martes, 22 de noviembre de 2011

El hidalgo español

El caballero de la golilla - Murillo



Ufano de su talle y su persona,
con la altivez de un rey en el semblante,
aunque rotas quizá, viste arrogante
sus calzas, su ropilla y su valona;

cuida más que su hacienda su tizona,
sueña empresas que olvida en un instante,
reza con devoción, peca bastante,
y en lugar de callarlo, lo pregona;

intentó por su dama una quimera
y le mataron sin soltar la espada;
sólo quiso, al morir, que se le hiciera,

si algo quedó en su bolsa malgastada,
una tumba de rey, donde dijera:
“Nació para ser mucho… y no fue nada”.

(José María Pemán - De la vida sencilla)



Los hidalgos constituían la capa inferior de la nobleza, por debajo de los caballeros. Estos se dividen a su vez en caballeros de hábito, es decir, miembros de las Órdenes de Caballería, y los caballeros simples. Pero la hidalguía representaba nada menos que un 90% del estamento nobiliario. El porcentaje de nobles en España era grande, y en algunos lugares los hidalgos constituían la mayor parte de la población: en Asturias en 1773 los hidalgos censados eran el 86 % de los habitantes, y en Cantabria también representaban una amplia mayoría. Cuando los Borbones alcanzaron el trono había en España unos 600.000 entre un total de nueve millones de habitantes.

La hidalguía se originó durante la Reconquista, y podía acceder a ella cualquier plebeyo que pudiera costear su propio servicio en la caballería. A partir del siglo XII se cierra el acceso a quien no fuera a su vez hijo de hidalgo. Es durante dicha época cuando en Castilla y León se empieza a utilizar el término hidalgo en lugar de infanzón. Designaba a aquellos que, aunque sin título ni fortuna, descendían de algún noble o de antepasados que se hubieran distinguido por sus hechos y posición. Aquellos que obtuvieron la hidalguía en tiempos de la Reconquista, eran considerados hidalgos primarios, mientras que los que se establecieron en tierras ya conquistadas y alcanzaron posteriormente el rango fueron secundarios

Uno de los rasgos que caracterizan a los hidalgos es la exención fiscal. No contribuían al pago de impuestos, a cambio de lo cual hacían una prestación militar, debían mantener caballo y armas y acudir a la guerra cuando el rey los llamase. Como eran tan numerosos e improductivos, esto resultaba gravoso para la hacienda pública, de modo que los Borbones estimaron necesario reducir considerablemente el número de nombramientos. 

El hidalgo español gozaba, además, de otros privilegios, como el de no poder ser sometidos a tormento ni encarcelados por deudas. Tampoco podían ser embargados sus bienes, a menos que la deuda fuera con el rey. Su domicilio era inviolable, solo podía ser juzgado por sus pares y, si era sentenciado a muerte, tenía la prerrogativa de ser decapitado en lugar de morir ahorcado. Pero todos estos beneficios fueron suprimidos durante el primer tercio del siglo XIX

Un hidalgo podía dedicarse a actividades muy diversas: aspirar a cargos públicos, seguir la carrera de las armas, entrar en religión o practicar una de las profesiones consideradas honrosas, como por ejemplo las leyes. Pero no trabajaba con sus manos ni aunque fuera pobre. Sin embargo, si alguno lo hacía, no ponía con ello fin a su hidalguía. Esta persistía aunque el hombre fuera labrador, comerciante o zapatero, que los había. O incluso “pobre de solemnidad”, es decir, obligado a vivir de la mendicidad. 

Ahora bien, si el hidalgo lo deseaba, podía tornarse villano mediante una ceremonia que tenía lugar ante el Concejo, y en la que debía pronunciar las palabras: "Dejo nobleza y tórnome villano". Si luego quería recuperar su hidalguía, otra ceremonia lo permitía diciendo: "Dejo villanía y tomo nobleza"

La hija de hidalgo que se casara con un villano perdía su hidalguía. Si enviudaba podía recuperar su estado, pero para ello debía realizar el rito de la albarda. Con una albarda en la espalda acudía a la tumba de su difunto y Decía: "Villano, toma tu villanía, da a mí mía fidalguía", tras lo cual arrojaba la albarda sobre la tumba. 

Pedro Menéndez de Avilés

Luzco del mundo en la gentil pavana,      
sobre el recio tahalí de mi tizona,      
una cruz escarlata, que pregona      
mi abolengo de estirpe castellana.              
Llevo a los hombros ferreruelo grana      
guío el mostacho a la usanza borgoñona      
y mi blanca gorguera se almidona      
bajo mi crespa cabellera cana.              
Tengo cien lanzas combatiendo en Flandes,      
mil siervos en las faldas de los Andes,      
calderas y pendón, horca y chuchillo,              
un condado en la tierra montañesa,      
un fraile, confesor de la condesa,      
cien lebreles, diez pajes y un castillo.

(Soy español - Enrique López Alarcón)


Cabe distinguir varias clases de hidalgos: la primera sería la de aquellos de solar conocido, es decir, los que tienen casa solariega o descienden de una familia que la ha tenido o la tiene. 

Luego se situarían los notorios de sangre, la clase con más prestigio, y su nobleza nunca puede ser puesta en tela de juicio por representantes de categorías superiores. Aquellos cuyos cuatro abuelos fueran hidalgos se llamaban hidalgo de cuatro costados

Los hidalgos de ejecutoria son los que han litigado para poder probar su hidalguía. La mayoría de estos pleitos se litigaban en la Real Chancillería de Valladolid

Los hidalgos de privilegio son los que resultan nombrados en virtud de algún servicio. Puede ser transmisible o solamente personal. Son menospreciados por los hidalgos de sangre, que les vedan muchas veces la participación en determinadas actividades. 

Era hidalgo de beneficio quien compraba la hidalguía que los reyes ponían a la venta para beneficiar a algún convento o para recaudar dinero de cara a una campaña bélica. 

Hidalgo de Indias es quien demuestra descender de los descubridores y conquistadores de tierras, pobladores de villas, encomenderos y cargos en cabildos. 

Otra curiosa categoría es la denominada hidalgo de bragueta, reservada al hombre que engendraba siete hijos varones consecutivos dentro del matrimonio. Esto dio lugar a sospechas de que algunos ocultaban a sus hijas para reconocer solo a los hijos varones. 

Los hidalgos de gotera, que solo lo eran bajo su propio techo, es decir, se reconocían como tales en una determinada localidad, pero perdían el privilegio si se trasladaban a otra. 

Y por último existía en Castilla una categoría llamada hidalgo de devengar quinientos sueldos, por tener derecho a percibir esta cantidad como satisfacción a cualquier injuria que les fuere hecha. Incurría en tal delito quien llamara a un hidalgo "gafo, sodomítico, cornudo, traidor o hereje". 

El caballero de la mano en el pecho - El Greco


Tumba vosotros sois de vuestra gloria,
de la antigua hidalguía,
del castellano honor que en la memoria
solo nos queda hoy día 

(Espronceda - Himno al Dos de Mayo)

***

Este texto está dedicado hoy con mucho cariño a mi querido dlt, hidalgo español donde los haya, y que desdelaterraza nos ofrece unos relatos deliciosos con los que nos hace viajar a la historia. 

Monsieur dlt sabe por qué he elegido el primer retrato.

46 comentarios:

  1. Entre todas las categorías de esta familia de la baja nobleza, destaca sin duda la figura del hidalgo de bragueta, suministrador de carne de cañón para las continuas guerras del imperio español.
    España, un país de hidalgos pobres donde muchos se resisten a trabajar con sus manos y a despreciar los oficios manuales que hacen otros. Así nos lució el pelo.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Que gesto precioso el suyo, Madame, cuando vi el retrato yo también pensé en él :)

    Me ha gustado mucho su post. A día de hoy, sin necesidad niguna de ceremonia, también hay quien pasa de hidalgo a villano , dejando nobleza y tomando villanía. Lo contrario, eso sí, se da con mucha menos frecuencia.

    Feliz tarde. Bisous

    ResponderEliminar
  3. Una lección olvidada que nos hace refrescar la memoria de nuestro pasado, fermosa Madame. Sus entradas son siempre sabrosas y enjundiosas, cargadas de historia y sabiduría.

    ResponderEliminar
  4. Ay, madame.
    Creo que, en relación a las prerrogativas fiscales, quedan muchos hidalgos por estas tierras de corre, corre.
    Desconcía completamente lo de las clases, increíble.
    Ah, recuerdo un texto de Cervantes, hablando de uno, con esta mezcla de ironía y ternura que a veces gastaba ese superdotado.
    El viento sopla fuerte hoy.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  5. Hola Madame:

    Nunca imaginé que hubiese tantas categorías de Hidalgos...
    Hace unos años atrás al inicia mi andadura como médico en España trabajé en la Asociación de Hidalgos. Una residencia de Ancianos. A pesar de que contestaron que ellos eran Notorios de Sangre (hasta ahora me entero que significa) no hablamos nada más.

    Saludos Madame

    ResponderEliminar
  6. hidalgo de bragueta e hidalgo de gotera. esos dos me han impresionado. será muy tópico y será muy así, pero el tema de la hidalguía y la pretensión de todo español de ser aunque fuera de refilón 'algo', nos lleva en ocasiones a lo que nos lleva. y ahí se queda.
    sea como sea, si no fuera por los hidalgos, no tendríamos El Quijote. y no hay mal que por vien, perdón, bien no venga.

    saludos madame!
    bisous!

    ResponderEliminar
  7. Me he quedado pasmada de tanta hidalguía, Yo no se con cual quedarme creo que la de los cuatro costados mola. "De casta le viene al galgo" Pero se ha demostrado que no por descender de nobleza se es noble.
    Bisous

    ResponderEliminar
  8. Imagínese usted, monsieur Cayetano, un país en el que un porcentaje tan alto de la población es noble y rechaza mayoritariamente el trabajo manual, además de no pagar impuestos. Normal que todo el mundo fuera pobre.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  9. Madame Alma, son recuerdos de pequeñas travesuras de nuestra Orden, que veo no se le han pasado a usted desapercibidos tampoco :)

    A día de hoy, madame, no sé si alguna vez fueron hidalgos, pero vaya si hay villanos, sí. Nos sobran unos cuantos.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  10. Muchas gracias, monsieur Francisco. El tema es enrevesado, por la cantidad de ramificaciones.Hay cosas sumamente curiosas.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  11. Monsieur Igor, ciertamente en cuanto a exenciones fiscales y demás abusos,parece haber mucho hidalgo hoy, aunque lleven otro nombre y gasten otros trajes.

    Por aquí no se mueve ni una hoja!

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  12. Tan hidalgos hemos sido
    que nunca hemos trabajado
    pues es verse rebajado,
    mas cuan todo se ha perdido,
    tarde es para hincar el lomo
    y más sin saber el cómo.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  13. Monsieur, menuda categoría. Y menuda tontería la de los caballeros, porque hace tiempo que eso de la hidalguía ha dejado de existir. Pero a lo mejor jugaban a ser caballeros del siglo XVII, como hacían a veces unas cuantas personas que yo conozco, jijiji.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  14. No, y el caso es que la pretensión de hidalguía encima es bien fundada, habida cuenta de los porcentajes. Imagínese usted, un país en el que solo trabajaban 14 porque a los otros 86 se lo prohibía su estatus y lo consideraban deshonroso.

    Buenas noches, monsieur Tolya

    Bisous

    ResponderEliminar
  15. Madame Katy ha elegido la más exquisita de las clases, desde luego, pero apunta directamente a la cuestión con eso de que no por descender de la nobleza se es noble. Ni son todos los que están, ni están todos los que son.

    Buenas noches, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  16. Ay, monsieur Carlos, cuán certeros sus versos! Ese es el problema. Quiero pensar que aún no sea demasiado tarde, y que un día llegaremos a aprender el cómo.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  17. Sabía de lo hidalgos pero no del hecho de que hubiese tantas clases y sobre todo que se podía pasar de hidalgo a villano y a la inversa, no era difícil el tránsito aunque no fuese frecuente dada la poca afición de la hidalgía a trabajar con las manos a pesar de que fuesen pobres de solemnidad.
    Bisous.

    ResponderEliminar
  18. Imagino que debía de ser muy humillante el paso a villano en una ceremonia tan solemne. Hubiera sido más sencillo echar una firmita en un papel y listo.

    Buenas noches, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  19. Realmente interesante y hasta polémico, diría yo esta magnifica presentación.
    Digo polémica porque surge automáticamente las comparaciones al día de hoy y los juicios de valor sobre nuestra historia.
    Me parece a mi una entrada magnifica y los distintos tipos de hidalgos algo realmente notable como el resto.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  20. Llegar a casa y ver el anunció de vuestro artículo de hoy, con el título que tiene, me ha llenado de emoción. Primero al comenzar a leer he pensado en cómo mi querida Diana de Meridor, vos señora, tocabais asuntos tan españoles, por cierto con la maestría que en vos es habitual; después, al final, la dedicatoria ha multiplicado mi emoción, que sólo me permiten dejar palabras de gratitud, y la alegría de quien os corresponde con el mismo aprecio que me demostráis a mí, querida amiga. Ha sido un regalo tan inmerecido como precioso. Otra vez gracias. Y sí, me resulta vagamente familiar el retrato de Murillo. Beso vuestra mano, madame.

    ResponderEliminar
  21. Muchas gracias, monsieur Iglesias. No era sorprendente ser pobre sin trabajar. Lo sorprendente es seguir siéndolo cuando uno se desloma.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  22. Muy instructiva su entrada de hoy, para variar.
    Jamás me habría imaginado la existencia de tantas categorías de hidalgos.

    Me ha llamado mucho la atención el rito de la albarda, aunque me parece cruel arrojar la albarda a la tumba del marido.
    Claro, que siempre es más bonito decir "Villano, toma tu villanía, da a mí mía fidalguía", que "Ahí te pudras, que ahora que has muerto, recupero mi rango".

    Buenas noches.

    ResponderEliminar
  23. Ah, mi querido dlt, me alegra constatar que el texto ha sido de su agrado. En realidad tendría el pálpito de que lo sería.
    En cuanto al retrato, es que es el más reciente que tengo de usted :)

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  24. Monsieur Perikiyo, comparto su opinión sobre el rito. A mí me parece poco delicado para con el difunto, y podría traducirse por lo que usted propone, sí, jiji.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  25. Hola Madame

    Una entrada estupenda, como siempre. Qué bien explicada y definida. Me ha gustado mucho y todo lo que he aprendido con ella.

    En Guipúzcoa también eran hidalgos la mayor parte de la población. Eso sí, no eran muy ricos que se diga.

    Feliz día, Madame.

    Bisous.

    ResponderEliminar
  26. Muchas gracias,madame. Lógico que la mayoría no fueran ricos. No todos podían vivir de rentas o de la espada, y aparte de eso pocas profesiones les quedaban sin perder su honra.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  27. Disfruté con su repaso a la hidalguía madame. Hay esa hija de hidalgo en el cementerio, menuda imagen.

    Buenas noches.
    Bisous.

    ResponderEliminar
  28. Madame,la clasificación de la hidalguía con sus atribuciones sociales, es todo un tratado de eso que se llama idiosincrasia de lo español a lo largo de varios siglos. Y Alonso Quijano, el hidalgo -no sé si de privilegio-que brilló más que ningún otro.

    Bisous y buenas noches.

    ResponderEliminar
  29. Desconocía que existieran tantas categorias de de hidalgos. Sorprendida me quedo con algunos de los nombres.
    Ahora me es más fácil entender algunas cosas, eso de que al ser hidalgo no debían trabajar aunque se murieran de hambre.
    Muy revelador su post, Madame.

    Bisous

    ResponderEliminar
  30. Sí,monsieur Eduardo, a mí la imagen me parece poco hidalga, la verdad. Podrían haber inventado otro modo más refinado, pero bueno, es lo que hay.

    Buenas noches, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  31. Madame Amaltea, debía de ser chocante encontrarse con actas de defunción de algún "hidalgo pobre de solemnidad". Contrastes tremendos. Pero, en efecto, el más famoso de todos los hidalgos perteneció a la ficción.

    Buenas noches, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  32. El orgullo es mal consejero, en efecto. Puesto que era deshonroso trabajar en oficios propios de villanos, la mayoría prefería pasar hambre y privaciones, o ir a buscar un futuro allende el océano.

    Buenas noches, madame Elysa

    Bisous

    ResponderEliminar
  33. Muy buen artículo, no había tenido la oportunidad de leer un tan detallado informe sobre el orígen y tipos de hidalguía. Una nación que se construyó combatiendo a los moros y por lo tanto necesitada de fuerzas para ello: caballeros que pùedan costear sus armas, el asunto es que paso una vez que las condiciones que diron su orígen desaparecieron.

    ResponderEliminar
  34. Así es, monsieur. Por eso en el norte había tanto hidalgo. El problema es que al ser hereditario se multiplicaron de modo imparable, hasta que desaparecieron en el siglo XIX.

    Muchas gracias

    Bisous

    ResponderEliminar
  35. No se cra usted que las cosas han cambiado mucho... y hoy en día hay muchos que se creen superiores a...

    En cuanto a los hidalgos históricos los ha retratado perfectamente, no conocía tantas categorías, y ciertamente el hidalgo de bragueta es el mejor... todo por no pagar impuestos y no trabajar, así nos lució el pelo trabajar estaba mal visto hubo de llegar Carlos III e instaurar la medalla al mérito en el trabajo para que las cosas empezaran a cambiar...

    Saludos y enhorabuena por la entrada he aprendido mucho...

    ResponderEliminar
  36. No sé si las cosas no habrán cambiado un tanto. Yo creo que ahora la gente se mata por conseguir trabajo. Y ahora que quieren, ya no pueden. Si es que está todo muy mal repartido.
    Pero sí, algunos aún no se han enterado de que eso de trabajar es un mérito.

    Feliz día, monsieur

    Bisous

    ResponderEliminar
  37. ¡Cuán interesante me ha parecido esta entrada, Madame, y cuánto he disfrutado con su lectura! Me ha asombrado que los hidalgos en aquella época fueran tan abundantes (me hizo gracia eso de "numerosos e improductivos" jajajjajaja) y aunque me desagrada por supuesto que estuvieran exentos de impuestos veo muy justo que estuvieran obligados sin embargo a acudir a la guerra en cuanto el rey les llamara, y teniendo en cuenta lo belicosos que eran entonces creo que sus privilegios quedaban bastante justificados.

    Curioso que no estuvieran obligados jamás a trabajar con las manos- ¡qué bajeza ¿verdad?!- y que a los más desfavorecidos de su clase los denominaran "pobres de solemnidad".

    También me llamó la atención que pudieran tornarse villanos o hidalgos con tan suma facilidad, solo mediante el empleo de unas meras palabras.

    Me ha erizado el vello lo de los hidalgos de cuatro costados y qué decir de los de bragueta (jejejjejeje, también creo que ahí tenía que haber trampa), o los de gotera.

    Muy buena entrada, de verdad.

    Un gusto leerla.

    Bisous

    ResponderEliminar
  38. Muchas gracias, madame Akasha.
    El trato era ese: una parte de la población se ocupaba de las armas y protegía a la otra parte, para que pudieran desempeñar sus labores en paz. Uno de los problemas fue cuando esa primera parte creció demasiado y desequilibró la balanza.
    En cuanto a los hidalgos de gotera, se afirma, en efecto, que había alguna que otra trampa. Y las que pagaban las consecuencias, como de costumbre, las pobres hijas, que más de una vez serían ocultadas al nacer.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  39. Madame, su entrada me ha recordado al título de ciudadano honrado" que se otorgaba en Cataluña hace unos siglos.

    Feliz noche.

    ResponderEliminar
  40. Interesante la entrada de hoy, nunca pense que existiese tantas clases de gerarquia hidalguica en este pais, ahora entiendo mejor algunos rasgos un tanto trasnochados de nosotros, los españoles,si podemos evitar trabajar... bueno nuestra hidalguia nos lo prohibe... buenas tardes madame.

    ResponderEliminar
  41. Fabuloso análisis de la figura del hidalgo español, que más aparentaba que era en realidad. Creo que incluso hoy en día todavía queda un poco de aquello en nuestros genes :-))
    Fíjese usted que el significado de hidalgo era originalmente el de hombre-rico, parece ser que en muchas ocasiones todo se quedó en el nombre pues muchos no tenían ni qué comer.
    Como dato curioso quisiera comentar que en el Señorío de Vizcaya, y en la provincia de Guipúzcoa, existía también el llamado derecho de hidalguía universal, por la que todos los vizcaínos y todos los guipuzcoanos nacían hidalgos...

    Magnífica entrada madame y discúlpeme si no me he pasado todo lo que yo quisiera por su blog, mis recientemente adquiridos deberes paternales no me han dejado mucho tiempo :-))

    ResponderEliminar
  42. Sí, madame Negrevernis, lo que sobraba en España eran modalidades de títulos, privilegios y distinciones. Al final supongo que nadie se quedaba sin su porción de nobleza.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  43. Madame Anna, ahora no es precisamente la hidalguía la que lo prohíbe, sino la crisis, que no deja puesto de trabajo en pie. Cuando no es una cosa es otra, ya ve.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  44. Muchas gracias, monsieur Pedro. Inevitablemente, creo que en lo esencial el español sigue siendo el mismo. Cambian las circunstancias, pero no las gentes.
    Lógico que fuesen tan pobres, pues había que repartir entre demasiados. Si tenemos en cuenta que sobre todo en el norte se concentraba tan enorme cantidad de hidalgos, ya me dirá usted cómo no ser pobres la mayoría.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
  45. Interesante entrada. Como bien dice usted dame, los hidalgos eran la nobleza más baja de todas. Hasta donde tenía entendido, en muchos casos solían ser antiguos nobles de alto poder adquisitivo y que empobrecieron, tal vez repentinamente, tal vez de forma paulatina, hasta el punto tal de solo conservar su rango por el simple hecho de no pagar sus impuestos. De aquí que luego, cualquier simple ciudadano que lograse, por x motivo, no pagar estas réditos pasase a ser un hidalgo. Aunque no era tan fácil, todo hidalgo debía demostrar un buen porte, incluso Don Francisco de Quevedo hablaría del tema. Pero gracias a su entrada ahora he conocido un poco más de estos curiosos personajes que conservaban su título de noble a pesar de encontrarse, en muchos casos, en extrema pobreza.
    Por otro lado, me ha resultado interesante la cuestión de la existencia tantas categorías de hidalguías. Y, en particular me ha llamado mucho la cuestión de los Hidalgos de Bragueta; al igual que los Hidalgos de Gotera y eso de ser Hidalgo solo en una única localidad o por tener muchos hijos.
    Un Saludo.
    Uriel

    ResponderEliminar
  46. Muchas gracias, monsieur. Era un tema complicado, desde luego, de tanto que llegó a multiplicarse. Menos mal que ya no hay toda esa gente libre del pago de impuestos!

    Feliz día

    bisous

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)