lunes, 26 de septiembre de 2011

La coronación de Isabel de Baviera

Entrada de Isabel de Baviera en París

Toda la familia real, a excepción del propio rey, tomaba parte en el cortejo formado a primera hora de la mañana en el exterior de la iglesia de Saint-Denis. Mil doscientos burgueses, seleccionados entre los más importantes de la ciudad, tomaban posiciones vestidos con ricas túnicas de seda verde y carmesí. La reina Isabeau iba en una litera suntuosamente decorada a cuyos costados cabalgaban los duques de Berry, Borgoña, Turena y Borbón. Valentina Visconti y Juana de Berry montaban sobre palafrenes ricamente engualdrados. 

El motivo de que el rey no fuera con ellos era que a su carácter caprichoso le resultó más divertido disfrazarse y unirse a la multitud para presenciar de incógnito el espectáculo que iba a desarrollarse en las calles. Carlos VI disfrutó de su escapada, aunque le costara recibir algunos estacazos en la espalda, propinados por los funcionarios armados de garrotes y encargados de mantener el orden, pues no le reconocieron. 

El cortejo pasó la primera puerta de Saint-Denis y entró en las estrechas calles de París, cuyas casas estaban engalanadas con tapices y ricas telas. El rey había proyectado personalmente el decorado para aquella puerta. Consistía en una tela representando el cielo con muchas estrellas en lo alto, protegiendo a niños vestidos de ángeles que rodeaban, cantando, una imagen de la Virgen con el Niño Jesús. Más adelante, en otro cielo estaba la Santísima Trinidad, y cuando la reina pasó bajo él descendieron dos ángeles que llevaban una corona de oro y pedrería para ponerla sobre su cabeza. 


En varios tinglados erigidos a lo largo del camino actuaban comediantes, juglares y titiriteros. La reina tenía que detenerse a presenciar los breves dramas y pantomimas. El más sorprendente de los espectáculos fue cuando un acróbata apareció a través de un desgarrón en la seda azul constelada de estrellas de oro. Con dos cirios encendidos en las manos y cantando mientras avanzaba, desafió al peligro caminando lentamente sobre una maroma tendida entre la torre más elevada de Notre-Dame y la casa más alta sobre el puente. 

Cuando al fin la reina entró en la catedral, el obispo de París colocó sobre su cabeza una corona aún más rica, recibiendo a cambio la ofrecida por los ángeles. 

Desde allí no había más que unos pasos hasta el palacio real en la Isla de la Cité, utilizado por los Valois solo para ceremonias oficiales. El rey la aguardaba en palacio para felicitarla antes de retirarse a sus aposentos. 


A la mañana siguiente la reina sería ungida en una misa mayor en Notre-Dame, después de lo cual hubo en palacio un banquete servido sobre una inmensa mesa de mármol. A continuación la corte se trasladó a la residencia favorita de los reyes, llamada Hotel de Saint-Pol. Esta residencia ocupaba un vasto espacio de tierra entre el actual Quai des Célestins y el bulevar de San Antonio. Estaba formado por varias casas muy pequeñas que Carlos V había comprado con los jardines, agrandándolos y cercándolos. La residencia tenía numerosas habitaciones, capillas, patios, galerías y jardines llenos de flores y frutas, huerto de cerezos, un gran viñedo, fuentes e incluso un pequeño parque zoológico en el que había leones. También contaba con establos y casas de baños —no tan poco frecuentes entonces como se supone habitualmente— alimentadas por las aguas del Sena. 

La ceremonia municipal más importante tuvo lugar al día siguiente. A las 12 de la mañana una diputación de los burgueses de París, todos vestidos igual, llegó al Hotel de Saint-Pol llevando costosos regalos de oro y plata para el rey, la reina y Valentina. Habían sido transportados por las calles en parihuelas, a fin de que todo el mundo pudiera verlos. El rey dio las gracias, cortés y brevemente. No pareció mostrar especial interés por lo que pudo haber costado al pueblo honrarle de aquel modo. Siete años antes, con ocasión de su coronación, se obligó a sus súbditos a pagar tanto para las fiestas que el pueblo se sublevó. Pero ahora volvían a pagar y lo hacían sin protestar. Se debía a su esperanza de que la joven reina, emocionada por la acogida, utilizara su influencia cuando naciera el hijo que esperaba para reducir o aliviar alguno de los impuestos. El pueblo aún no sabía cuán poco significaba para ella. 


Tan pronto como terminaron las fiestas, los reyes abandonaron París con todo su séquito para acudir a las justas con las que darían por finalizadas las celebraciones. El impuesto sobre la sal aumentaría por real decreto y los heraldos anunciarían que el uso de ciertas monedas de plata de bajo valor quedaba terminantemente prohibido, bajo pena de muerte. El resultado fue que durante algún tiempo la gente más pobre, carente de otra moneda, ni siquiera pudo comprar el pan de cada día. 


Bibliografía: 
Charles of Orleans, Prince and Poet – Enid Mcleod


22 comentarios:

  1. vaya morrete el de los reyes. se les pagan las fiestas y luego si te he visto, págamela otra vez.
    y vaya cabeza la de Carlos, de momento va a exponerse alguna de nuestras cabezas coronadas a recibir garrotazos, solo por el placer de mezclarse entre el público.
    supongo que el buen rollo entre hermanos y cuñadas, no durará mucho.

    saludos, madame. y suerte a Docmanuel en su proyecto.

    bisous.

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  2. Lo de camuflarse el rey entre la plebe y pasar desapercibido -o no- haciendo de las suyas es una moda que copiaron algunos monarcas más cercanos y familiares. Lo de ahogar con impuestos a los súbditos para costear el lujo real y sus fiestas lo pagarán tarde o temprano.
    Un saludo.

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  3. Está claro que el rey sabía montar una buena fiesta; aunque es más fácil si paga otro.
    Tal vez si el aguacil llega a reconocerle le hubiese atizado con más ganas :)
    Feliz lunes, Madame

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  4. Hola Dame masquée!! Cuánta fastuosidad, y luego los pobres no tenían para comer. Parece que el tiempo pasó pero algunas costumbres quedaron.
    Más allá de eso, debía ser increíble estar en esos momentos, un despliegue de imaginación.
    Feliz semana Madame!!
    Bisouss

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  5. Estoy con Xibeliuss ¿Seguro que no le reconocieron, Madame? Igual sí y le sacudieron por eso :D


    Feliz semana :)

    Bisous

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  6. La travesura de Carlos bien podría haberle costado una costilla, pero seguro le merecería la pena. ¿Nos contará también, Madame, la sonada tercera boda de la Duquesa de Alba?
    Besos.

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  7. Caro le salía al pueblo que el Rey se casase o que tuviese descendencia, desde luego abusaron cuanto pudieron y así terminó la cosa. quizás con algo de justicia y prudencia el pueblo hubiese estado orgullosos de sus gobernantes.
    Me he fijado en las ilustraciones del relato, son de un estilo muy caracteristico con cierto toque naif, me gustan mucho.
    Estupendas la noticia acerca del nuevo blog de nuestro querido Marqués, voy a visitarle.
    Bisous, Madame.

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  8. Cuanta majestuosidad y boato en esta boda, pero claro a costa del bolsillo de los más pobres, aunque en cierta forma muchas cosas siguen igual.

    Bisous

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  9. No sería el primer monarca aficcionado a camuflarse entre el populacho para correrse la juerga padre,(y perdone la vulgaridad) aunque en este caso los estacazos fueran algo con lo que el hombre no contara jijiji (alguno igual aprovechaba la ocasión al saber que era la persona del rey la que iba entre el gentío)

    Es asombrosa la riqueza y el esplendor mostrados en estos fastos, a menudo excesivos al compararse con la situación del pueblo.

    Bisous y buena semana.

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  10. Madame un gusto saludarla y decir que muy buena su entrada , me encanto. Hace un tiempo lei La vida secreat de Isabel de Baviera.
    Le envio un afectuoso saludo

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  11. Hola Madame

    No me extraña que se sublevaran. A veces pienso que, el pueblo de cualquier país, lo hizo demasiado poco, cuando las humillaciones eran tan graves.

    En cuanto a la coronación, me ha parecido que tuvo que ser digna de verse. Parecía muy teatral y bien medida.

    Feliz día, Madame.

    Bisous.

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  12. Hola Madame:

    Debió haber sido impresionante la coronación...Triste episodio sobre las monedas y el aumento de impuestos...Alguien tenía que pagarla.


    Muchas gracias por la referencia del nuevo rincón madame. Ya están los link de los suyos en aquel lugar.

    Saludos

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  13. No hay nada como estas fiestas que se montaban estos monarcas, menuda coronación. Y luego también sabía pasar desapercibido. Dicen que nuestro Alfonso XIII le gustaba hacer eso. Muy buenas noches, madame.

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  14. Que desagradecidos los reyes. Mire que subir el impuesto sobre la sal.

    Muchas gracias también por el enlace al nuevo blog del amigo Manuel. Sabía que iba a abrir nuevo espacio y se me había pasado. Está usted en todo con los amigos. Beso su mano.

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  15. Está visto que los impuestos, tasas, peajes y otros actos impositivos de la hacienda pública, son, como decía la artista, indestructibles ¿o era destructores? En fin, que son parte de toda clase de regímenes, estados y cualquier forma organizada de poder.
    La broma de Carlos, digo yo que se haría una día bastante aproximada de las penurias y los olores del populacho, aunque no parece que le creara trauma esa cercania.

    Bonne nuit.

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  16. LA PARTE EN QUE EL PUEBLO NO TIENE QUE COMER, ME RECUERDA A MUCHAS DEMOCRACIAS ACTUALES...
    LA HISTORIA NO CAMBIA LA INJUSTICIA ES EL LUJO DE LOS PODEROSOS, SALUDOS QUERIDA DAMA

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  17. Que buena historia madame, la felicito, bueno en lo personal he aprendido varias y peculiares historias, sean españolas, francesas, inglesas, austriacas, rusas, bueno, en fin todas las de Europa, ademas de las de Oriente, y las de America, como las de Mexico y Brasil...

    Lo que no me gustaba era qe los Reyes para sufragar sus lujos y pomposidades, imponian impuestos hasta por la mas minima cosa, y dejaban a su pueblo hambriento por varias temporadas...

    Hasta pronto Madame, que tenga un exelente dia :)

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  18. Por lo que veo las cosas siguen igual hoy en dia. Grandes fiestas y acontecimientos organizados por unos y que luego pagan otros y, aun tiene que dar las gracias. Por encima las monedas de bajo valor prohibidas, bajo condena de muerte, que se creian la plebe.
    Un beso.

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  19. Pero que buenas fiestas organizaban con el dinero de los demas!!! ¿he dicho organizaban? perdón un lapsus... que esto lo siguen haciendo nuestros dirigentes actuales...

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  20. Todo un espectáculo estas "entradas jocosas y triunfales" medievales. Cuna de lo que serían las entradas reales durante los siglos XVI y XVII.

    Gustaban mucho los reyes de camuflarse entre el público, quizás por sentirse de vez en cuando "gente normal".

    Un beso.

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  21. Lo de que los pobres no pudieran ni comer, por desgracia es una historia que se viene repitiendo desde el inicio de los tiempos.

    Madame, aprovecho para decir que ahora tengo un horario muy malo que no me permite visitar los blogs tanto como quisiera, por eso estoy ausente.

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  22. Creo que despues del impuestazo del rey no se atreveria mas a mezclarse entre la plebe como solia hacerlo en estas ceremonias . Magnifica recreacion madame
    Un abrazo y buena semana

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)