía. Y sobre todos los problemas, la codicia, la ambición, las maquinaciones, siguen ocupando un lugar preferente.
    Que los Reyes sean generosos mañana.
    Un saludo.

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  9. Una entrada muy elaborada, Madame, tal como usted nos tiene acostumbrados, y un personaje muy interesante el de este gran general vándalo. Podemos comprobar que en cualquier momento que se detenga el reloj de la historia nos encontraremos con envidias, intriga, perversidad y ambición, será que es condición innata del ser humano.

    Espeluznante la profecía de los lobos descuartizados e impresionante también la muerte de Estilicón, que con la misma sangre fría que mostró en el campo de batalla supo hincar la rodilla en tierra y aceptar su ejecución.

    Bisous y que los tres magos resulten generosos con usted.

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  10. Precioso recordatorio del Bárbaro Estilicón, un personaje que merece ser más conocido, como tantos que Usted rescata del olvido.

    Buena tarde, madame.

    Zarafin

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  11. La historia de un buen general, al final destruido por los políticos de turno y con el Roma en manos de los bárbaros, algo que era inevitable en su decadencia.
    Un abrazo.

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  12. Es difícil imaginarse la Roma del Bajo Imperio, asolada y dirigida por los pueblos llamados "bárbaros" o extranjeros. Sin embargo, y a pesar del desconocimiento general sobre esta época, existen grandes personajes como Alarico o Estilicón.
    Besos y Feliz Noche de Reyes

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  13. No conocía muchos detalles de este general. Muy interesante y con muchos detalles, Madame. Un periodo colvuso y de alguna forma se va anunciando el final.

    Bisous, Madame y felices Reyes

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  14. La historia está llena de personajes tan competentes en la intriga como incapaces en el buen gobierno. Este Olimpio del que usted nos habla en su ameno artículo de hoy, es claro ejemplo.
    Hoy llego tarde, he tenido muchos compromisos hoy, así que a estas horas ya, supongo que los reyes habrán pasado por su casa y encontrado sus zapatos para dejar junto a ellos algún regalo. Así lo deseo. Beso su mano.

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  15. Madame, horrible debió de ser el clima vivido por los últimos romanos, viendo la crisis que se les venía encima, la corrupción política, un ejército inservible y falto de obediencia y unos bárbaros que osaban ya cruzar la sagrada frontera... La Historia nos enseña, querida señora, sólo nos falta mirar con los ojos ciertos...

    Feliz noche.

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  16. Hola Madame:

    Vengo algo tarde.

    Leyendo su entrada, me impresiona que los imperios caen de modo muy similar. Hay similitudes de aquella y...en otras oportunidades...

    Saludos Madame. Espero que los reyes hayan traído lo que pidió y más

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  17. Fascinante historia de un barbaro en el seno de la Roma en decadencia
    Triste final para un general que se lo tenia en el olvido ,gran rescate madame
    Un abrazo

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  18. Gracias por este detallado relato sobre la vida de uno de los grandes heroes de la historia, y tal vez uno de los menos conocidos. Su trabajo es una muestra de que la historia es, en muchas ocasiones más increible y emocionante que la ficción. Saludos

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  19. ArmandoR ODRIGUEZ26 de abril de 2014, 4:45

    Creo que si Estlicón hubiera seguido con vida, hubiera podido rechazar definitivamente a los Godos y repotenciar el Imperio hasta la aparición de los temible Hunos

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)