martes, 12 de julio de 2011

Pajes, escuderos y caballeros


A medida que el sistema feudal alcanzaba su cúspide, cada señor asumía el estado y la importancia de un príncipe en sus propios dominios, a imitación del soberano del que eran vasallos. El castillo de cada señor feudal pronto se convirtió en escuela de caballería. Cualquier joven perteneciente a la nobleza y cuyos padres hubieran fallecido o fueran demasiado pobres para educar a sus hijos en el arte de la guerra, era bien recibido en el hogar de algún barón vecino que se ocupaba de instruirlo en los ejercicios militares. Los señores feudales procuraban mantener un séquito lo más numeroso posible, de modo que diera la medida de su importancia y su poder. 

Hasta cumplir los siete años, los niños destinados en un futuro a las armas permanecían bajo el cuidado de las mujeres de la casa, que les enseñaban los principios de la religión y de la caballería. Luego generalmente eran enviados fuera del hogar, porque incluso aquellos caballeros que poseían los medios suficientes para ocuparse de la educación de sus hijos, preferían encargar la tarea a otro señor que no se dejase influir por el amor paterno a la hora de imponer al aspirante cualquiera de las tareas y pruebas en todo su extremado rigor. 


Al entrar en la Casa de otro caballero, el primer puesto que se ocupaba era el de paje. Aunque esto implicaba servir a su nuevo señor, no se consideraba una actividad degradante, sino, por el contrario, muy honorable. Los pajes permanecían aún con las mujeres en buena medida, para completar sus conocimientos religiosos. Ellas eran quienes inspiraban en sus mentes infantiles aquella refinada y mística idea del amor cortés. El resto del día se pasaba al servicio del señor feudal, acompañándolo en sus salidas o sirviéndolo a la mesa. Se les adiestraba en toda clase de ejercicios físicos para fortalecer el cuerpo, y se mezclaban con los huéspedes que llegaban al castillo; los recibían a su llegada y les ofrecían sus servicios en cuanto fuera menester. Al escuchar respetuosamente las conversaciones de sus mayores, adquirían esa peculiar gracia en los modales que, con el nombre de cortesía, constituía la principal virtud del carácter de un verdadero caballero. 

A los 14 años el paje normalmente era admitido en el grado de escudero. Su daga se cambiaba por la espada en una ceremonia religiosa en la que el arma que iba a llevar en un futuro se depositaba sobre el altar. De allí la tomaba el sacerdote y, tras varias bendiciones, la entregaba al nuevo escudero con las advertencias pertinentes sobre cómo debería ser usada. 

Comenzaban entonces los ejercicios físicos más duros: tenían que aprender a saltar sobre el caballo vistiendo una armadura completa y sin poner el pie en el estribo, o saltar desde atrás a los hombros de otro jinete sujetándose a él solamente con una mano. De ese modo quienes lograban completar su formación eran después capaces de combatir soportando un peso que en la actualidad pocas personas podrían levantar, y hacerlo bajo el sol ardiente de Tierra Santa. 


El escudero sujetaba el estribo para que su señor montara a caballo; portaban su lanza, su casco, su escudo; pero continuaba sirviéndolo a la mesa, limpiando su armadura y realizando muchas otras tareas en las que era ayudado por los pajes o por servidores comunes. Había varias clases de escuderos, la más alta de las cuales era el écuyer d’honneur (escudero de honor), que según la mención que hace Froissart sobre la corte del conde de Foix, parecen haber estado a cargo de la recepción y entretenimiento de los huéspedes. 

Los escuderos a menudo tenían misiones más importantes: era su deber seguir a sus señores al campo de batalla. Mientras los caballeros combatían, ellos observaban, siempre dispuestos a rescatar a su señor de aquel amasijo de hombres y caballos, cubrirlo si caía, proporcionarle armas de refresco y prestarle toda clase de ayuda posible. En algunas ocasiones consta que fueron mucho más allá, tomando parte activa. En las guerras entre Ricardo Corazón de León y Felipe Augusto a medida los encontramos luchando con valentía, y en la batalla de Bovine un escudero casi consigue dar muerte al famoso conde de Boulogne. 

Estos servicios en el campo de batalla perfeccionaban al aspirante en el conocimiento de la profesión de las armas, y las pruebas de habilidad que se les permitían cuando se celebraba un torneo les daban la oportunidad de distinguirse a ojos de la gente y de hacerse un nombre entre los heraldos y cronistas de hazañas caballerescas. 


Si un escudero se había comportado bien durante el periodo de servicio, era poco frecuente que el señor se negara a concederle el honor de ser armado caballero al alcanzar la edad de 21 años; y a veces, si el joven se había destacado por alguna acción valerosa o galante, o por su talento, era admitido antes de cumplir esa edad. Esto, sin embargo, ocurría rara vez, a no ser en el caso de un príncipe soberano. Era más frecuente el caso contrario: que un caballero no quisiera renunciar tan pronto a algún escudero favorito y demorara con varios pretextos una ceremonia que casi siempre era causa de separación entre ambos. El aspirante, sin embargo, tenía derecho a solicitar el grado de caballero a otro señor si el suyo rehusaba concedérselo de modo injusto. 

Los momentos elegidos para ser armado caballero eran generalmente los de las grandes celebraciones militares, después de un torneo o en días señalados por la Iglesia para alguna solemnidad particular, como Pascua, Pentecostés o Navidad, aunque no siempre. A menudo la ceremonia podía tener lugar sobre el campo de batalla. En estas ocasiones el ritual se veía abreviado, pero no por ello tenía menos valor la ceremonia. 

El día señalado, todos los caballeros y nobles señores que se encontraran en ese momento en la ciudad, junto con los obispos y el clero, conducían al aspirante a la iglesia principal. Alli, después de la misa, el novicio se aproximaba al altar y presentaba la espada al obispo o sacerdote, que la bendecía y la consagraba al servicio de la religión y la virtud. Con frecuencia el propio obispo instruía al joven acerca de las dificultades y requisitos de la orden a la que aspiraba. El obispo de Valenciennes dirigía estas palabras al joven conde de Ostrevant: 

—El que quiera ser un caballero debería tener grandes cualidades. Debe ser de noble nacimiento, generoso, mostrar gran valor, fuerte en el peligro, paciente en las dificultades, poderoso contra los enemigos, prudente en sus hazañas. También ha de jurar las siguientes normas: no llevar a cabo ninguna empresa sin antes haber oído misa; no vacilar en derramar su sangre ni ofrecer su vida en defensa de la fe católica; ayudar a todas las viudas y huérfanos; no hacer la guerra sin causa justa; no promover la injusticia, sino proteger al inocente y oprimido; ser humilde en todas las cosas; buscar el bienestar de aquellos que están a su cargo; no violar nunca los derechos de su soberano y vivir de modo irreprochable ante Dios y los hombres. 


El obispo, entonces, tomando sus manos unidas entre las suyas, las colocaba sobre el misal y recibía el juramento de respetar los estatutos. Otras veces, después de que la espada hubiera sido bendecida, el aspirante la llevaba al caballero que iba a ser su padrino en la caballería, se arrodillaba y hacía su voto ante él. Después de esto los otros caballeros, y en ocasiones también las damas presentes, avanzaban y lo armaban por completo. El caballero permanecía aún de rodillas ante su padrino, que se levantaba de su asiento y procedía a darle la acolada. Ésta consistía generalmente en tres golpes con la espada desnuda sobre el cuello o el hombro. A veces se limitaba a un golpe dado con la palma de la mano en la mejilla, acompañado siempre de algunas palabras que significaban que la ceremonia se había completado. Éstas podían ser: “Recibid este golpe y no recibáis nunca otro”. 

Luego el recién armado caballero abandonaba la iglesia o el castillo, montaba a caballo y se exhibía armado por los puntos principales de la ciudad mientras los heraldos proclamaban su nombre y sus méritos.

30 comentarios:

  1. Hola Dame Masquée!! Su educación era muy esmerada y estaban organizados en todo. Un aprendizaje duro. Debía ser emocionante la ceremonia donde se convertían en caballeros.
    Feliz día madame!!
    Bisoussssssss

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  2. Me ha encantado la instrucción Madame. Lo ha dejado todo tan bien explicado que hubiera podido elegir en aquel tiempo habría dsalido corriendo. Nunca me ha gustado el arte de la guerra y encuentro a estas alturas poco sentido a tanto sufrimiento.
    Muy pocos salían airosos de estas misiones batallas y morían en su cama como debe ser, de vejez.
    Supongo que sus cerebros eran tan adiestrados como su cuerpo.
    Bisous

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  3. Hola Madame

    Qué entrada tan interesante. Pocas veces nos solemos acordar de estos actores secundarios, que ayudan a que sus señores consigan grandes gestas.

    Realmente un trabajo duro, por el peso de la armadura, por el escaso movimiento que podían hacer con él, la habilidad de montar y desmontar... Casi parecen, salvando las distancias, artistas de circo.

    Me ha gustado mucho esta entrada.

    Feliz tarde, Madame.

    Bisous.

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  4. Que bonito! Dan ganas de haber vivido en aquellos dias, salvo claro, que tambien eran dias de toda clases de enfermedades y uno se podía morir de un catarro.

    Como siempre muy bien contado su relato. Besos madame.

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  5. Por cierto, mientras yo le escribia mi comentario a la 16:02, usted hacia lo propio en mi blog....a las 16:02.

    Que curioso, no. ¿Querra decir algo?

    Más besos...

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  6. Es todo un placer acercarse a esta cíbergruta y viajar a otros tiempos, donde también existía un orden en las cosas.
    Me ha llamado la atención el apartado sobre cómo algunos señores demoraban la ascensción de sus escuderos.
    ¡Qué buen vasallo si tuviera un buen señor!
    No siempre los podersos son justos, no siempre.
    Buen día, madame.

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  7. vaya, así que la vida en el castillo o en el palacio, se asemejaba al infierno de ascensos y promociones de una empresa. mucha formación, mucha instrucción, mucho cursillo, mucho powerpoint pero como no le entraras por el ojo al señor... mal rollo.
    qué curioso leer estas cosas.

    saludos y bisous, madame.

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  8. Realmente interesante todo el proceso para ser armado caballero, que ya he visto que no era fácil, no, me parece increible que pudieran siquiera moverse con aquellas armaduras, cuanto más esos ejercicios que se les imponían.
    Estupenda entrada, Madame.

    Bisous

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  9. Nada fácil llegar a ser caballero, sin duda, un camino largo y muy muy costoso.
    Por cierto, leyendo el comentario anterior, de una seguidora suya, he recordado la muerte del pobre Federico I Barbarroja, que al caer en un río y no poder levantarse por el peso de su armadura, acabó muriendo entre el lodo y el agua

    Un saludo!

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  10. La educación de los hijos ha sido casi siempre puesta en manos ajenas. Hasta hace poco, los internados hacían la tarea que aquí se describe en los señores feudales; luego hemos entrado en la etapa de la blandura y ahora responsabilizamos a los maestros del desastre. ¡Cómo vamos a lograr armar caballeros de la Edad de las Comunicaciones!

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  11. Un gran plan de estudios y de formación. La pena es que solo admitieran a hijos de nobles... ¡cuantos grandes caballeros se perdieron atados a arados!

    Saludos...

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  12. ¡Qué romántico nos sigue resultando el mundo de la caballería y qué duro debía ser! Esos ideales por los que luchaban eran también nobles y justos, aunque también muchas personas abusarían de su poder y su saber con las armas para otros fines distintos. Con todo, es hermoso. Besos, madame.

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  13. Magnifica descripción de todo el proceso para llegar a caballero, realmente era una profesión con un largo y duro recorrido de aprendizajes.
    Un beso.

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  14. Comparativamente el peso de la armadura de un caballero de la epoca, no difiere en mucho del peso del equipo que cargan los modernos comandos hoy dia, solo que con ropa especial y mas comoda.
    Lo que estos no tienen es toda la educacion y disciplina espiritual de aquellos tiempos, aunque no todos fueran tan nobles como en las historias orales y novelas de epoca.

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  15. Una buena instrucción para los hombres de armas debía ser fundamental. Y un poco de finura aprendida en la niñez y adolescencia tampoco vendría mal para salir airoso en los galanteos, digo yo... Beso su mano.

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  16. Desconocia por completo el largo proceso de un caballero madame ,por suerte contaron con la eleccion de elegir otro padrino en caso de tocarles un "duro de aflojar "
    Un abrazo y buena semana

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  17. Muy interesante madame aprender esta gran cantidad de detalles sobre la vida que llevaban antes de ser caballeros. El discurso del obispo de Valenciennes, muy digno.

    Bisous.

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  18. Madame, qué extraña combinación la de la religión y las armas, para nuestras mentes modernas. Interesante y amena entrada.

    Feliz tarde.

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  19. ¡Valiente escrito dedicado a la formación de los caballeros en la Edad Media!

    Enhorabuena Madame, gran instrucción de como era la "fácil" pero a la vez complicada vida de un solitario caballero forrado de hierro e invenciblemente de vida solitaria.

    ¡Te sigo!

    Saludos :)

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  20. Como siempre, un interesante relato de las costumbres de nuestros antepasados.
    Un abrazo.

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  21. Siempre es un gusto Madame que haya textos con los eternos segundones ya que parece que no sean imporatentes y nadie los recuerda pero sin ellos los personajes famosos y recordados no hubiesen llegado a ningun lado.

    Que dificil debia de ser antes ser caballero!!! Tantas penurias y trabajos arduos, tantas guerras...aunque a ellos se ve que les gustaba esa vida guerrera.


    Siempre es un placer leerte

    Besines!!

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  22. hoy he aprendido Madame, solo que las historias, y la historia no muestran un comportamiento acorde a todos sus votos..
    saludos querida amiga

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  23. ¡Qué interesantes, Madame, los pasos que un muchacho debía seguir para pasar a convertirse de niño-paje a caballero! Realmente siempre me han fascinado estas costumbres protocolarias tan ceremoniosas, con todo su ritual y con el enorme trabajo arduo que conllevaban detrás. Me ha hecho esbozar una sonrisa con eso de que los escuderos soportaban un peso que hoy día resultaría muy difícil de soportar... ¿será que hoy día ya no existen caballeros (ni siquiera escuderos) como los de antaño?

    Bisous y buena semana, amiga.

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  24. En el fondo la ceremonia de acceso a la caballería no es muy distinta a la imposición de un sacramento.

    Saludos y gran artículo el suyo.

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  25. Resulta intresantísimo conocer la esmerada educación que recibían los futuros caballeros, aunque no me gusta la idea de que tuvieran que ser hijos de algún noble. ¿No podía ser caballero alguien procedente de una familia de campesinos? Eso de juzgar a la gente por su ascenencia, en lugar de por su valía personal...

    También es bueno que, durante una buena parte de su educación, estuviesen al cuidado de las mujeres. No todo podía ser rudeza.

    Bisous.

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  26. Pajes, escuderos y "demás gentes de mal vivir". No todo era negativo en aquellos tiempos. El honor, la lealtad, la caballerosidad, la palabra de un noble... eran valores importantes hoy por desgracia sin valor en esta sociedad donde solo prima el beneficio.
    Resulta que regreso momentáneamente de mis vacaciones para volver a irme dentro de nada. Y me encuentro con un montón de entradas de mis amigos blogueros. Intentaré ponerme al día antes de volver a irme.
    Un saludo.

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  27. Hola!
    Hace unos días llegué a tu blog y no paraba de leer, son muchísimas cosas interesantes.

    Muy buen blog!

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  28. Hola Madame:

    Me ha impresionado mucho la ceremonia de convertirse en Caballero. Tenía idea de su importancia para quienes se recibían como tal, pero Ud como siempre trae detalles superinteresantes

    Saludos

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  29. Madame puedo decirle algo?, uno de mis grandes sueños de niño fue ser un caballero, creo que todo ese ideal, todo ese entrenamiento se ha perdido y ya no queda nada de aquel ideal de ser un caballero como san Jorge o Arturo, san Luis o Ricardo de Inglaterra, en fin madame, que lastima que eso se ha perdido

    Le envió un caluroso saludo y quedo como siempre a sus pies

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  30. Me marcho de vacaciones a Galicia, mi tierra chica, estaré un mes mas o menos, dejo algunas entradas programadas pero mis comentarios serán escasos, pues donde estaré no hay casi cobertura para móviles e Internet, algo que me dará mas tiempo para mi.
    Un beso.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)