martes, 8 de noviembre de 2011

Ana Neville, Reina de Inglaterra


Ana era la menor de las hijas de Richard Neville, conde de Warwick, y de Anne Beauchamp. Nació en el castillo de Warwick el 11 de junio de 1456, cuando no hacía mucho que había comenzado la Guerra de las Dos Rosas, una guerra civil en la que dos Casas rivales se disputaban el trono inglés. La Casa de Lancaster, representada por Enrique VI y su hijo Eduardo, estaba formada por los descendientes de Juan de Gante y tenía por símbolo una rosa roja. A ellos se oponía la Casa de York, es decir, los descendientes de Edmundo de York, hermano de Juan, que eligieron como emblema una rosa blanca. 

No se conoce mucho acerca de la vida de Ana hasta cumplir los quince años. Solo tuvo una hermana, Isabel, cinco años mayor. Como su padre era el responsable de mantener la paz a lo largo de la frontera escocesa, la familia pasaba más tiempo en Middleham que en Warwick. Disfrutaban allí de un hogar confortable en el que las dos niñas pasaron una infancia feliz. 

En los comienzos de la contienda, el padre de Ana, que se ganó con creces el apodo de “Hacedor de Reyes”, apoyaba a la facción yorkista. En 1461 ayudó a deponer a Enrique VI, que fue confinado en la Torre de Londres, y a colocar a Eduardo IV en el trono. Pero hacia 1470 se peleaba con el nuevo rey porque no le gustaba en modo en que su esposa, Elizabeth Woodville, procuraba el interés de su propia familia. Temiendo la venganza de la reina y de sus parientes, Warwick huyó a Francia, donde se alió con Margarita de Anjou, la reina del depuesto Enrique VI. Allí consiguió armar un ejército al frente del cual regresó a Inglaterra y liberó al rey Lancaster. 

Elizabeth Woodville

Era el turno de Eduardo IV para abandonar su reino y refugiarse en el continente, pero no por mucho tiempo. Poco después lograba reunir a los yorkistas y pronto estuvo en condiciones de presentar batalla en Barnet, donde Warwick perdía la vida. Era la primavera de 1471. 

El conde había casado a la mayor de sus hijas con el duque de Clarence, hermano de Eduardo IV, un matrimonio que hubo de celebrarse en secreto al no contar con la aprobación del rey. Warwick había pensado en el menor de los hermanos, Ricardo de Gloucester, como esposo para Ana. Sin embargo, tras su huida a Francia, cambió de bando y decidió casarla con el hijo de Enrique VI. El astuto conde pensaba en aquel momento que uno de sus dos yernos forzosamente alcanzaría el trono, y de ese modo, fuera cual fuese el resultado de la contienda, una de sus hijas sería reina. 

Eduardo, el prometido de Ana, había nacido en Westminster en 1453. A los 10 años lo llevaron a Escocia buscando su seguridad durante la guerra. Más tarde la reina logró llegar con su hijo a Francia. En 1470 Warwick hacía que Anne se reuniera con ellos allí para prometerse con el príncipe en una ceremonia celebrada en el castillo de Amboise. Posteriormente contrajeron matrimonio en la catedral de Angers el 13 de diciembre, aunque algunos autores cuestionan que la ceremonia llegara a celebrarse. 

Castillo de Amboise (Foto por Richard Parmiter)

Cuando Enrique VI fue puesto en libertad y recuperó el trono, la reina Margarita se dirigió a Inglaterra acompañada por su hijo y por Ana Neville. La restauración, sin embargo, tuvo una corta vida, y el mismo día en que desembarcaban en Weymouth Eduardo IV derrotaba a Warwick en la batalla de Barnet. El rey Lancaster volvía a ser prisionero. 

Margarita reunió a sus partidarios en el oeste del país. Su ejército se encontró en Tewkesbury con las fuerzas yorkistas, superiores en número. Sufrió una aplastante derrota y el Príncipe de Gales perdía la vida, tal vez durante la batalla o asesinado después en la abadía en la que se había refugiado con otros supervivientes, según algunas versiones. Lo cierto es que en aquella abadía se derramó tanta sangre que tuvo que cerrarse durante un mes para volver a ser consagrada y purificada. 

Ana y su suegra trataron de ocultarse, pero el enemigo las encontró. Margarita fue conducida a Londres y encerrada en la Torre, mientras que Ana era puesta bajo la custodia del duque de Clarence, el esposo de su hermana Isabel. 

Abadía de Tewkesbury

Clarence no estaba interesado en casar a su cuñada. Prefería hacerla entrar en religión y apoderarse así de toda la inmensa herencia de su padre. Las circunstancias que rodearon el nuevo compromiso de Ana con Ricardo permanecen oscuras, pues las versiones que se dan sobre la relación entre ambos difieren enormemente dependiendo de si se trata o no de un cronista de la época Tudor. Según un relato con muchos elementos de leyenda, Ricardo quiso casarse con ella, pero su hermano, por la razón expuesta, se opuso al enlace. Para mantenerla apartada de él, la disfrazó de moza de cocina. De nada sirvió la argucia, porque Ricardo la reconoció mientras servía una comida y la llevó al santuario de Saint Martin le Grand. En 1472 su acoso consiguió finalmente que ella aceptara su propuesta de matrimonio. Naturalmente el relato es absurdo, puesto que los duques de sangre real no eran servidos por humildes mozas, sino por miembros de la nobleza. 

Los defensores a ultranza de Ricardo han querido ofrecer una versión que suena igual de fantasiosa, imaginando que tal vez lo que sucedió fue que Ana escapó así disfrazada de las garras de Clarence, que la tenía prisionera, y pidió ayuda a Ricardo, a quien unían lazos de afecto desde la infancia. Este la condujo al santuario para ponerla a salvo y ella aceptó el matrimonio de buen grado, puesto que siempre había querido casarse con él. 

Sea como fuere, es lógico que Ana, cualquiera que fuese su opinión sobre ambos hermanos, prefiriese al fin y al cabo ser la esposa de uno de ellos a seguir siendo eternamente la prisionera del otro, de modo que se casó con Ricardo el 12 de julio de 1472 en la abadía de Westminster, y se convirtió en duquesa de Gloucester. 


Ambos residían en Middleham, donde nació su único hijo, un niño al que llamaron Eduardo. Ana no era fuerte, ni tampoco lo fue el recién nacido. Esto sirvió para alimentar las versiones que afirman que Ricardo de Gloucester deseaba su muerte para poder casarse con otra mujer que le diera más hijos. 

En abril de 1483 fallecía Eduardo IV, y el otro hermano de Ricardo, el duque de Clarence, también había muerto, ejecutado por haber conspirado contra el rey. De acuerdo con el testamento de Eduardo, Gloucester se convertía en tutor de sus hijos. 

Ricardo se apresuró a acudir al encuentro de sus sobrinos, preocupado por la posibilidad de que los parientes maternos de los niños se apoderaran de ellos y se hicieran con la regencia. Una vez en Londres, los alojó en la Torre mientras preparaba la ceremonia de coronación del mayor de ellos, prevista para el 22 de junio. Pero unos días antes reunió al Consejo, del que excluyó a la madre de los niños, Elizabeth Woodville. El motivo de la reunión era declararlos ilegítimos. Los hijos de Eduardo IV fueron así despojados de su herencia, y Ricardo usurpó la Corona

Ricardo III

Ana era ahora la reina, pero no estaba en condiciones de disfrutar de su nuevo estatus, pues se encontraba demasiado enferma. Su hermana había muerto, aparentemente a consecuencia de una tuberculosis. Para entonces también ella mostraba lo que podrían ser síntomas de la enfermedad. Los apologistas de Ricardo alegan que él debía de ser consciente del estado de salud de su esposa, por lo que no parece necesario que intentara envenenarla, tal como afirman los cronistas Tudor. 

La reina emprendió el camino hacia Londres en compañía de su hijo, haciendo etapas cortas. Llegaron a tiempo para la ceremonia de coronación el 6 de julio. Después el nuevo rey hizo un viaje para presentarse a sus súbditos. Su esposa y su hijo se reunieron con él en Warwick y lo acompañaron a York, donde el 8 de septiembre Eduardo fue investido como Príncipe de Gales. El niño regresó después con su madre a Middleham. 

Eduardo moría allí meses después, el 9 de abril de 1484. Ricardo se quedaba sin heredero, y casado con una mujer enfermiza incapaz de darle otro. Una esposa que, además, a punto de cumplirse un año de la muerte de su hijo seguía viva. Había sobrevivido al inmenso disgusto, a la enfermedad y a su propia fragilidad. Existen indicios de que el rey planeaba divorciarse de ella para casarse con su sobrina Isabel. Pero entonces, como si el plazo se hubiera cumplido, o tal vez como si la paciencia del esposo se hubiera agotado, a comienzos del nuevo año la salud de la reina empeoraba sensiblemente. El 16 de marzo de 1485 Ana Neville fallecía en Westminster por causas nunca suficientemente esclarecidas. Se barajan como las más probables una tuberculosis o un cáncer, sin olvidar a aquellos cronistas que hablaron de veneno. 

Tumbas de Ana Neville y su hijo

El día en que murió se produjo un eclipse que muchos interpretaron como un mal presagio para Ricardo. Él, desde luego, lloró con desconsuelo durante el funeral en la abadía. 


Bibliografía:
Lives of the Princesses of Wales - M. Fryer, Mary Beacock Fryer, Arthur Bousfield, Garry Toffoli


20 comentarios:

  1. Reyes depuestos ,matrimonios a escondidas ,bandos enfrentados y el final de Ana Neville sin esclarecer. Que historia madame ! Un placer volver a leerte
    Un abrazo y buena semana

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  2. Intrigas, casamientos a dos bandas en busca de una corona, amistades peligrosas, salud quebradiza, búsqueda de heredero, muerte sospechosa... ¡cuántos vericuetos nos presenta, Madame, las ansias de poder!

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  3. Una vida muy desgraciada la de esta mujer, parece que no pudo disfrutar de nada, ni de su matrimonio, ni de su hijo, ni del trono... muchas penas seguidas

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  4. Me encntan estas historias reales, llenas de acción, sufrimientos, conspiraciones, malos y buenos, etc. Pobre Ana Neville,ni ser reina le aseguró la felicidad. Bisous

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  5. No veo yo que los reyes de esa y otras épocas tengan escrupulos en casar, en meter en conventos e intrigar para conseguir sus propósitos.
    No obstante no siempre le salían bien esas argucias.
    Me ha gustado el relato.
    Bisous

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  6. Una entrada muy apropiada para el espíritu de este blog: el tablero donde se juega la historia y donde las piezas son las ambiciones, las envidias, los odios, las desgracias... Y qué manía tenían entonces por encerrar a la gente en las torres.
    Un saludo.

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  7. Lo más asombroso de todo, al menos para mi, es que las monarquías hayan atravesado tantos siglos sin desaparecer. De todas esas muertes, fortuitas o no, como el caso de Ana, nunca sabremos la causa final. Tampoco importa a estas alturas; de todos sus relatos saco la conclusión de que, la dureza y el trasiego criminal no hacía distingos entre el vasallo y el señor.

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  8. pues mire que bien. después de todo el mal rato, el tal ricardo se suelta a llorar en el funeral. y ala, santas pascuas. vaya morro. está claro que 'te eligiesen' como esposa de un rey o canditato a... no significaba una vida sencilla, precisamente.

    saludos madame.
    bisous!

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  9. vivir en y de la monarquia no era fácil, había que mantenerse vivo, y ser muy astuto ademas.
    esta dama es digna de lástima, saludos querida Madame

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  10. ¿Por qué lkas muertes de estos eres marcados por la Historia y la leyenda siempre ocurren por circunstancias no esclarecidas? ¿No son suficientes sus vivencias para intentar empañarlas con la palabra veneno?
    Besos

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  11. La cuestión es que siempre salía perdiendo, o prisionera o casada para dar hijos en este caso uno y que además vio morir, ¡vaya vida!
    Tiempos terribles

    Bisous

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  12. La historia esta plagada de suficiente material para inspirar a las telenovelas XD cuantos dramas para la reina Ana XD

    SALUDOS MADAME hace tiempo que no tenia tiempo de leerla XD

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  13. Hola Madame:

    Sabe lo mucho que disfruto de estas entradas británicas ;D.

    De esta Dama tenía conocimiento, ya que uno de los episodios que más me gusta de la historia británica es justamente la guerra de las rosas. Estoy preparando un material sobre eso y esta entrada me ha ayudado mucho.

    Ya le avisaré cuando esté lista.

    Saludos

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  14. Qué locura y qué existencia más ajetreada. Ni siquiera su corona provenía de legitimidad alguna. Aunque, al menos, sus primeros quince años, su niñez, parece que fue feliz. Algo es algo. Beso su mano.

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  15. Hola Madame

    Esta entrada tiene de todo, amor, intriga, enlaces ocultos, ambición, desventura, prisioneros, la Torre de Londres llena de personas.... Para que digan que la historia es aburrida.

    Una entrada estupenda, Madame. Me ha encantado.

    Feliz noche.

    Bisous.

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  16. Sin duda no eran buenos tiempos para las personas de salud delicada: incluso estando fuerte como un toro la vida no valía mucho.
    Me ha impresionado lo de la abadía.
    Feliz día, Madame

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  17. Desde luego Madame, ahora que me dedico más a la "historia" de estos personajes me doy cuenta que el ser noble no tenía ninguna ventaja más que el sueño de serlo. Menudos tejemanes, ambiciones, egoísmos por el poder y las posesiones. Vendían el alma al diablo por un puñado de tierras.
    Una post muy completo .
    Bisous

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  18. Hola, madame! Espero de corazón que te encuentres más que bien!
    Cóo extrañaba leerte! Amo las historias de la realeza y, lamentablemente para mí, no se conseigue mucho material por aquí (Argentina). Salvo en librerías biografís o novelas históricas, o las revistas españolas acerca de historia, de las que soy fanática.
    No sabía tanto de este Ricardo III, tan maltratado, según algunos críticos, por Shakespeare en su obra. En fin, opiniones, puntos de vista.
    Besos enormes!

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  19. La verdad que pobre Ana, parece segun dicen unos que el marido que escogio no era de lo mejorcito; segun otros, sabia que estaba enferma y que no le duraria mucho tiempo y no tuvo nada que ver con su muerte ni queria casarse con Isabel. A la que no tragaba nadie es a la Woodville con su rapiña y ambicion mas que por origenes en lo mas bajo de la nobleza.

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    1. Estoy en completo de acuerdo contigo, por cierto soy nueva aquí me parece interesante el blog me intrigó la vida de Anne Neville después de leerme los libros de Philippa Gregory, en español "La Reina Blanca" y en inglés (aún sin concluir) "The Kingmaker's Daughter". Anne, me ha parecido una pobre chica que aunque fue feliz su infancia no logró disfrutar una vida que merecía al nacer en su posición, un padre ambicioso de poder y ser el hueso que roían otros dos por la misma razón; ella no fue capaz de elegir a su marido, todo era por sobrevivir pues era huérfana y con una enorme herencia. En cambio Isabel Woodville en mi opinión no fue más que una mujer ambiciosa y al final me complace su final (muerte) pues el karma actuó como era debido puesto que sus vásagos varones desaparecieron especulándose su muerte y así sus príncipes jamás pudieron alcanzar el trono aunque me da algo de rabia que su hija Isabel, al final lograra alcanzar el trono.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)