miércoles, 1 de junio de 2011

Lord Darnley (II)

Enrique Estuardo, Lord Darnley

Lord Darnley buscó consejo y apoyo en la persona de su amigo, el italiano Rizzio, pero para su sorpresa se encontró tan sólo con reconvenciones hacia su conducta. Enrique comenzó a concebir una gran aversión hacia él, que tan manifiestamente se ponía del lado de María Estuardo. 

Darnley se encontró así al frente de un partido que, curiosamente, consistía en el canciller Morton y varios nobles protestantes que en su día se habían mostrado descontentos con el matrimonio de la reina. Otros integrantes, algunos de ellos parientes de Lord Darnley, se contaban entre los decepcionados por no haber alcanzado sus ambiciones y expectativas cuando él se casó María. Culpaban de ese fracaso a la debilidad y negligencia de Darnley, de quien pensaban que no había hecho todo lo necesario en su favor. Dadas las circunstancias, no cabía esperar una gran lealtad de dicho partido hacia su persona, pero Enrique los aceptó irreflexivamente como amigos. Ellos, con tal de convertirlo en instrumento de la destrucción del católico Rizzio, a quien creían un agente secreto al servicio del Papa, se mostraron dispuestos a olvidar sus diferencias y dejar a un lado su resentimiento. Para lograr su objetivo no omitieron argumento alguno capaz de mortificar el orgullo de Enrique o excitar su ira. Exageraban a sus ojos la influencia que el italiano había llegado a adquirir en los asuntos públicos, y que comparaban con la insignificancia del propio Darnley. Le convencieron de que se le negaba la Corona a causa de las intrigas de Rizzio y, como nada terminaba de decidirlo, manipularon su carácter celoso, persuadiéndolo de que el italiano era el amante de su esposa y el padre del hijo que esperaba. 


Finalmente Darnley propuso asesinar a Rizzio, o cuando menos accedió a ello. Se firmó un acuerdo en virtud del cual los aliados le prometían la corona que solicitaba siempre y cuando estuviera dispuesto a confesarse el autor de la conspiración y a proteger a cuantos hubieran tomado parte en ella. Además, en cuanto fuera rey Darnley perdonaría a todos los protestantes exiliados y les permitiría regresar a Escocia. 

La noche elegida para consumar tan sangrienta empresa fue la del 9 de marzo de 1566. Sabían que Rizzio cenaría con la reina, ahora en su sexto mes de gestación, y Enrique deseaba que todo se desarrollara en presencia de ella. Cuando los asesinos entraron en la estancia el italiano trató de aferrarse desesperadamente a María, mas todo en vano; fue arrastrado hasta la habitación contigua y allí le asestaron 56 puñaladas. 

Al día siguiente María Estuardo era obligada a recibir a los cabecillas de la conspiración y prometerles el perdón según las condiciones de los conjurados. Pero el once de marzo, apenas dos días después del asesinato, la reina persuadía a su esposo de que rompiera todo compromiso que hubiera adquirido con sus enemigos y abandonara con ella la capital. Amparados en la oscuridad de la noche, ambos huyeron hacia Dunbar, situado en una región que le era absolutamente leal a María. Allí reunieron un impresionante ejército al frente del cual pudieron regresar a Edimburgo. Por el camino, Enrique iba haciendo comunicados en los que negaba haber tenido conocimiento de los planes para asesinar a Rizzio y clamaba venganza contra los asesinos, que ya habían escapado a Inglaterra. 


Esta traición, aunque dirigida contra aquellas personas que la reina detestaba, aumentó en María la aversión y el desprecio que su esposo le inspiraba. Contemplaba la idea del divorcio, aunque era consciente de las muchas dificultades que entrañaría una decisión así, en especial de cara a que su hijo Jacobo pudiera sucederla en el trono sin oposición. 

Una vez se encontró en posición relativamente segura, despojó a Darnley de toda autoridad y se apartó de él con indiferencia. Esto provocó una buena pataleta en el joven rey, que reaccionó tratando inútilmente de interesar a las potencias extranjeras en el asunto y atraerlas a su causa. En la primavera de 1566 se rumoreaba que mantenía correspondencia con el Papa y con los reyes de Francia y España. 

La relación entre ambos esposos se encontraba en el peor momento cuando Lord Darnley se niega a asistir al bautizo de su hijo en diciembre de 1566. Mientras tanto el corazón de María había encontrado un nuevo dueño en la persona de James Hepburn, conde de Bothwell, un hombre cuyo carácter no tenía ningún rasgo en común con el de Enrique excepto el de carecer por completo de principios. 

María Estuardo con su hijo Jacobo

Bothwell tramó un complot para deshacerse de Darnley. Se ha discutido mucho acerca de quiénes formaban parte de la intriga, y especialmente si la reina participó o tuvo conocimiento del plan del nuevo favorito para arrebatarle la vida a su esposo. Lo cierto es que a pesar de los románticos defensores a ultranza de María, parece difícil en extremo negar que fuera cómplice de Bothwell. 

Enrique residía en Stirling desde hacía semanas cuando le llegó el rumor de que la reina se proponía hacerlo prisionero. Inquieto, trata de escapar al peligro huyendo hacia Glasgow, donde se encontraba su padre. Allí cayó enfermo, tan gravemente que durante días su estado llegó a ser desesperado. Se apuntó que se trataba de sífilis, enfermedad que habría contraído durante sus noches de abundantes excesos, cuando por las noches recorría las calles de Edimburgo en compañía de gentes de mala reputación en busca de alcohol y sexo; pero también se habló de viruela, e incluso de veneno. 

Castillo de Stirling

Sorprendentemente María acudió a su lado, escoltada por el propio Bothwell durante parte del camino. María aparentó buscar la reconciliación. Con una ternura conyugal desaparecida hacía tiempo atendió constantemente a su esposo hasta que estuvo en condiciones de ponerse en pie, y entonces le persuadió para que regresara a Edimburgo, engatusándolo con la promesa de que volvería a admitirlo en su alcoba. Darnley, sosegados sus temores con esta nueva actitud de María, accedió a sus peticiones. 

El enfermo fue transportado en una litera, pero no se alojó en palacio, sino que con el pretexto de que estaría más tranquilo y respiraría mejores aires se decidió que ocupara una casa de los suburbios, en Kirk O’Field, a unos 10 minutos de Holyrood. María lo visitaba allí. Apenas lo abandonaba durante el día, y a veces dormía en la cámara justo debajo de la que él ocupaba. 

Los recelos de Darnley habían desaparecido por completo. Parecía haber recuperado las mieles de sus primeros días de matrimonio cuando llegó la noche del domingo 9 de febrero de 1567. La reina abandonaba el lugar a las 11 para asistir a una fiesta, y tres horas más tarde se producía una fuerte explosión en la casa. Los cuerpos del rey y del sirviente que dormía en su cámara se encontraron en el huerto, junto a un peral. Enrique vestía tan sólo su camisa de dormir, lo que sugiere que había tratado de huir precipitadamente, sólo para ser asesinado a escasos metros de allí. Al parecer ambos hombres fueron estrangulados, y la explosión fue un intento de encubrir los asesinatos. 

Bothwell

Siguió una parodia de investigación. Se pretendió hacer creer que el atentado había ido dirigido contra María, puesto que los explosivos habían sido colocados en la habitación que ella ocupaba a veces, pero la argucia no convenció a nadie. Finalmente Bothwell fue juzgado por el Consejo Privado de Escocia en abril de 1567, acusado de ser el jefe de la conspiración, tan sólo para salvar las apariencias. Naturalmente fue declarado inocente. Al mes siguiente María se casaba con él, tras haber obtenido Bothwell días antes el divorcio de su esposa. Tan sólo habían transcurrido tres meses desde la muerte de Darnley.

22 comentarios:

  1. Bueno, el tal Darnley tuvo su merecido pero me llamo verdaderamente la atencion la transformacion de la reina en estos menesteres cuando un destierro hubiera sido mas apropiado ,en fin madame brillante como siempre ,hasta la proxima
    Un abrazo

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  2. Monsieur, un destierro sería lo último: él podría buscar apoyos allá lejos de su control, y además ella no podría volver a casarse.

    Buenas noches

    Bisous

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  3. No sé con quien quedarme de esta galería de monstruos. Mejor con ninguno. Si torpe y desconfiado era él, ella no tenía mejores virtudes.
    Un saludo.

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  4. ¡Qué violencia! Es una autétnica barbaridad, asesinatos, 57 puñaladas, aparecer en un peral cuando estabas en tu dormitorio.
    La historia siempre es la historia, sorprendente y apasionada, tan bestia como los mismos hombres.
    Madame, usted escribe esto en una novela y la tildarán de fantasiosa.
    Saludos.

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  5. Vaya con la reina, seguro que Bothwell se lo pensó dos veces antes de repetir las mañas de Enrique...el rey se había comportado de una manera completamente indecente pero ellos no fueron más nobles. Bisous, Madame

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  6. Darnley no dudo en asesinar cuando le convino así que tuvo un final merecido, no obstante llama mucho la atención la frialdad con que despachaban los asuntos enojosos, nadie podiá estar seguro en la corte.
    María y Bothwell, fueron astutos y brillantes.
    Bisous, Madame.

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  7. ¡Menuda pléyade de violentos la que nos trae vuestra excelencia hoy! Pero siempre, siempre, es una delicia leerle, Mademe.

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  8. de guatemala a guatepeor. si disoluto parecía Darnley, este Bothwell parece un navajero de la peor especie. vaya ojo el de María con los muchachos.

    que tenga un buen día, madame.

    bisous.

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  9. La verdad, María demostró ser la persona equivocada en el puesto equivocado, en el tiempo equivocado. Comparando con las conspiraciones y demás entretenimientos de las cortes isabelina, filipina y valoisiana, que tenían un fin último digamos político, las de su corona eran bastante más pasionales. Mala cosa, con su vecina del sur esperando a sacar tajada...

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  10. ¡Vaya ojo tenía Maria para los hombres! Mientras leía, pensaba en las atrocidades varias de las Cortes europeas en esa época, si no mataba uno de las muchos y variados intrigantes, el estrés debía fulminar, porque, convendrá conmigo, Madame, que un sinvivir como el de nos cuenta sólo era apto para gentes de un cuajo sobrenatural. Yo, en el lugar de una reina, me habría ido disfrazada de oveja a una cueva en las Alpujarras o en el Montseny.

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  11. querida Madame "que tiempos aquellos"
    así dice un tango por aqui, por eso los europeos no conocieron al Alzheimer, morían muy jóvenes...
    saludos amiga mia

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  12. Caray! Entre las enfermedades y las conspiraciones es raro que uno llegara a viejo en aquellos dias.
    Saludos Madame

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  13. Era un ambiente peligroso, sin duda alguna. Debía de estar todo el mundo con el corazón en un puño. Vaya tiempos.

    Saludos.

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  14. Interesantísimas estas dos entradas sobre Lord Darnley, del que apenas conocía su nombre. Como dicen por ahí, llegar a los 40 era una proeza en aquellos tiempos, entre tantas intrigas y conspiraciones. Feliz semana, Madame.

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  15. Parece que todo hace indicar que fue la misma reina la que instigó el atentado que acabó con la vida de su marido... Seguro que todo estaba preparado y que la complacencia de la reina a cuidarle no era más que parte del plan. La idea era llevarle a la casa de las afueras con el pretexto de la higiene y la tranquilidad y sólo era una artimaña para llevar a cabo el asesinato sin testigos y sin riesgos.Ideal para un caso de insvestigación policial...

    Besitos

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  16. Ya una vez me puso los vellos de punta el descubrir la muerte tan atroz de Rizzio y la urgencia con que se aferró en esos momentos a la persona de la reina, implorando por su vida. Desde luego vaya muerte para un hombre inocente de los cargos con que se le calumniaba.

    ¡Y qué mal sino tenía María a la hora de escoger a los moradores de su corazón! Todos intrigantes y carentes de escrúpulos. La que en un principio me pareció una reina desesperada por amar y ser amada me parece ahora un poquito intrigante y en posesión de tan pocos escrúpulos como sus allegados varones.

    ¡Desde luego, qué ingenuo Darnley y qué fáciles de convencer resultan los hombres una vez se les promete el acceso a la alcoba!

    ¿Qué decir de su muerte? Pues que quien a hierro mata a hierro muere ¿no?

    Bisous y feliz semana

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  17. Hola Madame

    María tenía un ojo clínico para encontrar pareja ;). Aunque bien mirado, el carecer de escrúpulos y tener una fuerte ambición, le vino de maravilla en según que casos.

    La actitud del hombre a lo largo del tiempo, no cambia. Amor, celos, intrigas, asesinatos, justicia...

    Con una vida de intrigas y trampas, no es de extrañar cómo terminó su vida María. Si es que su prima era muy parecida.

    Feliz tarde, Madame.

    Bisous.

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  18. No se puede negar que eran expeditivos a la hora de asegurarse en la eliminación del enemigo. A Rizzio 56 puñaladas. Bien cosido quedó. Y Darnley estrangulado y encima una bomba. Por cierto, no me diga que hasta la especie del árbol bajo el que se encontró su cuerpo figura en las crónicas. Si no fuera por lo trágico, sería cómico. Un peral. Beso su mano.

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  19. Madame:

    La historia tienen un final intrigante...

    He hecho paralelismos con la serie que pasan en TV de los Borgia.

    Saludos Madame.

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  20. ¡Caramba! vaya ojo tiene esta mujer para elegir hombres, la verdad por lo leído hasta ahora, qué prendas de compañeros...

    Bisous, Madame.

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  21. O Maria no era nada sagaz a la hora de elegir compañero o tenia tan pocos escrupulos como los demas, cosa muy normal en el ambiente y epoca, por lo visto. Que tenia ambicion y vocacion por la intriga no cabe duda, aunque el tipo se lo tenia merecido su triste final.

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  22. Un saludito cariñoso antes de seguir trotando. He querido aprovechar este ratito para conectarme desde el hotel, para recordarle que hecho de menos a los amig@s.
    Un beso Madame y hasta mi vuelta

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)