lunes, 30 de mayo de 2011

Lord Darnley

Enrique Estuardo, Lord Darnley

Enrique Estuardo, Lord Darnley, era el mayor de los dos hijos del conde de Lennox. Su madre fue fruto del matrimonio de Margarita Tudor, hermana de Enrique VIII, con Archibald Douglas, conde de Angus. Fue Angus su segundo esposo, tras enviudar Margarita del rey Jacobo IV de Escocia. Todo ello convierte a Darnley en bisnieto de Enrique VII

En su juventud Lennox se había visto obligado a refugiarse en la corte inglesa a causa de la animadversión de la facción de los Hamilton, con quienes se había peleado por la regencia de Escocia durante los primeros años de vida de María Estuardo. Allí se casó y permaneció durante muchos años, debido a lo cual su hijo nació en Temple Newsam, Yorkshire, el 7 de diciembre de 1545. Darnley fue así educado en Inglaterra, donde recibió una excelente formación. Su madre, Margarita Douglas, alentaba grandes ambiciones con respecto a él. De hecho, esperaba que llegara a ser rey de Inglaterra a la muerte de Isabel. 

La reina Isabel veía en esa familia una pieza útil en su política con respecto a Escocia. En aquel tiempo el primer objetivo de esa política era ocuparse del matrimonio de María Estuardo. Isabel quería impedir a toda costa que la reina de Escocia, viuda de Francisco II de Francia, volviera a casarse, porque cualquier alianza que concertara podría significar una amenaza para ella. Sin embargo, públicamente ocultaba sus intenciones fingiendo ayudarla a encontrar un candidato adecuado. 

Isabel I de Inglaterra

Entre los propuestos a la reina de Escocia como dignos de aspirar a su mano se encontraba Lord Darnley. María había deseado durante mucho tiempo ganarse la voluntad de la familia del conde de Lennox, así que prestó oídos a la propuesta. 

Darnley y su padre obtuvieron permiso para visitar Escocia en febrero de 1565. Enrique era un jovencito de 19 años, y María se mostró más que gratamente impresionada por su apostura y sus modales galantes. Se cegó con su encanto superficial, su porte y sus dotes de gran bailarín, sin advertir que se trataba también de un muchacho caprichoso, egoísta, presumido y arrogante. A pesar de que Lord Darnley no resultaba del agrado de la mayoría de sus nobles, impulsivamente tomó la decisión de concederle su mano. Se han querido ver también motivos políticos en su decisión, según los cuales María habría considerado que los derechos de Enrique al trono inglés reforzaban los suyos propios, pero no parece que estas consideraciones pesaran más en su ánimo que las cualidades galantes del novio. 

Isabel montó en cólera al enterarse y envió un mensajero exigiendo el regreso inmediato de Lord Darnley. A este respecto la opinión de los biógrafos está dividida. Mientras unos opinan que la reina de Inglaterra no había calculado que su rival tomase seriamente en consideración a Darnley, otros creen que todo fue un plan deliberado suyo para así alejar la posibilidad de que Escocia se aliase con alguna gran potencia europea. En cualquier caso, Isabel castigó la desobediencia de Enrique apoderándose de las tierras de su padre y encarcelando a su madre y a su hermano Carlos, que se habían quedado en Londres. 

Lord Darnley con su hermano menor, Carlos Estuardo

Para que el matrimonio pudiera llevarse a cabo fue precisa la aprobación de la mayoría de la nobleza de Escocia, además de obtener la pertinente licencia de Roma, dispensando el grado de parentesco entre los contrayentes. Vencidos finalmente todos los obstáculos, se llevó a cabo la ceremonia el 29 de julio de 1565 en el palacio de Holyrood. Al día siguiente eran públicamente proclamados como Enrique y María, Reyes de Escocia. 

María estaba profundamente enamorada. Si había visto los defectos y debilidades de su joven esposo, probablemente pensó que todo se iría moderando bajo su propia influencia. De hecho, Darnley ya había cometido varios errores. Uno de ellos fue la insolencia con la que comenzó a asumir su papel de rey antes incluso de serlo, lo que disgustó a buena parte de la nobleza. Por si fuera poco, fue lo bastante insensato para unirse a la facción que se oponía al conde de Moray, el hermanastro de María y líder de los reformados escoceses, cuya buena voluntad le hubiera sido imprescindible cultivar. Pero Enrique fue más lejos aún: en una ocasión delató su temperamento violento al amenazar con su daga al caballero que había sido enviado a comunicarle que su esposa, para congraciarse con la reina de Inglaterra, deseaba demorar por un tiempo su nombramiento como duque de Albany, un título real que ella había decidido concederle poco después de su matrimonio. 

Jacobo Estuardo, conde de Moray, hermanastro de María Estuardo

La unión no gustó a los nobles protestantes, que veían en ello un triunfo católico. Pronto estalló una guerra civil en Escocia, iniciada a instigación de Isabel, si bien no pasó de ser una rebelión de escasa entidad al no desear la reina de Inglaterra apoyarla de modo abierto. Fue fácilmente sofocada por María, lo que procuró un triunfo a Darnley sobre la Casa de Hamilton, los antiguos enemigos de su familia. Cuando el duque de Chatelherault, que se encontraba entre los descontentos, suplicó el perdón, Enrique se opuso con furiosa vehemencia y logró imponer su voluntad sobre la de su esposa, obligando al duque a exiliarse en Francia. 

La condescendencia de María tanto en este como en otros asuntos sólo servía para aumentar cada vez más deseo de poder de él. Apenas llevaban casados tres meses cuando exigió la Corona Matrimonial, que según la ley escocesa le concedía un grado de autoridad en términos de igualdad con el de la reina titular y le garantizaba el trono en el caso de que la esposa falleciera. Incluso hubiera podido transmitir la corona a los hijos de otro matrimonio posterior. Su exigencia se debía a que en su momento el Parlamento escocés había ofrecido la Corona Matrimonial al primer esposo de María, el rey Francisco II de Francia. La Corona iba a ser enviada a París para que se guardara en la Abadía de Saint-Denis, pero estos planes nunca llegaron a materializarse debido a la oposición de los poderosos Hamilton, que se unieron a los protestantes para impedirlo. Ahora Darnley reclamaba lo mismo que le había sido ofrecido al anterior esposo. 

María Estuardo

No estaba en manos de María concederle la petición. Debía solicitar el permiso del Parlamento, y no era muy prudente ni pertinente hacerlo en aquellos momentos. Además, para entonces seguramente ya se había dado perfecta cuenta de que sería una insensatez depositar tanto poder en manos de un muchacho con tan poco juicio. Enrique encajó muy mal la negativa. Comenzaron entonces las peleas domésticas; descuidaba a su esposa, evitaba su compañía y se entregaba a desenfrenadas diversiones. 

Durante siete meses la pasión inicial de la reina se fue tornando en desprecio al percatarse de la magnitud de su error en la elección de esposo.


Continuará

24 comentarios:

  1. ¡Oh, Madame, cuánto tiene mi incultura que agradacerle por el barniz que vos estáis dando a mis desconocimientos históricos. Ora de aquí, ora de allá, su blos, Madame, es una delicia universal.

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  2. Bueno la verdad es uno se pierde un poco entre estas familias en las que sus actos, son guiados por la política, los intereses partidistas ademas de las otras debilidades propias del genero humano.
    Parece ser que se equivoco y le salio mal el hombre escogido por esposo, resulto tener poco juicio para la responsabilidades que tendría que afrontar.
    Un beso.

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  3. ¡Vaya elemento de hombre eligió María! Si no tenía bastantes problemas con él de consorte eran aún más.
    Seguiremos pendientes de esta relación.

    Bisous, Madame.

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  4. Supongo que Isabel, en cambio, estaría encantada de que el príncipe le hubiera salido rana a María Estuardo...Pobre María

    Bisous, Madame,

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  5. Claro, no me extraña la decepción de María. Se enamora una del primer guaperas que se le pone por delante y luego pasa lo que pasa, que el joven sale rana y la decepción se convierte en desenamoramiento.
    Un saludo.

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  6. Hola Madame

    Dicen que el amor es ciego, pero me pregunto, no será qué es el flechazo lo que nos anula. En fin, pobre María. Esto no ha hecho más que empezar. Isabel estaré frotándose las manos. Malos tiempo para María.

    Seguiré atentamente la continuación del relato. Está muy interesante.

    Feliz tarde, Madame.

    Bisous.

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  7. Nunca me ha caído bien la reina Isabel y hoy en su constante falsedad hacia María y en su manera de mostrar superioridad castigando a Enrique por sus decisiones me topo con nuevas pruebas que sumar a mi jergón de desagrados. Grrrrrr ¡qué mujer tan caprichosa, egoísta y ególatra!

    Y bueno, en lo que concierne a la decepción de María... a veces permitimos que un rostro agraciado nos ciegue de tal modo que durante mucho tiempo somos incapaces de ver con claridad la negrura de su alma. O quizás se debiera también que era tan grande su deseo de enamorarse que entregó sus afectos al primer caballero joven y agraciado que mostró un mínimo interés.

    Espero leer pronto la continuación de esta historia (ya me imagino a Isabel regodeándose)

    Bisous y buen lunes.

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  8. Pobre María tuvo que pasar del enamoramiento al rechazo en solo unos meses, hay que ver lo que le cundió al caballero en tan poco tiempo hizo gala de un afán d epoder increible saltandose todas las normas habídas y por haber para conseguirlo. No hay que dejarse llevar por las apariencias.
    Isabel debió disfrutar mucho con este fracaso.
    Bisous.

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  9. Hola Madame:

    Como comentan antes, el amor es ciego...Pobre María.

    La reina Isabel primera, a pesar de todo, me sigue atrayendo Madame.

    Esperaré la continuación.

    Sabe lo que disfruto de estas historia

    Saludos

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  10. Con su entrada de hoy, Madame, se demuestra el viejo aforismo malayo: los ricos también lloran. María fue una muchacha enamorada y como tal obvió las señales del rufián y de la inapropiada unión, vistas las maneras que gastaba Enrique. Esa mala elección nos deja con los más sombríos presagios.

    Bisous y muy buenas tardes.

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  11. Lord Darnley! Otro Consorte varón para la historia, y somos muchos... jajaja

    Espero la continuación, mi querida Mme. (no sabe las ganas que tengo de decirle Meme, jajaja)

    Un beso

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  12. Detras del gran bailarin se escondia una personalidad nefasta y lamentablemente Maria lo descubrio tarde .No habra sido una treta de Isabel este union en Escocia madame .Esperaremos paciente como continua
    Un abrazo

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  13. Qué lástima de muchacho y, sobre todo, qué lástima de matrimonio. La juventud tira mucho... Y María se equivocó tantas veces...Un abrazo muy fuerte, madame.

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  14. Sobre la calidad de este esposo recuerdo que no contó ya algunas cosas, nada buenas, por cierto.

    Ahora voy a la Corte.
    Beso su mano.

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  15. ¡Ay!. esa ambición ya tan antigua, pero tan en boga y tan eterna como una diosa, pues sigue viva, siendo motor doloroso de nuestra historia.
    Bisous, Madame.

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  16. Los invito a pasar por mi blog de historia, me gustaria saber su opinion de mis publicaciones:

    http://pasos-en-la-historia.blogspot.com/

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  17. Hola, precioso blog, entrada profunda,si te gusta la palabra en el tiempo, la poesía, te invito a mi blog,será un placer,es,
    http://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
    buen martes, gracias, besos sinuosos...

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  18. vaya la reina, tanta preparación y tanto mirar aquí y allí y el primero que le hace dos monerías, se la lleva. ahí estuvo fina siempre Isabel, que metería la pata alguna vez, pero no se casó.
    veremos como concluye este jaleo que ha derivado en riña doméstica.

    buen día, madame!

    bisous!

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  19. Desde luego no envidio nada a las familias nobles ni reales de la época, las riquezas y el poder no compensan tanto conflicto familiar ni entresijos de la corte, por si fuese poco, los nobles, entre otros, decidían la aprobación de los matrimonios.
    Una entrada muy elaborada, madame, pese a que me he perdido un poco entre hijos, padres y uniones, pero nada que no se arregle releyendo de nuevo, esperemos la segunda parte con impaciencia.

    Un beso, madame.

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  20. Vaya con el jovencito, demasiado prepotente, parece que se le olvidaba quien era la Reina y a quien le debía su fortuna...veremos a ver como acabo todo, aunque desde luego el comienzo no pinta buen.

    Besos.

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  21. La avaricia rompe el saco y me temo que nuestro protagonista tiene mucha ambición y poderosos enemigos.
    Qué tendrá el poder que, como decía Jonathan Swift "constituye una tentación natural para un príncipe, como el vino o las mujeres para un hombre joven, o el soborno para un juez, o la avaricia para el viejo, o la vanidad para la mujer."

    Esperamos impacientes la continuación de su entrada :-)

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  22. Menuda joyita se llevó en su matrimonio la reina María Estuardo. Como si no le faltaran problemas a la reina de Escocia... Por cierto, cómo se las gastaba Isabel cuando algo no ke gustaba. Menuda enemiga...

    Besitos

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  23. La corona matrimonial...no era tonto el chaval, sabia lo que queria y podia esperar...
    A la espera de la continuación madame...

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)