domingo, 6 de noviembre de 2011

Auto de fe en tiempos de Carlos II

Francisco Ricci pintó en 1683 el auto de fe que había tenido lugar en Madrid tres años antes. El cuadro se encuentra en el  museo del Prado.


Era el jueves 30 de mayo de 1680, día de San Fernando, el rey de Castilla que había sido canonizado pocos años antes. A las cinco de la tarde se anunciaba en Madrid la próxima celebración de un auto de fe. Alguaciles, Comisarios y Notarios del Santo Oficio salían a caballo del palacio de la Inquisición, engalanado para la ocasión con hermosas colgaduras de damasco carmesí. Montaban caballos ricamente enjaezados, y avanzaban al son de clarines y timbales. Una vez distribuidos los jinetes frente a la puerta, se leyó el bando siguiente: 

“Sepan todos los vecinos y moradores de esta Villa de Madrid, Corte de Su Majestad, estantes y habitantes en ella, cómo el Santo Oficio de la Inquisición de la Ciudad y Reino de Toledo celebra Auto público de la Fe, en la plaza Mayor de esta Corte, el domingo 30 de junio de este presente año, y que se les conceden las gracias e indulgencias por los Sumos Pontífices dadas a todos los que acompañaren y ayudaran a dicho auto. Mándase publicar para que venga a noticia de todos.” 

El cortejo llegó a la plazuela de palacio, donde se repitió la lectura para ser escuchada por los reyes tras la ventana cerrada. Por tercera vez se leyó luego el bando ante el que llamaban palacio de la reina madre, y cinco veces más en las puertas de Guadalajara y del Sol y en varias plazas. 

Todo el pueblo colaboraba y rivalizaba por dar al acontecimiento el máximo esplendor. Se creó para la ocasión una Compañía de soldados de la Fe, con 250 integrantes al mando de oficiales del ejército. Para servir de teatro a las ceremonias religiosas y judiciales se levantó un enorme tablado de dos pisos cubierto por toldos corredizos. En todo ello abundaron los generosos donativos de material y de mano de obra gratuita. 

Carlos II

Olmo, alcaide del Santo Oficio, nos ha dejado un relato detallado que fue publicado a finales de aquel mismo año. 

“El día 28 de junio, por la tarde, salió la compañía de las casas del Tribunal de Corte, donde tenía su cuerpo de guardia, y fue marchando con buen orden hasta la Puerta de Alcalá. Allí había preparado de orden del señor marqués de Ugena, corregidor, cantidad de haces de leña, de la cual cada soldado fue tomando un haz, y con esta fajina volvieron marchando, hasta hacer alto en la plazuela de palacio. El capitán subió hasta el cuarto de Su Majestad por la puerta del retrete, llevando en la rodela un haz de fajina, prevenido con el aliño y proporción más decente, para presentárselo al rey nuestro señor. Recibióle de su mano el duque de Pastrana, que le llevó a la real presencia de Su Majestad, el cual, por su propia mano, le entró a mostrárselo a la reina nuestra señora, Doña María Luisa de Borbón, y, volviéndole a sacar, le recibió el duque de mano del rey y se lo volvió a entregar al capitán, diciendo que Su Majestad mandaba que le llevase en su nombre y fuese el primero que se echase al fuego, advertencia que al rey nuestro señor le dictó la piedad heredada del santo rey Don Fernando el tercero, que en semejante ocasión, para dar ejemplo al mundo, llevó la leña al brasero.” 

Los organizadores del auto habían reunido a 118 reos entre todas las cárceles dependientes del tribunal toledano. De ellos, 34 comparecían en efigie, por haber fallecido en prisión o hallarse fugitivos. Otros 18 eran condenados por contumaces, al haber reincidido en prácticas judaizantes tras haber abjurado, o, en el caso de uno de ellos, por ser musulmán: “Lorenzo Fernández, alias Mostafá, natural de la ciudad de Cádiz, renegado, que andaba en corso, de edad de 28 años. Salió al Auto con mordaza y fue relajado a la justicia y brazo secular con confiscación de bienes, que no tuvo”. A algunos de los reos se los amordazaba para impedir que profiriesen blasfemias o respondiesen a los insultos del público. 

El resto, los judaizantes que no eran reincidentes y se reconciliaban con la Iglesia durante el transcurso de la ceremonia, eran portugueses, salvo algunos italianos, sin bienes ni profesión conocida, o bien dedicados a oficios modestos: vendedores ambulantes, estanqueros, lenceros, sederos, especieros o zapateros. También había un soldado y tres médicos. 

María Luisa de Orleáns, primera esposa de Carlos II

Los convictos de delitos comunes eran escasos: dos bígamos, una mujer casada tres veces sin enviudar ninguna, un siciliano que dice misa y confiesa sin estar ordenado, un sacerdote casado y un “embustero hipócrita” que se declara poseído por el espíritu de San Vicente Ferrer y algunos más. Se les condena a todos ellos a galeras o azotes y destierro. 

El sábado 29 de junio recorrió Madrid la procesión solemne de las cruces verde y blanca, símbolos del perdón y de la fe inexorable respectivamente. Marchaban delante los regidores de la villa, los soldados de la fe, niños de la doctrina y hermanos de los Hospitales. Seguía el Primer Ministro portando un estandarte carmesí. Detrás iban las órdenes religiosas, y cerraban el cortejo notarios y comisarios, títulos del reino y ministros de los Consejos. Resguardaban la procesión 50 albañiles, improvisados alabarderos que el marqués de Povar había uniformado “con vestido de raso negro y cabos de tela de plata, guarniciones de encaje fino de plata, plumas blancas y negras en los sombreros y relucientes alabardas en las manos”. La cruz verde quedó colocada en el teatro de la plaza Mayor, mientras que la blanca se llevó al brasero, situado en la Puerta de Fuencarral. 

No había amanecido aún el 30 de junio cuando la muchedumbre se agolpaba en las calles para presenciar el paso de los reos, algunos de los cuales llevaban el sambenito de penitentes. Los balcones de la plaza se habían distribuido por el Mayordomo Mayor del rey, según era costumbre también durante las fiestas de toros, entre las damas de la reina, mayordomos, embajadores, ministros y demás gente de rango. 

A las ocho de la mañana Carlos II ocupaba ya el balcón especialmente habilitado y dorado para la ceremonia. Tenía a su derecha a la reina María Luisa, y a su izquierda a la reina madre. El acto consistía en una misa mayor que se prolongaría durante doce horas, interrumpida varias veces para dar paso a otras partes de la ceremonia. La primera de ellas fue el juramento que prestó el rey, sobre el crucifijo y los Evangelios, de defender la fe católica, perseguir a herejes y apóstatas y ayudar al Santo Oficio. El inquisidor general, don Diego Sarmiento de Valladares, quien, como comentó el marqués de Villars, ocupaba ese día el verdadero trono, fue quien tomó juramento al rey. Minutos después un secretario del tribunal de Toledo, desde el púlpito, lo tomó también a todos los vecinos de Madrid. Hubo un sermón nada breve a cargo de un dominico, pero la parte más larga fue la de la lectura de las 118 sentencias. 

Mariana de Austria, madre de Carlos II

Carlos no se apartó de allí en todo el día, hasta que la misa terminó hacia las 9 y media. “Y fue su devoción y celo tan superior a la fatiga, que ni aun para comer se apartó un cuarto de hora del balcón, y habiéndose acabado el auto a la hora referida, preguntó si faltaba más o si se podía volver”. Los reyes salieron entonces por el pasadizo al patio de las casas del conde de Barajas y, tras despedirse de la reina madre, subieron en su carruaje. 

El resto del auto de fe fue presenciado por pocas personas. No había muchos que quisieran presenciar el dantesco espectáculo que tendría lugar a continuación. 

Los 19 condenados a la hoguera fueron entregados al lugarteniente del corregidor. Custodiados por los alguaciles y acompañados de muchos religiosos que les exhortaban a reconciliarse con Dios y morir en estado de gracia, llegaron hasta el quemadero. Se logró de varios de ellos ese arrepentimiento postrero, lo que les valió librarse del fuego de la hoguera para sufrir la pena de garrote, a fin de poder enterrar sus cuerpos en sagrado. “Los demás fueron quemados vivos, con no pocas señales de impaciencia, despecho y desesperación; echando todos los cadáveres en el fuego, los verdugos le fomentaron con leña, hasta acabarlos de convertir en ceniza, que sería como a las nueve de la mañana”. 

Muchas gentes devotas agradecieron a la divina clemencia, “así desagraviada”, que llegaran las lluvias para salvar las cosechas que no esperaban ya obtener.




Bibliografía:
Vida y reinado de Carlos II - Duque de Maura


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Este texto es una aportación a la celebración por los 350 años del nacimiento de Carlos II, y a iniciativa de Carolus en su blog Reinado de Carlos II

30 comentarios:

  1. Señora, extraordinario su artículo en su forma y en su fondo. Imposible describir con más detalle y mostrar con más acierto el ambiente de una jornada de ejecuciones en nombre de la fe.
    Por cierto, aunque fue aque auto de fe de los más internacional, lo que más me ha llamado la atención es lo de la mujer casada tres veces sin enviudar ninguna. Me pregunto si estarían presentes sus esposos en las gradas.
    Beso su mano.

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  2. A mí me ha impactado lo de la misa que duró 12 horas. Y qué bien lavaban los cerebros en aquella época.

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  3. A veces me quedo con el vívido deseo de querer encontrarme en épocas pasadas y disfrutar de sus cotidianidad y sus costumbres; pero después de este acto de fe, wow! prefiero leerlos nomás por las dudas.
    Un abrazo

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  4. Muchas veces, cuando paseamos por la Plaza Mayor de Madrid, no recordamos escenas tan truculentas como las que allí tenían lugar de vez en cuando. Pero existieron. Era un espectáculo para dar "carnaza" a un populacho amante de estas orgías de muerte y los procesados, con el "sambenito" o con la hoguera, los chivos expiatorios del momento.
    Un saludo.

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  5. Dios Santo. Y qué poder. Y que capacidad de montar el mayor espectáculo. Entre las llamas y el garrote, bueno, resulta algo complicado decantarse por una opción u otra. ¿No le parece todo esto sacado de alguna fábula, algo que en realidad jamás ocurrió? Buen domingo, madame.

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  6. Los autos de fe eran las verbenas y fiestas populares de nuestra España Moderna, uno de los espectáculos más esperados (como la matanza de presos por fieras y lucha de gladiadores en la antigua Roma). Magnífica descripción de este auto de fe de 1680, narrado con especial viveza y detallismo. Vaya si era larga la misa y con el rey que no se apartaba ni para comer. Poco consuelo a los arrepentidos, cambiar la hoguera por el garrote vil.
    En fin, un gran post que ilustra ese España oscura y lúgubre. Bisous madame.

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  7. Gracias por este aporte que colma mi ganas de saber aún más sobre la historia.

    Excelente.

    Un abrazo

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  8. Madame, la propuesta de hoy hecha pr Carolus es muy interesante y nos mantiene unidos en la blogsfera. Le tiro a vos el guante, esperando una oferta del mismo calibre.

    Feliz tarde.

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  9. Unos espectáculos que demostraban la insensibilidad del pueblo, no me refiero solamente a presenciar como son arrojados a las fauces de las llamas a unos pobres desdichados, sino todo escaparate de ajusticiamiento popular. ¿ Cómo un ser humano puede disfrutar contemplando la muerte de otro ser semejante viendo como lo decapitan, como es destripado vivo, ahorcado, desmembrado vivo, arrojado a las fieras etc... ? ¿ Cómo en unas épocas de auge cultural, de inventos, de construcciones, de grandes filósofos se permitía semejantes ejecuciones abominables? Y no sólo sucedía en España, en otros países se dedicaban a la caza de brujas y muchísimas mujeres fueron enviadas a la hoguera en Suiza y Alemania.

    Un abrazo madame, feliz domingo

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  10. Da repelús pensar en estos autos de fe. En este caso es un acto conocido sobre todo por la magnífica pintura detallista que nos refleja el momento, con todos sus personajes en acción desde la corte pasando por los reos y hasta el público en general. Llaman la atención los delitos de los reos, sobre todo el cura casado o la mujer casada tres veces sin estar viuda.
    Besitos

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  11. Preciosidad de blog, que tienes apuntado queda.
    Un saludo

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  12. cuando leo estas crónicas de terror siento vergüenza de la raza humana, nadie merece morir por sus ideas, ni por su forma de vida, me vienen pensamientos muy ofensivos para estos seres de espiritus tan pobres
    saludos querida Madame

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  13. Dantesco espectáculo de religiosidad extrema eran estos autos de fe y, sobre todo, este legendario de 1680 que ha quedado grabado en la memoria gracias a cuadro de Rizi.

    Gracias por la colaboración madame.

    Un beso.

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  14. Es una excelente descripción de lo que era un auto de fe. Mi enhorabuena Dame Masquée.

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  15. Los que se horrorizan de los romanos y sus entretenimientos, se olvidan de estos años donde se montaba un espectaculo fastuoso, donde lucirse, pavonearse y ahcer gala de su poder, pero nadie piensa que era un espectaculo cuyo mayor atractivo era la muerte. Sin dudas son los aspectos mas negros de la historia de varios paises, america incluida.

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  16. Plaza Mayor de Madrid, Plaza de San Francisco de Sevilla... demasiados testimonios de unas páginas negras de nuestra historia. ¿Sabe, Madame, que nuestro común amigo Cayetano hablaba también ayer de Carlos II, El Hechizado?

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  17. La inquisición en todo su esplendor terrorífico, abrumado me ha dejado madame con esta estupenda entrada...ganas me dan de irme a misa..., no vaya a ser que...

    Bisous.

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  18. jijiji "una mujer casada tres veces sin enviudar ninguna" eso es afición y lo demás cuento.

    Me ha gustado mucho el post Madame, me gusta mucho como lo cuenta.

    Bisous

    (Me lo parece a mí o Carlos y María Luisa se parecen mucho?)

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  19. Hola Madame

    Espeluznante acontecimiento, que por desgracia no fue el único. Los extremos nunca son buenos, y confundir fe con asesinatos es una consecuencia de ello, siendo igual la religión que se porfese.

    Alma, he pensado lo mismo que tú al ver las imágenes. Parecen gemelos.

    Feliz domingo, Madame.

    Bisous.

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  20. Hola Madame:

    Impresionante y dantesto este acto de fe. Terrible manoifiesto de los fanatismo que queda ejemplarizado en este episodio.
    Ud lo cuenta de forma que me impresiona como si el suceso hubiese ocurrido ayer.

    Saludos Madame

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  21. Muy buena descripción de un auto de fé, no conocía tantos detalles. Lo que me parece impresionante es las doce horas de misa ¿como podían aguantar tanto? ¡Increible!

    Bisous, Madame

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  22. Madame, he de decir que pocas veces he ido al Prado sin acabar contemplando el cuadro de Ricci.
    Y a partir de ahora no podré verlo sin recordar esta entrada.
    Muchas gracias.
    Buenas noches

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  23. Madame, he quedado impresionado, La inquisicion perduro en mi país por un tiempo, y me pongo a pensar... Si aqui era una de las maximas autoridades, qe sería en España?... me ha gustado leer su relato, siempre y cuando tenga que ver con la Madre Patria, Hasta pronto Madame...

    Pd.
    Muy bonita su imagen de perfil... :)

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  24. Un texto bien documentado y además lleno de sentimientos de los que estamos viviendo otros tiempos.
    Siempre es bueno recordar algunos hechos históricos para aprender lo que no se debe hacer.
    Bisous

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  25. quemar a otros para salvar las propias almas y quedarnos tranquilos por ello. los seres humanos somos realmente increíbles a la hora de emplear nuestro talento en asuntos inmundos.
    muy bien contado todo, como siempre, madame.
    que tenga un feliz comienzo de semana.
    saludos!!

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  26. Fantástica entrada. La piel de gallina...

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  27. Un espectáculo muy gore el que preparaban estos autos de fe... al final las 12 horas de misa casi que eran lo de menos...

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  28. Terrible- aunque muy fidedigna- esta descripción del auto de fe acontecido en Madrid. Sepa usted que me he sentido una más entre el pueblo y es asunto que no me hace mucha gracia, pues sigo en mis trece de condenar firmemente ciertas actitudes de la Iglesia Católica... en fin, que no es asunto hablar de religiones en estas horas y en tan hermoso rincón.

    La piel de gallina se me ha puesto y la sangre de fuego líquido, Madame.

    Bisous y buena semana.

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  29. La larga liturgia y el ceremonial siniestro eran necesarios para justificar un acto criminal que, hoy, nos deja sin aliento. Madame, ha escrito usted un relato preciso y contenido; y eso aún horrororiza más porque evidencia que era un acto que creían legítimo, contra quienes se apartaban de la ortodoxia religiosa y social. Qué pena de humanidad, en un momento u otro de la historia, siempre acabamos montando autos de fe.

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  30. Lo peor es que los "grandes espectáculos" para fanatizar a las masas no sean patrimonio exclusivo de épocas añejas o reyes hechizados. Hay tantos ejemplos contemporáneos...

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)