sábado, 24 de septiembre de 2011

La familia de Carlos VI

Carlos VI

En la mañana del domingo 22 de agosto de 1389, el pueblo de París acudía a contemplar lo que prometía ser un desfile de singular esplendor. El joven rey Carlos VI, de 21 años, llevaba varios meses preparando el espectáculo. El motivo era celebrar la solemne entrada en la capital de su reina, Isabel de Baviera, Isabeau, que sería entonces coronada en la catedral de Notre-Dame. 

Isabeau había llegado cuatro años antes a Francia, desde la casa de su padre el duque Esteban de Baviera, para casarse con el rey. A su llegada contaba tan solo 14 años, y desde entonces había dado a su esposo dos hijos, ambos fallecidos en la infancia. Durante ese tiempo visitó con frecuencia París, pero nunca de modo oficial. Tal vez no parecía este el momento más adecuado para someter a la reina a tan agotadora ceremonia, puesto que le faltaban tres meses para dar a luz de nuevo. Sin embargo, pese a tanto ajetreo, esta vez traería al mundo un hijo destinado a vivir. 

Los festejos iban a servir al mismo tiempo para celebrar el matrimonio del hermano del rey, Luis, duque de Turena, conde de Valois y Beaumont y futuro duque de Orleáns. El joven príncipe se había casado cinco días antes con Valentina Visconti, hija de Juan Galeazzo, Señor de Pavía y duque de Milán. 

Valentina Visconti

El rey quería mucho a su hermano. Según la escritora Christine de Pisan, que los conocía bien, ambos eran gallardos, audaces, temerarios, generosos, amantes de los placeres y guapos, especialmente Luis. El carácter del menor era más complejo que el del rey. Le gustaban toda clase de juegos, sobre todo el ajedrez, los dados y el tenis. Era un jugador empedernido que hacía apuestas muy altas, por lo que muchas veces se encontraba debiendo fuertes sumas. Al mismo tiempo se trataba de un hombre de una gran cultura, disfrutaba con su biblioteca y con el trato de los poetas y de los músicos. Él mismo fue un buen poeta, aunque no alcanzó la gloria que tuvo posteriormente su hijo, Carlos de Orleáns. Devoto y caritativo por naturaleza, se preocupaba por los pobres y los enfermos. No carecía de ambiciones políticas, aunque en este momento, con tan solo 17 años, aún no habían comenzado a desatarse en él. 

Su esposa tenía dos años más. Valentina había pasado toda su vida en el castillo de su padre en Pavía, una de las cortes más brillantes de Italia. Juan Galeazzo era un gobernante cruel y ambicioso, pero también un enamorado de las artes y las letras. El duque formó una impresionante biblioteca en la que Valentina adquirió gran afición a la lectura. Su madre, la princesa Isabel de Francia, hermana de Carlos V, murió cuando ella tenía dos años, y su padre había vuelto a casarse, por lo que la niña fue educada por su abuela Blanca de Saboya, gran señora, amable e inteligente. Fue seguramente en buena medida debido a su influencia por lo que Valentina se convirtió en una joven sencilla y modesta, noble, generosa y compasiva, amante de la justicia y profundamente leal. Una de sus divisas predilectas era “Loyauté passe tout” (la lealtad ante todo). 

Christine de Pisan y la reina Isabeau

Isabeau era también medio Visconti por su madre, y se decía que Juan Galeazzo había asesinado a su abuelo Bernabé, a la sazón duque de Milán, en la mazmorra en la que lo mantenía prisionero. Bernabé era tío de Galeazzo, y este se aseguraba así la sucesión al ducado. 

Dadas las circunstancias, es probable que hubiera una cierta hostilidad latente entre la reina Isabeau y su cuñada Valentina, pero ninguna nubló la atmósfera de aquella mañana de verano en que las dos jóvenes se preparaban para la semana de fiestas. 

Tres de los tíos del rey les acompañaban. El mayor, y el más afectuoso, era Luis II, duque de Borbón, tío materno. Había ayudado a educar a sus sobrinos a la muerte de su padre, y permanecería como uno de sus más firmes valedores. Muy diferentes eran los tíos paternos, los duques de Berry y Borgoña, quienes por las suculentas rentas de las que disfrutaban y por la autoridad que ejercían, eran más ricos y poderosos que el rey. 

Luis II de Borbón

Juan, duque de Berry, a sus 49 años era el mayor de los dos. Sentía una devoradora pasión por las obras de arte y por los bellos objetos. Una de sus joyas más famosas era el exquisito manuscrito Les Très Riches Heures du Duc de Berry, libro de horas que los hermanos Limbourg habían iluminado. Continuamente enviaba servidores a Oriente en busca de piedras preciosas, y también poseía una colección de reliquias religiosas, entre ellas una de las manos de Santo Tomás, la que se decía que había tocado las heridas de Cristo resucitado. Aunque bastante bondadoso por temperamento, su avidez era tal que le impulsaba a exprimir cruelmente a sus vasallos del Languedoc para obtener el dinero con el que comprar obras de arte. Era también lo bastante ambicioso para no desear quedarse al margen de los puestos de importancia, por lo que desempeñaba un papel principal en la política. Sin embargo, en estos días no pensaba en nada más que en su jovencísima segunda esposa, Juana de Bolonia, con la que acababa de casarse y de la que estaba profundamente enamorado. 

Felipe de Borgoña

Felipe, duque de Borgoña, era dos años menor que su hermano. Como toda su estirpe era también gran protector de las artes y un coleccionista de cosas bellas. Pero más que el arte amaba la política y el poder. Su sobrenombre de “el Atrevido” se debía no a su valor, aunque fuese hombre de gran temple, sino a sus procedimientos audaces y arrogantes. En las intrigas en las que constantemente enredó al reino tuvo por cómplice eficaz a su esposa, Margarita, a la que debía los señoríos de Flandes, Artois y otros territorios en la frontera que le convertían en un poderoso rival para el rey de Francia.



(El próximo día continuaremos con la coronación de Isabel de Baviera)

13 comentarios:

  1. Buen retrato de estos personajes, Madame. Se pueden ver como se van reuniendo para esa coronación.

    Bisous

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  2. Grandes preparativos para tal acontecimiento madame ,mucha gente amante del arte veo reunida ,aguardaremos la segunda parte de esta celebracion
    Un abrazo

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  3. Qué familia más cultivada para aquellos tiempos medievales, ávidos lectores y coleccionistas de obras de arte. Parece que vamos a asistir a una boda Real, fina de de copete. Estaré atento a la crónica que de ella nos haga, señora. Beso su mano.

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  4. Hola Dane Masquée!! Una buena descripción de cada personaje de la familia que se reunía para la ceremonia.
    feliz domingo!!
    Bisouss

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  5. Créame, Madame, me he visto por los salones palaciegos, un pasito detrás de vos, siendo presentado con todo boato a esta corte tan peculiar, donde el arte, la filantropía, el mecenazgo y las intrigas se dan la mano con toda naturalidad. A sus pies, my Lady.

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  6. Hola Madame:

    Exposición de cualidades buenas y malas de los integrantes de la corte, que Ud relata de forma amena como siempre.

    Me engalanaré para la coronación

    Saludos

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  7. Excelente presentación de los personajes y de la situación de esta familia, próxima al enlace. Se ve que era gente refinada, elegante y con muy buenos gustos culturales y artísticos. Feliz domingo, bisous.

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  8. YA EN ESOS TIEMPOS LAS RELIQUIAS, Y EL ARTE ERAN UNA BUENA INVERSIÓN FINANCIERA, MAS QUE CULTURAL
    LAS COLECCIONES DESPIERTAN TANTA AMBICIÓN COMO EL METÁLICO, ESPERAMOS ESA CORONACIÓN MADAME, SALUDOS QUERIDA AMIGA

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  9. Circulan por ahí ediciones facsímil sobre el libro de horas que cita en esta entrada:
    Les Très Riches Heures du Duc de Berry.
    Una preciosidad.
    Lo que no sabía es donde encajaba a nivel histórico y geográfico. En esta entrada la duda ha quedado resuelta.
    Un saludo.

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  10. Viene interesante la cosa en materia de matrimonios, crimenes y demas esta vez. Esperamos la sda. parte.

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  11. ¡Me dejas con la miel en los labios...! Seguramente tendré que leer la continuación más adelante, porque estaré unos días "out": Beso su mano maestra, madame.

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  12. Hola Madame

    Es uan excelente cronista y narradora. Nos acerca a los personajes, indicándonos cómo son.

    Se palpa el ambiente antes de la coronación. Las rivalidades, la ambición, la expectación, la alegría...

    Bonita entrada.

    Feliz día, Madame.

    Bisous.

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  13. ¡Que bien! Vamos de boda y por las semblanzas de los asistentes parece que puede pasar de todo. Estamos atentos :)

    Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)