martes, 1 de noviembre de 2011

Margaret Douglas, sobrina de Enrique VIII


Cuando Jacobo IV de Escocia cayó en la batalla de Flodden, su viuda, Margarita Tudor, contrajo un segundo matrimonio con Archibald Douglas, conde de Angus. De esta unión entre la hermana de Enrique VIII y el noble escocés nació Margaret el 8 de octubre de 1515 en el castillo de Harbottle, en Northumberland.

La felicidad conyugal no duró mucho, y ambos esposos se acabaron separando al cabo de doce años. El Papa, al decretar la nulidad, insertó una cláusula especial legitimando a la hija como habida dentro de un matrimonio de facto y que había sido contraído bona fide.  

Cuando Margaret alcanzó la edad de 14 años fue presentada en la corte de Enrique VIII. Vivió entonces con su tía, la duquesa de Suffolk, pero a la muerte de esta fue trasladada a Beaulieu. Allí permaneció junto a su prima María Tudor hasta que, con el divorcio de Catalina de Aragón y el ascenso de Ana Bolena, el rey la trajo de nuevo a la corte y la nombró primera dama de honor de su hija, la princesa Isabel.

Enrique VIII

Años más tarde, Isabel era declarada ilegítima. Durante algún tiempo, hasta el nacimiento del príncipe Eduardo, Margaret Douglas se convertía en heredera de la corona al quedar su hermanastro Jacobo apartado de la línea de sucesión. Jacobo, hijo del primer matrimonio de su madre, era hora el rey de Escocia. La ley prohibía que quien hubiera nacido fuera de Inglaterra pudiera heredar el trono, pero no era ese el caso de Margaret: su madre había tenido que huir de Escocia debido a las luchas por el poder durante la menor edad de su hijo, y había logrado cruzar la frontera cuando nació la niña. El peso político de Margaret Douglas comenzó a ser enorme a partir de ese momento.

La joven eligió ese inoportuno momento para enamorarse de Lord Thomas Howard, hermano del duque de Norfolk y pariente de Ana Bolena. Al parecer la propia Ana había alentado a Thomas a pretender la mano de Margaret, pero ahora que todo su entorno había caído en desgracia mientras la importancia de la princesa aumentaba, no era posible que una unión así fuese permitida. La cólera del rey cayó como un rayo sobre ellos y fueron enviados a la Torre.

Se dijo que Thomas, “inspirado y seducido por el diablo”, se había prometido a Lady Margaret porque pretendía hacerse con el trono a través de ella. Por dicho delito fue declarado culpable de alta traición. Se decidió que ninguna mujer de la familia real podría casarse sin el consentimiento del rey, o de lo contrario ambos contrayentes serían hallados culpables del mismo crimen.

 Lady Margaret Douglas

Corría el verano de 1536 cuando fueron hechos prisioneros. Nunca volvieron a verse. Al poco tiempo ambos caían gravemente enfermos en la Torre, y en noviembre el rey, ante la preocupación por la salud de su sobrina, se vio obligado a permitir que la trasladaran a un convento a orillas del Támesis.

Con el nacimiento del príncipe Eduardo, Margaret perdió importancia política, por lo que finalmente fue liberada y recuperó el favor real. Thomas no corrió la misma suerte: murió en la Torre a consecuencia de unas fiebres en octubre del año siguiente. Margaret parece haber estado realmente enamorada, como demuestran algunos poemas que escribió para él, pero no permaneció inconsolable. Otro Howard, sobrino de Thomas, se enamoró de ella, y Enrique consideró necesario enviar al arzobispo Cranmer para advertirla. La experiencia, sin embargo, le había enseñado prudencia, y no intentó comprometerse más veces hasta 1544, cuando, contando 30 años, el rey la prometió al cuarto conde de Lennox, un noble escocés emparentado con la familia real. Para entonces había muerto el rey de Escocia dejando en el trono a su hija, María Estuardo.

El matrimonio fue un éxito. Lennox se refiere a su esposa en las cartas como su “dulce Mage”. Tuvieron ocho hijos, aunque solo dos de ellos sobrevivieron a la infancia. El mayor fue Lord Darnley.

 María Estuardo

Margaret siguió siendo católica durante toda su vida, por lo cual, con la llegada al trono de Isabel, perdió parte del favor del que gozaba. Pero, aunque nunca trató de reclamar la corona para sí misma, no olvidaba sus derechos, y secretamente alentaba grandes ambiciones para sus hijos. Uno de los planes era precisamente casar a su primogénito con la reina de Escocia, viuda ya entonces de Francisco II de Francia. Isabel, sin embargo, se aferraba tenazmente a su privilegio de permitir o prohibir los matrimonios de sus súbditos. Al tener conocimiento de lo que se proyectaba, envió a Lennox a la Torre y puso a Margaret y a sus hijos bajo la custodia de Sir Richard y Lady Sackville, en Sheen. Desde allí Margaret no dejaba de escribir a la reina, humillándose hasta el infinito y asegurándole que ni ella ni su esposo permitirían nunca que su hijo se casara con la escocesa. Finalmente Isabel, convencida de su sinceridad, la perdonó y liberó a su esposo, pero continuó negándose a recibirlos en la corte. Poco después ambos se retiraban a sus tierras de Yorkshire.

Uno o dos años más tarde, Lennox solicitó permiso a Lord Burleigh para viajar a Escocia con su hijo, al objeto de atender unos asuntos familiares en los que se precisaba la firma de Darnley. El ministro obtuvo el consentimiento de la reina y ambos partieron mientras Margaret se quedaba en Inglaterra con el menor de sus hijos, Carlos, de nueve años. Cuando llegaron los rumores de que María Estuardo contemplaba a Darnley con excesivo agrado, Isabel ordenó el inmediato regreso, pero no logró impedir que la boda se llevara a cabo en julio de 1565.

Mientras en Escocia se celebraba con fiestas el enlace, en Inglaterra Margaret sufría las consecuencias de la cólera real: era enviada nuevamente a la Torre mientras se confiscaban las propiedades de su esposo. En realidad, y a pesar de la pena de reclusión, nunca fue físicamente maltratada, y además se le asignaron unos aposentos perfectamente amueblados junto con dos damas, una sirvienta y un lacayo para atenderla. Pero su ansiedad era grande: apenas recibía noticias de su esposo y su hijo; parecían haberla olvidado, y Carlos, un niño débil y enfermizo, se había quedado solo en Settrington al cuidado de 30 servidores hasta que Isabel ordenó a Charles Vaughan y su esposa Lady Knevet que se hicieran responsables de su salud y seguridad.

 Lady Margaret Douglas

En junio de 1566 la reina Isabel envió noticias a Margaret del nacimiento del hijo de Darnley y María, que reinaría un día como Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra. Cuando meses más tarde Darnley moría asesinado, su desdichada madre fue puesta de inmediato en libertad. Lennox se reunió con su esposa y ambos reclamaron venganza a Isabel. Consideraban a María Estuardo responsable de la muerte de su hijo.

El matrimonio recuperó el favor de la reina, y Lennox fue nombrado regente durante la menor edad de su nieto tan pronto como María abdicó. Pero el 4 de septiembre de 1571 era asesinado en Stirling. Sus últimas palabras fueron para proclamar una vez más su amor por su esposa, a quien ya solo le quedaba Carlos, su hijo menor.

Todas las esperanzas y ambiciones de Margaret se centraban ahora en concertar para él un buen matrimonio. La elegida fue Elizabeth Cavendish, pero esa unión no era del agrado de la reina, por lo que se celebró en secreto en 1574, fingiendo que todo se hacía contra la voluntad de los padres de ambos.

El 17 de noviembre llegaron órdenes de dirigirse a Londres inmediatamente para responder ante Isabel por haber dado un paso tan importante sin consultarle. Los recién casados, con sus madres, se dirigieron a su encuentro. El enojo de la reina era grande, lo bastante para que Margaret fue enviada a la Torre una vez más.

—Tres veces he sido enviada a prisión —se lamentó al atravesar sus puertas—, y no por traición, sino por asuntos de amor. Primero cuando Thomas Howard, hijo de Thomas, duque de Norfolk, se enamoró de mí; luego por el amor de Henry Darnley, mi hijo, a la reina María de Escocia; y por último, por el amor de mi hijo menor a Elizabeth Cavendish.

 Isabel I

Se llevó a cabo una investigación que no pudo encontrar pruebas concluyentes de que se tratara de un complot, de modo que finalmente fue puesta en libertad. Margaret Douglas regresó a su casa de Hackney, donde la aguardaban su hijo y su nuera. Pero no encontró la felicidad: para entonces Carlos estaba enfermo, y no viviría mucho tiempo. Moría en 1576, consumido por la tuberculosis.

La pena de Margaret fue enorme. Abatida y en la más absoluta miseria, no tardaría en seguir a su hijo al sepulcro. En marzo de 1578 recibió la visita de Robert Dudley. Cuando se marchó comenzó a encontrarse mal, y falleció dos días después. Fueron inevitables los rumores de que Dudley la había envenenado, pero nunca se encontró ninguna prueba que sustentara dichas habladurías.

Margaret Douglas fue enterrada en la abadía de Westminster, en la misma tumba que ocupaba su hijo menor en la capilla de Enrique VII. Su situación económica había llegado a ser tan calamitosa que la reina hubo de costearle el funeral.

21 comentarios:

  1. Vaya una vida atormentada. Tantas ambiciones para no ver colmada ninguna.
    Hay vidas incomprensibles.
    Bisous

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  2. Me ha parecido un personaje muy interesante madame. Pobre mujer, le tenían reservada una celda en la Torre por lo que se ve. Sin embargo, a pesar de ser Margaret Douglas la hija de la hermana mayor del rey, Enrique VIII terminó por colocar en la línea de sucesión al trono a las hijas de su hermana menor María Tudor, duquesa de Suffolk, por delante de la descendencia de Margarita Tudor.

    En cuanto a las sospechas de muerte por envenenamiento. Que quiere que le diga madame, Robert Dudley me parece un personaje siniestro, es sospechoso también de haber asesinado a su esposa Amy Robsart. Y Margaret Douglas molestaba en las altas esferas. Aunque, mientras no se demuestre lo contrario con pruebas verdaderamente concluyentes, todo el mundo es inocente.

    Un abrazo

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  3. Hola Madame

    ¡Qué vida tan dura! Tres veces a la Torre y por amor. La verdad tuvo que ser una mujer muy fuerte y con gran confianza en si misma y sus sentimientos.

    Me alegro de haberle conocido, y con ella a sus amores y desgracias.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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  4. Finalmente, detrás de todas las intrigas está el celo del poder o el deseo morboso de alcanzarlo. Saludos my Lady.

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  5. Vamos, que no paraba la buena de Lady Margaret de dar disgustos a la reina. Y con cada disgusto, unas vacaciones en la Torre, jejeje. Beso su mano.

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  6. Hola Dame Masquée!!Una dama fuerte y también con sentimientos. Su vida fue dura. En aquellas épocas también se divorciaban, quizás por otros motivos.
    muy bueno el post.
    Bisousss

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  7. Me llama la atención que en esa época pudiera casarse con la avanzada edad de 30 años. Y visto su biografia seguramente tenía ya asignada una celda en la Torre, la llegó a conocer bien, por lo que leo.

    Bisous, Madame

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  8. Entonces ya comprendo completamente bien como es qe los Estuardo estaban emparentados con los Tudor, si sabia que mediante el matrimonio de Margarita hermana de Enrique VIII, pero no comprendia bien el enlace...

    Pobre dama, de haber tenido oportunidades magnificas, acabo sus dias sumida en la tristeza y en la miseria, creo que era deber de su prima Isabel costearle el funeral...

    HAsta pronto Madame.

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  9. ¡Vaya!! hasta que al fin lo consiguieron!! Y me refiero a que han antepuesto siempre otras cosas al amor, dinero, poder político, y estrategias de progreso; las cuales ya han prendido en la Idiosincrasia humana; ahora el (o la) que se enamora es un anticuado y necio si es que no ve en ése amorío algo de provecho.

    Un gran abrazo

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  10. Que bien tenían controlados los casamientos para que no dieran problemas sucesorios.

    Saludos.

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  11. Hay vidas como esta, que son un reguero de desgracias y esperanzas cercenadas. Muy triste el final de esta noble dama.
    Saludos.

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  12. una vida muy ajetreada y es que la política en esos años era un oficio de riesgo...

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  13. vaya vida más fastidiada. a veces nacer noble no parece que te asegure nada bueno. qué peligroso ser parte de una saga tan poco 'amorosa' con la familia. tudor y estuardo, qué perlas.

    saludos madame!
    buen comienzo de semana... no, que estamos a miércoles!

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  14. Pobre mujer, aparte de las zozobras personales y de tener que pasar por el amargo trance de sobrevivir a su propio hijo, estaba abonada a la torre.
    Un saludo.

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  15. ¡Qué existencia tan lamentable, Madame, entrando y saliendo de la Torre con más asiduidad que la mayoría de los verdaderos delincuentes! ¡Y todo por asuntos de amor, como bien dice la dama!

    ¿Qué puedo decirle de Isabel? Jamás he sentido simpatía alguna por esta monarca, siempre la he tenido por caprichosa, arrogante y orgullosa, y desde luego su vanidad supo sacarle partido a la corona.

    Lamentable vida la de esta dama, que sin embargo fue amada de verdad por su esposo.

    Bisous y buen dia.

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  16. Madame, una azarosa vida llena de peligros, como era normal en ésa época, pero lo que más llamativo es la mortalidad infantil. En palacio pocos niños sobrevivían, qué sería de los que nacían fuera de él. En fin, Margaret tuvo un destino muy poco afortunado.

    Buenas tardes y bisous.

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  17. Curiosa dama que siempre anduvo de acá para allá, disfrutando de los favores de la corte y perdiéndolos, de su palacio a la torre y siempre en la brecha. Suerte tuvo de morir en su propia cama y no decapitada entre tantas conspiraciones.
    Besos

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  18. Hola Madame:

    A veces, y mire que no creo en él, el destino nos depara cosas que no queremos...

    Vaya vida la de esta dama. Aunque depués de todo pienso que fue fructifera

    Saludos Madame

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  19. Una vida llena de intrigas, de encuentros y desencuentros, como todos los que tuvieron algo que ver con su tío Enrique VIII.
    Parece que fue buena, pero en esas cortes era imposible terminar bien.
    Una historia desconocida para mi pero muy interesante.
    Bisous

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  20. Pobre Margaret: pocas veces le llegaron naipes decentes y los adversarios eran demasiado poderosos.
    Me ha sorprendido el segundo párrafo, la nulidad del matrimonio de sus padres. Voy a investigar un poco.
    Buenas noches, Madame

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  21. Pocos y pocas entonces se salvaban de la temida Torre de Londres. Vida convulsa y poco acierto en la elección de las personas para prometerse. Se aprende mucho de la vida de estos personajes. Un cordial saludo y beaucoup bisous.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)