lunes, 28 de noviembre de 2011

Secretos de belleza en el antiguo Egipto


En Egipto los cosméticos no eran ningún lujo, sino algo al alcance de todos. La única diferencia estaba en la calidad de los productos utilizados. Tanto hombres como mujeres seguían las últimas modas en peinados y maquillaje, que no solo usaban por razones estéticas, sino también terapéuticas, pues pensaban que los ungüentos tenían efectos mágicos y curativos. Los cosméticos ayudaban a proteger la piel contra el ardiente sol de Egipto, y otra curiosa ventaja es que repelían a las moscas. De hecho se les daba tanta importancia que incluso eran admitidos por los trabajadores como complemento salarial. 

La base solía ser el aceite, extraído del fruto del balanites aegyptiaca o de la moringa y mezclado con sustancias que servían de pigmento. Todo se molía y se mezclaba con goma o con agua hasta hacer una pasta fácil de aplicar. Había maquillaje blanco, negro elaborado con carbón, plomo, galena o pirolusita; verde a base de malaquita machacada, rojo que se aplicaba a labios y mejillas y azul extraído del lapislázuli. Con alheña (henna) teñían las uñas de amarillo o naranja. El color de las uñas, por cierto, indicaba el status social: para la nobleza eran oscuras, y para las clases bajas se pintaban en colores claros. 

Aplicaban Kohl a los ojos con un palillo. Esto era, además, un buen método para retener el polvo y la arena y evitar que entrase en los ojos. Maquillaban tanto el párpado inferior como el superior, extendiéndolos con una línea, y las cejas se pintaban de negro. La mayoría de la gente se maquillaba personalmente, pero aquellos que podían permitírselo recurrían a profesionales tanto para los cosméticos como para la manicura o pedicura. 


Hombres y mujeres egipcios se preocupaban mucho por su aspecto. Vigilaban su peso, para lo cual comían más fruta y vegetales y menos carne de lo que se hace hoy día. Las mujeres eran de baja estatura, y procuraban mostrarse delgadas, con bustos bien redondeados, cinturas finas, caderas rotundas y vientres planos. También los hombres solían ser delgados, llegando a parecer frágiles en ocasiones. 

Incluso después de muerto era preciso cuidar el aspecto. Cuando uno comparecía ante los dioses debía observar ciertas normas en la vestimenta y el maquillaje para causar buena impresión: según el capítulo 125 del Libro de los muertos, era necesario que se presentara limpio, calzado con sandalias blancas, los ojos pintados y ungido con el mejor aceite de mirra. Debido a la importancia que se concedía a los cosméticos en el Más Allá, estos se encontraban entre las ofrendas que se dejaban en las tumbas. 

Los recipientes de los cosméticos forman parte de los primeros hallazgos arqueológicos. En Saqqara aparecieron fragmentos de un cofre con 30 compartimentos para ungüentos. Las vasijas que contenían los productos de belleza al principio fueron fabricadas en granito y basalto, y más tarde de alabastro, aunque también se encuentran otros materiales como el marfil. Se cubrían con trozos de cuero atados a su cuello. 


Como secretos de belleza empleaban a veces curiosos preparados, como por ejemplo excrementos de cocodrilo en baños de barro, en la creencia de que eso reafirmaba y tonificaba la piel. También recurrían a la leche y la miel, por considerar que dejaban la piel tersa y fina. Para protegerse de los estragos del sol se frotaban la piel con aceites hidratantes y masticaban raíces de la planta llamada amni majus. Combatían las arrugas frotándose aceite de oliva, sésamo y almendras, mezclado con otras sustancias aromáticas. El papiro Ebers menciona al respecto una receta compuesta por incienso, cera, aceite de moringa y ciprés. Las mujeres egipcias, por cierto, tampoco descuidaban evitar la aparición de estrías durante el embarazo, para lo que resultaba eficaz un aceite elaborado con moringa. 

Los perfumes egipcios eran famosos en todo el Mediterráneo. Plinio habla de uno que aún conservaba toda su fragancia al cabo de ocho años. Los elaboraban fundamentalmente a base de plantas: raíces, hojas o flores de alheña, canela, trementina, lirios, rosas, y almendras amargas se empapaban en aceite y a veces se sometían a un proceso de cocción. Se extraía la esencia exprimiendo la mezcla y se añadía aceite para producir el perfume líquido, mientras que para cremas y ungüentos se agregaba cera o grasa. Muchos perfumes estaban compuestos por más de una docena de ingredientes. La mirra y las maderas se traían de África oriental y de Arabia, y eran artículos sumamente caros. Solo los más ricos podían permitírselo, eso cuando no estaban reservados para el uso exclusivo de los dioses. 

Para evitar los piojos solían afeitarse la cabeza. Utilizaban pelucas, a veces elaboradas con cabello humano, pero normalmente tenían que conformarse con mezclar pelo de caballo, hojas de palmera, paja, lana de oveja o fibras vegetales. Llevaban extensiones y trenzas, y cuanto más elaborada y de mejor calidad fuera la peluca, mayor status social denotaba. La de una mujer se suponía que realzaba su sensualidad, y solía ser mucho más compleja y larga que la de los hombres. Durante el Imperio Antiguo se dividían en tres secciones: una que colgaba por la espalda y otras dos que descendían por ambos lados de la cabeza cayendo sobre los senos, pero en el Imperio Nuevo fueron más cortas y con bucles. Era común que las pelucas aparecieran teñidas y aromatizadas. Los colores podían ser rubio, verde o dorado, pero los preferidos eran el negro y el añil. 

Los peinados solían ser bastante elaborados, y requerían muchas horquillas. También podía adornarse el cabello con peinetas y joyas. Sobre ellas los nobles llevaban a veces un tocado hecho a base de minerales raros y joyas. 


El cráneo se frotaba con aceites perfumados después de lavarlo, pero más peligrosos que los piojos eran los parásitos que anidaban en las ropas y en el cuerpo, y que podían transmitir enfermedades como el tifus. Según Herodoto, los sacerdotes se depilaban todo el cuerpo para librarse de ellos. Además los egipcios consideraban un signo de impureza la abundancia de vello. De hecho, los hombres rara vez exhibían algo más que un fino bigotito y una perilla, prefiriendo la mayoría ir completamente rasurados. Tampoco les gustaba el vello en el pecho, y a veces ni siquiera en las piernas. Para el afeitado utilizaban pinzas, cuchillos o navajas, y aceite como loción. Las prostitutas y bailarinas eliminaban el vello de los brazos y partes íntimas. Para asegurar la máxima eficacia de la depilación, se aplicaba primero una crema para suavizar la piel. 

El tatuaje, normalmente a base de alheña, se consideraba erótico. Especialmente bailarinas, sirvientas y prostitutas exhibían tatuajes en diversas partes de su cuerpo. 


Los antiguos egipcios tenían una extraordinaria fijación con la limpieza. Los baños eran una especie de ritual, sobre todo para las mujeres. Aquellos que no tenían demasiado acceso a una higiene en condiciones sufrían el mayor de los desprecios. Se bañaban con natrón, también empleado en el proceso de momificación, pero con el tiempo fue sustituido por jabones de importación que eran luego perfeccionados en Egipto. Las clases más altas podían bañarse en sus propios domicilios, mientras que la mayoría se bañaba en el Nilo. En Tebtunis se han excavado unos baños públicos que contaban con duchas, lavabos de piedra y un horno para calentar el agua. Se secaban con toallas de lino, complementaban el baño con masajes de esencias aromáticas y además tenían pastillas para el aliento y desodorantes a base de terebinto, incienso y perfumes. Friccionaban sus cuerpos con la mezcla para eliminar el mal olor corporal, que consideraban inaceptable. Para más refinamiento, había exfoliantes fabricados con polvo de alabastro, sal del Bajo Egipto y miel. 

A veces se ponían sandalias de cuero adornadas con cuentas y joyas, pero normalmente caminaban descalzos, por lo que los pies se ensuciaban mucho. Por eso las clases altas tenían bañeras de madera o de barro para los pies. 

El desnudo no era ofensivo. Por el contrario, había varios trabajos que requerían que la gente no llevara ropa. Era el caso de los pescadores y de otros trabajadores manuales. A las clases altas, sin embargo, les gustaba lucir ropa a la última moda. Esta cambiaba mucho, pero siempre incluía joyas. Incluso los pobres las llevaban, aunque no de oro ni piedras preciosas. No se trataba solamente de un elemento decorativo, sino que normalmente eran también un amuleto


El papiro Ebers, especie de enciclopedia médica que data de los tiempos de Amenofis I, nos ha legado algunos consejos de belleza al gusto egipcio: 

“Incienso, cera, aceite de oliva fresco y juncia. Aplasta, machaca dentro de leche fresca y aplica sobre el rostro durante seis días. ¡Verás el resultado!” 

Y atención, porque aquí viene una receta que podría ser del interés de alguno de los caballeros que nos visitan. Se trata de un remedio para hacer crecer el pelo de los calvos: 

“Grasa de león; grasa de hipopótamo; grasa de cocodrilo; grasa de gato; grasa de serpiente; grasa de cabra. Prepararlo como una masa homogénea y untar con ella la cabeza del calvo." 

Tal vez los ingredientes sean un poco difíciles de conseguir, pero todo depende del interés que se ponga. Si lo ven demasiado complicado, sepan que la pérdida de cabello también trataba de remediarse con aceite de ricino o mirto. El mismo papiro aconseja placenta de gato para evitar las canas, mientras que el papiro Hearst sugiere un ratón cocido en aceite. Sírvanse ustedes mismos.

28 comentarios:

  1. ¡Pero que terrible y pomposa y alucinante sofisticación! Hoy, me siento humildemente rústico. Una especie de bestia de monte. Aunque, madame, debo confesarle que para mejorar, no optaré a las mezclas realizadas con componentes de cocodrilo. Quizá más adelante.
    Me sorprendió el culto a la delgadez. Así los asirios lo tuvieron más fácil. ¡Agg!
    Cómo empalideció César, la primera vez que contempló Cleopatra.
    Saludos,

    ResponderEliminar
  2. Hola Madame:

    No quiero ni imaginarme el olor que despide la pócima o no sé como llamarle al remedio para evitar la caída del cabello....

    Interesante esto de la cosmética como parte de pago. Miré Ud lo que algun@s darían por eso hoy en día

    Saludos Madame

    ResponderEliminar
  3. Lo cierto es que empiezo a creer que no desentonaría yo mucho en el Antiguo Egipto, Madame, pues eso de pintar el rostro de blanco, las uñas de negro (fíjese, si hasta voy a tener un cierto status y yo sin saberlo jejejejejje) y perfilar los párpados y las cejas con Khol me resulta el pan nuestro de cada día. Ahora eso sí, lo de los excrementos de cocodrilo en el baño casi que no, creo que consiento en aparecer ligeramente flácida antes de pasar por eso jajajajajjaja

    Me asombra lo de las pelucas, sobretodo pensar en la calidad de las de las clases inferiores hechas con paja, pelo de caballo y hojas de palmera... lo que eso debía de picar ¿no? Ahora que en lo que me levanto y aplaudo es en lo de las pelucas verdes y añil, ¡qué fashionistas, por Dios, si es que como dijo Homer Simpson: "nos llevan siglos de ventaja"!

    Había oído lo de los baños de Cleopatra en leche de burra.

    Bisous y buena semana, Madame.

    ResponderEliminar
  4. El gusto por la higiene y la ornamentación corporal, es una buena muestra del refinamiento cultural de los egipcios a lo largo de varios milenios. Madame, he de darle las gracias por las recetas que ha tenido la amabilidad de poner a nuestra disposición. Y no hay excusas para hacerse con la fórmula. Si un calvo quiere, de verdad, recuperar el pelo, no habrá obstáculos para conseguir las grasas indicadas. En cuanto a las canas, qué fácil nos lo ponen los egipcios, vamos que estoy por probarlo. Ya se sabe que para ser bella hay que sufrir, aunque en este caso quien va a sufre será el ratón o el cocodrilo.

    Bisous

    ResponderEliminar
  5. Muy curiosa la entrada de hoy, y llamativa, lo del reton cocido.... amén del remedio anterior para calvos...si alguien lo pone aprueba , por favor no deje de notificarlo, sería digno de publicar el resultado ,jajajaa.
    Buenas noches ,madame.

    ResponderEliminar
  6. Muy interesante entrada, Madame.
    Me ha hecho plantearme una pequeña cuestión:
    ¿Cómo contemplarán desde el probable futuro nuestros propios ungüentos cosméticos? Digo, los componentes que se utilizan hoy para la elaboración de cremas rejuvenecedoras, balsámicas, reafirmantes, etc, etc.

    Feliz tarde, Madame

    Pd. Voy a ver si han traído ya al Mercadona la grasa de hipopótamo.

    ResponderEliminar
  7. ¡¡Todo unos fashion victim!! como diríamos hoy. No dejaban detalle estos egipcios, qué refinados rituales de acicalamiento y que excepcionales productos para su higiene y embellecimiento. Muchos de ellos los seguimos usando hoy, como el khol que, ya nos ha mostrado usted, que no tiene nada de moderno.

    Un saludo!

    ResponderEliminar
  8. Creemos ser el colmo de la sofisticación y ya las egipcias cuidaban su dieta se maquillaban con cosméticos tan refinados, por otro lado los hombres se depilaban así que no tendrían nada que envidiar a los metrosexuales de hoy, que por cierto no me gustan nada.
    Lo de usar excrementos de animales no me mola pero todo lo demás está muy bien, incluso tenían recetas para evitar o retrasar las cánas que yo sepa hoy tenemos tintes y nada más, igual funcionaban aunque son algo complicados de conseguir, jijijji.
    Bisous.

    ResponderEliminar
  9. Es verdad que los egipcios y las egipcias eran muy coquetos; se pintaban los ojos, la cara, utilizaban aceites corporales, pero algunos elementos eran, cuando menos, chocantes, mira que utilizar excrementos o boñigas de cocodrilos. En muchas otras cosas estaban bastante adelantados, como los inventores de las pelucas o los tatuajes. Un post muy curioso y muy pulcro, madame. Bisous.

    ResponderEliminar
  10. A esta civilizacion no se le escapaba ninguna madame . En tiempos lejanos trabaje en el puerto de Bs As y hoy descubro dando las gracias de que los egipcios no hayan implementado de por vida el exibicionismo explicito en tales menesteres ...
    Bueno madame me despido ya que voy en busca de la gata de la casa jejeje
    Un abrazo

    PD : Fantastica foto de Liz al encabezado ,como hizo la naturaleza
    algo tan perfecto

    ResponderEliminar
  11. Madame,
    estupenda entrada la que nos regala hoy. El tema de la línea de los ojos con khol me recuerda siempre a mis alumnas de 15 años, que se pintan así, creyendo que son el colmo de la modernidad. No conocía el detalle del estatus social marcado por el color de las uñas.

    Preciosas imágenes.

    Feliz noche.

    ResponderEliminar
  12. Muy interesante artículo. Me ha gustado mucho la preparación para los calvos... pero yo no me la echaría por si acaso.
    En cuanto a la decoración de pies y manos me ha encantado.
    Los egipcios sabían lo que se hacian.
    Bises

    ResponderEliminar
  13. Aseguro Madame que mando la receta para calvos a uno en particular, aunque le salgan caros los ingredientes. Si tanto quiere su pelo, pues que los consiga.

    ResponderEliminar
  14. Pardiez madame, hay que montar expedición en busca del crecepelo.

    Buenas noches, bisous.

    ResponderEliminar
  15. Eran tan coquetos, limpios y maravillosos que poco les ha faltado para ser los inventores de la cirugía plástica.
    Hay que ver todos los potingues que utilizaron. Tampoco tenían mucho que hacer y podían dedicar tiempo a estos menesteres.
    Que belleza la de Liz Taylor-:)caracterizada de epcia, claro que de cualquier otra raza habría sido igual de bella.
    Bispus y buenas noches

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si que tenian cirugia plastica,La cirugía plástica es una de las más antiguas prácticas de la cirugía. El papiro de Ebers (1500 a.c.) muestra que el trasplante de tejidos era practicado por los egipcios en el año 3500 a.c

      Eliminar
  16. ¿Excrementos de cocodrilo? Están locos estos egipcios...jijiji...No lo puedo evitar, Madame, otros oyen Egipto y piensan en pirámides, yo en campodetenis en Axterix legionario. Prefiero no indagar mucho acerca de los componentes de la mascarilla que me pongo (cuando me acuerdo) porque salvo por el detalle de lo del cocodrilo, los gustos no parecen tan diferentes a los de hoy en día :)

    Bisous, Madame y feliz noche

    ResponderEliminar
  17. ¡Ah, señora! Soy perfectamente capaz de imaginar a Elizabeth Taylor en una bañera llena de leche, pero no puedo hacerlo, no, entre barro y cacas de cocodrilo. Usted perdone por la expresión. Beso su mano.

    ResponderEliminar
  18. Y nosotros nos consideramos el colmo de la sofisticación y modernidad, ya se ve por su entrada de hoy que no, Madame. Increible todo lo que llegaban a utilizar esta cultura en su aseo.

    Bisous

    ResponderEliminar
  19. Uuauu!! entonces creo que los varones nos estamos quedando cortos eh?' Madame Masquée; pero creo que también empezaremos a maquillarnos, pues la moda suele repetirse a lo largo del tiempo.

    Excelente entrada

    ResponderEliminar
  20. no para mi, porque yo no me veo con la raya en el ojo, pero siempre me ha parecido misterioso y evocador (o lo que sea) eso de la raya. y si me tengo que poner a elegir, si mi salud depende de ello... placenta de gato.
    a liz taylor le hacía falta cuatro cositas para estar bien. y si, esos son buenos perfumes, ocho años de duración nada menos. dinero bien gastado ahora que viene la navidad.

    y no se enfade conmigo madame! que pensaba que el consejo era útil de verdad!!!

    bisous!!!

    ResponderEliminar
  21. mmm creo que prefiero quedarme con mis canas antes de ir desplacentando gatas por ahí...

    Cuanto refinamiento... y cuanto hemos heredado de aquellos gustos.

    Saludos...

    ResponderEliminar
  22. Aparte de las cuestiones estéticas como podemos pensar ahora, era incluso más importante en la época la cuestión de higiene y salud vinculada a lo religioso y sagrado.

    Tengo unas varillas de incienso que no he encontrado hasta la fecha nada igual, son de incienso azul de Arabia y siempre me gusta imaginar que Egipto debía oler así en la era de los faraones.

    En mi proyecto de fin de curso, que era un libro sobre el Antiguo Egipto dirigido a un público infantil-juvenil, hice un apartado sobre este tema, en él explicaba sobre todo los cuidados de los sacerdotes, recuerdo que busqué información sobre que se bañaban una media de dos veces al día y se afeitaban íntegramente cada tres días.

    Un placer leer su entrada, madame, entre evocadores olores de incienso, mirra y aceite de almendras.

    Un beso y feliz Martes.

    ResponderEliminar
  23. Nada nuevo bajo el sol, Madame, en cambio yo, cuando me pongo un poco de desodorante y agua de colonia al salir de la piscina, delante de otros en el vestuario, parece que cometo un acto de coquetería poco masculina.
    ¡Cuando aprendo de voz, Madame!

    ResponderEliminar
  24. Un pueblo sabio el egipcio, quien supo combinar el buen aspecto físico con el cuidado del cuerpo ante situaciones naturales tan poco propicias.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  25. Me llama la atención que rindiesen tanto culto al cuerpo y a la delgadez....

    ResponderEliminar
  26. Con un poco mas de tiempo voy a leerte, me resulta muy interesante tu blog, suerte

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)