domingo, 17 de julio de 2011

Frances Teresa Stewart, Duquesa de Richmond

Frances Teresa Stewart

Frances Teresa Stewart procedía de una familia que se había distinguido por su lealtad a la Corona, debido a lo cual algunos de sus miembros hubieron de atravesar muchas penalidades durante las guerras civiles que asolaron Inglaterra. Su padre, Walter Stewart, se refugió en Francia, donde junto con su esposa permaneció al servicio de la reina en el exilio, Henrietta Maria, viuda de Carlos I. 

Frances, nacida el 8 de julio de 1647, se educó en Francia, y tal era su encanto desde que era una niña que Luis XIV hubiera querido retenerla como ornamento de su corte, para lo cual ofreció a su madre casarla con un noble caballero francés. Pero entonces tuvo lugar la Restauración de los Estuardo en el trono de Inglaterra. Henrietta Maria preparaba su viaje de regreso al que había sido su reino, y no quería dejar atrás a Frances, una de sus jóvenes favoritas. Se la llevó consigo entre los miembros de su séquito, junto con su madre y su hermana Sofía. 

La protección de Henrietta Maria y de su hija la duquesa de Orleáns, así como las solicitudes del padre de Frances, le consiguieron el puesto de dama de honor de la reina Catalina de Braganza en 1663. 

Catalina de Braganza

Poco después de su llegada, la joven dama trabó amistad con Lady Castlemaine, la amante del rey a la sazón. Barbara de Castlemaine tenía constantemente a la jovencita a su lado, tanto que casi forzó el hecho de que Carlos acabara por fijarse en ella. Fue la última en darse cuenta de la enorme rival que tenía en aquella chiquilla. Al percatarse, toda su amistad se tornó odio desmedido. 

Los contemporáneos parecen mostrarse unánimes acerca de que Frances era hermosa. Tenía el cabello castaño claro, ojos azules, facciones correctas y un hermoso cutis. Era delgada y alta, de estatura superior a la media. Bailaba, caminaba y vestía con perfecta elegancia y montaba a caballo con especial gracia. Era refinada y gentil en sus modales, sin parecer contaminada en absoluto por la grosería de la Castlemaine. Lord Clarendon añade el dato de que “nunca se supo que hablara mal de nadie”. Era infantil, le gustaba jugar con muñecas y en cambio detestaba las conversaciones serias y las intrigas. Al parecer fue su carácter lo que cautivó a Carlos por encima de sus perfecciones físicas. 

La debilidad que el rey sentía por la bella fue tan grande que se dice que llegó a contemplar la posibilidad de desposarla, debido a que Frances se negaba a convertirse en su amante. Ella poseía un temperamento romántico, y era el amor lo que guiaba sus actos, nunca el interés. A pesar de que algunos han querido ver ciertos indicios que apuntan a que Frances, que no logró descendencia con su esposo, podría haber tenido una hija ilegítima con Carlos II, nunca pudo demostrarse que la relación fuera consumada. 

Carlos II

Carlos le mostraba su admiración tan abiertamente que los caballeros de la corte no osaban interferir. Pero siempre había algún audaz dispuesto a caer en la tentación y asumir el riesgo. El más famoso fue, cómo no, el duque de Buckingham. Frances se entretenía construyendo castillos de naipes, y los cortesanos que deseaban asegurarse su favor corrían a proporcionarle el material. Buckingham no perdía ocasión de colaborar en este entretenimiento. El duque, además, cantaba bien e improvisaba cuentos de hadas. Todo ello le resultaba de lo más agradable a Frances, que, en presencia del rey, o al menos con su permiso, solía mandar a buscar a Buckingham para que la divirtiera cuando estaba aburrida. 

El duque había calculado en un principio que ganándose su voluntad podría manejar al rey a su través, pero no contaba con que también él acabaría por rendirse a los encantos de Frances, convirtiéndose en pretendiente. El cambio desagradó a la dama, que le hizo notar su repulsa. 

Otro de sus admiradores fue el joven Hamilton, que le regaló un hermoso caballo para que pudiera lucir sus dotes de amazona, y estaba siempre a su lado para indicarle cómo manejar al animal. Grammont advirtió al enamorado de las peligrosas consecuencias de ir más lejos, y Hamilton tuvo la suficiente sensatez para retirarse antes de arriesgarse a ser desterrado de la corte. También lo intentó Francis Digby, hijo del conde de Bristol, pero con tan poco éxito como los anteriores. 

Charles Stewart, duque de Richmond y Lennox

Finalmente en marzo de 1667 Frances contrajo matrimonio con un Estuardo, primo cuarto del rey: el conde de Richmond y Lennox, un hombre extravagante, jugador empedernido y bebedor. Se cuenta que algún tiempo antes Lady Castlemaine le había jugado una mala pasada a su rival haciendo que el rey entrara en sus aposentos a medianoche. Allí la sorprendió con Richmond, lo que le valió al duque ser expulsado de la corte. 

Frances se fugó para casarse cuando supo que el rey trataba de impedir la boda. Muy disgustado, Carlos prometió que no volvería a recibirla y que jamás la perdonaría. Pero sus enfados nunca duraban mucho tiempo. Dos años más tarde la nueva duquesa de Richmond contraía la viruela y el rey corría alarmado a la cabecera de su cama. La perdonó entonces por haberse casado sin su consentimiento, y cuando Frances se recuperó regresó a la corte, donde siguió disfrutando del afecto del rey a pesar de que por desgracia su rostro había resultado cruelmente marcado por la enfermedad. De todos modos, el monarca ya solamente le profesaba una entrañable amistad, puesto que su corazón estaba en esos momentos ocupado por Nell Gwynne

Cuando Carlos II hizo acuñar una medalla conmemorativa de su victoria sobre los holandeses, fue el rostro de Frances el utilizado para representar a Britania. Curiosamente se convirtió en costumbre utilizar las facciones de la condesa de Richmond para este fin, de modo que continuó apareciendo en medallas, estatuas y en los peniques ingleses hasta el año 1971.

26 comentarios:

  1. Amores y desamores en todas las Cortes reales Madame. Está claro que la belleza entonces como ahora abría muchas puertas al amor, al deseo y al los celos.
    No había oído hablar de esta dama.
    Bisous y buena semana

    ResponderEliminar
  2. Hola Madame

    Parece que la belleza de esta Duquesa no pasó desapercibida. Debía de ser una gran persona, dado que a pesar de que su cara se transformó por la enfermedad, fue su cara la que sirvió de modelo en las monedas. Al final la belleza triunfa, también la interior ;).

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

    ResponderEliminar
  3. Entre ser agraciada o no mejor esto último, antes y ahora la belleza abre muchas puertas y también genera envidias, intrigas etc., máxime en las cortes y círculos donde hay este caldo de cultivo.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  4. Es evidente que la belleza física ayuda, pero si además no era mala persona es fácil entender el cariño del Rey.

    Feliz semana, Madame
    Bisous

    ResponderEliminar
  5. Bella historia madame de esta dama tan cortejeada en su momento y muy buena actitut del soberano en acudir durante su enfermedad
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Toda una rompecorazones la bella Frances, que parece no supo elegir bien a su marido. Me gusta mucho saber detalles como que el rostro de de la señora Stewart se le puso a la diosa Britania de la monedas inglesas. Sirven para recordar personajes que de otra forma caerían en el olvido, al mío me refiero. Beso su mano.

    ResponderEliminar
  7. Hola Dame Masquèe!!Muchos pretendientes pero no demasiados que valían la pena para Frances que estaba preparada para casarse con alguien mucho mejor. En el mundo contemporáneo todos se ufanan por contar cuantas presas cazaron. En la antigüedad, aunque igualmente existían pasiones, infidelidades, amores imposibles, indiferencia... Sin embargo se mantenían dentro del secreto que se podía.
    Bisoussssssss

    ResponderEliminar
  8. ¡Hasta el año de 1971! No es un error, eso lo tengo claro. Dios mío, solo (dicen en la academia que sin acento) por caerle bien al rey. Me entran ganas de llorar. Es como un cuento. Como la Máscara Roja de Poe. Se encierran y crean sus propias subleyes. Madame. Otro mundo. Imagino a esos grandes señores gastando su tiempo en proporcionar cartas para los juegos de la dama. Claro, que como bien señala usted habían otras cartas detrás de las cartas. O debajo de la alfombra.
    Apreniendo del pasado para que este (academia, otra vez, y lo lamento) no caiga en el olvido, que es la perdición de los hombres.
    Buenas y serenas noches de domingo.

    ResponderEliminar
  9. Madame,
    qué interesante personaje. Por lo que veo, acabó emparentándose con su amante plantónico, pero qué mala elección la de esa boda. La historia inglesa hubiera sido de otro modo, tal vez...

    Feliz día.

    ResponderEliminar
  10. qué vida tan azarosa y qué poquita gracia han tenido las braganza, también se lo tengo que decir.
    ni me imagino la de motes que le hubiésemos sacado aquí a 'la de las monedas'.

    saludos madame!

    bisous!

    ResponderEliminar
  11. Los ingleses, verdaderamente, tienen una enorme consideración a su aristocracia.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  12. Pues si que dejó impronta la dama... hasta 1971... y a partir de esa fecha ¿que rostro ponen? el de Lady Di o el de Camila? :)

    ResponderEliminar
  13. Desde luego que la Castlemaine se fijaría mucho a partir de entonces en qué tipo de damas tomaba como amigas o damas de compañía, puesto que aquella que le pareciera en principio insignificante consiguiera acaparar con poco disimulo la atención del rey.

    Desde luego resulta un obstáculo ser de las preferidas del rey, pues otros caballeros se mostrarían indispuestos al cortejo frente a semejante pretendiente. Al final la dama se salió con la suya y se casó con un Estuardo, já.

    ¡¡Qué ingenuidad: construír castillos de naipes y escuchar cuentos de hadas!! ¿En serio era tan pueril o su inocencia era fingida?

    Un rostro que perduró en la historia hasta bien entrado el siglo XX. ¡Si es que hacer languidecer de amor- o deseo- a un monarca ha de tener sus cosas buenas jejejjejeje!

    Bisous Madame y buen inicio de semana.

    ResponderEliminar
  14. Hola Madame:

    No se si conoce mi afición por la numismática. Tengo peniques ingleses de Britania y nunca imaginé esta historia.

    Como siempre agradado de estas historias de las islas.

    Saludos

    ResponderEliminar
  15. digamos que el rey eternizo su belleza en el vil metal...
    me gusta esta historia Madame, abrazos

    ResponderEliminar
  16. Los amores y desamores, las intrigas, los celos, la belleza, la lujuria... los aditamentos de una historia real y de la realeza. Sus historias, Madame, son siempre extraordinarias.

    ResponderEliminar
  17. Leyendo la historia de esta mujer y conociendo la cantidad y variedad de pretendientes que tuvo, uno se hace varias veces la misma pregunta: ¿Qué habría pasado si...?

    La historia sigue un camino con tantos desvíos, que una decisión puede cambiar su curso totalmente.

    En cualquier caso, Madame, resulta chocante que Frances, ante tantos entre los que elegir, se terminase casando con un jugador borracho. Pero claro, el amor también sigue un camino con muchos desvíos posibles.

    Que tenga usted una buena semana, Madame.

    ResponderEliminar
  18. Una personalidad curiosísima, no me extraña que el rey quedara enamoriscado de ella, pues debía ser dificilísimo encontrar a una persona tan desinteresada como ella en la corte. Y ese carácter un tanto infantiloide... En fin, una mujer singular. Beso su mano sabia, madame.

    ResponderEliminar
  19. Al leer sobre esto me recuerdo de la novela "Por siempre Ámbar" de Kathleen Winsor, obra muy poular en los años cuarenta, que justamente trata sobre el periodo y las intrigas de la Restauración en Inglaterra.

    ResponderEliminar
  20. Interesante historia, me llama especialmente la atención que el molde de la medalla conmemorativa se hiciera con su imagen, que se utilizara como modelo representativo de Britania. He leido que después ella continuó apareciendo en algunas de las monedas de cobre del Reino Unido hasta 1971.

    ResponderEliminar
  21. INTERESANTE HISTORIA LA DE LA DAMA, QUE SOBREVIVIO A LA VIRUELA, Y TUVO LAS AGALLAS DE ESCAPARSE DE UN REY QUE SE METIA CON TODAS LAS FALDAS DE LA CORTE.

    ResponderEliminar
  22. Hola Madame!
    Que valentía la de la duquesa para escaparse y casarse! Me gustó que se le hiciera una medalla conmemorativa.

    Que tenga una buena semana
    Saludos!

    ResponderEliminar
  23. O sea que el rostro de Frances ha lucido hermoso durante varios siglos en las monedas inglesas...¡qué curioso! El rey debía sentir un profundo apego hacia la dama(o amor, que todo puede ser posible). Desde luego bella sí que lo era, como podemos apreciar en el retrato.

    Besos

    ResponderEliminar
  24. Curiosa manera de ganarse el privilegio de ser representada en las monedas durante tantos años,su mérito: ser admirada por su belleza. Bueno por cosas peores se recompensa así a otras personas.
    Besos madame.

    ResponderEliminar
  25. Qué lastima lo de la diquesa frances, se hizo de rogar tanto para al final NO terminar como ella merecía y quería; creo que en la vida se dan oportunidades que son muy difíciles de calcular; por lo menos por su belleza y probidad`ha pasado a la posteridad. Un gran abrazo encantador tu relato como siempre.

    ResponderEliminar
  26. http://visceral-genetticca.blogspot.com/

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)