Enrique Estuardo, Lord Darnley
Enrique Estuardo, Lord Darnley, era el mayor de los dos hijos del conde de Lennox. Su madre fue fruto del matrimonio de Margarita Tudor, hermana de Enrique VIII, con Archibald Douglas, conde de Angus. Fue Angus su segundo esposo, tras enviudar Margarita del rey Jacobo IV de Escocia. Todo ello convierte a Darnley en bisnieto de Enrique VII.
En su juventud Lennox se había visto obligado a refugiarse en la corte inglesa a causa de la animadversión de la facción de los Hamilton, con quienes se había peleado por la regencia de Escocia durante los primeros años de vida de María Estuardo. Allí se casó y permaneció durante muchos años, debido a lo cual su hijo nació en Temple Newsam, Yorkshire, el 7 de diciembre de 1545. Darnley fue así educado en Inglaterra, donde recibió una excelente formación. Su madre, Margarita Douglas, alentaba grandes ambiciones con respecto a él. De hecho, esperaba que llegara a ser rey de Inglaterra a la muerte de Isabel.
La reina Isabel veía en esa familia una pieza útil en su política con respecto a Escocia. En aquel tiempo el primer objetivo de esa política era ocuparse del matrimonio de María Estuardo. Isabel quería impedir a toda costa que la reina de Escocia, viuda de Francisco II de Francia, volviera a casarse, porque cualquier alianza que concertara podría significar una amenaza para ella. Sin embargo, públicamente ocultaba sus intenciones fingiendo ayudarla a encontrar un candidato adecuado.
Isabel I de Inglaterra
Entre los propuestos a la reina de Escocia como dignos de aspirar a su mano se encontraba Lord Darnley. María había deseado durante mucho tiempo ganarse la voluntad de la familia del conde de Lennox, así que prestó oídos a la propuesta.
Darnley y su padre obtuvieron permiso para visitar Escocia en febrero de 1565. Enrique era un jovencito de 19 años, y María se mostró más que gratamente impresionada por su apostura y sus modales galantes. Se cegó con su encanto superficial, su porte y sus dotes de gran bailarín, sin advertir que se trataba también de un muchacho caprichoso, egoísta, presumido y arrogante. A pesar de que Lord Darnley no resultaba del agrado de la mayoría de sus nobles, impulsivamente tomó la decisión de concederle su mano. Se han querido ver también motivos políticos en su decisión, según los cuales María habría considerado que los derechos de Enrique al trono inglés reforzaban los suyos propios, pero no parece que estas consideraciones pesaran más en su ánimo que las cualidades galantes del novio.
Isabel montó en cólera al enterarse y envió un mensajero exigiendo el regreso inmediato de Lord Darnley. A este respecto la opinión de los biógrafos está dividida. Mientras unos opinan que la reina de Inglaterra no había calculado que su rival tomase seriamente en consideración a Darnley, otros creen que todo fue un plan deliberado suyo para así alejar la posibilidad de que Escocia se aliase con alguna gran potencia europea. En cualquier caso, Isabel castigó la desobediencia de Enrique apoderándose de las tierras de su padre y encarcelando a su madre y a su hermano Carlos, que se habían quedado en Londres.
Lord Darnley con su hermano menor, Carlos Estuardo
Para que el matrimonio pudiera llevarse a cabo fue precisa la aprobación de la mayoría de la nobleza de Escocia, además de obtener la pertinente licencia de Roma, dispensando el grado de parentesco entre los contrayentes. Vencidos finalmente todos los obstáculos, se llevó a cabo la ceremonia el 29 de julio de 1565 en el palacio de Holyrood. Al día siguiente eran públicamente proclamados como Enrique y María, Reyes de Escocia.
María estaba profundamente enamorada. Si había visto los defectos y debilidades de su joven esposo, probablemente pensó que todo se iría moderando bajo su propia influencia. De hecho, Darnley ya había cometido varios errores. Uno de ellos fue la insolencia con la que comenzó a asumir su papel de rey antes incluso de serlo, lo que disgustó a buena parte de la nobleza. Por si fuera poco, fue lo bastante insensato para unirse a la facción que se oponía al conde de Moray, el hermanastro de María y líder de los reformados escoceses, cuya buena voluntad le hubiera sido imprescindible cultivar. Pero Enrique fue más lejos aún: en una ocasión delató su temperamento violento al amenazar con su daga al caballero que había sido enviado a comunicarle que su esposa, para congraciarse con la reina de Inglaterra, deseaba demorar por un tiempo su nombramiento como duque de Albany, un título real que ella había decidido concederle poco después de su matrimonio.
Jacobo Estuardo, conde de Moray, hermanastro de María Estuardo
La unión no gustó a los nobles protestantes, que veían en ello un triunfo católico. Pronto estalló una guerra civil en Escocia, iniciada a instigación de Isabel, si bien no pasó de ser una rebelión de escasa entidad al no desear la reina de Inglaterra apoyarla de modo abierto. Fue fácilmente sofocada por María, lo que procuró un triunfo a Darnley sobre la Casa de Hamilton, los antiguos enemigos de su familia. Cuando el duque de Chatelherault, que se encontraba entre los descontentos, suplicó el perdón, Enrique se opuso con furiosa vehemencia y logró imponer su voluntad sobre la de su esposa, obligando al duque a exiliarse en Francia.
La condescendencia de María tanto en este como en otros asuntos sólo servía para aumentar cada vez más deseo de poder de él. Apenas llevaban casados tres meses cuando exigió la Corona Matrimonial, que según la ley escocesa le concedía un grado de autoridad en términos de igualdad con el de la reina titular y le garantizaba el trono en el caso de que la esposa falleciera. Incluso hubiera podido transmitir la corona a los hijos de otro matrimonio posterior. Su exigencia se debía a que en su momento el Parlamento escocés había ofrecido la Corona Matrimonial al primer esposo de María, el rey Francisco II de Francia. La Corona iba a ser enviada a París para que se guardara en la Abadía de Saint-Denis, pero estos planes nunca llegaron a materializarse debido a la oposición de los poderosos Hamilton, que se unieron a los protestantes para impedirlo. Ahora Darnley reclamaba lo mismo que le había sido ofrecido al anterior esposo.
María Estuardo
No estaba en manos de María concederle la petición. Debía solicitar el permiso del Parlamento, y no era muy prudente ni pertinente hacerlo en aquellos momentos. Además, para entonces seguramente ya se había dado perfecta cuenta de que sería una insensatez depositar tanto poder en manos de un muchacho con tan poco juicio. Enrique encajó muy mal la negativa. Comenzaron entonces las peleas domésticas; descuidaba a su esposa, evitaba su compañía y se entregaba a desenfrenadas diversiones.
Durante siete meses la pasión inicial de la reina se fue tornando en desprecio al percatarse de la magnitud de su error en la elección de esposo.
Continuará

















































