martes, 7 de junio de 2011

El asesinato de Jacobo I


Una fría noche de febrero de 1437 el rey se encontraba en sus aposentos de la abadía de Perth, donde se alojaba con su esposa. Jacobo había pasado la tarde jugando al ajedrez sin sospechar que aquella sería su última partida. 

Hacia las nueve de la noche se sirvió la cena, tras lo cual la mayoría de sus asistentes se retiraron. El rey se hallaba en compañía de la reina y sus damas, confortándose ante el fuego encendido del hogar y entregado a juegos y pasatiempos antes de acostarse. Escuchaban música, cantaban y leían poemas con alegre despreocupación. Después, llegada la medianoche, Jacobo pidió que le sirvieran una última copa antes de dirigirse a la alcoba. Allí aguardaba ya la reina, entretenida en conversación con sus damas. 

De pronto se oyó un gran tumulto de hombres armados que se aproximaban por el corredor entre un frenético revoloteo de antorchas. Presas de la alarma, la reina y otras damas corrieron hacia la puerta con la intención de atrancarla, pero los cerrojos estaban tan destrozados que ya no servían a su propósito. Era evidente que lo que estaba a punto de suceder había sido minuciosamente planeado. 

Al amparo de las tinieblas, los conjurados habían utilizado tablones de madera para cruzar el foso que rodeaba el monasterio. Una vez en el interior, se abrieron paso armados con espadas y hachas, atacando a todo aquel que encontraban en su camino. Catherine Douglas, una de las damas de la reina, trató heroicamente de contener la puerta, pero los asesinos forzaron su entrada rompiéndole el brazo. El lugar se llenó de gritos y carreras, de damas intentando escapar a tanto horror. 


Encontraron a la reina tan asustada que no lograba articular palabra. Juana no había sido capaz ni siquiera de intentar la huida; no podía moverse. Uno de aquellos hombres se abalanzó sobre ella y la hirió. Seguramente le hubieran dado muerte allí mismo si otro de ellos no lo hubiera impedido. 

—¡Dejad a la reina! —lo increpó— ¿No os da vergüenza? Sólo es una mujer. ¡Vamos a por el rey! 

Pero no lograban encontrar a Jacobo. Lo buscaron por todas partes; registraron cada rincón sin hallar rastro de él. Ignoraban que se había refugiado en las cloacas que daban a la cancha del juego de palma. Ayudándose del atizador de la chimenea, había levantado un tablón del suelo de la cámara que hacía de retrete. Sin embargo, el rey no pudo escapar por aquel camino, porque encontró la salida cegada. Irónicamente él mismo lo había ordenado así tres días antes, para evitar que se perdieran las pelotas que tan frecuentemente caían allí. 

Al no dar con él, sus perseguidores abandonaron aquellos aposentos para buscarlo en otras partes del edificio, por lo que al cabo de un tiempo los ruidos cesaron y Jacobo se creyó a salvo. Llamó a sus sirvientes para que lo ayudaran a salir. Éstos acudieron presurosos y abrieron la trampilla en el suelo, pero la precipitación no fue buena consejera. Estaban a punto de rescatarlo cuando los conspiradores escucharon el revuelo. Uno de ellos recordó la existencia de aquella cámara y regresó con los otros hacia allá. El tablón roto en el suelo y medio levantado hablaba por sí mismo y decía claramente que no necesitaban seguir buscando. Iluminaron el subterráneo con una antorcha y, en efecto, la luz reveló la presencia de la presa que con tanto afán perseguían. 


Uno de los conjurados, Sir John Hall, descendió con un enorme cuchillo en la mano. El rey se mostró dispuesto a vender cara su vida; lo agarró por los hombros y lo derribó con gran violencia, pues Jacobo era hombre alto y aún vigoroso a sus 42 años. Otro de ellos bajó entonces sin más éxito que el primero: el rey lo aferró por el cuello y lo redujo con la misma facilidad. 

Si hubiera resistido un poco más de tiempo sin delatar su presencia en las cloacas, el rey habría salvado la vida, porque los servidores ya habían conseguido dar la alarma y eran muchas las gentes de Perth dispuestas a acudir en su auxilio. Pero la suerte que tan frecuentemente le había sido adversa desde su infancia, volvía a mostrarse esquiva en un momento crucial. No podía luchar contra todos. Robert Graham, viéndolo debilitado tras el combate con sus dos adversarios, lo supo a su merced y, exultante, descendió él también. Jacobo sabía que no tendría la menor posibilidad de salir de allí con vida. Lo único que cabía en ese momento desesperado era pedir una clemencia que, naturalmente, le fue negada. 

—Tú, cruel tirano —respondió Graham—, tú no has tenido nunca piedad de los señores de tu sangre ni de ningún otro señor, así que no encontrarás ahora ninguna para ti. 

—Dejadme entonces confesar, por la salvación de mi alma. 

—Esta espada será el único confesor que tengas —replicó Graham, y a continuación lo atravesó con ella. 

Los asesinos se arrojaron entonces sobre el indefenso rey de Escocia, al que asestaron 16 puñaladas antes de darse a la fuga. 


Sir Robert Graham tenía razones personales para proceder contra Jacobo. El rey había confiscado las tierras de su sobrino, al que había encarcelado. Graham lo había denunciado entonces como tirano ante el Parlamento, osadía que le valió el destierro. 

Pero en realidad el conflicto que había originado la conjura era más antiguo y poco o nada tenía que ver con el rey. Jacobo I era asesinado a consecuencia de una conspiración nobiliaria que tenía por causa la dudosa validez del primer matrimonio de su abuelo, Roberto II. Los descendientes de ambas esposas de Roberto disputaban sobre cuál tenía mejor derecho a heredar el trono. Jacobo descendía de esa irregular primera unión, por lo que la cuestión de la legitimidad de su gobierno siempre había estado presente como un veneno que iba carcomiendo los cimientos de su poder. Ahora llegaba a ser suficientemente letal para desembocar en una rebelión abierta. Los partidarios del tío de Jacobo, Lord Walter de Atholl, hijo del segundo matrimonio, planearon dar muerte al rey y poner en su lugar al nieto de Atholl. 

La reina a punto había estado de perecer con su esposo aquella negra noche, pero a pesar de haber resultado herida en el ataque, logró huir hacia Edimburgo, alcanzar el castillo y poner a salvo a sus hijos. 

Los asesinos habían hecho mal sus cálculos. Ahora se encontraban sin apoyos y con una reina vengadora que se mostró implacable. Asumida la regencia por Juana, organizó la persecución con insospechada energía, demostrando que por sus venas corría la sangre de Eduardo I, El Martillo de los Escoceses. Los conspiradores pronto fueron detenidos y ejecutados. Ella, hasta entonces siempre tan inclinada a la clemencia, no mostró ni asomo de piedad con los asesinos de su esposo, ni tuvo reposo hasta haberlos castigado a todos. 


Sir Robert Graham fue encontrado encogido tras una roca que hoy lleva el nombre de Graham’s Rock. Fue capturado por el jefe del clan Donnachaidh, conducido por las calles de Edimburgo en un carro, desnudo, con la mano derecha clavada a un poste y rodeado de hombres que laceraban su cuerpo con cuchillos afilados, ganchos y hierros al rojo vivo. Al día siguiente lo obligaron a contemplar cómo su hijo era destripado vivo y descuartizado antes de sufrir el mismo destino. 

Con la muerte del rey, el trono quedaba en manos de su heredero, un niño de sólo seis años que reinaría como Jacobo II.

31 comentarios:

  1. Terrible final para el rey, asesinado en las cloacas como un perro. Mala táctica la de los asesinos al dejar torpemente a la reina con vida. Un error que les costará caro. Y la venganza final por parte de la propia reina que, como era de esperar, no mostró clemencia alguna con los asesinos de su marido.
    Un saludo.

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  2. Sí, calcularon mal. En realidad también a ella la tenían por objetivo, pero no todos estaban de acuerdo. Algunos sintieron escrupulos por el hecho de que fuera una mujer, y además no la consideraban capaz de ponerse al frente de nada. Eso la salvó al final.

    Feliz dia, monsieur

    Bisous

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  3. Empezó la noche jugando al ajedrez - como un presagio de su final- y acabó recibiendo un jaque mate por ser la pieza esencial para las aspiraciones de sus asesinos.
    No me extraña nada que la reina dejara aparacada su piedad para vengarse. ¿Quién no lo haría en su situación? Madame, con sus magníficas entradas, nos muestra cómo la crueldad era un mecanismo de supervivencia en la vida cortesana.

    Bisous y muy buenas tardes.

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  4. Caramba como se las gastaban ahí. Torturas, destripamientos, descuartizamientos y toda clase de mentos.

    Era para pensarselo eso de las conspiraciones.

    Una entrada magistral como siempre, querida madame.

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  5. Hola Madame

    Tremenda la crueldad, la sinrazón, la deslealtad, la temible venganza que mueve a llevar acciones que muchas veces encubren verdades antiguas, tal y como se han dado en este caso.

    Demasiada sangre, demasiada humillación y rencor que llevarán a dar rienda suelta a la venganza.

    Desde luego no se andaban con chiquitas. Terrible oscuridad la de aquella Escocia.

    Feliz tarde, Madame.

    Bisous.

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  6. Terrible final el de este rey. Aún más terrible la venganza de la reina, no le servía su muerte, además los torturaba...¡uff!

    Bisous, Madame

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  7. Hola Madame!!Qué final tan cruel!! Tanta sangre derramada...La fuerza de la reina para vengar la muerte de su esposo. La sangre de su familia afloró con la fuerza de la venganza.
    Feliz día madame!!
    Bisousssssss

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  8. No es que fuera un buen rey, pero la muerte que tuvo no se le puede desear uno ni al más malvado de los perros con rabia: ya de por sí murió en una tumba, en las cloacas del reino. En fina, cosas de la corte y la realeza. Saludos, Madame.

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  9. Desde luego un terrible final morir atrapado en una cloaca y sin salida posible. Me imagino la desesperación del rey al ver tan cierto e inevitable su fin.

    De todas formas las represalias de la reina no se quedaron tampoco a la zaga, como bien dice usted se conoce que llevaba la sangre del "martillo de los escoceses".

    No voy a decir que me dé lástima pero desde luego me parece un fin muy brutal el de Graham, sobretodo a la hora de ver morir a su hijo destripado vivo y descuartizado. ¡Madre de Dios!

    Una entrega esta espeluznante Madame, aunque no deja de ser la realidad.

    Bisous

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  10. Que terrible final para Graham y quien hubiera esperado semejante determinación en la reina. Cuánto se habran arrepentido los conjurados de no haberla matado también

    Gracias, Madame, por todo lo nos enseña. Bisous

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  11. Una vez más me recuerdan las situaciones descritas por usted a las tragedias históricas de Shaespeare.

    Saludos.

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  12. Ya conocía el triste destino de unos y de otros, pero Ud lo cuenta con una emoción, que sigue dando ganas de leerlo mil veces.

    Sabe lo que disfruto de estas historias de las islas británicas.

    Saludos Madame

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  13. La avidez de los hombres, también del rey, no respeta ni el tiempo ni las generaciones. Somos insaciables.
    Trista muerte, resistiendo en las colacas.
    Me gustó como usted nos dibuja el momento, la noche anterior. Todo paz y calma. Ya lo dicen los marineros del mediterráneo; "hijo, nunca te fíes de la calma..."
    Saludos.

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  14. ¡Qué muerte tan terrible! ¡Qué bien nos lo ha contado!
    Saludos, madame. Siempre es un placer pasar por su blog.

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  15. Dicen que la venganza no es buena consejera pero en esta historia estuvo a la orden del dia madame
    Lamentable final para un rey que tenia ya casi todo ordenado en su vida despues de tantos sobresaltos
    Un abrazo hasta la corte

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  16. Es que un rey no puede permanecer mucho tiempo en una cloaca, Madame. No es su medio.

    ¿O sí...?

    Estremecedor relato, Madame. Sigo pensando que, a pesar de tanto pesar, viviemos en el mejor de los mundos y en la mejor de las épocas, al menos en Occidente. Aqui, de momento, no se permite que una reina, por muy vengativa que sea, pueda destripar al hijo de nadie públicamente y con beneplácito de la mayoría.

    Beso vuestros amables pies.

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  17. Qué casualidad, dieciséis puñaladas, tantas como años tuvo de cautiverio.
    Genial su narración, señora. Lo he leído casi sin darme cuenta. Beso su mano.

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  18. Madame he quedado espantada de los últimos renglones de su escrito, cuanta crueldad tiene la venganza...
    saludos querida amiga

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  19. Macabra historia la del asesinato del Rey, la venganza de la Reina Juana no se quedó corta y más d euno se debió arrepentir del asesinato de Jacobo...el castigo a Graham terrible, ver a tu propio hijo destripado y descuartizado debe ser horrendo...

    Un beso.

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  20. Al amparo de las tinieblas... qué bien pintado el cuadro de la muerte. Digo yo que ya puestos podrían haber terminado la faena y haber liquidado también a la reina, a tenor de la venganza que sucedió después. Supongo que no sería cuestión de escrúpulos, no sé.
    Lo dicho, mucha inseguridad ciudadana en Escocia.

    que tenga un buen día, madame!

    bisous!

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  21. Terrible pasos en la historia, la vida y la muerte... nada valen.

    Me alegra verte escribiendo de nuevo, un beso y que sigas bien.

    mariarosa

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  22. Está claro que unos nacen con estrella y otros estrellados. El rey Jacobo nació con estrella, pues fue rey de Escocia, pero tuvo muy mala suerte. Y mira que tapiar la salida de emergencia para que no se escapasen las pelotas... Sí que e smala suerte...

    Besos

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  23. Madame,
    muy interesante su relato, detallado e instructivo.
    Supongo que ese niño reinó escasamente con sus seis años, y otros se encargarían de manejar a tan tierno infante...

    Feliz noche.

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  24. Mis ocupaciones de jubilado me han hecho llegar muy tarde a la segunda parte de la historia del rey Jacobo, pero me ha resultado sumamente intereante.

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  25. Terrible final, el de Jacobo I, atrapado sin salida, como un animal en su madriguera.
    Me llama la atención la metamorfosis de la reina, mujer acostumbrada a la clemencia primero, despechada vengadora después.

    Nos lo ha contado usted de una manera apasionante.

    Muchas gracias, Madame.

    Bisous.

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  26. Una gran narración de una historia llena de crueldad, Madame. El final de Sir Graham me ha dejado con muy mal cuerpo.
    Sé que es un error - ya lo hemos comentado - juzgar a los personajes históricos desde la moral contemporánea, pero no sé cómo podre seguir considerando a esta regente.

    Buenas noches, Madame

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  27. La venganza es algo muy común en el ser humano y máxime cuando se lleva una vida de intrigas, envidias y temores. Terrible es siempre y máxime si lo que se busca es la muerte del esposo.
    Terrible fin el de Jaacobo I, pero podemos decir que se encontró lo que antes sembró.
    Un beso.

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  28. Efectivamente la reina en vez de hacer justicia se tomó venganza... matar de esa manera al niño no me parece muy correcto la verdad..

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  29. No, padre e hijo eran adultos. No había ningún niño. El hijo de Graham formaba parte del grupo de asesinos que entró en la abadía.

    Monsieur Jose Luis, qué bueno verle de nuevo por aquí. Mire que se toma usted vacaciones ultimamente!

    Feliz dia a todos

    Bisous

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  30. Querida Dama... mi último trabajo ha tenido muy exprimido mi tiempo y os he tenido, a mi pesar, demasiado abandonados, cosa que espero corregir...

    Saludos

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  31. Un trágico destino para un rey, además, un asesinato horrendo; el fallo para los criminales estuvo en dejar a la reina con vida, ya que después de tan terrible suceso era bastante previsible que tomase venganza, aunque lo de la matanza del niño... ufff! Se me ponen los pelos de punta sólo de imaginarlo; contemplar cómo su hijo era destripado vivo y despedazado debió ser peor que la muerte que le esperaba, que salvajismo.

    Un beso, madame.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)