lunes, 15 de agosto de 2011

Gladiadores y Gladiatrices


El combate de gladiadores en la Antigua Roma se originó como evento religioso, remontándose a las costumbres funerarias de los etruscos. Entre estos era tradición que un grupo de la milicia combatiera entre sí para honrar a algún difunto que había ostentado algún cargo importante.

Tito Livio escribió sobre los primeros combates de gladiadores conocidos, que tuvieron lugar en el 310 a. C. para simbolizar el éxito militar de los habitantes de la Campania sobre los samnitas. En Roma los primeros juegos de gladiadores (muneras) se celebraron en el 246 a. C., organizados por Marco y Décimo Bruto con ocasión de los funerales de su padre.

Este tipo de espectáculo evolucionó hasta convertirse en un rasgo distintivo de la cultura romana durante casi siete siglos. Los combates llegaron a emplear un enorme número de luchadores. En el año 65 a. C. Julio César organizó unos juegos en los que combatieron 320 pares de gladiadores en un anfiteatro de madera construido especialmente para la ocasión, pero la mayor competición jamás ofrecida corrió a cargo del emperador Trajano, como parte de las celebraciones por su victoria en Dacia y Arabia el año 107. En el espectáculo lucharon 5.000 parejas, y duró tres meses.


La palabra gladiador deriva de gladius, espada. Generalmente se trataba de criminales condenados, prisioneros de guerra o esclavos comprados a tal fin por un lanista o propietario de gladiadores, que solía ser a su vez un gladiador retirado. Ser lanista era una actividad lucrativa —Tiberio llegó a pagar enormes sumas por conseguir luchadores para sus espectáculos—, si bien dejó de serlo tanto en tiempos de Marco Aurelio, puesto que a partir de entonces el Estado obligó a proporcionar gladiadores a un precio fijo.

Entre los combatientes había también profesionales, hombres libres que participaban voluntariamente en los combates. Aunque un hombre fuera de baja extracción social, al convertirse en gladiador a menudo encontraba popularidad y patrocinio por parte de romanos acaudalados. Pero no siempre se trataba de personas humildes, como demuestra el hecho de que el emperador Augusto tuviera que preservar la pietas y virtud de los patricios romanos y del senado prohibiendo a sus miembros participar en los combates. Más tarde, sin embargo, Calígula y Nerón les ordenarían tomar parte.

Los ciudadanos romanos declarados infames se vendían ellos mismos a los lanistas para poder saldar sus deudas, y se los conocía como auctorati. A los condenados por algún delito grave, la ley Ad gladium los castigaba a luchar a muerte con los gladiadores. Estos criminales entraban en la arena desarmados, mientras que los delincuentes que no habían cometido un delito capital se entrenaban en las escuelas, llamadas ludi. El Estado acabó haciéndose cargo de estas escuelas, que al principio eran privadas, con el fin de impedir que un particular pudiera armar allí un ejército. Los centros eran dirigidos por un lanista y contaban con doctores y magistri, antiguos gladiadores que adiestraban ahora a los nuevos pupilos.


Los gladiadores se entrenaban como atletas, recibían atención médica y tres comidas al día. Su dieta era básicamente vegetariana, rica en proteínas y abundante en cebada y otras legumbres. Esto les permitía engordar y desarrollar una gran masa muscular, para lo cual se servían de todo tipo de instrumentos. Junto con los mejores cuidados médicos, se les procuraban masajes y baños. Había saunas de aguas termales que eran específicas para ellos. El entrenamiento, que consistía sobre todo en levantar pesos y practicar las técnicas de combate, era duro. Si el lanista o cualquiera de los maestros pensaban que el luchador no se esforzaba lo suficiente, se procedía al castigo.

Una escuela típica contaba, aparte del lanista, con el entrenador, los guardias que se aseguraban de que el gladiador no escaparía, el contable que pagaba al personal, el médico, el armador que proporcionaba el equipo de combate y debía mantener las armas en buen uso y las espadas afiladas; el cocinero y el enterrador.

El gladiador llegaba a especializarse en técnicas de combate que pretendían la captura del enemigo más que matarlo con rapidez. Los delincuentes luchaban con las armas de su elección y podían ganar la libertad si resistían 5 años combatiendo. A pesar de que solo participaban en dos o tres combates al año, no era tan fácil sobrevivir a ese periodo.

Reciario

Los gladiadores se equipaban representando el papel en el que se especializaban (tracio, reciario, secutor…), muchos de ellos caracterizados como enemigos de Roma. No se les permitía utilizar armamento militar romano, y llevaban el estómago y otras partes vitales de su anatomía sin protección, aunque podían cubrirse brazos y piernas.

Cuando el Coliseo se inauguró, podía llenarse de agua, y los gladiadores libraban combates navales en pequeños navíos. Algunos testimonios afirman que también se traían cocodrilos e hipopótamos para que pelearan entre sí o atacaran a los gladiadores.

Se les pagaba cada vez que luchaban. Cuando uno resultaba herido, la muchedumbre gritaba “habet, hoc habet”. Aquel que se reconocía derrotado soltaba su escudo y levantaba su mano izquierda con un dedo extendido en demanda de clemencia. Entonces se detenía el combate y se dejaba la decisión acerca de su destino al munerarius, la persona que alquilaba los gladiadores al lanista y organizaba el espectáculo, o en su caso al emperador. El munerarius podía, con la influencia del público, conceder clemencia, disponer de las vidas o bien dar la libertad a uno de los luchadores o a ambos. Las decisiones se comunicaban mostrando el pulgar hacia arriba o hacia abajo, pero si se trataba de conceder la libertad, el munerarius bajaba a la arena y entregaba una espada de madera (rudis) al gladiador afortunado. Con ello señalaba que ya no era un esclavo, sino un hombre o mujer libre. El público podía solicitar la muerte del gladiador mediante el pulgar o también agitando un pañuelo, pero su petición no era necesariamente atendida. En caso de que se decidiera que debía morir, se le clavaba la espada costa por el cuello hasta el corazón.



La noche anterior a un combate los gladiadores comían en un banquete público (cena libera), al cual asistía el pueblo. La mañana siguiente comenzaba con un desfile en el anfiteatro, y continuaba con la venatio, es decir, espectáculos en los que intervenían animales. La ejecución de prisioneros condenados tenía lugar al mediodía, generalmente por parte de animales. Ese era también el momento en el que morían los cristianos que se negaban a hacer sacrificios a los dioses. Luego había un descanso para que los cadáveres pudieran ser retirados, y se esparcía arena fresca para el plato fuerte de la jornada: las peleas de gladiadores, que se ofrecían durante las horas de la tarde.

Para los ciudadanos romanos el espectáculo era gratuito, financiado por el propio emperador o por personajes acaudalados que deseaban ganar popularidad. El vencedor de un combate recibía un cuenco de oro, una corona o una moneda de oro, además de una palma, símbolo de victoria. Estos combates eran regulados por leyes, llamadas leges gladiatorae.

El gladiador prestaba un juramento que le obligaba a actuar como esclavo para su amo y a soportar las cadenas, los azotes o la muerte por la espada. Debían hacer aquello que ordenara el lanista, por lo que eran reconocidos por su lealtad, valor y disciplina. Los gladiadores podían alcanzar la consideración de héroes. Aunque su rango era apenas superior al de un esclavo, muchos ciudadanos romanos, patricios e incluso emperadores lucharon en la arena por amor al deporte. Cómodo se jactaba de haber librado más de mil combates.


Las mujeres idolatraban a los gladiadores, a veces para disgusto de sus cónyuges. Se decía que la madre de Cómodo, Faustina, mostraba una clara preferencia por el gladiador Marciano sobre su propio esposo. Y hay una inscripción en un muro de Pompeya que dice que el gladiador tracio Celadus era “suspirum et decus puellarum”, es decir, el suspiro y la gloria de las chicas.

Uno de los gladiadores más famosos fue Marco Valerio Hispánico, el ex general romano en el que se basa la película Gladiator. El verdadero vivió a finales del siglo II.

Hubo un tiempo en que también las mujeres competían en la arena, no sin controversia. Se sabe que el emperador Septimio Severo, que gobernó del 193 al 211, les permitía al principio luchar como gladiatrices, pero terminó prohibiéndolo en el año 200. Parece, sin embargo, que la prohibición no resultó eficaz, puesto que hay una inscripción en Ostia anunciando mujeres combatiendo.

Aquilea y Amazonia, dos gladiatrices representadas en un relieve de Halicarnaso

Las evidencias acerca de la existencia de gladiatrices se encuentran en edictos del gobierno y en textos de autores de la época. Por ejemplo en el año 11 un decreto del senado prohibía a las mujeres libres menores de 20 años aparecer en el escenario o en la arena. Según Tácito, a veces estas mujeres pertenecían a una clase social elevada: “Este año los espectáculos de gladiadores fueron tan magníficos como los de antaño. Sin embargo, muchas damas distinguidas y senadores se desgraciaron apareciendo en el anfiteatro”. Suetonio cuenta: “Domiciano presentó muchas diversiones extravagantes en el Coliseo y en el circo… espectáculos de gladiadores a la luz de las antorchas, en los que tomaban parte tanto hombres como mujeres”. Y un poema de Juvenal expresa su disgusto por las mujeres que practicaban ese deporte.

La vida de estas mujeres era incluso más dura que la de los hombres. Vivían en cuartos como los de los esclavos, y, al igual que a los gladiadores, se las enseñaba a luchar con pesadas cadenas en torno a los tobillos, o con los ojos vendados, con una mano atada a la espalda o de rodillas. Pero algunas de ellas recibían adiestramiento de sus propios padres, gladiadores liberados.

Unos y otras entrenaban generalmente con armas de madera, puesto que proporcionar armas afiladas a los esclavos había resultado una imprudencia desde la famosa revuelta de Espartaco en el 73 a. C. Según las ilustraciones que han llegado hasta nosotros, podemos concluir que las mujeres luchaban a pecho descubierto y que pocas veces llevaban casco. Solían combatir al final de la jornada.


En Southwark, Londres, los arqueólogos hallaron los restos de una joven de unos 20 años enterrada con varios objetos que podrían identificarla como gladiatrix. Se trata de un plato decorado con un gladiador caído y otras piezas de cerámica con escenas similares y símbolos de gladiador. Tres de las ocho lámparas encontradas en la tumba están decoradas con el dios egipcio Anubis, asociado al dios romano mensajero Mercurio. La asociación es importante, porque eran dos esclavos, uno vestido como Mercurio y otro como Caronte, quienes retiraban los cadáveres de la arena. Caronte golpeaba el cadáver con un martillo mientras que Mercurio le aplicaba un hierro candente para asegurarse de que estaba muerto.

La riqueza de los materiales hallados junto a la mujer sugiere que era muy popular. Sus restos, los objetos con ella enterrados y un relieve de dos mujeres luchando con espadas cortas y escudos se exhiben en el Museo Británico.

Para terminar, es cuestionable que la famosa frase “Ave Caesar, morituri te salutant” fuera asociada habitualmente a todos los combates de gladiadores. Es más probable que se tratara de una ocasión aislada, puesto que la única cita la encontramos en Suetonio (“Ave Imperator, morituri te salutant”, dirigiéndose a Claudio), y no procedía de los gladiadores, sino de los condenados a muerte que iban a participar en la naumaquia o combate naval para celebrar el drenaje del lago Fucino en el año 52.

28 comentarios:

  1. Carai, qué entrada tan placentera, a pesar de la sangre que riega la arena... Eso de las mujeres gladius en mano no lo conocía. Qué sorpresa. En Roma había algo de sentido de la justicia, antes de la corrupción y colapso del sistema. Algo. Esos premios, y esas libertades al gladiador, que podría ser un criminal o un deudor.

    PD: intentaré comer más legumbres.
    Saludos.

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  2. Hola Madame!! Me atrapó la entrada, muy completa y detallada. Hay datos que no conocía como el de que las mujeres también luchaban. Muy interesante madame.
    Feliz semana!!
    Biosusssssss

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  3. Extraordinario repaso a la época.

    De todo se puede aprender, eso del precio fijo que se impuso no estaría mal para los futbolistas. Mucho de las corridas de toros tiene reminiscencias de los combates de gladiadores, el recinto parecido, el batir de pañuelos...

    Saludos madame, bisous.

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  4. Muy interesante, me ha gustado mucho la entrada... un saludo Madame!

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  5. ¡Qué barbaridad! Atroz debió ser la orgía de sangre organizada por Trajano de la que hasta los espectadores acabarían “muertos” de cansancio. Y, encima, el patrocinador tuvo que ser español…
    Interesantísimo su artículo y pese a lo largo, corto. Beso su mano.

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  6. A pesar del tema ha sido una muy buena entrada, Madame. Me ha encantado conocer más detalles y saber algo más de estas gladiatrices.

    Bisous, Madame.

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  7. Pese a mi repulsa convencida hacia este cruel pasatiempo romano no puedo menos que felicitarla nuevamente por la información obsequiada y todo el trabajo informativo encerrado en esta entrada. Siempre es un placer leerla, Madame.

    No comprendo cómo en la historia ha podido existir el concepto de hombre libre- hombre exclavo, sobretodo teniendo en cuenta que semejante estado lo consideraban otros hombres de carne y hueso. Detesto que hubiera gente obligada a luchar por su vida y su libertad para recreo de otros incautos sin sensibilidad ni cabeza.

    Me llama la atención lo de las gladiatrices y desconocía el hallazgo acontecido en Inglaterra.

    Del mismo modo me hace gracia que los esposos tuvieran que competir en predilección con gladiadores de fama, supongo que el apogeo sería similar al de las jóvenes de hoy día con sus cantantes de turno jejejjeje

    Bisous Madame, y buena semana.

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  8. Hola Madame:

    Solo sabía de las gladiatrices a través del hallazgo de Southwark. Por lo visto fueron tan importantes como los gladiadores.

    Si tengo tiempo le voy a dejar un referencia sobre el ave cesar de los gladiadores. Habla sobre el mismo cuestionamiento de si lo decían o no

    Saludos

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  9. Hola Madame

    Una entrada magnífica. Desconocía que hubiera habido mujeres que luchaban al igual que los gladiadores.

    Una vida llena de dificultades, luchas, muerte. Algunos de ellos, alcanzaban un gran prestigio, pero el número era muy pequeño.

    Me ha encantado la entrada.

    Feliz lunes, Madame.

    Bisous.

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  10. Vaya, madame, me ha sorprendido, pues ignoraba el dato de que hubiera mujeres en este campo.

    Feliz noche.

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  11. Que entarda mas interesdante!! No sabia de la existencia de mujeres gladiadores...aunque tambien por que no....
    La verdad que los pasatiempos de los antiguos romanos no me gustan nada me parecen en exceso sangrientos y crueles, pero es historia y siempre es interesante conocerla

    Muy buena entarda, los datos son fascinantes :)

    Besines Madame!!

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  12. Ignoraba que lo de los pañuelos blancos pidiendo la oreja del toro venga de los combates de gladiadores, aunque tampoco me tendría que estrañar tanto, ya que es más que evidente el origen de nuestras plazas y corridas taurinas... lo que no sabía era lo de las mujeres en la arena... siempre nos sorprende con detalles desconocidos.

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  13. Mi ignorancia histórica, Madame, no conocía la existencia de gladiatrices, aunque sí bastante de la vida de los galadiadores y algunas películas. Gracias por tan detallada información. Besos.

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  14. Aunque tanta violencia no es de mi agrado, ha sido una entrada excelente. Hace poco leí sobre los gladiadores en MUY Historia, si mal no recuerdo.

    @Igor, claro que en Roma había sentido de la justicia, no en vano las bases del derecho actual se asientan en el derecho romano.

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  15. Ignoraba la existencia de combates entre las mujeres. Me ha interesado mucho esta parte, el resto me es conocido.
    MMMe guataría saber más sobre el tema y seguramente lo investigaré.
    Un abrazo

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  16. hoy querida Madame aprendí cosas con tu escrito, no sabía de mujeres en la arena romana, me parece muy triste..
    dejo un saludo para ti amiga

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  17. Al igual que a otros lectores habituales de este blog, también me ha sorprendido la existencia de las gladiatrices.
    Es usted una inagotable fuente de sabiduría.

    Bisous.

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  18. Una coincidencia más: el sábado escuché el tema de la película Gladiador en la versión de la Gran Banda Sinfónica de la Ciudad de México, en el Palacio de de los Condes de Santiago de Calimaya, totalmente en vivo.

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  19. Increible entrada muy completa e interesante... me suscribo ya a tu blog que me parece muy util yo que soy tan novato en esto pero que ya ire mejorando poco a poco. Aunque no es histórico te pongo la direccion para que me recomiendes mejoras!

    http://lascosasquenosesperan.blogspot.com

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  20. Si en verdad hay mucho mito en materia de como vivian y ejercian su profesion los gladiadores. No era tan sencillo como bajar el pulgar considerando que libres o esclavos costaban caros y no era cosa de matarlos porque si, por lo que se los entremezcla con los condenados, penados y demas.
    No obstante la vivienda, comida y cuidados medicos asegurados, su vida distaba de ser facil: eran profesionales de alto rendimiento y no debia decaer su handicap, lo cual debe haber sido una presion tremenda o el mejor estimulo para luchar por su vida, segun se mire.

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  21. Los romanos si que han sabido entretener al pueblo con estos "juegos" ,desconocia por completo que las mujeres participaban de tal acontecimiento
    Un abrazo madame y buena semana

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  22. Hola, Madame. Por cierto que he estudiado el bajorrelieve con las gladiatrices. Como ya han señalado otros contertulios, vuestro post nos ha sorprendido la existencia de las gladiatrices, a quienes yo no había oído existir.

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  23. magnifico reportaje sobre una de las actividades mas conocidas, gracias al cine, de la sociedad romana.
    Nos has aclarado muchos aspectos y ha sido muy ilustrativa.
    Un beso.

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  24. Desconocía la existencia de las gladiatrices, mujeres que tenían, en todo caso, que "tenerlos bien puestos", sobre todo si eran profesionales. El hallazgo de una tumba de una posible mujer gladiador de 20 años es la prueba palpable, aml margen de los relieves encontrados, de que posiblemente eran más corrientes de lo que se pueda suponer.

    Besetes

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  25. Buena entrada. Y ademas ahora que estoy viendo la serie "Spartacus sangre y arena" me ha venido muy bien..
    Besos!!

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  26. En verdad fue muy placentero y adictivo leer lo anterior,me gusto mucho te envio un fuerte abrazo.

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  27. ¡MARAVILLOSO! Claro y conciso. Cuentas lo suficiente, sin extenderte de más, y se disfruta horrores. Menos mal que he encontrado esta página. Muchas gracias.

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  28. Interesantísimo y muy ameno, me has recordado lo que ya sabía y enseñado otras tantas cosas que no.

    Saludos!

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)