viernes, 18 de noviembre de 2011

La increíble historia de Teodoro de Córcega (II)


Teodoro puso rumbo a Túnez, donde esperaba ganar al bey para su causa. Obtuvo armas y provisiones, y tres barcos proporcionados por el cónsul inglés. No era gran cosa, pero con esta pequeña flota zarpó hacia el que estaba destinado a ser su reino. 

El 15 de marzo de 1736 desembarcaba en Aleria. Los corsos lo recibieron entre aclamaciones, y un mes después de su llegada era coronado. En adelante sería Teodoro I, rey de Córcega y Capraja. Como la corona de oro que venía de Italia había sido interceptada por los genoveses, para salir del paso le ciñeron una de laurel. 

—¡Larga vida a nuestro rey Teodoro! —gritaron entonces. Los vítores se repetían como un eco por todo el lugar. 

Se declaró que el título sería hereditario dentro de su familia, y hubo un suntuoso banquete para celebrar el acontecimiento. Después, bien entrada la noche, lo condujeron a su alcoba. 


A la mañana siguiente, Teodoro se sintió indispuesto a consecuencia de los excesos. Recibió en la cama y obsequió a sus consejeros con una taza de chocolate. Luego solicitó unos días de descanso y diversión antes de comenzar a trabajar. Cuando se fueron los consejeros, entraron cuatro asistentes para lavarlo y vestirlo con toda la parafernalia debida a un monarca. Media hora más tarde aparecía envuelto en púrpura, con una enorme peluca y su famoso bastón. Seguido por sus servidores, se dirigió al puerto para presenciar cómo terminaban de descargar sus barcos. Cuando trajeron la caja que contenía zapatos, ordenó que fuera abierta y su contenido distribuido entre la gente. Por todas partes arreciaban los gritos de “¡Larga vida al rey! ¡Larga vida al rey Teodoro! ¡Larga vida al libertador!” 

Teodoro era consciente de que estaba jugando un juego muy peligroso. Había prometido a los corsos el apoyo de una gran potencia, pero era lo bastante inteligente para comprender que, a pesar del ofrecimiento del sultán, solo un milagro podría ayudarle. Tampoco se le ocultaba que había ofendido muchas sensibilidades conservadoras al introducir en la isla la libertad de conciencia, pero no tenía alternativa: la tolerancia era esencial si quería tener alguna posibilidad de que le enviara ayuda el sultán, el bey de Túnez o los ingleses. 

Se dio cuenta muy pronto de que los corsos eran celosos. Teodoro tenía como favorito a Giafferi porque este había sido el líder de los diputados encarcelados por los genoveses. Los demás comenzaron a mostrar rencor hacia Giafferi. Los problemas se acumulaban; la energía del monarca pronto resultó excesiva para sus súbditos. Teodoro parecía empeñado en darle la vuelta a todo. No comprendía sus prejuicios ni sus viejas tradiciones, y a veces daba la impresión de que los consideraba salvajes que necesitaban ser civilizados. 

Sin embargo, el rey mostraba bastante habilidad y mucha mano izquierda, y seguramente hubiera sido capaz de sostenerse en su trono de haber contado con medios suficientes. Europa no se había inquietado en exceso con las novedades que estaban sucediendo en Córcega. Pensaban, seguramente, que las cosas caerían muy pronto por su propio peso. Y no se equivocaban: al cabo de siete meses de reinado se habían agotado los recursos y el dinero que Teodoro había sido capaz de recabar de sus aliados. Su situación era insostenible, así que había llegado el momento de poner pies en polvorosa. Tras nombrar a Paoli y Giafferi como comandantes en jefe, dejó un consejo de regencia y se embarcó el 11 de noviembre disfrazado de sacerdote. 

Paoli

Sin embargo, Teodoro no se daba por vencido. Había prometido un pronto regreso, y estaba convencido de ello cuando zarpó. Inició una gira por diversos países, esperando encontrar aún algún apoyo a su causa. Las cosas no le fueron bien, y estando en París sufrió un atentado fallido, tal vez por parte de agentes genoveses. 

Dos años después de su partida, Teodoro había conseguido reunir una pequeña flota de cuatro barcos y regresó a Córcega. El pueblo lo recibió bien, pero no encontró a ninguno de sus antiguos colaboradores. Los genoveses habían recuperado el control, y los holandeses a los que había logrado embaucar lo abandonaron al ver que allí no había nada de las riquezas que les había prometido. Teodoro se resignó a partir rumbo a Nápoles. 

Años más tarde hizo un segundo intento. Fue en 1743, y esta vez con la ayuda británica, pero la expedición fue igualmente un fracaso. 

El rey Teodoro acabó en Londres. Allí residía en unos apartamentos que alquiló en la elegante Mount Street. Al principio no le fue tan mal: su persona era una curiosidad que la buena sociedad se disputaba, por lo que era invitado a muchos eventos. Pero al cabo de un tiempo, cuando todos habían escuchado ya sus aventuras, se aburrieron de él. 

Mount Street, Londres

Su ánimo se había apagado. Sumido en la depresión y comido por las deudas, terminó en la prisión de King’s Bench. Lady Yarmouth y Lord Granville le ayudaban económicamente lo suficiente para aliviar su miseria, pero no tanto como para saldar sus cuantiosas deudas. 

Durante los dos años siguientes su situación continuó empeorando, porque el número de visitas que recibía, y por tanto el de amigos dispuestos a ayudarle en alguna medida, iba disminuyendo. Al cabo de otros dos años estaba tan desesperado que escribió a varias personas diciéndoles que corría el peligro de morir de necesidad, al faltarle artículos indispensables. 

La condesa de Yarmouth

En febrero de 1753 se abrió una colecta para poder recaudar el dinero con el que sacarlo de la cárcel, pero solo se reunieron 50 libras, principalmente porque la mayoría de la gente no pensó que el llamamiento fuera en serio. Se hubiera necesitado reunir 1500 para pagar las deudas de Teodoro. 

Finalmente fue liberado en 1755, a cambio de la cesión a sus acreedores de sus derechos sobre Córcega y todas las posesiones de la isla, reservándose para sí tan solo el título de rey. 

A comienzos del año siguiente nuevas deudas lo llevaron de regreso a la prisión, pero ahora estaba completamente resignado a su suerte. Con sonrisa derrotada, se limitó a comentar que al menos allí recibía diariamente una ración de pan. 

Prisión de King's Bench

En esta ocasión recuperó la libertad al cabo de no mucho tiempo, pero su vida tocaba a su fin. Poco después, un día en que iba caminando por la calle, se sintió fatigado y alquiló una silla de manos, ordenando que lo llevaran a casa del embajador portugués. El embajador no se encontraba en casa, o tal vez no quiso recibirlo, de modo que Teodoro se hizo conducir a la casa de un modesto sastre del Soho. El sastre lo acogió en su hogar y le permitió descansar en la única cama que poseía. 

El rey de Córcega ya nunca más se levantó. Tres días más tarde fallecía en aquel humilde lecho. 

Como el sastre carecía de recursos, no podía costear los gastos de un funeral. Por fortuna, apareció un rico mercader que se ofreció a ocuparse de todo, porque “no todos los días se tenía en honor de enterrar a un rey”. El hombre ordenó los mejores materiales, y Teodoro, “Rey de Córcega por la Gracia de Dios”, fue luego conducido al cementerio de Santa Ana, en el Soho. Horace Walpole erigió una placa con una corona y una inscripción que decía: 

Junto a este lugar está enterrado 
Teodoro, rey de Córcega, 
Que murió en esta parroquia el 11 de diciembre de 1756, 
Inmediatamente después de abandonar la prisión de King’s Bench 
Por el beneficio del acta de insolvencia, 
A consecuencia de lo cual registró 
Su reino de Córcega 
Para uso de sus deudores 

La tumba, esa gran maestra 
Pone al mismo nivel a héroes y mendigos, galeotes y reyes, 
Pero Teodoro lo aprendió antes de morir. 
El destino le prodigó en vida sus lecciones. 
Le concedió un reino y le negó el pan.



Bibliografía:
Aventureros del siglo XVIII – Peter Wilding
Monarchs retired from business - John Doran

17 comentarios:

  1. Vaya final, Madame a toda una vida de altibajos. Triste manera de abandonar este mundo practicamente solo.
    Desde luego el epitafio no puede ser mejor.

    Bisous

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  2. Un epitafio que resume su vida de una forma muy bien lograda, la vida de un aventurero que vivió el presente durante toda su vida, y que como dice el refrán se metió en camisa de 11 varas.

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  3. Fascinante hasta el final. Y, como dice Jose Luis, el epitafio es magnífico.
    Yo debo estar un poco obsesionado, pero he encontrado ciertos paralelismos con la actualidad en este rey que cede sus derechos sobre su reino para pagar sus deudas.
    Feliz fin de semana, Madame

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  4. qué final más triste. y cuánta dignidad presentan los escritos cuando alguien muere, pero de qué poco le sirven al que se ha ido en la miseria.
    buen fin de semana, madame!

    bisous!

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  5. Osadía y picaresca no le faltaban a este hombre que, dando tumbos de un lado a otro, consiguió alcanzar puestos y cumplir metas que muchos otros ambicionarían para sí. No sé si llamarlo loco o simplemente pobre iluso, el caso es que fue rey y laureado y vivió más aventuras que el más audaz aventurero.

    Bisous madame y buen fin de semana.

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  6. Si que es increíble madame esta historia. Pero no pude decirse que lo intemtó todo. Se levantó una y otra vez, y salvó su pellejo.Era un visionario, un cara dura o un loco. Una historia curiosa sin duda.
    Bisous y buen finde

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  7. He leído esta segunda parte y vuelto a leer la primera, porque ésta lo hice la otra noche ya muy tarde, muerto de sueño. Recuerdo que tuve que releer varios párrafos más de una vez, y recuerdo bien que comente sobre la suerte de los corsos por no haber tenido a este personaje como rey. Hoy al ver su coronación he vuelto a leerlo todo bien y desde luego me equivoqué al quedar seguro que no sería rey de Corcega, pero no que que más les hubiera valido que no lo hubiera sido. Un tipo listo, o no tanto, Teodoro, pero con mala estrella, que acabó mál. Ni siquiera pudo morir en cama propia.
    Beso su mano.

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  8. Es una historia ejemplar, las aspiraciones de un hombre inclinado a la vida ociosa, el sablazo y la grandeza que tuvieron como triste final la casa de un compasivo sastre. Casi es una fábula moral.
    Madame, ese copión- o copiona- de su blog revela a una persona mediocre y tontuna porque, oiga, hay que ser zoquete para dedicarse a clonar blogs ajenos.

    Muchos bisous y pase usted un buen fin de semana, malgré tout.

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  9. Una vida interesante, estresante, azarosa y con un final triste.
    Y es que no somos nadie.
    Un saludo.

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  10. edespues de leer esta segunda parte uno se alegra que no consiguiera ser rey de Corcega, hay gente que en aapriencia parece una cosa pero en la realidad es todo lo contrario.
    Un beso.

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  11. POBRE TEODORO, SI QUE FUE CRUEL SU SUERTE, CON SUEÑOS TAN GRANDES, TERMINAR ASÍ...
    QUERIDA MADAME TRISTE HISTORIA LA DE HOY, SALUDOS AMIGA

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  12. De rey a casi mendigo. La de vueltas que da la vida.
    Un relato muy ameno como siempre de su parte madame.

    Besos.

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  13. Un reino es muchas cosas, pero también dinero. Aquí uno de los temas de fonod es la deuda, tan actual.
    Ni tan siquiera inquietó a las potencias. Pobre Teodoro.
    Magnífica historia, Madame.

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  14. Hola Madame:

    Triste final para el caballero.

    Aunque el epitafio dice una gran verdad: Las tumba pone al mismo nivel a todos.

    Saludos Madame

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  15. A una vida tumultuosa le corresponde un final bastante gris y oscuro. Esa entrega del poder es increíble, como toda la historia. Me han gustado las dos entregas, y paso a ver ese malasombra que copia sus textos, y puede que los de otros. Buen fin de semana lluvioso, madame.

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  16. Hola Madame

    Un hombre que fue lelvado por el destino, y vivió lo mejor y lo peor. Me ha gustado mucho el epitafio, resume lo que fue su vida y cómo la vivió.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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  17. Querida madame he llegado tarde mil perdones!He quedado fascinado con esta historia del segundo corso mas famoso del mundo . Un paseo por la vida de este aventurero del cual "la meca del cine " le tendria que poner unos boletos . De las mas altas esferas a terminar su ultimas horas en una cama de un sastre ...
    Llegando incluso a timar turcos ,un grande sin dudas
    Un abrazo y buen domingo !

    PD :Lamento la copia de la que fue victima su pagina ,es que emular a los mejores de mala forma se esta haciendo costante me temo

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)