sábado, 3 de septiembre de 2011

Espartaco


Los romanos convertían en esclavos a los prisioneros de guerra. Los más cultos entre ellos tenían la oportunidad de servir a su amo como profesores particulares u otras profesiones de igual categoría, pero la mayoría eran destinados al campo o a los talleres, a la construcción, a los remos, a las minas o al servicio doméstico. Los de anatomía excepcionalmente imponente o mejores condiciones atléticas tenían la posibilidad de convertirse en gladiadores, una profesión a la que también podían aspirar los hombres libres. 

Espartaco era uno de los gladiadores del cuartel de Capua. Había nacido en Tracia en el 113 a. C., un hombre libre procedente de la comarca que es hoy Bulgaria. Era inteligente, perspicaz, muy consciente de sus responsabilidades y de una gran nobleza, cualidades que no le habían servido para librarse de su destino. El tracio se veía ahora reducido a ser apenas un objeto. Le habían arrancado el juramento de obedecer ciegamente a su amo y de dejarse “pegar, quemar, herir o matar” si así se le ordenaba. Pero él no quería ser esclavo, y no quería morir de ese modo, combatiendo contra un camarada que nunca había sido su enemigo. Tenía muchos amigos entre sus compañeros de lucha, amigos que temblaban ante la posibilidad de que un día los obligasen a luchar entre sí. 

Un día del año 73 a. C., después de los entrenamientos, antes de que las armas fueran recogidas y encerradas bajo llave, Espartaco huyó con 70 de sus compañeros, tracios germanos y galos. Se abrieron camino por la fuerza, y al llegar la oscuridad se ocultaron en las vertientes del Vesubio. 


El comandante del cuartel calculó que para someterlos serían necesarios de cien a doscientos soldados. Eso fue subestimarlos mucho. 

La noticia de la rebelión se propagó como el viento. Al principio Roma no experimentó alarma, sino indignación ante los estragos que ese puñado de desharrapados llegaba a causar: los fugados obligaban a los campesinos a entregarles alimentos, robaban las provisiones y se comían toda la fruta de los huertos. 

Los hombres de Espartaco pronto recibieron refuerzos. Todas las noches trepaban por el monte nuevos grupos de esclavos con armas, ropas víveres y todo cuanto podían cargar al abandonar las casas de sus amos. Fue suficiente para que la primera unidad que se envió contra ellos resultara aniquilada sin el menor esfuerzo. 

Sumaban ya casi medio millar, y comenzaron por elegir un jefe. Al parecer Espartaco fue elegido por unanimidad, lo que no deja de sorprender si se tiene en cuenta que había entre ellos otros dos líderes muy carismáticos, grandes luchadores e influyentes: los celtas Crixo y Enomao. Pero en el ánimo de todos pesó más el hecho de que Espartaco conocía bien las tácticas del ejército romano, en cuyas filas había luchado durante largo tiempo hasta su deserción. 


La rebelión ya no podía ser dominada desde Capua. Roma decidió intervenir, aunque el momento no era el más oportuno: las tropas regulares combatían en Asia Menor, por lo que fue preciso enviar a la milicia. Se tomó la decisión de no escatimar soldados y se mandaron 3000. 

Al viajar el ejército desde Capua hacia el sur, los soldados atravesaron las localidades de Pompeya y Herculano y vieron las magníficas fincas de los romanos más acaudalados. Estaban destruidas, los esclavos habían desaparecido y no quedaba nada comestible. Alcanzado el pie del Vesubio, se dieron cuenta de que los rebeldes se hacían fuertes en una estrecha garganta a la cual sólo podrían acceder de uno en uno. Era imposible divisar nada en las alturas, puesto que la garganta era una maraña de árboles, arbustos y vides. 

El pretor tomó la única decisión cuerda: ocupar la entrada. Así que acampó y se dispuso a esperar. Pero, fatalmente para él, se le olvidó establecer una valla de protección. 

Mediante escalas y cuerdas trenzadas de duros sarmientos, Espartaco descendió de noche por las pendientes escarpadas, sorprendiendo a los romanos al amanecer de modo tan concluyente que logró retirarse sin sufrir ni una sola baja. 


En Roma comenzó a cundir la alarma. El pueblo arremetía contra el senado, a quien culpaba de haber sumido en el luto a tres mil familias. 

Había que actuar con rapidez, porque el otoño se echaba encima. Se reclutaron nuevas milicias para dejar intactas las guarniciones, y finalmente se obtuvo un ejército de doce mil hombres, es decir, dos legiones completas. El mando fue asumido por el pretor Varinio. 

Espartaco había abandonado el Vesubio. Ahora tenía ya unos cinco mil hombres, y la garganta se le hacía demasiado estrecha. Varinio lo avistó un mediodía en un valle de la Campania. El gladiador se dirigió hacia el sur, atrayendo a los romanos en su persecución. El ejército de Varinio se dispersó dividiéndose en tres en los montes escabrosos de Lucania, y Espartaco aniquiló a los doce mil hombres en tres breves golpes. Entre los pocos que lograron salvarse huyendo se encontraba el desastroso general. Hubo de hacerlo a pie, porque Espartaco llegó a capturar incluso su caballo. 


Espartaco sabía que hasta entonces se había limitado a improvisar, pero que si quería derrotar a Roma de modo definitivo era preciso convertir a sus hombres en un verdadero ejército. Para ello solo disponía del breve plazo que suponía el invierno. Necesitaba, ante todo, un cuartel general y una retaguardia segura, así que, antes de que llegaran la lluvia y la nieve, tomó por asalto unas cuantas ciudades y se estableció en ellas. 

Fue entonces cuando tuvo lugar la fatal desavenencia entre él y Crixo. El celta le expuso su propia idea de la revolución: no, no había que abolir la esclavitud y tratar de conseguir la igualdad, sino volver del revés el mundo y convertir en amos a los servidores y a los servidores en amos. Por desgracia, con Crixo el diálogo no tenía cabida. 

Espartaco prohibió la posesión de oro y plata, negó cualquier comodidad en el campamento, hacía salir a la tropa bajo la nieve y la lluvia y la sometía a entrenamientos de la mañana a la noche. Organizó herrerías para la fabricación casera de puntas de lanza, flechas, espadas y escudos, y enseñó a montar a un grupo de esclavos jóvenes. Formó oficiales y les enseñó las tácticas de los romanos. Crixo observaba todo eso con repulsa, y seguramente también con una buena dosis de envidia. Cuando Espartaco levantó el campamento en marzo del 72 a. C., él y sus celtas se separaron. Su número debía de ascender a diez mil, o tal vez más; una tercera parte del total. Espartaco se dirigió a las montañas y Crixo al valle. Quería saquear la costa. 


En Roma habían reclutado un nuevo ejército. La medida sin precedentes de enviar a ambos cónsules al frente como generales da una idea de la importancia que había adquirido el asunto. Seis legiones salieron de Roma con un estruendo que hizo temblar la tierra. Sabían dónde estaba el rebelde, y la noticia de que ahora contaba con menos hombres fue una agradable sorpresa. 

Los cónsules se dirigieron a las montañas con el grueso de sus fuerzas para inmovilizar al tracio mientras un pretor, al mando de un destacamento, procedía a perseguir a los celtas. El pretor encontró a Crixo al pie del monte Gargano, junto al mar, le atacó sin tardanza y le venció. La mitad de los esclavos resultaron muertos, entre ellos su jefe. 

Los supervivientes huyeron por los montes en busca de Espartaco. Por desgracia lo encontraron muy poco antes de que el pretor apareciera a su espalda. Las tenazas se habían cerrado. 


Espartaco recibió la noticia con serenidad. Se informó de la situación del ejército enemigo, de su potencia y movimientos. A continuación forzó, mediante un ataque simulado, la unión de las legiones del pretor con el primer ejército consular. En cuanto se hubo cubierto la retaguardia, se lanzó sobre el segundo cónsul, derrotándolo en cuestión de horas. Entonces dio media vuelta, atacó por el flanco al primer ejército y lo aniquiló también. Habían caído en sus manos las águilas de la legión. Fue la mayor catástrofe romana desde Cannas. 

El tracio hizo ejecutar a 300 prisioneros. El relato según el cual los obligó a matarse entre sí como gladiadores fue tal vez una leyenda negra inventada por Roma, pues consta que Espartaco no se caracterizaba por la crueldad. 

Luego se dirigió hacia el norte. Todo parecía indicar que su intención era abandonar Italia. En el valle del Po, junto a Mutina (Módena), los romanos volvieron a presentar batalla. Era una guarnición fronteriza a la que nuevamente derrotó. Entonces tomó la extraña decisión de dar media vuelta. 

En cuanto llegó a Turi, su antigua base en el golfo de Tarento, le alcanzó la noticia de que ocho legiones romanas estaban en marcha. Una avanzadilla los atacó desobedeciendo órdenes del mando, y fueron fácilmente derrotados por Espartaco. Pocos pudieron salvarse. El comandante en jefe hizo ejecutar al oficial desobediente, y también a uno de cada 10 supervivientes como castigo ejemplar. 


Este general era Craso, recién nombrado pretor y revestido de plenos poderes por el atemorizado senado. Había logrado ese honor porque no había nadie más que se atreviera a cargar con él. Tenía 42 años. Era un plebeyo de la familia de los Licinio. Su padre había sido muy rico, pero él incluso lo eclipsó gracias a sus especulaciones y al comercio de esclavos, negocios que le habían convertido en el hombre más rico de Roma. Esta vez había corrido con los gastos de la mitad de su ejército. 

El primer choque serio con Espartaco terminó en un empate. El tracio se retiró prudentemente hacia el sur, hacia Reggio Calabria. Esperaba tomar contacto allí con los piratas que se asentaban en ese lugar y convencerles de que embarcaran a sus tropas hacia Sicilia para utilizar la isla como base. Pero los piratas lo dejaron en la estacada, y la estrecha franja de tierra donde se encontraba se había convertido en una trampa. 

Cincuenta mil soldados romanos cavaron a toda prisa una zanja que les cortaba definitivamente el camino. Quería dejarlos morir de hambre. 

Llegó el invierno, excepcionalmente crudo. La situación parecía desesperada, pero Espartaco se salvó una vez más. Una noche, bajo una intensa nevada, atravesó la zanja y tomó por asalto la empalizada. A la mañana siguiente había desaparecido. 


A partir de ahí todo fue mal para él. Lúculo desembarcó en Tarento con su ejército de Macedonia; de las Galias acudió Pompeyo con sus legiones españolas, y los celtas volvieron a separarse de Espartaco. Craso los seguía pisándoles los talones. En la costa de Lucania Espartaco llegó en el último momento y consiguió salvar a los celtas. Pero hubo una segunda batalla junto al río Silaro. Llegó entonces demasiado tarde y se encontró con doce mil muertos. 

La tercera batalla se libra en Petelia (Calabria) en marzo del año 71 a. C. Espartaco resulta herido. Con un pequeño grupo de gladiadores intenta cruzar las líneas enemigas y llegar hasta la tienda de campaña de Craso, pero las dos centurias que la defienden suponen una barrera infranqueable. Espartaco sangra por demasiadas heridas, se debilita por momentos y muere bajo una lluvia de jabalinas. 

Cinco mil esclavos lograron huir. Pompeyo los atrapó en la Toscana y los aniquiló por completo. Seis mil cayeron en manos de Craso, que los mandó crucificar vivos a lo largo de la Vía Apia desde Capua hasta Roma.

27 comentarios:

  1. La historia de Espartaco es una auténtica y trágica epopeya. ¿Qué curso habría seguido la historia si Crixo hubiera tenido la misma nobleza de miras que el tracio?
    Fascinante, como siempre, madame.

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  2. La escena en que el soldado romano pregunta "¿Quién es Espartaco?" (con la habitual cortesía de aquella gente O.o) y Toni Curtis se levanta diciendo "!Soy yo!" al mismo tiempo que el auténtico Espartaco, me parece una de las más emocionantes de la historia del cine.

    Es un placer volver, Madame :-) Besola amablemente.

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  3. Madame fantásticamente narrada la epopeya de Espartaco, e ilustrada con uno de los grandes del cine Kirk Douglas.
    Sin duda fue un héroe aunque le sirvió de muy poco
    Cuantas barbaridades. Decimos de las crueldades de las guerras actualmente pero siempre los humanos hemos sido salvajes. Hoy usamos otras armas. Me hubiera gustado ver a esto con las actuales.
    Bisous y buenas noches

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  4. Un relato muy ameno y muy bien condensado.
    Besos Madame.

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  5. Me sigue gustando ver la película, todavía me emociona, aunque es un placer descubrir nuevos detalles en su post, es muy ameno.

    Bisous, Madame.

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  6. Espartaco siempre tendrá para mí el rostro de Kirk Douglas, con su genuino hoyuelo en la barbilla...
    Esclavos eran también, en la Roma clásica, la mayoría de los médicos. Un auténtico romano no podía rebajarse a ejercer dicha actividad, por muy famosos y ricos que llegaran a hacerse algunos, como Galeno, que no era esclavo pero sí griego; y que -por cierto- había sido médico de gladiadores en su Pérgamo natal.
    ¡Excelente entrada, Madame! La felicito y le deseo un muy feliz domingo.

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  7. Espartaco, todo un mito. Un referente para los parias y los desposeídos. Un dolor de cabeza para los romanos y sus legiones. Un estupendo papel el de Kirk Douglas.
    Saludos.

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  8. Durante mucho tiempo, todo lo que supe de gladiadores me lo había contado Kirk Douglas como intérprete de la película Espartaco; ahora, con tu empeño en culturizarme,he vuelto a ver la película con otros ojos. Muy agradecido, Madame.

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  9. ¡Madame! Soberbia entrada. Algo sé de esta historia y todo lo que he leído me ha refrescado con sumo placer.
    Es verdad, se dirigió hacia el norte con la intención de huir de Italia, pero sus guerreros decidieron no salir. Él pudo huir. No lo hizo. Se especula que sabía que marchando al sur se metía en una jaula. Generoso hasta el final.
    Ah... Y sus normas bien parecen las de un gran indignado, que lo debió ser.
    Saludos en domingo.

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  10. Gran entrada, Madame, y de alto poder simbólico en estos tiempos que corren: Craso, el especulador por definición, acaba por crucificar al esclavo insurrecto. La historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa.
    Feliz domingo, Madame.

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  11. Hola Dame Masquée!! La vida de Espartaco es apasionante, un hombre inteligente y decidido, lamentablemente siempre hay alguien que observa desde la envidia y destruye todo lo que se había conseguido. Muy bueno Madame.
    Feliz tarde!!
    Bisousssssss

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  12. Madame, buena idea recordar la figura de este gladiador, cuya sombra y fama ha llegado hasta nosotros. Por algo sería... Y casi consigue una transformación.

    Feliz tarde.

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  13. Hola Madame:

    La imagen del inicio es caracteristica de la película.

    Episodios trájicos los que vivió Espartaco. Una muerte muy dolorosa la que tuvo.

    Me impresionan las cifras de muertos.

    Saludos que todo vaya mejor

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  14. Tras esta entrada tan espléndida, y además de la película de Kubrick, es oportuno recordar la novela dedicada al personaje por Koestler,es una valiosa reflexión sobre el poder y la condición humana.

    Saludos.

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  15. Soberbia la entrada sobre Espartaco. Magnífica la película de Kubrick, con un trasfondo político y pseudocomunista innegable.
    Tras dos meses de veranos sin hacer nada de nada, ya me he reincorporado a la vida normal, así que seguiremos en contacto. Espero que haya disfrutado de un plácido verano. Le mando muchos bisous atrasados.
    Muy buneas tardes.

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  16. No en vano Espartaco ha sido percibido en los últimos años como un símbolo de la libertad. Su lucha desigual, su destreza y nobleza y, sobre todo, ese afán de dejar de ser esclavos, se convirtieron en todo un ejemplo. Mucho me temo, madame, que necesitamos un nuevo Espartaco para combatir contra "los mercados". Beso reverentemente su mano.

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  17. Hola Madame

    Una gran entrada. Al leeros pienso que si Espartaco hubiera nacido romano, hubiera hecho una gran carrera en el ejército, y quién sabe si hubiera podido llegar más lejos.

    Un gran estratega que tuvo en lid a los mejores generales romanos. Y por qué no, un hombre que vino a revolucionar a un mundo consolidado como el romano.

    Feliz lunes, Madame.

    Bisous.

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  18. Un bonito sueño para los esclavos que al final acabó en tragedia. Pusieron en jaque al poderoso imperio romano pero al final sus fuerzas se vieron vencidas. Bien distinta esta historia a la de la serie.

    Un beso.

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  19. una de las grandes epopeyas de la historia. Parece mentira que una rebelión así pusiera a la todopoderosa Roma en serios apuros. Aunque analizado friamente las posibilidades de éxito para Espartaco eran muy pocas, solo si hubiera huido de Italia... tal vez podrían haberse instalado fuera de las fronteras del Imperio...

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  20. bueno, una historia que pone los pelos de punta. las imágenes de la película van apareciendo a medida que nos va contando el relato, madame, aunque el suyo incluye datos que la película no nombra. como la presencia de crixo, creo.
    la guerra o la revolución. qué hacer.
    el enemigo sigue siendo demasiado poderoso. y ya no hay espartacos que ni siquiera tengan la oportunidad de equivocarse.

    saludos madame!!

    bisous!

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  21. Una mágnificva historia, en la que Espartaco demostró ser un hombre fuerte en todo lo que se debía incluida la moral....una pena que todo acabase mal despues de tantas victorias...
    Douglas lo bordo en la pelicula, en mi opinión :)

    Besines Madame!!!!

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  22. Hoy día creo que no resulta desconocida para nadie la historia de Espartaco (en parte gracias a esa gran película cuyo portagonista es un genial Kirk Douglas), y aunque el final no haya sido lo esperado su nombre quedará por siempre grabado en la historia como el nombre de un hombre valiente, emprendedor y luchador, capaz de desafiar todo un Imperio en nombre de la libertad.

    Bisous y buen inicio de semana.

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  23. O sea que el guión de la película Espartaco no era tan lejano a la realidad, salvo la muerte del héroe y el hecho de que fuese gladiador (parece que fue esclavo). La rebelión de Espartaco puede considerarse uno de los primeros ensayos serios de igualdad en la historia de la Humanidad.

    Besos

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  24. Es uan gran historia que ha dado pie a grandes películas como la del mítico Kirk Douglas.
    Hace poco vi la última serie que se ha hecho sobre este personaje "Espartaco, sangre y arena" pero me temo que tiene poco de histórica, es más bien una excusa para mostrar sangre y sexo a raudales, se ve que importa más esto que el rigor histórico.

    Un placer pasarme de nuevo por su blog tras las vacaciones.

    Un abrazo madame.

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  25. Me resulta inevitable recordar la película de Kubrick.Siempre me acuerdo de Graco, Charles Laughton, en un papel segundario, pero magnífico. Ya no se hacen películas así. Bueno, alguna sí, pero pocas. Sí que resulta raro el cambio de estrategia de Espartaco dirigiéndose al sur. Beso su mano.

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  26. QUE INTERESANTE SU RESEÑA, MADAME, LO Q ME QUEDA CLARO ES Q ESPARTACO FUE UN HOMBRE 100% CONSECUENTE CON LO QUE DECIA, HASTA LA MUERTE, ACTITUD QUE DEBEMOS APRENDER TODO HOMBRE Q DESEA SUPERARSE EN LA VIDA, SUPERACION Q SERIA UNA SIMPLE CONSECUENCIA, Y TAL VEZ LA MUERTE FUE UN PRECIO Q VALIO LA PENA PAGAR POR TENER DIAS DE ESPERANZA Y LIBERTAD Q GOZARON ESAS GENTES REBELDES.
    GRACIAS POR ESTE ESPACIO

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  27. como hubiese querido vivir en esos tiempos, era hermandad a sus mas cercanos, ahora todo es diferente... spartaco fue un verdadero gladiador, un noble y luchaba por su libertad hacia los demas, enseño muchas cosas y seguira siendo historia....

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)