Wolfgang Amadeus Mozart
El 18 de noviembre de 1763 Mozart llegaba con su familia a París. Se alojaba en casa del conde van Eyck, enviado extraordinario del elector de Baviera en Francia. La residencia era un magnífico palacio llamado Hôtel de Beauvais.
La gran ambición del padre, Leopoldo, era exhibir los talentos de sus hijos en Versalles. Durante los primeros días se afana de un sitio a otro, llevando cartas de recomendación a los personajes más notables a fin de conseguir que le facilitaran la entrada en la corte.
Hôtel de Beauvais
Las esperanzas se iban agotando cuando el barón Melchor Grimm, secretario del duque de Orleáns y filósofo enciclopedista, se convierte en la persona que le abre la gran puerta.
Por entonces Madame de Pompadour vivía ses últimos meses. La marquesa era algo así como el “Ministro de los Placeres y las Fiestas”. Había dirigido el teatro privado de Luis XV, representado comedias de Molière, cantado óperas de Lully y organizado conciertos y festejos diversos. Protegía, además, a los filósofos, a los que impulsaba y proporcionaba cargos. Uno de ellos era Grimm, “personaje tortuoso e inquietante, hipócrita y resentido, inclinado a la perfidia aun contra sus propios amigos”. El barón le habla a la marquesa sobre ese niño prodigio recién llegado a París, y la audiencia queda señalada para los últimos días de diciembre.
Madame de Pompadour
En vísperas de Navidad los Mozart parten hacia Versalles, pero el día de su llegada se conoce la noticia de la muerte del elector de Sajonia, cuñado del Delfín, por lo que la corte ha de guardar luto varios días. Parece un mal presagio, igual que aquella lluvia incesante que acompañará a la familia durante todo el tiempo que durará su estancia en Versalles. Padre e hijo asisten todos los días a la misa de la reina, a las 12 y media, y después a la del rey a la una, para oír los motetes cantados por los coros de la capilla real. Se les permite acudir a una cena de los reyes, durante el transcurso de la cual el niño tiene la oportunidad de besar la mano de la reina María Leczinska.
Finalmente Mozart y su hermana Nannerl son recibidos, pero no por el rey, sino en el salón de música de las damas. Mozart, vestido de negro, toca un minueto y dos sonatas que dedicará a una de las princesas: Madame Victoria. Las damas parecen adorarle; todas excepto una, que rechaza bruscamente su abrazo y lo hace permanecer en pie sobre una silla mientras lo observa. Era Madame de Pompadour.
Maria Anna Mozart, "Nannerl"
El libro de cuentas de la Casa del rey menciona el pago de 50 luises “hecho por orden de las damas a un niño que ha tocado el clavicordio para ellas”. Los Mozart también recibieron como regalo una tabaquera de oro.
Después de eso la familia tomó la decisión de dirigirse a Londres, donde se decía que recibían con entusiasmo a los músicos del continente. Mozart abandonaba así Francia, pero no para siempre. Años más tarde, en 1777, dimitía de su puesto en Salzburgo y en septiembre emprendía un viaje que le llevaría nuevamente a París. En esta ocasión viajaba con su madre, Ana María, puesto que el arzobispo Colloredo no había permitido a su padre acompañarlo. "¡Lárguense a París!", les había dicho Leopoldo, "¡Encuentren su lugar entre gente grande!"
Pero para entonces Mozart ya se había convertido en un adulto de 21 años y no causó la misma sensación. La visita no obtuvo el mismo éxito que la primera. Lamentablemente no pudo encontrar ningún trabajo importante, sino que básicamente hubo de ganarse la vida enseñando a alumnos que distaban de ser grandes. Su situación económica era desesperada, hasta el punto de verse obligado a empeñar objetos de valor para hacer frente a las deudas.
Wolfgang Amadeus Mozart
Para colmo de males, Ana María enfermó y falleció el 3 de julio de 1778. A veces se ha sugerido que tal vez hubiera podido salvarse si la falta de recursos económicos no les hubiera impedido llamar a un doctor a tiempo.
La muerte de su madre obliga a Mozart a abandonar París antes de lo previsto y regresar a Salzburgo. Sin embargo, y a pesar de todas las calamidades del viaje, escribió algunas de sus mejores obras precisamente durante aquellos meses. A esa época pertenece la sinfonía 31, conocida con el nombre de París y estrenada poco antes del fallecimiento de Ana María. Mozart la interpretó por primera vez durante una velada privada en casa del embajador del Palatinado.











Madame,
ResponderSuprimirhoy día el padre de los Mozart estaría denunciado por explotación infantil... Interesante que salga a la luz la hermana del genio, aunque parezca, en los anales de la Historia, estar a su sombra.
Feliz tarde.
Madame: vuestro post me ha hecho llorar. Sólo puedo añadir que la Sinfonía París KV297 1 nació al amparo de las lágrimas, como todo lo grande. Por lo tanto, vuestro post es grande.
ResponderSuprimirSalut!
Que pena que grandes genios no sean descubiertos y valorados durante su vida, y su fama y recompensa les llegue cuando ya no pueden disfrutar de ella, preciosas obras las de Mozart, menos mal que finalmente llegó a nuestros oídos
ResponderSuprimirFeliz domingo Madame
Besines!!
Madame:
ResponderSuprimirMaravilloso recuerdo es imposible no pasar por la vida de este músico genial, su música me ha elevado el espíritu siempre.
besos!
Y tras leer las desaventuras del pequeño y luego no tan pequeño Mozart, uno piensa en el destino y en los oráculos (Lárguense de París...), que deben ser escuchados.
ResponderSuprimirSupongo que siempre ha sido así. El genio no reconocido que pasa hambre, de que sorprenderse.
Buenos domingos sin agobios.
Y es que todos querían arrimar su ascua a la sardina de la monarquía y ad laeteres (o era al revés) porque todo el mundo sabía a qué árbol había que arrimarse. Recuerdo ahora la risa insoportable de aquel Mozart según Hollywood que el Séptimo Arte tuvo a bien regalarnos. En aquella peli Amadeus era poco menos que un pardillo con talento. Muy lejos de la realidad, creo, si no son erróneas las informaciones que me llegaron por otros lares.
ResponderSuprimirDisfrutado he, como la enana que soy :-) de esta nueva entrada. Ando alejada de mi blog "Con el tiempo... " y de todo lo relacionado con él, debido a que dedico mi tiempo ahora a otros menesteres. Soy así de arpía. Pero espero ponerme al día pronto, quizás cuando llegue mi amado septiembre.
Un beso, Madame.
Preciosa entrada sobre un genio, me alegra también ver la presencia de su hermana, tan poco conocida.
ResponderSuprimirBisous, Madame.
Hola Madame:
ResponderSuprimirEste pasaje de la vida de Mozart, confirma lo que le pasa a todo genio...Una vida llena de sufrimiento.
Saludos Madame
Parece que nada puede conseguirse sin dolor ni esfuerzo. Al menos,esto es así para la mayoría de las personas, incluso para un genio como Mozart. Un compositor que me fascina, pues su música tiene una potencia que transmite energía continuamente. Estupenda entrada, madame.
ResponderSuprimirTambién me ha sorprendido usted a mí hoy, y muy gratamente, por la temática de su artículo de tono musical, al que sólo le falta poderse oír. Beso su mano.
ResponderSuprimirSolo los genios en nefastas etapas de la vida pueden componer maravillas como las de Mozart madame ,muchas gracias por darnos a conocer algo mas de este personaje tan famoso
ResponderSuprimirUn abrazo y buena semana
La Pompadour nunca fue santo de mi devocion ni me callo simpatica, y por lo visto tampoco tenia oido musical o estaba mas sorda que una tapia. El pago y el detalle una miseria....
ResponderSuprimirLa segunda vez fue peor...
Hola Madame
ResponderSuprimirParis no era el lugar elegido para vivir el éxito de este gran genio. Ellos se lo perdieron.
La vida de los grandes genios tiende a ser dura y llena de obstáculos; aún no se cuál es el motivo.
Mientras tanto, disfrutemos de la obra de Mozart.
Feliz noche, Madame.
Bisous.
Está aqui a prova de que, para os génios, o sofrimento é o grande fertilizante! Que belas obras nos deixou Mozart!
ResponderSuprimirMadame, mientras leía su entrada daba la casualidad de que estaba escuchando el Requiem de Mozart. No es increible?
ResponderSuprimirBesos!
vaya. no tuvo mucho éxito por allí, mozart. hoy se lo rifarían, y le darían la medalla de la legión de honor o alguna pantuflada de estas. cuando era niño, por ser demasiado genial, cuando era mayor, porque perdió la gracia.
ResponderSuprimiry no murió muy mayor, mozart. en la línea de lo que se viene hablando últimamente.
madame, me alegra verla de nuevo por aquí.
muchos bisous!
Si acaso Madame de Pompadour resucitase y viese la grandiosidad de la música creada por Mozart, tal vez volvería al sueño eterno de forma fulminante por no haber sabido adivinar el genio que tenía ante sí, uno de los más grandes músicos de la historia.
ResponderSuprimirPor qué será que la mayoría de los grandes genios nunca fueron valorados en vida... Tal vez ahí radica su grandeza.
ResponderSuprimirUn abrazo
Muy injusta resulta la existencia de tantos grandes genios que no alcanzan un merecido reconocimiento hasta el momento que este se hace póstumo. Tanto deambular en vida entre penurias, pasando calamidades, sufriendo humillaciones varias por parte de la gente "grande", incluso en el caso de este gran genio viendo a su madre enferma y sin medios para poder socorrerla hasta que al fin la muerte se la llevó.
ResponderSuprimirCreo que tanta miseria e indiferencia no se mitigan ni con la admiración o el fervor póstumos que sus obras han despertado. Era un genio y como oyente aficionada de música clásica lo reitero.
Bisous y buena semana, amiga.
Buenos días Madame.
ResponderSuprimirLamentable esto que le ocurrió a Mozart, en mala hora siguieron el consejo de regresar a París.
Buen día.
Hola Dame Masquèe!! Los genios parecen que deben tener una vida dura.En este caso un padre que le exigió de muy pequeño. Me encanta la música de Mozart madame, soy su admiradora en música clásica.
ResponderSuprimirBisousssssss
Cuántos genios vivieros grandes apreturas, como Mozart tuvimos a nuestro Cervantes que no tuvo el reconocimiento que hubiera merecido en vida y sólo después de muerto se supo valorarle. Lo mismo le ocurrió a este gran compositor, ni siquiera tuvo una tumba propia y acabó en una fosa común padeciendo mil calamidades en su vida.
ResponderSuprimirUn abrazo madame.
Es una pena que un genio de este calibre se viera sin recursos para vivir.
ResponderSuprimirEs más, tampoco tuvo recursos para morir. Fue enterrado usando un "ataúd de ahorro". Era un ataud al que, colocado sobre la tumba, se le abría el fondo abatible, dejando así caer el cadáver en la fosa. Así, el mismo ataúd servía para muchos difuntos.
Cosas de la vida, o de la muerte.
Bisous.
¡Qué raro que a madame Pompadour le cayera mal el niño prodigio llamado Mozart! ¿Podría relacionarse esta repulsión a la que sentía por los niños en general al ser ella estéril?
ResponderSuprimirBesitos
Excelente hipótesis, CarmenBéjar.
ResponderSuprimirA madame de Pompadour no le cayó mal Mozart, ni mucho menos. Pero la enfermedad que parecía, al parecer tuberculosis, era contagiosa, por lo que evitaba prudentemente cierto tipo de contacto.
ResponderSuprimirMadame de Pompadour no era estéril. Tuvo una hija, aunque falleció siendo aún una niña.
Muchas gracias a todos, y disculpen que no me detenga a responderles uno a uno.
Buenas noches
Bisous