jueves, 3 de noviembre de 2011

La vida privada de Carlos VII


La vida privada de Carlos VII resulta poco edificante. Tuvo numerosas amantes, lo que no le impidió engendrar una docena de hijos con la sufrida reina, María de Anjou. Durante su relación con Agnès Sorel el comportamiento del rey fue más moderado, pero a la muerte de la favorita Carlos se entregó a un absoluto desenfreno. 

Su primera amante había sido la hija del presidente Louvet, uno de los consejeros más funestos y corruptos que tuvo durante su juventud. Louvet era un político inepto que ocupaba una plaza en el consejo gracias a Luis II de Anjou, suegro del rey, y que lograba mantenerse mediante el poco honroso procedimiento de entregar a su hija por amante. 

La joven, a la que llamaban Juana la Louvette, estaba casada. Para salvar las apariencias, su padre la colocó como dama de María de Anjou, en lo que encontró la plena colaboración de su esposa. La relación, por supuesto, resultó muy provechosa para la familia. Valga como ejemplo una carta fechada el 17 de junio de 1427, en la que el rey acuerda conceder “a nuestra bienamada la Señora de Mirandol, esposa de nuestro querido y leal consejero y chambelán Juan Louvet, Señor de dicho lugar de Mirandol, la suma de 500 libras tornesas…”. 


Carlos tuvo numerosas amantes antes de comenzar su relación con Agnès Sorel. Una de ellas fue Catherine de l’Isle-Bouchard, considerada una de las mujeres más bellas de su siglo. Catherine se casó cuatro veces. Por la época de su relación con el rey, estaba casada con su tercer esposo, el violento Pierre de Giac, que había sido amante de Isabel de Baviera, la madre de Carlos. El caballero alcanzó el puesto de superintendente de finanzas, honor que probablemente debió a los encantos de su mujer. 

Catherine, nacida hacia 1399, era dama de la reina y fue madrina de su primer hijo, el Delfín Luis, futuro Luis XI. Era, ciertamente, una mujer poco escrupulosa. La larga y rápida sucesión de esposos, a veces en circunstancias trágicas y procedimientos violentos, atestigua este rasgo de su carácter. Pierre de Giac se había deshecho de su primera esposa, Juana de Naillac, mediante un método bastante expeditivo: cuando supo que esperaba un hijo de su amante Juan Sin Miedo, duque de Borgoña, la obligó a ingerir un veneno. Después la ató a la grupa de su caballo y la transportó de ese modo durante 15 leguas. La infortunada Juana murió a consecuencia de la hemorragia que le produjo la salvaje reacción de su esposo. 

En enero de 1427 Pierre fue secuestrado por Georges de La Trémoille con la colaboración del condestable Richemont. Se presentaron en su residencia de Issodoun acompañados por los arqueros de su guardia. Tras forzar la puerta de la alcoba, lo arrastraron fuera de la cama y, vestido tan solo con su camisa de dormir y con las botas, lo montaron en un mulo y lo llevaron al castillo de Dun-le-roi. Allí fue sometido a una parodia de juicio por alta traición. Hallado culpable, su final fue trágico: lo metieron en un saco que después cosieron y arrojaron al río Auron. Catherine tampoco hizo remilgos esta vez. Nada de lo sucedido fue obstáculo para que aceptara a La Trémoille como su cuarto marido. 


Otra de las amantes de Carlos VII fue Antoinette de Maignelais, prima de Agnès Sorel. Fue la propia Agnès quien la había introducido en la corte con el propósito de procurarle un esposo. La favorita no vivió lo suficiente para ver realizado su deseo, pero poco después de su muerte, Antoinette, que contaba 16 años, se casaba con André de Villequier. La complacencia del esposo fue recompensada con numerosos señoríos y con el castillo de la Guerche, que el rey ordenó construir para ellos. 

La joven tenía 28 años y era sumamente bella, pero, por lo demás, no se parecía a su prima en ninguna otra cosa. Se trataba de una mujer ambiciosa que solo buscaba su propio provecho. Corrupta, infiel como esposa y como amante, estuvo implicada en todos los crímenes y episodios vergonzosos que ensombrecieron los últimos años del reinado de Carlos VII. Tuvo dos hijas durante la época de su relación con el rey, pero ninguna de ellas fue reconocida por el soberano. 

La dama se ocupaba de que a Carlos no le faltara en su lecho alguna novedad capaz de satisfacer sus deseos. Le proporcionaba mujeres complacientes que buscaba entre su séquito e incluso entre sus parientes y en la familia de su esposo. Juana y Margarita de Villequier, su propia hermana Juana de Maignelais, Juana y Margarita Bradefer, Juana de Rosny, Cotelle de Vaux y muchas otras tuvieron por misión entretener al rey, y a tal efecto fueron puestas como damas de honor al lado de la reina, o casadas con chambelanes que eran recompensados con cargos lucrativos. 

Castillo de la Guerche

Pero el personal de la corte pronto resultó insuficiente para el lujurioso monarca. Era preciso reclutar más, y Antoinette no reparó en cuanto a los medios. Jacques du Clerq habla en su crónica de una joven a la que arrojó en brazos del rey en contra de su voluntad: 

“En ese año de 1455 … vivía en la ciudad de Arras una joven, hija de un escudero llamado Antoine de Rebreuves. Se llamaba Blanca. Esta joven se presentó en la corte acompañada de la Señora de Jeuly. Blanca era la muchacha más hermosa que hubiera podido contemplarse. Tan pronto como la vio Mademoiselle de Villequier, insistió mucho en tenerla a su lado, pero la Señora de Jeuly le respondió que debía devolverla a su padre, sin cuyo permiso nunca la entregaría, y se la llevó consigo. Poco después, por el acuerdo y consentimiento de su padre y del Señor de Sancourt, tío de Blanca, el Señor de Jeuly, Jacques de Rebreuves, hermano de Blanca… llevó a su hermana, de 18 años, a la corte del rey para residir con mademoiselle de Villequier… Al abandonar la casa de su padre, en la ciudad de Arras, lloró mucho, y me aseguraron que decía que prefería quedarse con su padre y comer solo pan y beber solo agua…” 

Su padre era rico, pero avaro, y su hermano sumamente ambicioso, de modo que Blanca de Rebreuves fue sacrificada. La entregaron a Antoinette, quien a su vez la entregó al rey. 

Poco duró en el lecho del monarca antes de ser sustituida por la hija de un pastelero. Y a ella siguieron muchas otras cuyos nombres fueron ignorados por los cronistas. El rey mantenía para entonces una especie de harén o “escuadrón volante”, “un Parque de los Ciervos ambulante que le seguía a todas partes”, y del que madame de Villequier se ocupaba con un arte y un celo admirables. A él pertenecían sus cuñadas Marguerite de Monteil y Antoinette de Vauvert. 


“Madame de Villequier tenía también cinco o seis jóvenes entre las más bellas del reino, las cuales seguían a dicho rey Carlos por donde quiera que iba; y estaban vestidas y adornadas tan ricamente como era posible, como reinas; y llevaban un gran séquito, todo a expensas del rey…” 

El duque Francisco II de Bretaña se había rendido a los encantos de Antoinette ya en vida de Carlos, circunstancia que ella aprovechó para arrancarle las ricas tierras de Chollet, en Anjou. A la muerte del soberano se convirtió en la favorita del duque, con quien tuvo dos hijos y dos hijas. Allí murió, en la corte de Bretaña, en el año 1474.

21 comentarios:

  1. Tiene unos rasgos faciales muy normalitos el rey Carlos VII. Y qué bien suenan son los nombres de la nobleza francesa.

    Reciba mis saludos.

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  2. Hola Madame

    Tuvo que ser una vida realmente dura ser mujer en aquella corte. Por un lado, las madames ambiciosas que no hacían ascos a nada; y por otra, las pobres sufrientes que no tenían manera de poner fin a su condición de ser "moneda de cambio". Triste vida.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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  3. Escuadrón volante o Parque de ciervos. No sé qué es menos edificante. Pero, qué problema tenía este hombre con las mujeres, que siempre guardan islas misteriosas. ¡Qué carrusel!

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  4. Cuántas intrigas y qué pocos escrúpulos. Con la vida de este rey se podría hacer un culebrón.

    Buenas noches Madame.

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  5. Vaya pajarito este Carlos VII, picaba por todos lados, claro que con una intendente como Antoinette, qué iba a hacer.
    Curioso cuadro el de la favorita Sorel, con un pecho desnudo y su nombre escrito en el cuadro.
    Beso su mano.

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  6. Escuadrón volante y paque de ciervo qué manera de tratar a las mujeres. No me extraña que algunas fueran como alcahuetas del rey en esa época pocas opciones tenían.

    Bisous

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  7. Que agotamiento, por Dios, le quedó algún tiempo para otra cosa???

    La pintura me ha llamado mucho la atención, Madame.

    Bisous

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  8. Vaya por Dios, ¿y no tuvo ningún altercado con algún marido despechado?, aunque por lo que cuenta pagaba muy bien estos tratos.

    Buen día.
    Bisous.

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  9. aquello más que corte era un burdel... hay que ver con que facilidad prostituian a esposas, hijas o hermanas...

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  10. cuando al principio del artículo decía que era 'poco edificante', pensaba que exageraba.
    pues no. ni un pelo. vaya piezas, tanto el propio rey como el resto de personajes que van apareciendo tienen una catadura moral, bochornosa.
    o que la necesidad es muy mala. que también.

    buen fin de semana madame.
    bisous!

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  11. Qué potencia... pero con esa cara cómo podía tener tantas amantes...!!!! seguro que no se la miraban.
    Bueno, nos presentas un rey y una corte para echar a correr.
    Interesante artículo.
    Bisous

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  12. Vaya, vaya con Carlos VII. Todo un picaflor. ¿Tendría otros hobbies?
    Un saludo.

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  13. Unas vidas muy tormentosas. Mientras leía la primera parte, con todos los crímenes que se cometieron, hasta el rey Amulio me parecía menos malvado. Luego, todo ese juego inmundo de utilización de las mujeres para medrar sus maridos o sus hermanos o sus padres... ¡Qué papel tan amargo se nos reserva a las mujeres! Y aún es más atroz que sean otras mujeres quienes abusen de nosotras. Besos impresionados, querida amiga.

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  14. Hola Madame:

    Cómo se dice en Venezuela, el Rey era picaflor...

    Unas intrigas dignas de Película.

    Cada quien tenía un sitio en la cama del otr@....

    Saludos Madame

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  15. Me atrevo a mandarle una felicitación al rey Carlos en el día de su onomástica, aunque no deja de ser un impresentable. Saludos, Madame.

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  16. Desde luego su vida intima, si es que los reyes la tienen, no se puede poner como ejemplo si no todo lo contrario. No es que los tiempos hayan cambiado algo en esto, pero desde luego las monarquías no se pueden poner como ejemplos de virtudes precisamente.
    Un beso.

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  17. Al final todas las familias ganaban, puesto que hasta los padres intentaban colocar a las hijas en la cama del rey para obtener beneficios. Hasta la familia de la mujer pasaba por el aro. Me gustó la pintura de Agnes Sorel con un pecho fuera, ¿sabría, madame, decirme de quien es? Que tenga muy buena tarde. Bisous.

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  18. Muchas gracias a todos.

    Monsieur Paco Hidalgo, con respecto a su pregunta, parece ser que el honor le corresponde a Jean Fouquet, o cuando menos a su escuela.

    Feliz fin de semana para todos ustedes

    Bisous

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  19. El catálogo de virtudes cortesanas es asombroso: entregar niñas a monarcas depravados, comprar voluntades, asesinar sin remilgos y traicionar con tal de mantener la influencia social y política. Madame, sus crónicas consiguen que recobre el optimismo en la época actual- y en este lado del planeta-

    Bisous y disfrute del fin de semana.

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  20. Con el debido respeto, Madame, y siguiendo al pie de la letra el Diccionario de la Rae (acepciones 2 y 8): ¡Vaya colección de cabrones nos presenta hoy!
    En fin: cada uno se busca la vida como puede.
    Buenas noches, Madame

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)