sábado, 25 de junio de 2011

El luto de la reina Cartandis


Corría el siglo IV de la era cristiana. Eugenio I, hijo de Fotelmacho, se aprestaba para presentar batalla a Roma y a sus aliados pictos. El rey de los escotos estaba preocupado por los extraños augurios que ensombrecían su reino. Hacía algún tiempo que en Albión se veían prodigios capaces de aterrorizar a los corazones más valientes: las aguas del río Dune fluían llenas de sangre, los pájaros caían en gran número a tierra; de noche se veían espadas moviéndose por el cielo para acabar convirtiéndose en una gran llama antes de desvanecerse en el aire. Las brujas decían que las señales anunciaban el final del reino de los escotos. 

Y eso era precisamente lo que deseaba el hispano Magno Clemente Máximo, legado de Roma. Máximo maniobraba con astucia para destruir tanto a pictos como a escotos y apoderarse de sus tierras en nombre del Imperio. Al conocer los graves conflictos que por entonces enfrentaban a ambos pueblos, vio la ocasión de utilizar la enemistad en su provecho. Primero iría a por los escotos, y más tarde se ocuparía de los pictos. 

Máximo envió embajadores al rey Heirgusto de los pictos, para decirle que había oído, no sin indignación, que los escotos sostenían una guerra contra ellos. Roma quería reafirmar la paz con su pueblo, al que siempre había mirado con simpatía. En definitiva, le aseguró que podían contar con Roma para aplastar a los escotos. 


El ofrecimiento no pudo ser mejor acogido por Heirgusto. Ambos firmaron un tratado, tras lo cual Máximo envió un mensajero a Eugenio ordenándole reparar el daño que sus trifulcas habían ocasionado a los pictos: debía devolverles las propiedades robadas en su territorio y entregar a los responsables del saqueo para que recibieran el castigo que les impondría Heirgusto. De lo contrario, Eugenio y su pueblo se declararían enemigos de Roma. 

Eugenio respondió que desde que el legado había entrado en su reino los escotos no habían causado daño alguno a los romanos, por lo cual Roma no tenía justa causa para tratarlos como enemigos ni amenazarlos con las armas. Pero si Máximo y los pictos estaban decididos a hacerles la guerra, lo encontrarían en el campo de batalla. 

Cuando Máximo escuchó su respuesta, reunió un numeroso ejército con el que arrasó Westmorland. Luego marchó hacia Ordovicia arruinando cosechas, quemando poblados y capturando un buen botín por el camino. Los escoceses nunca se habían enfrentado a un ejército tan numeroso. Eugenio había reclutado otro, y avanzaba con decisión hacia el enemigo. Ambos se encontraron junto al río Cree y se enzarzaron en un combate que habría de prolongarse durante todo el día. Pero esa noche Eugenio, consciente de que sus hombres estaban desmoralizados y no tendrían la menor oportunidad de salir victoriosos, los reunió para comunicarles su decisión de abandonar el campo de batalla. 


Máximo desistió de salir en su persecución debido a una carta que recibió y que reclamaba su urgente presencia en Kent. Durante algún tiempo otros asuntos mantuvieron ocupado al legado, y mientras tanto los escotos continuaban saqueando impunemente las tierras de los pictos. Máximo, al enterarse, fingió enfurecerse por unas noticias que en realidad le proporcionaban el deseado pretexto para volver a atacar a Eugenio. 

Al verano siguiente se puso de nuevo en marcha con un gran ejército. Eugenio acudió a su encuentro. Las fuerzas escocesas aumentaban de día en día, y ahora el rey se creía en condiciones de enfrentarse al enemigo. De acuerdo con la vieja tradición, no sólo los hombres, sino también las mujeres capaces de manejar un arma se alistaban en las filas del rey. Se habían reunido unos 50.000 soldados en el bando escocés, clamando batalla, gritando que vencerían o morirían luchando. 

Eugenio no se encontraba lejos del río Munda cuando le informaron que los romanos se encontraban muy cerca, y que llegaban en un número mucho mayor del esperado. El rey mantuvo su expresión de calma, como si no temiera a las armas de Roma. Dividió a su ejército en tres partes y lo situó donde le pareció mejor para el combate, de modo que el sol diera al enemigo en los ojos. 


Los presagios, sin embargo, se cumplieron: Eugenio perdió la vida en la batalla. Al final de la jornada su cuerpo fue encontrado entre una montaña de cadáveres. Por orden del general enemigo, se le rindieron los mismos honores con los que se celebraban los funerales de cualquier príncipe romano. 

Después Roma impuso su edicto: todos los escotos debían abandonar esa parte del reino bajo pena de prisión o incluso de muerte. Además estaban obligados a entregar sus casas y pertenencias a quienes los romanos les indicaran. A consecuencia de este decreto, muchos buscaron refugio en Irlanda, en Noruega y en Dinamarca, mientras aquellos que decidieron quedarse fueron hechos prisioneros por los pictos, o bien, desesperados, aceptaron alistarse en el ejército enemigo. 

La viuda del rey Eugenio, Cartandis, era una princesa de Gales. Había amado mucho a su esposo, y su dolor fue inmenso. Al enterarse de que se le había dado sepultura siguiendo los ritos de una religión que no era la suya, fue presa de la angustia. Temía que el espíritu del rey no hallara reposo, y se negaba a moverse del lugar en el que había sido enterrado. Allí permanecía ocupada en oraciones y devociones por su alma, acompañada por otras nobles damas que unían a las suyas sus propias plegarias por los familiares que habían caído también en la batalla. 

Mientras las mujeres daban aún rienda suelta a su dolor, los pictos, que eran quienes habían instigado a Máximo a emitir el edicto de destierro, llegaron al lugar e informaron a Cartandis del castigo que conllevaba desobedecer la orden de Roma. En vano suplicó la reina que la dejaran continuar con su duelo; los pictos insistieron en que el decreto debía cumplirse. 


La reina fue arrestada y conducida a presencia de Máximo acompañada de uno de sus servidores y de dos mujeres que no se separaban de ella. Cuando compareció ante el legado, se postró a sus pies y solicitó permiso para que ella y sus acompañantes pudieran quedarse en el país durante el resto de sus vidas, aunque fuera como siervas, pidiendo tan sólo a cambio de verse reducidas a tal condición el ser enterradas en la misma tumba que sus esposos. 

Máximo, conmovido por la pena de Cartandis, le asignó una morada en la ciudad de Carrick, con algunos ingresos para el mantenimiento de su dignidad real. La generosidad del romano llegó a procurarle una escolta que se encargara de su protección durante el viaje. 

Los soldados la dejaron sana y salva en un pueblo a escasa distancia de Carrick. Pero una vez fuera de su vista apareció una partida de bandidos pictos a caballo. Los forajidos asesinaron al servidor de Cartandis y despojaron a la reina y al resto de las mujeres de cuanto poseían. No se atrevieron a golpearla a ella, que era hija del rey de Cambria, pero las otras dos mujeres no tuvieron tanta suerte. 


Cartandis logró regresar hasta Máximo. El general la recibió con todos los honores y el respeto debido a su rango y a su sufrimiento; la escuchó y le restituyó en la medida de sus posibilidades cuanto había perdido a manos de los pictos. Después de eso capturó a los bandidos y los castigó con la pena de muerte por el ultraje hecho a la reina. 

Los pictos, al conocer la severidad con la que habían sido castigados algunos de los suyos, y la amabilidad con la que era recibida Cartandis, no se sintieron satisfechos. Enviaron una delegación de nobles de su nación para quejarse de que Máximo hubiera hecho ejecutar a sus aliados por una mujer, y por una que, además, era su enemiga. Pensaban que no debería haber condenado a muerte a unos aliados de Roma, y exigieron que Cartandis, de acuerdo con el edicto emitido, fuera despojada de sus propiedades y sometida a cautiverio. 

Ella estuvo presente durante la entrevista de Máximo con los jefes pictos. Cuando la conversación llegó al punto en que se discutía su destino, viendo que la intención de sus enemigos era enviarla de vuelta a Gales, contra lo que tanto deseaba su corazón, prorrumpió en un apasionado lamento y pidió que antes que eso le dieran muerte ante la tumba de su esposo. 


Todos los presentes, excepto los pictos, se mostraron conmovidos, de modo que Cartandis obtuvo lo que pedía. Fue autorizada a partir hacia cualquier lugar del país que eligiera, y desde entonces vivió bajo la protección del poderoso nombre de Roma, sin que nadie osara inquietarla. 

Años más tarde, en el 383, las tropas proclamaban emperador a Máximo allá en Britania. 



Bibliografía: 
Scotorum Historiae - Hector Boece 
The Scottish chronicle - Raphael Holinshed 
The Queens before the conquest - Matthew Hall 

42 comentarios:

  1. Creo que el romano le hizo caso por cansina. Claro, que la podía haber encerrado o la podía haber matado y no lo hizo.

    Feliz sábado.

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  2. En efecto, total a él le salía gratis y así quedaba bien con los pictos. Pero no, no lo hizo.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  3. parece que nos encontramos ante un romano compasivo y considerado, todo un caballero .... aparentemente ... me ha gustado esta entrada, porque de historia de Escocia no sé mucho.

    Muchos besos madame, feliz fin de semana

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  4. Unos tiempos legendarios, madame, de los que es difícil incluso saber algo sin separarlo de la leyenda.

    Feliz tarde

    Bisous

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  5. Hola Madame

    Parece que la estrategia de divide y vencerás, le salió redonda al romano. Tenía que ser chocante, ver a los romanos lidiando entre pictos y escoceses.

    Un mujer valiente, la reina Cartandis y un legado romano al que poco le costaba ser benevolente y comprensivo.

    Feliz noche, Madame.

    Bisous.

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  6. Roma supo aprovechar muy bien las enemistades entre las tribus. Eran maestros en ese arte.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  7. Bonita entrada, Máximo muy comprensivo con un enemigo que encima era mujer....y ella muy valiente o muy desesperada, no se a que atribuirlo.

    Buena noche de sabado!!!

    Besinos Madame!!

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  8. Ella pudo haber regresado a Gales con su familia, pero se negó. Quería seguir junto a la tumba de su esposo, sin importarle en qué condiciones. En realidad, como usted dice, tal vez esa valentía fue fruto de la desesperación.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  9. Una época legendaria, Madame la que nos trae hoy y una historia interesante de como los romanos lograron hacerse con Britania.

    Bisous

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  10. En realidad no les duró mucho la conquista, pero la historia de su presencia allí fue apasionante.

    Buenas noches, madame Elysa

    Bisous

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  11. Desde luego el que no llora no mama, y ella lo hizo a la perfección. Y hasta los hombres se conmueven Madame.
    Lo que mas me gusta de es que todo lo arreglaban matándose los unos a los otros otros. Y mire a dónde hemos llegado.
    Bisous y feliz domingo

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  12. Intrigante el romano, astuto, pero considerado con la Reina. Lo que no me queda claro es si ella era aun de religion celta o era cristiana, pero lo cierto es que amaba a su marido, sin dua alguna.

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  13. Ya le iba quedando, a finales del siglo IV, poca cuerda al imperio romano. En otros tiempos igual hubiera acabado en Roma como esclava de algún senador.
    Beso su mano.

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  14. Fue tanta la enemistad entre los dos bandos que el "ganador" no se conformaria con los destierros ,ultrajes y confinamientos que impuso al perdedor que hasta la viuda reina tuvo que soportar estoicamente sus ataques
    Maravillosa entrada madame de una cultura no tan conocida por mi
    Un abrazo y buen domingo

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  15. Madame, me temo que seguimos "arreglando" las cosas igual. Al parecer al ser humano no suelen ocurrirsele soluciones mejores que matarse unos a otros. Una lástima.

    Buenas noches, madame Katy

    Bisous

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  16. He leído en algunas fuentes que ella era una cristiana de las de Pelagio, aunque no estoy convencida, y de ahí que no haya aclarado más.

    Buenas noches, madame Alejandra

    Bisous

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  17. Tal vez, monsieur. Tampoco todos los guerreros celtas corrieron la misma suerte. En otro tiempo les iba bastante peor, sí.

    Buenas noches

    Bisous

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  18. Muchas gracias, monsieur Luther, me alegra que haya sido de su agrado. Tampoco es lo mío la edad antigua. Me resulta muy complicado moverme entre estas tribus.

    Buenas noches

    Bisous

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  19. Hola Dame Masquèe!! Hermoso post madame. Me atrapó desde el principio. Es bueno saber que alguien puede ser considerado entre las luchas de poder.
    Feliz domingo!!
    Bisousssssss

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  20. Querid@s lector@s,

    Se trata del enésimo intento de las conquista total de la Isla de "Britannia", que por motivos varios, siempre se resisitiría a los romanos. Precisamente, en mi blog (La Roma Clásica), estoy haciendo repaso de los intentos romanos de conquistar Escocia. La verdad aún no he conseguido entender demasiado bien porque no lo consguieron teniendo el conocimiento topográfico y etnográfico de la Isla entera. Agricola y Antonino Pío fueron los que se quedaron más cerca; mientras que Claudio encomendaría una misión casi imposible a Plautio, por el desconocimiento del norte britano, y Caracala, estaría más pendiente de firmar la paz y disfrutar de las ventajas de "imperium" que de intentar elevar al infinito la gloria de los Séveros. Ahora bien a Máximo no había llegado aún.

    Gran "post".

    PD: recomendaros un libro, para a quien guste la historia de una privincia alegada de Roma: Frere Shepard (Britannia: A history of Roman Britain. 1987, 3a edición, Londres).

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  21. así somos los hispanos, que nos gusta más la floritura que a un tonto un lápiz. si hay algún motivo para hacer un gesto inútil y de cara a la galería ahí nos tendrán. que si entierro al enemigo con honores, que si respetar a la viuda... siempre dando la nota.
    en fin.
    vaya día de calor hoy, madame.
    que lo pase usted bien, al menos, mejor que yo.

    bisous!

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  22. Magnifica entrada madame. Debo decirle que estoy asombrado y maravillado de la capacidad de síntesis que tiene usted para contar tan complejas historias.
    Feliz domingo.

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  23. El relato comienza con mucha violencia para dar paso a una historia conmovedora, el amor de Cartandis por su esposo que la llevo a permanecer en territorio romano a pesar de que su vida corría grave peligro, Maximo se portó bien, es lo menos que podía hacer con esta pobre y desdichada mujer.
    Madame, he tenido que estar ausente unos días, voy algo mejor pero no del todo en forma.
    Me alegra estar de nuevo en la Corte.
    Un beso.

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  24. Eso es amor más allá de la muerte.

    Saludos.

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  25. La historia en sus manos es siempre una delicia, Madame, no importa la virulencia o no que se narre en ella.
    ¡Feliz resto del domingo!

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  26. Acabo de llegar a tu blog casi por casualidad buscando un blasón y me ha fascinado, no sólo los temas y la forma de escribir, sino el entorno, todo, así que...te sigo y me quedo.
    Un abrazo.

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  27. Gracias, madame Gabriela. Es un alivio que entre el horror de las guerras de vez en cuando haya gestos como este.

    Feliz domingo

    Bisous

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  28. Gracias, monsieur Miquel. Lo cierto es que tengo la impresión de que Roma nunca valoró suficientemente esas tierras. Tenían demasiados problemas internos como para empeñarse en luchar por ellas.

    Feliz domingo

    Bisous

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  29. Monsieur Karpov, es muy hispano eso, sí. Siempre con el mazo dando, pero sin poder evitar esos gestos caballerescos.

    Feliz domingo

    Bisous

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  30. Muchas gracias, monsieur Lorenzo. A decir verdad más que sintetizar me gusta desarrollar, profundizar, investigar... Pero esa no es mi misión en este blog, por supuesto.

    Feliz domingo

    Bisous

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  31. Madame Wendy, qué bueno encontrarla de regreso. Me preguntaba qué sería de usted. La imaginaba de vacaciones en alguna isla paradisiaca :)

    Feliz domingo, madame

    Bisous

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  32. Mucho más allá, monsieur.

    Feliz domingo

    Bisous

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  33. Muchas gracias, monsieur Francisco. Usted siempre es un lector agradecido. Así da gusto.

    Feliz domingo

    Bisous

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  34. Muchas gracias, monsieur, y bienvenido al tablero. Espero que se quede entre nosotros.

    Feliz domingo

    Bisous

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  35. Tuvo suerte la viuda. Los nobles sentimientos y la magnanimidad del romano, en el fondo un enemigo, la libraron de un destino cruel.
    Un saludo.

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  36. Después de todo había corazón en el romano Madame. No necesariamente ser enemigo significa maltratar al contrincante...

    Sabe como me gustan estas historias de las islas británicas...Y de la manera que Ud las cuenta.

    Saludos Madame

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  37. el corazón humano es así, lleno de sorpresas, algunas admirables por su bondad, otras por su horror.


    Querida Madame, delfina es la amiga de la infancia de la abuela, al enfermarse llama a esta a la ciudad, y ahí se suceden las nuevas historias.

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  38. tejemanejes de la política en todas las épocas, aunque hay que reconocer a Máximo que podría haberse quitado el problema de encima y que no lo hizo... un punto para Máximo...

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  39. Me ha maravillado la heroicidad y valentía de las tropas escocesas y sobre todo la de su propio rey, manteniendo la calma en todo momento ante la cercanía de la batalla (y sobretodo teniendo en cuenta los malos augurios que al término acabaron por cumplirse).

    Compasión he sentido de la leal Cartandis y mucho respeto me ha inspirado el amor y la lealtad a la memoria de su esposo, deseando antes la muerte que abandonar su alma en la noche de los tiempos.

    En el fondo el legado fue bastante noble con ella después del daño y la hipocresía con que obró en todo momento.

    PD. Me han encantado las imágenes cuarta y quinta de su entrada.

    Bisous Madame y buen inicio de semana

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  40. Es curioso que los escoceses hayan sido siempre un pueblo levantisco y poco dado a la unión con otros pueblos, aunque históricamente casi siempre le ha tocado estar dentro de Gran Bretaña. Valerosas debían ser las mujeres de pictos y escotos, y hábiles manejando las espada y otras armas.

    Besos

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  41. Ay, madame, al empezar a leer los pensamientos e intenciones de Magno Clemente Máximo, cuya ambición no tenía freno y se extendía a todo su alrededor, me parecía estar leyendo la crónica de un sujeto actual. ¿A quién robaré primero? ¿Arrebataré sus casas, sus posesiones, su futuro a los de allá y luego a los de acá, o lo haré al revés? ¿Haré que éstos saqueen el territorio de aquellos y luego ya entraré yo a saquearlos a ellos? Y luego dicen que la historia no se repite...

    Beso su mano, madame.

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  42. Recibiste el PREMIO SUNSHINE AWARD, nominado por
    htt://eduardovidalhernando.blogspot.com/ENHORABUENA

    Las reglas del premio :
    1- Agradecérselo a quién te lo ha dado
    2- Escribir un post sobre ello
    3-Entregarlo tú mismo a 12 blogs que consideres que se lo merecen
    4- Poner un enlace de los blogs premiados
    5- Mandar un correo o comunicado infomándoselo

    imagen:
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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)