sábado, 3 de diciembre de 2011

El nacimiento de un romano


“Si alguna se encuentra encinta, que levante sus plegarias después de soltarse el cabello, para que Juno Lucina le suelte también dulcemente el fruto de sus entrañas.” (Ovidio) 

Cuando un niño nacía en la antigua Roma, lo hacía en casa mientras se invocaba la protección de la diosa Juno Lucina (“la que trae niños a la luz”), la principal de las deidades que guiaban el nacimiento. Había muchas otras, como Vagitano, que abría la boca del recién nacido para que se produjera el primer llanto, o Alemona, que alimentaba al feto durante el embarazo; Antevorta asistía a los partos en los que el bebé venía de cabeza, y Postverta si venía de pie; Vitumno le daba vida en el momento de nacer, Cuba le llevaba a la cama, Cunina le acunaba y lo protegía contra los malos presagios... La cantidad de numina o manifestaciones divinas que protegían el mundo infantil era grande. 

Los hombres no asistían a los partos, ni siquiera el padre de la criatura, ni tampoco el médico, que se presentará después. Todo quedaba en manos de la partera, excepto en las familias más pobres que no podían permitirse contratar sus servicios, puesto que solían ser caros. En ese caso, la mujer no tenía más remedio que ser asistida por sus propias parientes. 

La partera aportaba la silla obstétrica en la que se sentaba la parturienta, desnuda y con los cabellos sueltos. No debía llevar ni siquiera un anillo, porque se consideraba que cualquier nudo o atadura dificultaría el nacimiento, ese desprendimiento del niño con respecto a la madre. La silla estaba horadada, abierta al frente, tenía un asiento en forma de media luna y unos reposabrazos a los que la mujer se agarraba durante el alumbramiento. Muchas contaban con un respaldo para poder empujar contra él, pero en ocasiones era otra mujer la que se situaba tras ella y la sujetaba. 

Era la partera quien observaba al bebé para comprobar su vitalidad y hallar posibles deformidades. Ella anunciaba su sexo, pero no con palabras, sino mediante señas, y cortaba el cordón umbilical a cuatro dedos del vientre de la madre. Para ello evitaba utilizar instrumentos metálicos. Las alternativas eran diversas: vidrio, cerámica o incluso una corteza de pan duro. Después ataba el cordón con hilo de lana y limpiaba al recién nacido. 

Comenzaba entonces una serie de ceremonias. Inmediatamente se ofrecía una comida sagrada a Picumno y Pilumno, hijos de Júpiter que presidían los matrimonios y la tutela de los niños. Para tratar de prevenir los peligros que acechaban a partir de ese momento, por la noche se reunían tres hombres en el umbral, uno armado con un hacha, el segundo con un mazo y el tercero con una escoba. Los dos primeros golpeaban la puerta y el tercero barría el suelo, con lo cual se consideraba que el lugar quedaba limpio de malos espíritus. 

El niño se depositaba a los pies del pater familias (padre o, en su ausencia, abuelo paterno, bisabuelo o persona que ocupe su lugar). Tollere filium, es decir, levantarlo en sus brazos, significaba que lo estaba reconociendo como suyo, aunque no fuese su hijo natural, y de ese modo era legitimado y pasaba a gozar de todos los derechos y privilegios como miembro de una familia romana. Esta ceremonia se llevaba a cabo en el dies lustricus, a los ocho días del nacimiento si era una niña y nueve si era un niño. 

El recién nacido (pupus) era entonces purificado en el altar familiar en una ceremonia llamada lustratio. Los invitados le regalaban los primeros juguetes (crepundia), pequeños abalorios que se colocaban en bandolera sobre su hombro y cuyo sonido metálico divertía al niño igual que un moderno sonajero. Tenían forma de flores, espadas, hachas y medias lunas, y ofrecían la particularidad de servir como identificación si un niño se perdía. 


Se le colgaban también al cuello unos amuletos llamados bulla. Estos, con forma de lenteja o esfera, podían ser de oro (aurea) o de cuero (scortea), dependiendo del poder adquisitivo de la familia. Eran medallones formados por dos placas cóncavas que guardaban en su interior el talismán al que se atribuía el poder de proteger contra los malos espíritus y la envidia de los hombres, y que el niño debía llevar hasta alcanzar los 17 años. Al cumplir esa edad lo consagraba a los Lares, los dioses que cuidaban del hogar, junto con su túnica infantil si pertenecía a la nobleza, la toga praetexta, blanca con una franja púrpura. A partir de ese momento vestiría la toga virilis

Plutarco dice que estos amuletos debían sugerir la pureza de los niños libres, y recordar que estaba prohibido ofender su pudor. Sin embargo, el origen de la bulla guardaba poca relación con la inocencia. A los romanos les gustaba contar que su uso se remontaba a los etruscos. Según esta historia, Tarquinio el Viejo habría ofrecido una bulla de oro a su hijo para recompensarlo por haber matado a un enemigo cuando solo tenía 14 años. Por tanto, el amuleto habría sido símbolo de proezas militares y virilidad, lo que explica que solo los niños varones lo llevaran. Algunos afirman que en un principio solo podían lucirlo los hijos de senadores y caballeros, mientras que los plebeyos solo tenían derecho a un collar de cuero. 

Las niñas llevaban otro tipo de amuleto, una lúnula que conjuraba el mal de ojo. Era portado hasta la víspera del matrimonio, momento en que se les retiraba junto a sus juguetes y demás símbolos de la infancia. 

El dies lustricus era la fecha elegida para dar al recién nacido su praenomen, equivalente a nuestro nombre de pila. Los nombres romanos constaban de praenomen, nomen o nombre familiar, similar a nuestro apellido; y cognomen, un apodo heredado de sus antepasados o puesto por alguna peculiaridad personal. Durante la ceremonia, llamada solemnitas nominalium, las niñas solo recibían el nomen, al que se añadía el ordinal. Si por ejemplo pertenecían a la gens Julia, serían Julia la Mayor, Julia Tertia, etc. 


Durante el dies lustricus se hacían también sacrificios domésticos. La ceremonia era muy esperada por los niños presentes, que recibían monedas y dulces, y la casa se decoraba con guirnaldas y pinturas que anunciaban el nacimiento a vecinos y viandantes. Abundaban las flores, corría el vino, se quemaba incienso y se comían pasteles. Durante toda la vida de un romano, el día que señalaba el aniversario de su nacimiento era una ocasión de fiesta y de recibir regalos. 

Non tollere filium, es decir, no tomar el padre al niño en sus brazos y darle la espalda, significaba abandonar al recién nacido a su suerte, condenarlo a la muerte por exposición. Un esclavo se llevaba a aquel que hubiera sido rechazado y lo dejaba junto a la carretera para que cualquier persona pudiera recogerlo. Si nadie lo hacía, el pequeño moría irremediablemente. 

En la antigua Roma había un lugar llamado la Columna Lactaria, ante el templo de la diosa Pietas en el foro Holitorio, que era el mercado de las verduras. Los más pobres acudían a mendigar leche para sus hijos. Allí podían encontrarse también mujeres que se ofrecían como nodrizas. Con el tiempo acabó siendo un lugar en el que al caer la noche se abandonaba a los recién nacidos. Los tratantes de esclavos pasaban a recoger a los expósitos y hacían negocio criándolos para venderlos después. La Columna Lactaria desapareció en el siglo I a. C. al construirse el teatro Marcelo, pero no desapareció con ella la tradición de exponer a los niños no deseados. 


Afortunadamente esto no ocurría con frecuencia, porque los romanos valoraban mucho una descendencia numerosa, incluso entre las familias con pocos recursos. En el año 18 a. C. Augusto impuso fuertes impuestos a los solteros, al mismo tiempo que incentivaba el matrimonio y la fecundidad. Sin embargo había diversas causas que conducían a esta cruel práctica: se exponía a niños con malformaciones. La Ley de las Doce Tablas establecía incluso el deber de matar a quien naciera deforme. En este caso el padre debía mostrar el bebé a cinco vecinos que lo declararan monstruoso. Sin embargo, también podían ser expuestos los que nacían sanos cuando sus padres no eran capaces de mantenerlos. Entre los campesinos, a veces la familia que no podía hacerse cargo de más hijos regalaba los sobrantes a otras familias. Pero a veces los expósitos eran de clase alta, cuando sus padres eran incapaces de proporcionarles una educación acorde con su estatus. Igual de cruel era el caso en que se exponía al niño por no proceder a un nuevo reparto de la herencia, ya que todo nacimiento anulaba las disposiciones testamentarias anteriores. Eran expuestos hijos incestuosos, de uniones ilícitas fuera del matrimonio, aquellos cuya paternidad era atribuida a algún enemigo de la familia y, por último, estaban los casos en los que el marido sospechaba acerca de la paternidad del recién nacido. 

Al parecer eran expuestas más niñas que niños. Existe una carta escrita desde Egipto por un ciudadano romano a su esposa. En el mensaje le dice: “Si, como bien podría suceder, das a luz un hijo, si es un varón deja que viva; si es mujer, deséchala”.

48 comentarios:

  1. En algunas culturas, tener una hija en vez de un hijo era considerado por algunos como una desgracia, de ahí que entre los romanos se expusieran más mujeres que varones, abandonándolas a su suerte.
    Por lo demás, variedad de ceremonias en torno al nacimiento, niñez y pubertad de los romanos, asimiladas por el cristianismo y de las que somos herederos: bautizo, regalos, primera comunión, más regalos, confirmación, etc. tienen su base en los ritos paganos de aquella importante civilización.
    Un saludo.

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  2. Interesante entrada DAME MASQUÉE...
    La casualidad me ha traído hasta tu blog, casualidad también que hoy mi hija cumple años.
    Enhorabuena por este blog tan interesante.
    Volveré si no te importa, un saludo.

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  3. En efecto, monsieur, y todavía hoy día, según en qué culturas, se considera a veces una desgracia tener una hija. Algunas cosas cambian poco.
    En realidad todo es una continuación, una evolución de nuestros orígenes romanos.

    Feliz tarde

    Bisous

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  4. Muchas gracias, madame, sea bienvenida al tablero. La esperamos.
    Y muchas felicidades para su hija!

    Feliz tarde

    Bisous

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  5. No ha cambiado demasiado eso si tantos dioses para proteger al recién nacido y por otra parte tanta crueldad para abandonarlos.
    Y en cuanto al sexo ya se discriminaba. Todo porque el varón servía para la guerra.
    Bisous

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  6. No ha cambiado demasiado eso si tantos dioses para proteger al recién nacido y por otra parte tanta crueldad para abandonarlos.
    Y en cuanto al sexo ya se discriminaba. Todo porque el varón servía para la guerra.
    Bisous

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  7. Interesante lo que nos cuenta. En la antigüedad ya vemos que todo estaba expuesto y tenía un fin. Y curiosa pero efectiva la disposición de Augusto. Las legiones romanas cada vez necesitaban más soldados para proteger el Imperio. Y esa era una buena medida.
    Besos.

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  8. Hola Madame:

    Me ha gustado mucho su entrada. Pienso que poco ha cambiado occidente en cuanto a recibir un niño (ahora hay actuación sanitaria...a veces). Sige siendo un acontecimiento importante, sea bien o mal recicibida la boca nueva que alimentar.

    Impuesto a los solteros...No le de ideas al estado ;D

    Saludos Madame

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  9. Ya ve usted qué importante ventaja tiene el varón, madame Katy. Cuando por fin llegue la paz, se les acabará el chollo.

    Feliz fin de semana

    Bisous

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  10. Estupenda medida, en efecto. Venía a ser como pagar por la producción de carne de cañón.

    Feliz fin de semana, monsieur

    Bisous

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  11. Muchas gracias, monsieur Manuel. La verdad es que hemos cambiado muy poco con respecto a los romanos. Pero no se preocupe, que los gobiernos se las arreglan solos para idear nuevos impuestos. Solo falta cobrarlos por respirar.

    Feliz fin de semana, monsieur

    Bisous

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  12. Hola Madame

    Una gran entrada. Desconocía algunas cosas que ha contado como el cortar el cordón umbilical con un trozo de pan duro.

    Lo de nacer mujer nunca ha sido fácil en ninguna época de la historia. Parece que siempre molestamos y luego nos trataban como moneda de canje ;). En fin, espero que vayan cambiando la situación.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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  13. Que bonita entrada sobre todo lo relacionado con la infancia en el Imperio Romano.
    Juno, es un nombre precioso, siempre me ha gustado, la mujer de Henry Miller se llamaba June, imagino que tendría en su origen el nombre de Juno y buena tarea tenía la diosa.
    La silla para dar a luz era muy anatómica y fisiológica, los romanos nunca dejan de sorprender para bien.
    Muy interesante, Madame

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  14. ¡Qué entrada más completa, madame! No le ha faltado detalle.
    Por cierto, las imágenes son preciosas ¿¿de qué pintor son?? ¡¡Me han dejado maravillada!!

    Un abrazo!

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  15. Didáctica historia, madame.

    Niños que, de no ser recogidos por el pater familias, eran abandonados en la puerta de la casa, para ser "usados" como esclavos o en la prostitución...

    Feliz noche.

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  16. Su artículo de hoy, aparte de lo interesante que resulta, enseña como pocos cómo el principio y el fin, son como el nacer y el morir. Toda una pléyade de dioses para proteger al recién nacido, los nombrados en el primer párrafo de su artículo, de poco sirven cuando en el último se termina diciendo: …deséchala. Por Júpiter, que había demasiados dioses, inútiles la mayoría.
    Beso su mano.

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  17. Madame María Eugenia, así ha sido y así sigue siendo aún demasiadas veces. Esas cosas progresan despacio. Si es que progresan!

    Feliz domingo

    Bisous

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  18. Bueno, madame Wendy, no sé si los romanos siempre sorprenden para bien, teniendo en cuento lo de la exposición de niños. Era una costumbre bastante cruel para un pueblo tan civilizado.

    Feliz domingo, madame

    Bisous

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  19. Gracias, madame. Las imágenes son una de cada pintor. La que abre la entrada es de Bouguereau, pero luego tiene también obras de Zocchi, Siemiradzki y el inevitable Alma-Tadema.

    Feliz domingo, madame

    Bisous

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  20. Demasiados dioses para mi gusto también, monsieur. Yo me quedaría con Baco y unos pocos más. Ya, ya sé que Baco no tiene nada que ver con esto, pero al menos era más alegre.

    Feliz domingo, monsieur

    Bisous

    PD: Desde que viste usted toga ya jura por los dioses, eh?

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  21. Como en los ofranatos de hace no tanto, más niñas que niños.
    Deliciosa e interesante entrada, Madame. Increíble la de relaciones que he creído establecer entre los ritos (sofisticados) de los romanos y los del catolicismo, como esos amuletos, que hoy son colgantes con cruz o simplemente la joya que se regala al bebé.
    Domingo de peridición, otra vez.

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  22. Una sociedad terriblemente machista, pues el Pater familias, el padre, el que tenía derecho a acetptar al hijo o rechazarlo, dejándolo en la calle. Muy interesante y didáctico este post. Buen domimgo, madame.

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  23. Y en esta gente se basa el derecho occidental? porque si bien era la civilizacion mas adelantada, estaban en realidad bastante atrasaditos en muchos aspectos.

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  24. A que mortal no le agradaria ser recibido por semejantes dioses .
    Una lastima que despues se comportasen como tantos (los romanos) con los recien nacidos que no les servian .
    Un abrazo madame y buen domingo

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  25. Está visto que los ritos, en este caso, del nacimiento, los comparten todas las culturas, evolucionadas y primitivas. Asombra la crueldad con la que se trataba a las criaturas enfermas y de filiación desconocida, ya no digamos las preferencias por los varones.


    Bisous y muy buena semana medio festiva.

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  26. Que lejos ya los romanos de aquel rapto de las sabinas por que no tenían suficientes mujeres. Su preferencia por los varones principalmente era por ser una sociedad guerrera, creo yo.

    Buenas noches madame.
    Bisous.

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  27. Por lo leído en tu interesante entrada, veo que hemos evolucionado algo, no mucho, sobre todo al hecho discriminatorio entre niño y niña. hemos mejorado en el trato a discapacitados asi como en el número de dioses usados.
    Un beso.

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  28. Que costumbre aberrante esa de que después de aguantar un parto rodeada de diosas y comadres tuviera la pobre mujer que esperar que el pater familias diera su aprobación para que la criatura pudiera quedarse en casa.

    Y eso de regalar una criatura por no volver a repartir la herencia...

    Aunque supongo que si dentro de más de dos mil años alguien estudia nuestras costumbres las encontrará igualmente horribles

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  29. Una entrada muy instrutiva sobre los nacimientos en la antigua Roma. Me ha gustado mucho conocer tantos detalles.

    Aunque ya veo que el tema de las mujeres, exponerlas más que los varones, también se practicaba aquí.

    Bisous y buena semana

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  30. Buenas.. sobre las sillas de las parteras romanas he leido que eran mejores y facilitaban el proceso del parto mejor que la mayoría de las camas de partos de los hospitales actuales.

    Y sobre el abandono de niños, pues una pena, una costumbre heredada de los tiempos de penurias y supervivencia que visto hoy en día nos produce horror.

    Saludos.,

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  31. muy interesante la entrada, madame. aunque me cuesta pensar que en esos tiempos de fatigas varias, todo el mundo fuera tan gachoso con las ceremonias. en fin.

    a ver cómo encaramos la semana.

    saludos, madame!

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  32. Nuevamente debo felicitarla, madame, pues esta entrada de hoy me ha parecido sumamente interesante y me he embebido de ella con avidez.

    Nuevamente se nos muestra el pensamiento misógino de entonces, menos mal que poco a poco los tiempos parecen ir cambiando- no lo suficiente, a decir verdad- a ese respecto.

    Me quedo personalmente con la cita de Ovidio de su cabecera, Madame, a modo de recomendación personal.

    Bisous y buena semana.

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  33. Gran entrada, Madame. Muy explicativa sin dudas. Con todo lujo de detalle.
    Un Saludo.
    Uriel

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  34. gracias, monsieur Igor. Efectivamente los amuletos y ceremonias se reconvierten, pero siguen presentes de algún modo.

    Feliz día

    Bisous

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  35. Monsieur Paco, con todo, no eran la sociedad más machista de la antigüedad. Los griegos los ganaban por goleada.

    Feliz día

    Bisous

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  36. Madame Alejandra, tenga en cuenta que estamos hablando de hace milenios, y que eso es mucho tiempo. Tal vez sea más sorprendente que en tanto tiempo nosotros hayamos avanzado tan poco, y que prácticas como esa aún existan en Occidente y Oriente. Mirémonos nosotros antes, porque creo que estamos también bastante atrasaditos en ciertos aspectos.

    Feliz día, madame

    Bisous

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  37. No eran dioses de fiar, monsieur. La verdad es que a mí no me gustaría nada tenerlos cerca!

    Feliz día, monsieur Luther

    Bisous

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  38. No había piedad, madame Amaltea. Pero parece algo difícil de desterrar. El nazismo fue el otro día aún, lo que significa que hay cosas que siguen presentes en el ser humano, por desgracia.

    Feliz día

    Bisous

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  39. Así es, monsieur Eduardo. Ser varón siempre tuvo esa ventaja. Claro que no sé por qué es tan primordial, porque si ellos eran guerreros, la mujer era quien los ponía en el mundo, y sin ella no había soldados.

    Feliz día, monsieur

    Bisous

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  40. Ahí está la cuestión, monsieur Iglesias, que no hemos evolucionado mucho, no. Piense en lo que hacía Hitler con esos niños, y ahora estamos hablando del siglo XX. Y piense en algunos orfanatos del terror hoy día.

    Feliz día, monsieur

    Bisous

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  41. En realidad, madame Alma, nuestras costumbres ya son lo suficientemente horribles como para no tener que esperar dos mil años. No voy a hablar de las niñas chinas en pleno siglo XX, ni de la explotación infantil, ni de la pederastia ni nada de eso porque creo que no hace falta.En cuanto al machismo, solo han cambiado las ceremonias :)

    Feliz día, madame

    Bisous

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  42. Muchas gracias, madame Elysa. La crueldad no parece ser privativa de ninguna época o civilización. Siempre aparece presente, consustancial al ser humano.

    Feliz día, madame

    Bisous

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  43. Monsieur Jose Luis, nos produce horror pero sigue sucediendo. A la mayoría de la sociedad romana también le producía horror, y de hecho no era algo que ocurriera con tanta frecuencia.

    Feliz día, monsieur

    Bisous

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  44. Monsieur, qué sería un romano sin una ceremonia? Pues no sé, algo así como Baal sin la luz, o usted mismo sin música.

    Feliz día, monsieur, y buen viaje.

    Bisous

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  45. Mi querida madame Akasha, que la cita de Ovidio la acompañe siempre, mi dulce amiga :)

    Muy feliz día, especialmente hoy para usted.

    Bisous

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  46. Muchas gracias, monsieur uriel, me alegra que lo haya encontrado de su agrado.

    Feliz día

    Bisous

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  47. Excelente artículo, enhorabuena¡¡¡

    Saludos desde Arquehistoria
    www.arquehistoria.com

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  48. Muchas gracias, madame Galeria, es un honor.

    Buenas noches

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)